Contracrónicas de fútbol (Real Madrid, España)
Athletic 0 - 3 Real Madrid: Partido y resultado
La alineación que presentó Mourinho en el día de ayer daba toda la impresión de que tiraba el partido, y los hechos nos dieron la razón, aunque nos equivocamos, una vez más, con el portugués, porque una cosa es tirar el partido y otra bien distinta, tirar el resultado. Sabía Mourinho que cuando el Athletic (bueno, cualquier equipo de Caparrós, en realidad), juega contra el Madrid lo hace con plus de agresividad y de pasión que sólo se puede contrarrestar de dos formas: con la excelencia futbolística o con la misma agresividad. Como de lo primero el Madrid no anda sobrado, Mourinho optó por lo segundo, y acertó. Fortaleció el centro del campo con un doble pivote extraño, Pepe y Lass, dejando que Granero y Kaká construyeran lo que pudieran y que Di María pusiera la profundidad, con Higuaín en proceso de recuperación. Así, el Madrid perdió el partido, porque se jugó a lo que quiso el Athletic desde el principio, pero ganó el resultado, que era lo que quería Mourinho. Porque el partido se juega en el centro del campo, y allí sólo hubo lucha, pelea y balones perdidos, pero el resultado se juega en las áreas, y ahí el Madrid estuvo bien atrás, con muy buen partido de Garay y Albiol, con un Pepe inconmensurable defensivamente, apareciendo por todos lados, y con Lass achicándose hasta a sí mismo, bien atrás, te decía, y resolutivo arriba, con pocas, pero claras oportunidades, y dos penaltis claros sobre Di María. Dos penaltis que transformó con clase Kaká, al que se le vio suelto con buena visión, aunque todavía lejos de lo que seguimos esperando de él los que hemos visto al mejor Kaká en Milán, y un muy buen gol de Ronaldo, que salió por Di María y aportó lo mismo que el argentino, profundidad. En definitiva, Mourinho apostó por un equipo de profesionales que le resolvieran la papeleta. Seis jugadores que le achicaran agua atrás (Ramos, Albiol, Garay, Arbeloa, Pepe y Lass), dos que le enviaran balones en profundidad (Granero y Kaká), uno que profundizara (Di María), y otro que se recuperara físicamente (Higuaín). Y la apuesta le salió bien. Dio minutos a los jugadores que lo necesitaban y descanso a los más utilizados durante la temporada, todos cumplieron, todos respondieron a la expectativas, y da la impresión de que el Madrid se planta en los quince días más importantes de la temporada con el equipo (salvo Canales y Pedro León, a la deriva) a pleno rendimiento. Los nostálgicos, y llámame loco, seguimos echando de menos la victoria ante el Sporting de Gijón que podía haber dado alas al Madrid en este final de Liga y meter presión al Barcelona (¿qué hubiera sucedido tras el gol del Almería si el Barcelona hubiera sentido al Madrid a 2 puntos, y no a 5?). En cualquier caso, llegan ahora los clásicos, tras el trámite de los partidos de vuelta de Champions League, y uno tiene la sensación de que si su matrimonio resiste a este atracón ya no habrá nada que lo rompa en el futuro. Sígueme en Twitter: ruben_sancho
Balas de fogueo contra un pelele en movimiento (Contracrónica del Real Madrid 2 – 0 Ajax de Amsterdam)
Al iniciarse la temporada se podría haber puesto en duda la capacidad del equipo madridista de hilvanar juego combinativo desde la defensa hasta el ataque, pero, en ningún caso se habría dudado de la pegada de los delanteros que formaban el plantel. Pero, cosas del destino, ayer sucedió todo lo contrario, el equipo hilvanó, dentro de lo posible para un equipo que sólo lleva dos meses construyéndose y que está llamado a cotas mayores, cotas superiores, pero se estrelló, una y otra vez, contra su falta de pegada. Parecía como si el Madrid estuviera realizando prácticas de tiro con balas de fogueo. Disparó una y mil veces contra Stekelenburg, el excelente portero holandés, tal vez demasiadas, seguro que precipitadas muchas, porque la ansiedad parece haberse instalado en la mente de los delanteros madridistas, fruto, sin duda, de la motivación mal entendida, tantas veces disparó que dos goles parecen pocos, y lo son, porque el Madrid mereció más. Se presentó en el encuentro con la intensidad como bandera, y si