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La aventura más eXcitante de Lara Croft

Escrito por: mezten el 15 Oct 2011 - URL Permanente

Los mercenarios se internaron en la selva con paso sigiloso. Ninguno de ellos pronunciaba una palabra ni dedicaba un gesto a sus compañeros. No era necesario. Todos ellos habían sido boinas verdes y soldados de élite, y aunque les habían expulsado de los ejercitos de sus respectivos paises por sus salvajes y depravados abusos sobre prisioneros y población civil, cuando entraban en combate se imponía su depurado entrenamiento militar.Cubiertos con su pintura de camuflaje y sus uniformes militares, cualquiera que hubiese sido capaz de verlos habría reconocido el arquetipo mismo del soldado de élite.

"... cuando pises, apoya primera el talón y luego el resto del pie... avanza sin prisa, pero sin pausa... nunca hables sin necesidad... presta atención a lo que te rodea... toma decisiones rápidas; si dudas, estás muerto..."

Las palabras del instructor militar resonaban en sus mentes, y contribuía a mantenerles en tensión ahora que se sabían cerca de su presa.

Hacía apenas una hora que habían avistado al intruso, en la distancia. Un punto blanco que caía flotando desde el cielo, y que sus ojos entrenados reconocieron en seguida como lo que era: un paracaidas.

Por lo visto, alguien que se creía muy listo pensaba llegar al recien descubierto templo maya antes que ellos. Alguien que también quería el botín. Alguien que iba a pasarlo muy mal en cuanto le pusieran las manos encima...

... y esta vez no habría ningún superior que les sometiera a un consejo de guerra. No, señor. Esta vez harían todo lo que deseasen.

Lara maniobró en el aire como una experta, de forma que acabó a apenas unos kilómetros de la zona donde se hallaba el templo. Cuando la vela de su paracaídas quedó enganchado a las copas de los arboles la Cazadora de Tumbas se limitó a desprenderse de él y cayó al suelo de pie, como los gatos, flexionando las rodillas para mitigar el impacto.

El grueso traje de paracaidista que llevaba servía, fundamentalmente, para protegerla del frio extremo de la atmosfera superior. En el calor húmedo de la selva, sin embargo, resultaba asfixiante, y Lara sintió casi al momento como todo su cuerpo se humedecía por el sudor.

No obstante, el calor era la menor de sus preocupaciones: estaba en plena selva Colombiana. El peligro flotaba en el aire. La zona por que avanzaba estaba poblada de altos arboles tropicales cuyas frondosas copas dejaban la jungla en penumbra incluso al medio día. Se escuchaban gritos de monos, lejanos rugidos y cercanos susurros. Pero lo peor es que aquella era una zona de guerrilla, de narcotráfico y, ahora, de mercenarios que buscaban lo mismo que ella. La situación era de un peligro extremo.

El paso de Lara era rápido, pero ágil y seguro. Su felina mirada recorrían las sombras de la jungla con atención, pero sin inquietud, y los fuertes latidos de su corazón eran producto de la tensión, no del miedo. En realidad, estaba disfrutando. Disfrutando del peligro. Era un auténtica adicta al riesgo; ¿Qué otra cosa llevaría a una mujer joven y adinerada a los parajes más salvajes del planeta? Solo la adrenalina de estar en el límite; la excitación de enfrentarse a los hombres más peligrosos del mundo y la sensación de poder al derrotarlos.

Llegó hasta una corriente de agua; recordaba haberla visto desde al caer. Cuando estaba en el cielo le había parecido poca cosa, pero ahora se encontró con un caudaloso y ancho rio que avazaba perezosamente. También recordaba que era el único caudal de agua en muchos kilometros a la redonda.

Lara lo superó sin dificultad, saltando de roca en roca, de saliente en saliente, con su legendaria agilidad. Las furiosas aguas que se agitaban a sus pies no alcanzaron a tocarla, y alcanzó la otra orilla ejecutando una voltereta en el aire. Pura exhibición, pero necesitaba estirar los músculos. O eso se dijo a sí misma.

No obstante, al llegar a la otra orilla se detuvo en seco, y volvió la mirada las cristalinas aguas del rio.

El último caudal de agua en varios kilometros a la redonda...

Una gruesa gota de sudor cruzó su frente, y aquello le hizo tomar dos decisiones: la primera, que no tenía sentido continuar cargando con la gruesa chaqueta de paracaidista en medio de aquella selva sofocante.

Pero, sobretodo, decidió que había llegado el momento de darse un refrescante baño en aquellas aguas cristalinas.

Recorrió los alrededores con una mirada cautelosa, pero no descubrió ningun amenaza. Con total seguridad ella era la única persona en muchos kilómetros cuadrados, así que se relajó y comenzó a desnudarse.

Primero se quitó la afixiante chaqueta - lo que constituyó una autentica liberación -, bajo el cual solo llevaba su celebre camiseta sin mangas. Luego se sacó las ya gastadas botas, compañeras de muchas aventuras pasadas, y dentro de aquellas dejó los calcetines.