un equipo intenso es difícil de batir, un equipo del talento del Madrid jugando con intensidad es prácticamente imbatible, al menos por este Ajax, un equipo menor que dejó demasiadas facilidades defensivas. Los delanteros no pararon de moverse ni un sólo instante, buscando el desmarque de manera permanente y con Özil en plan estelar, viendo los huecos que nadie veía, mejorando cada balón que le llegaba a los pies, siempre con elegancia, con clase, con precisión, con intención, una especie de Guti, pero sin las majaderías del de Torrejón. Si nada se tuerce el alemán marcará una época en el Madrid, aunque todavía es pronto porque Sneijder tuvo el mismo comienzo estelar, y todos sabemos como terminó. Arriba, Higuaín sigue tan terco como siempre, dispuesto a luchar cada balón, a encontrar los desmarques que nadie intenta, a fabricarse ocasiones de gol de la nada, ayer tuvo varias, marcó dos, aunque la UEFA sólo le dio uno, y volvió a demostrar que está muy por encima de Benzemá. Cristiano Ronaldo estuvo melancólico, perdido en su lucha personal por marcar, pareció desconectado del grupo. Se siente fuera de forma, lento, y poco protagonista en este nuevo Madrid, nada que no se arregle con su próximo gol, el Madrid le necesita y él necesita al Madrid. Pero la gran noticia del nuevo Madrid de Mourinho, en el que la capacidad ofensiva se le supone, es la organización defensiva. En tres partidos oficiales no ha recibido ni un sólo gol, y lo que es más importante, ha sufrido muy pocas ocasiones de gol, tanto es así que Casillas tiene que lucir trajes de diferentes colores para llamar la atención y no pasar desapercibido. En definitiva, ayer vimos a un buen Madrid, repleto de intensidad, con buena organización defensiva y con una gran vocación ofensiva. En el aspecto negativo, Mourinho tendrá que seguir trabajando por el acoplamiento de Khedira y Xabi Alonso, que siguen pareciendo incompatibles, al menos hasta que el alemán comprenda que él no está aquí para construir, para eso está el donostiarra, sino para llegar. Cuando entienda, o le hagan entender, ese concepto, su juego mejorará, y el Madrid tendrá una nueva variante. En cualquier caso, la temporada se presenta apasionante. Publicado en El Librepensador
Adictos al melodrama (Contracrónica del España 1-0 Paraguay)
A falta de buen juego bien está aferrarse al melodrama como estilo de vida o como termómetro emocional de toda una nación, un melodrama al que la Selección española de fútbol está encadenada eternamente en los cuartos de final de cualquier cita mundialista a la que acuda. Que si unos penaltis injustos antes unos flamencos mediocres, que si una cabeza que se gira cuando debió haberse mantenido erguida, que si un codazo que se va al limbo, que si un árbitro parcial o un grupo de jubilados que pasaron de irse a ver obras, y sólo hablo de mi memoria vivida, no de la histórica, España siempre ha estado abonada al melodrama, un melodrama que hasta ayer terminaba en tragedia. Pero ayer era diferente, se percibía en el ambiente y en el desarrollo del encuentro. España jugó su peor partido del Mundial, buena señal (siempre acabábamos jugando el mejor partido en cuartos de final, justo cuando nos eliminaban), el árbitro anuló un gol legal a los paraguayos (¡bien!, siempre era al revés), Iker Casillas detuvo un penalti (en otras ocasiones Raúl lo lanzaba al limbo) y nosotros nos permitíamos el lujo de hasta fallar un penalti (todo iba bien), y sólo podía terminar de una manera, con la victoria final española. Una victoria que fue trabajada, costosa y trabajada. Paraguay demostró que no estaba en cuartos de final por casualidad, con un entramado defensivo digno de mención (no en vano la llaman la Italia de sudamérica) que maniató a los españoles sin opción para desarrollar su juego en ningún momento. España volvió a pecar de lentitud en su juego y le volvieron a faltar los desmarques de ruptura de Torres, un Fernando Torres que volvió a reabrir el debate sobre su titularidad, hasta ayer su mejoría era constante, pero sólo hasta ayer, porque vivimos una regresión en toda regla, una regresión que nos hace temer por su titularidad en semifinales. Pero el partido estuvo marcado por la parada de Iker Casillas en el penalti de Cardozo. No había pasado nada en el encuentro hasta que Piqué cometió penalti sobre el jugador paraguayo. Él mismo lo lanzó e Iker Casillas lo detuvo, son solvencia, hasta con suficiencia. El partido iba empate a cero, y ese gol hubiera despertado todos los fantasmas españoles, pero para eso sirve Iker, un portero discutido en la rutina pero que acabas ensalzando por sus momentos cumbres. Después el partido enloqueció. Penalti sobre Villa que Xabi Alonso marca, pero luego falla, penalti sobre Cesc que el árbitro no se atreve a pitar, y gol de Villa, tras poste de Pedro, y dos postes del mismo Villa (ese gol no podía haber entrado limpiamente, no sería justo con la historia melodramática española). Desde ese momento hasta el final, nueve minutos de incredulidad de todo un país. España estaba en los cuartos de final, iba ganando y parecía que todo apuntaba a las semifinales. Todos temíamos que sucediera algo, que el árbitro se inventara otro penalti, que Puyol se volviera loco y marcara en propia puerta, o que hubiera un ataque alienígena que la FIFA justificara amparada en la hermandad entre los pueblos, algo, algo que nos despertara de nuestro sueño, pero no, ayer era el día, anoche era la noche, España ganó y ya está en semifinales. Ahora espera Alemania, el equipo más brillante de todo el Mundial, un equipo temible que ha hecho de la baja de Ballack virtud, y ha desatado el talento de sus jóvenes estrellas emergentes. Sin embargo, España ha hecho catarsis, y si en la pasada Eurocopa una vez pasada Italia en penaltis todo apuntaba al título, ahora sucede lo mismo. Alemania será difícil, muy difícil, sufriremos, y mucho, pero España ganará, por lo civil o lo criminal, pero ganará. Y en la final nos las veremos con Uruguay. (Nótese que debido a la inesperada eliminación de Brasil tengo que cambiar mi apuesta, ahora la final será España-Uruguay, Holanda tiene mejor equipo, pero Uruguay tiene más gol). Publicado enEl Librepensador
De todos los colores (Contracrónica del Mallorca 1 – 4 Real Madrid)
El Real Mallorca perdió el partido de anoche ante el Real Madrid no porque se enfrentara al equipo madridista, al que dominó en los primeros instantes del encuentro, sino porque como rival tenía al jugador más completo del mundo (nótese que no digo el mejor jugador del mundo, título en disputa con Messi, sino el más completo, título que nadie le disputa), un Cristiano Ronaldo en plena ebullición que nos está ofreciendo un final de temporada en plenitud. El portugués marcó tres goles como tres soles que dieron vida a un Madrid que decrece en juego a medida que va dando protagonismo a Kaká en sus alineaciones iniciales (no lo digo yo, lo dicen los hechos, irrefutables), tres goles de hermosa factura todos ellos y tan diferentes entre sí como el sol y la luna, como el beso con amor y el beso por compromiso, como el adiós de una amante y el adiós de una despechada, tres goles que muestran todas las virtudes de este jugador total al que todavía le siguen sobrando los gestos de cara a la galería. El primer gol fue un gol de fe, un gol de jugador de carácter. Un balón largo de Sergio Ramos (parece que sigue en la senda buena, si en ella se mantiene llegará a ser uno de los mejores jugadores del mundo, sin duda, si no acabará por la calle de la amargura, como tantos otros) que parecía claro para el defensa fue perseguido por Ronaldo, que era la única persona del mundo que pensaba que llegaría a ese balón, y esa fe le hizo llegar, ante un Nunes confiado y un Aouate dubitativo. Cristiano no se confía, Cristiano no duda, y marcó el primer gol. El segundo fue un gol de pillo, un gol de jugador de área. Otro pase de Sergio Ramos, éste excelente, seco, fuerte, directo al pecho de hierro de Ronaldo que despidió el balón un poco largo (mi pecho fofo lo hubiera acolchado mejor), con ventaja para defensas y portero, pero de nuevo, el portugués llegó antes, una milésima de segundo antes (esa milésima de la que ha vivido Raúl 15 años) para meter la puntera y marcar el segundo gol. El tercero fue un gol de jugador grande, un gol de extremo puro. Desde la