Acto seguido se desabrochó el cinturon, y permitió que el peso de las pistolas que llevaba en el cinto arrastrase los pantalones hasta el mismo suelo para desprenderse de ellos dando un simple paso hacia adelante.

Así quedó practicamente en ropa interior, revelando su increible silueta. Un hermoso y aristocrático rostro, tocado aún con gafas de sol de diseño, seguido de un hermoso cuello de cisne; brazos fuertes, pero delgados; y bajo la camiseta se insinuaban dos enormes y firmes pechos que desafiaban la gravedad, y daban paso a un vientre liso y una cintura estrecha de la que nacían anchas caderas. En cuanto a los glúteos… dios, daban ganas de morderlos. Los mulos y las pantorrillas eran femeninas, pero poderosas.

Dejó caer las gafas de sol sobre el blando obillo que formaban el pantalón del cual se había desprendido, y acto seguido se sujetó el extremo inferior de la camiseta para quitarsela. Fue justo entonces que le pareció escuchar un ruido, y se detuvo

Volvió a recorrer la frondosa jungla con la mirada. Por un momento se sintió intensamente observada, y todo su cuerpo entró en tensión. Pero fue una sensación fugaz, y sus felinos ojos no descubrieron nada raro entre el espeso follaje.

Estoy completamente sola. Seguro que soy el único ser humano en kilómetros a la redonda, se dijo, reafirmándose en su impresión inicial.

Aún así esperó unos momentos antes de decidirse a continuar, con el oido atento y los instintos alerta. No hubo nuevos ruidos, y la sensación de estar siendo vigilada se había desvanecido por completo. Tampoco detectó ningún movimiento en la espesura.

Finalmente, volvió a posar las manos en la parte inferior de la camiseta y esta vez completó el gesto, levantandola hasta arriba y dejando expuestos sus exhuberantes pechos. Luego arrastró sus bragas hacía abajo, que descendieron por sus espectacular culo y sus bien moldeadas piernas para quedar arrugadas a sus pies. Lara las abandonó sin dedicarle una mirada, y caminó hacía la orilla completamente desnuda.

Las aguas, sin embargo, resultaron ser menos profundas de lo que parecía, y Lara tuvo que internarse algunos metros en el caudal, alejandose de sus ropas, hasta alcanzar la altura donde le cubrieran hasta los mulos.

Fué entonces cuando escuchó otro ruido a su espalda, más fuerte que el anterior. Un chasquido metálico que hizo volver la cabeza a la desnuda e indefensa cazadora de tumbas, cuyo corazón comenzó a latir como un cañón en su pecho, para descubrir que...

Bueno, como veo que el relato no os interesa mucho, vamos con algo mucho más excitante: el Deportivo de la Coruña.

Por que, amigos mios, el Depor, en días como hoy, es como reza el chiste:

- Mariano, después de tantos, ¿a ti todavía te excita tu mujer?

- ¿Que si me excita? Buaaaa... me pone de una mala hooostia...

Pues eso; que hoy ando algo cabreado con la plantilla. Por que una cosa es que no puedas evitar llegar al minuto 90 perdiendo 1 - 2 con el penultimo de Segunda División, y otra cosa es que puedas evitarlo pero no te dé la gana echarle cojones al asunto.

Me explico: el Depor comenzó bien, marcando en la primera parte y dominando - más o menos - el partido. El minimo que se le debe exigir a este equipo cuando juega en Riazor contra el Gimnastic. Luego perdonó alguna ocasión, y así llegó al descanso.

Luego el equipo adversario saltó al campo, ese campo que se llena de aficionados blanquiazules cada fin de semana decididos a apoyar al equipo en tiempos difíciles, y descubrió que los locales habían decidido pasarse el resto del encuentro tocandose las pelotas a dos manos.

Y puede que el Gimnastic sea carne de Segunda B, pero también son profesionales de esto, tienen orgullo y ganas de ganar. Así que no tardaron mucho en darle la vuelta al encuentro, ante la atonita mirada de la hinchada, pusieron el 1 - 2 en el marcador.

Fue entonces cuando la afición, harta de poner todas las ganas del mundo mientras los jugadores no le echaban ningunas, entonó un canto que salía más de sus almas que de sus gargantas:

" ¡¡Esta hinchada... no la merecéis..., esta hinchada... no la merecéis...!!"

Imposible resumirlo mejor.

Y lo que no había conseguido el orgullo lo logró la vergüenza torera; los jugadores apretaron el acelerador y consiguió el empate en el minuto noventa. Fue así de simple: en cuanto hubo reacción, hubo gol.

Y eso último es lo peor, amigos. Por que uno puede ser compresivo con las limitaciones técnicas si te enfrentas a un rival superior, pero hoy el problema no fue de aptitud, sino de actitud. Y eso no tiene perdón de Dios.

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