posición de extremo izquierdo, se zafó de dos defensas con una facilidad insultante y chocó con el tercero que le apareció, saliendo vencedor y con la pelota franca para ser golpeada. Un balón así no podía ser desperdiciado, y Cristiano agradeció a los dioses su talento marcando el tercer gol. Así de sencillo, de todos los colores, como el arco iris, Cristiano Ronaldo decidió el partido, un partido en el que el Madrid regresó a sus errores de siempre, falló en la combinación, e incurrió en los errores nuevos, que desconocíamos esta temporada, la inseguridad defensiva, pero se supo aferrar a la fe de Ronaldo, y el Barça debería de tener cuidado, porque la fe mueve montañas, sobre todo cuando llega desde el Real Madrid. Para el final quedó el gol reivindicativo de Higuaín, un gol soberbio, de una dificultad técnica sublime y que devuelve la confianza al argentino para los tres partidos que restan. Sí, no me he vuelto loco, al Madrid le restan tres partidos, dos que debe de ganar, y otro que el Barça debe perder, con todas las miradas puestas en el encuentro de este sábado ante el Sevilla.
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Avalancha (Contracrónica del Real Madrid 3 – 2 Atlético de Madrid)
Una avalancha es una “masa grande de una materia que se desprende por una vertiente, precipitándose por ella”. Si extrapolamos esta definición al partido de ayer entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, tenemos la crónica perfecta, una adecuada descripción de todo lo que sucedió durante los 90 minutos de encuentro. La masa grande de materia, es decir, el Real Madrid, se desprendió por una vertiente, o sea, la de la rabia contenida y la furia incontenible, un precipicio de un desnivel de proporciones siderales, y el Atlético de Madrid no pudo hacer nada, porque no supo aprovechar su oportunidad antes de que la avalancha se le viniera encima, porque cuando ésta se viene, ya no hay nada que hacer. Pero el Atlético de Madrid sintió pena por su rival, no quiso herir los sentimientos del hermano poderoso, del dueño de la gran ciudad, le dejó respirar y luego pagó las consecuencias. Los colchoneros se encontraron con un gol por sorpresa, por lo brillante de la ejecución y porque todo comenzara con un error de Albiol, al que no se le recuerdan errores esta temporada. Thiago inició la jugada, Agüero le dio el brillo y Reyes finalizó como lo que es, un jugador sobresaliente pero tan intermitente como cualquier genio en el que quieras pensar. No hubo nada más en la primera mitad, que se perdió entre bostezos generales, silbidos ocasionales, especialmente a Granero, y un balón que reclamaba un mejor trato, un mejor uso, pero que se limitaba a pasar de un pie a otro sin un sentido adecuado. Tuve una novia que decía que esto del fútbol era eso, 22 tipos pasándose un balón sin ningún objetivo aparente, anoche entendí a lo que se refería. Pero todo cambió en la segunda mitad, desconozco la locuacidad de Pellegrini o si los jugadores madridistas se estaban guardando para los segundos cuarenta y cinco minutos, despreciando los primeros, lo que sí sé es que algo había cambiado en el juego del Madrid, no en fútbol, pero sí en intensidad, sí en intención. Los primeros minutos de la segunda mitad fueron una auténtica avalancha, una sensación permanente de que en aquella guerra no iba a ver prisioneros. Presión en el campo colchonero, balón circulando a gran velocidad, ocasiones que se tenían y otras que se perdían en el último momento, pero siempre la sensación de peligro en el ambiente. Hasta que llegó el gol de Xabi Alonso, otro gol de ratonero, y luego su magistral pase a Arbeola para que este marcara el segundo gol con una frialdad sublime (el pase de tiralíneas del donostiarra no se merecía un final mediocre). Ahí el Madrid, el partido, el énfasis, la avalancha, la emoción, la intensidad, el goce general, todo, absolutamente todo, se vino abajo. Higuaín se encontró un balón suelto y marcó el tercero, Xabi Alonso perdió su sobriedad habitual y regaló un penalti al Atlético de Madrid que transformó Forlán, y nada más, ni el Atlético quiso intentar ganar, ni el Madrid quiso hacer más sangre del rival vencido, a excepción de Ronaldo que se sentía desubicado con su escasa presencia en el partido e intentó marcar un gol, por lo civil o por lo criminal. Tan plácido fue el final del encuentro que el Madrid se limitó a forzar las amarillas que necesitaba para que todos sus jugadores estuvieran disponibles para el duelo con el Bacelona, Ramos retrasó el saque de una falta y Xabi Alonso (el gran protagonista del partido) se inventó una falta excesiva en el centro del campo. Acciones, ambas legales, pero de una ética futbolística algo discutible, pero ya sabemos que hecha la ley, hecha la trampa. En definitiva, el Madrid sigue ganando, sigue sin jugar a nada, pero se mantiene gracias a su espíritu y gracias a la pólvora que tiene arriba, capaz de marcar goles con una sola mirada. Cada vez está más claro que esta liga la decidirá el clásico, el Madrid-Barcelona, al igual que sucedió con la liga del año pasado. Publicado en El Librepensador Visita la Web del autor: www.rubensancho.es.tl
Ese hombre llamado Guti (Contracrónica del Deportivo 1-3 Real Madrid)
Podría comenzar esta contracrónica hablándote de la excelente primera mitad del Real Madrid, 45 minutos jugados con un control sobre el juego que no se recordaba por estos lares desde tiempos inmemoriales (miento, tal vez desde la etapa de Queiroz, el odiado), con un juego combinativo y asociativo que hacía que los aficionados se preguntaran si estaban viendo al Real Madrid o al Barcelona. También podría comenzarla diciéndote que Benzemá se recuperó con el gol, que Raúlestá sufriendo una crisis de autoestima, que Kaká sigue sin encontrar sus espacios (las malas lenguas dicen que Florentino ya piensa que debió haberlo dejado en el Milan una temporada cedido, para que se fuera fogueando), que Xabi Alonso juega mejor cuando está solo en el centro del campo, o que Sergio Ramos brilló como central (está claro que no hay nada como no hacer pensar a este chico). Pero no, voy a comenzar la contracrónica hablándote de un jugador fuera de serie que tiene que sufrir una cabeza de niño de 15 años, un futbolista de una técnica tal que podría hacer pequeño al mejor entre los mejores, un superdotado para esto del fútbol que ha desaprovechado su carrera de manera imperdonable. Sí, te estoy hablando de él, de ese hombre llamado Guti, un hombre que el sábado en Riazor dio una verdadera lección de como se debe de jugar a esto que todos llamamos fútbol. Asociándose con el compañero, ofreciendo líneas de pase, ocupando los espacios libres y arriesgando el balón en los últimos metros, Guti nos regaló su mejor versión, la de un futbolista comprometido y convencido de lo que hacía. Y claro, Guti “enchufado” en un partido es sinónimo de diversión, garantía de fútbol de calidad. Sus compañeros lo saben y le buscan, es como si al principio de los partidos le miraran a los ojos y en función de ello ya supieran si el de Torrejón iba a estar enchufado o no, pasándole entonces el balón en unas condiciones o en otras. ¡Y el segundo gol del Madrid! Una osadía sólo al alcance de los más grandes, un mano a mano contra Aranzubía al que podía haber batido por la derecha o por la izquierda, por debajo o por encima, pero no, el gol es el alimento de los mediocres, y él lo sabe, él no necesita el gol, está por encima de él, así que dejó un taconazo magistral para que Benzemá que venía por detrás decidiendo la marca del próximo coche que estrellaría marcara el gol a placer. Me podría tirar horas y horas describiendo la belleza de la acción, pero no tengo ni tiempo ni talento para hacerlo, así que te dejo que te la imagines. Ya no me importa si el Madrid gana o no algún título este año, mi gran preocupación es cuanto durará Guti, porque estoy convencido de que los partidos que dure, antes de que se le crucen los cables, me voy a divertir, y mucho. Publicado en El Librepensador Visita la web del autor: www.rubensancho.es.tl
El efecto mariposa, perdón, el efecto Guti (Contracrónica del Real Madrid 2-0 Málaga)
El efecto mariposa funciona en un contexto de caos y hace imposible las predicciones científicas, y el efecto Guti funciona en un equipo caótico e imposibilita las predicciones futbolísticas.
El Real Madrid comenzó el partido como acostumbra, dormido, soso, desconcentrado, falto de fluidez y con más errores que aciertos. Los de arriba, Kaká, Benzemá y Cristiano Ronaldo, estaban voluntariosos pero la ansiedad les podía y no combinaban como debían.
Todo apuntaba a un partido más, un partido sin historia, de esos que los periodistas detestan porque son incapaces de sacarles el jugo que necesitan para sus titulares sensacionalistas, pero, entonces, en medio del caos, apareció Guti.
Guti es un jugador al que amas y odias por partes iguales. Amas cuando le ves jugar con voluntad, con ganas, con implicación, porque pocos jugadores ha habido en la historia con la calidad del de Torrejón, pocos con su visión de juego, pocos con su técnica individual. Pero también le odias porque maldices su indolencia que le ha convertido en un jugador más, cuando podía haber marcado una época, porque ves que no rinde como debería, porque llevas toda la vida soñando con una décima parte de su calidad futbolística y ahora ves como él la desaprovecha.
Pero Guti es un jugador sobresaliente, uno de esos jugadores diferentes, de los que sobresalen con su sola presencia, como lo fue Butragueño o como lo fue Laudrup, jugadores fuera de serie que destacan entre la excelencia por ser, simplemente, diferentes, y, por ello, no pudo dejar de aparecer en un partido como el de ayer.
Apareció en los lugares en los que él se mueve, lugares prohibidos para el resto de los mediocres, lugares en los que él ve el hueco donde sus compañeros ven piernas de rivales. Inició la jugada del primer gol con un pase preciso entre líneas a Benzemá, que luego combinó de manera perfecta con Kaká y éste con Cristiano Ronaldo, para el primer gol.
Luego encontró a Cristiano Ronaldo en la frontal del área y el portugués al verse en tan insultante soledad no pudo por menos que marcar uno de los mejores goles de la jornada.
A partir de ahí, la nada, el caos volvió a aparecer, Guti siguió encontrando huecos, pero sus compañeros, como queriendo hacer de menos al canterano, no apreciaban sus regalos, ni siquiera Kaká, un jugador que venía como salvador pero que cada día queda un poco más en evidencia ante Guti, porque Kaká necesita espacios para vivir, Guti los crea, y el Real Madrid nunca tiene espacios para jugar, se los tiene que crear, por ello un Guti involucrado en el proyecto es vital para el buen funcionamiento del equipo.
Un equipo que se quedó con un jugador menos por una mala interpretación del fútbol por parte del árbitro. Vio como agresión un braceo de protección de Cristiano Ronaldo, algo que cualquiera que haya jugado al fútbol sabe que no es agresión, pero que el árbitro, buscando su minuto de gloria por expulsar al jugador más mediático del mundo, no dudó en calificarla como tal.
Ahora el Madrid pierde al portugués para su visita a Riazor, una baja importante, pero que no debería afectar al juego del equipo, porque Guti ha vuelto y hay que aprovecharle hasta que vuelva a desaparecer en no más de 10 partidos.
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Lo que no puede ser, no puede ser… (Contracrónica del Athletic de Bilbao 1-0 Real Madrid)
…y además es imposible, imposible porque así lo quiso Gorka Iraizoz, un portero menor que siempre se engrandece con las visitas del Real Madrid, ya le pasaba cuando jugaba en el Espanyol y le sigue pasando ahora que juega en el Athletic de Bilbao.
Porque el Real Madrid tuvo que haber ganado el sábado en San Mamés, por ocasiones, por insistencia y por voluntad, pero cometió el error de jugar durante 88 minutos, olvidándose de los dos primeros en los cuáles se decidió el encuentro, con dos tiros al poste de los bilbainos y el gol de la victoria de Llorente, un jugador soberbio infravalorado por el juego prehistórico de los de Caparrós.
Después, después de esos dos primeros minutos, el Real Madrid comenzó el encuentro, como si necesitara tiempo para darse cuenta de que se encontraba en terreno enemigo, y empezó a dominar el balón y a llegar hasta la frontal del área bilbaina.
Desde allí fusiló a Iraizoz, una y otra vez, sin compasión, por un lado, por el otro, por abajo, por arriba, de tiros potentes, de tiros colocados, pero nada, nada de nada, el sábado en San Mamés el Madrid no iba a marcar hiciera lo que hiciera.
Y pudo haber hecho más, porque le faltó plan B, el equipo careció de otra alternativa más allá de las entradas por el centro hasta la frontal del área y tiros desde allí. Pudo haber aprovechado las bandas, la gran lacra del equipo, pero no pudo o no supo.
No pudo porque Sergio Ramos se empeña en taponar la banda derecha con su permanencia absurda en posiciones de ataque y porque en la banda izquierda sigue jugando Marcelo, un jugador que cuaja un buen partido y desespera a los aficionados otros tres (mala proporción para jugar en el Madrid).
Cristiano Ronaldo debía haber jugado en la banda derecha, pero allí se encontró agobiado por la presencia de Sergio Ramos, y no le quedó otra que marcharse al centro, otro jugador más por el centro, cerrando los espacios a Kaká, que sigue confiando en las excusas para justificar su falta de juego, y evitando las paredes de Benzemá, que jugó un buen partido combinativo aunque desafortunado en el aspecto ejecutor que se le exige.
Pellegrini entendió cuál era el problema del equipo y sacó a Guti y Granero, dos jugadores de pura combinación, pero se olvidó de exigir a Sergio Ramos el quedarse en defensa, el colocar a Cristiano Ronaldo volcado a una banda y el sacar a Raúl antes, porque era un partido para él, un partido para su calidad de “ratilla” del área.
En definitiva, un partido que el Real Madrid debió haber ganado, a pesar de sus errores, pero que perdió, dando, con ello, un respiro al Barcelona.
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Bailemos un Vals (Contracrónica del Real Madrid 2-3 Milán)
El Milán le propuso al Madrid un Vals, y el equipo madridista, que no tiene patrón propio de juego, decidió aceptar la oferta y se unió a los italianos en un insufrible baile de geriátrico durante la primera hora de partido bajo la lluvia otoñal.
El balón circulaba con parsimonia enfermiza, los jugadores correteaban buscando cobijo de la lluvia y el árbitro, por llamarlo de alguna forma, dormitaba y pitaba al azar, esto puede ser penalti, esto puede ser gol anulado, esto puede ser tarjeta amarilla.
Tan lento fue el juego, tan pesado el encuentro que los porteros acabaron por dormirse, y Dida regaló un gol, el primero, a Raúl, siempre Raúl, y Casillas dos, que por algo jugaba en casa y quería ser buen anfitrión, uno a Pirlo y otro a Pato.
Los aficionados en el campo se mojaban, los que lo veíamos desde el televisor nos dormíamos, y los que veían por placer cambiaron de canal, porque el partido fue, simplemente, insufrible.
El Madrid se dejó contagiar incompresiblemente del juego lento, lentísimo, de los italianos. No presionó, no aceleró sus jugadas, no buscó el segundo gol, se conformó con el de Raúl, se dejó embaucar por la suficiencia, por la autocomplacencia.
Y pagó sus pecados con la peor de las penitencia, con la derrota, una derrota merecida por dejación en sus funciones, en sus funciones de equipo campeón, funciones potenciales, funciones que se le adiviniban y se le exigen por historia, por presupuesto y por masa social.
Sólo se salvó Raúl, por casta que no por juego, y Lass, que cada día juega mejor, nadie más, nada más bajo el sol. Granero volvió a desperdiciar su ocasión, Benzemá sigue perdido en algún paraíso olvidado, y Kaká, ¿cuánto le va a durar el crédito a Kaká?
En definitiva, el Madrid sigue sin jugar a nada, confiando en la calidad de sus jugadores, que no siempre aparecen, dando facilidades a los equipos rivales, dejando que ellos decidan el tipo de partido que se va a jugar, y dejando un aviso para navegantes: El Madrid ha perdido los dos únicos partidos que ha disputado contra equipos fuertes.
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