Contracrónicas de fútbol (Real Madrid, España)

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Real Madrid 4 – 2 Getafe: La estrategia del cangrejo

Escrito por: ruben-sancho-martin el 11 Sep 2011 - URL Permanente

Un paso adelante, dos atrás, así parece comportarse este Real Madrid, al que, eso sí, le queda el beneficio de la duda de haberse encontrado el partido ante el Getafe entre la fuga de cerebros de los partidos internacionales y la tensión histriónica del comienzo de la Champions, pero el fondo de armario del equipo blanco debería de servir para estas cosas, porque aunque ganó el encuentro dejó más incógnitas que certezas y se tuvo que agarrar a un claro error arbitral del colegiado de los trece errores.

El partido comenzó con arrebato de carga madridista que en los quince minutos iniciales avasalló a la portería getafense hasta conseguir un fantástico gol, debían haber sido más, de Benzemá, el mejor jugador blanco sobre el terreno de juego durante todo el encuentro. Una combinación excelente al primer toque, puede que fuera al segundo pero la velocidad me nubló la vista, entre la delantera madridista dejó a Özil en la frontal del área dispuesto a tirar a portería, pero en lugar de ello el alemán dio un pase más, como los genios, siempre un pase más, y Benzemá aprovechó el regalo para marcar un gol de clase, repleto de seguridad.

A partir de ese momento el Madrid se diluyó en su propia suficiencia, al más puro estilo del Barcelona en San Sebastián. Bajó el ritmo tanto en ataque como en defensa, y el Getafe, un equipo de muy buenas hechuras y mejor fútbol, lo supo aprovechar filtrándose tras las líneas enemigas que volvieron a notar la ausencia de un lugarteniente defensivo al lado de Xabi Alonso, porque Coentrao, fantástico en la llegada y en la continuación de las jugadas ofensivas nunca, o casi nunca, está cuando se le necesita en labores de intendencia, no por falta de interés, sino por pura incapacidad omnisciente del portugués, y en un equipo tendente a la división en dos esa cuestión es muy peligrosa, porque ayer eran Sarabia y Pedro Ríos los que encontraban huecos, pero mañana pueden ser Xavi o Iniesta.

Si a esta relajación general le añadimos la mala conciencia de Carvalho, que todavía seguía rumiando su salida de tono con su Selección, el nivel defensivo del Madrid fue lamentable y así se comprobó en el gol de Miku, que se aprovechó de un fuera de juego mal tirado para igualar el encuentro poco antes del descanso y causar zozobra entre los aficionados.

En la reanudación el panorama apenas cambió. El Madrid parecía saber que ganaría el partido a pesar de los pesares y se dejaba ir, mientras que el Getafe demostraba, a quien no lo supiera ya, que Luis García es un gran entrenador, dominando el encuentro y llegando con peligro al área de Casillas, al menos hasta que el árbitro se inventó un penalti a Cristiano Ronaldo. La falta fue claramente fuera del área y el colegiado estaba a dos metros, tal vez tres, pero nunca a más de cuatro, con lo que o se impresionó por la caída del portugués o debe visitar la óptica más próxima a su domicilio. Cristiano lo transformó y al poco dio un pase de alta alcurnia de 40 metros a Benzemá para que el francés marcara lo que parecía la sentencia.

Pero el Getafe no estaba por la labor y acortó distancias a través de Miku para dejar cierta inseguridad hasta el final del encuentro, o al menos hasta que Higuaín aprovechara un pase de tacón de Kaká para fajarse con los defensas getafenses y marcar un excelente gol de delantero centro, reivindicativo y demostrativo de su capacidad para jugar junto a Benzemá, en una mezcla explosiva que Mourinho quiso mostrar a todos como posible, al igual que la más estética y estilista de Özil y Kaká. El portugués dejó a ambas parejas juntas en el terreno de juego, en diferentes momentos, durante apenas unos minutos, lo suficiente como para mandar el mensaje que él quería, no están disputándose un mismo puesto en el equipo titular, sólo se están disputando la gloria.

En definitiva, un marcador que no hace justicia a los méritos del Getafe y que parece querer demostrar que la Liga, a pesar de la notoria superioridad de talento de Madrid y Barcelona, no será un paseo para ninguno de ellos. Un partido que nos deja con las incógnitas del regreso a los errores del pasado, falta de control del juego y cierto desconcierto en el centro del campo, y las virtudes de siempre, pegada, pegada y más pegada, a la espera de que se confirme lo que habíamos intuido en pretemporada y confirmado en el encuentro de Zaragoza.

De momento, el miércoles comienza la Champions.

Zaragoza 0 - 6 Real Madrid: Declaración de intenciones

Escrito por: ruben-sancho-martin el 29 Ago 2011 - URL Permanente

Este Madrid es otro, se le intuía, se le veía venir, pero la crispación permanente en los encuentros contra el Barcelona no nos dejó ver la estructura ósea de este nuevo equipo, construido con los mismos cimientos del año pasado, esfuerzo, intensidad y dinamismo, pero decorado ahora con osadía, posesión y búsqueda arriba de los rivales, una nueva decoración que lució ayer en el primer partido de Liga, aunque segunda Jornada, ante el Zaragoza.

Un Zaragoza blandito, en construcción, que poco pudo hacer ante el aluvión de juego de los blancos, ayer de negro. Coentrao demostró que es la mejor pareja que Xabi Alonso puede encontrar, no por lo que aporta ofensivamente, sobre lo que luego iremos, sino porque al portugués le importa poco o nada la elaboración de la jugada y desaparece del círculo central con lo que el donostiarra puede jugar como le gusta, solo, ordenando al equipo y luciendo en labores de creación, su verdadero valor añadido con respecto al resto de jugadores del mundo. Coentrao, vamos sobre ello ahora, ofrece dinamismo, apariciones sorpresivas y alternativas al ataque madridista, por lo que en ataque es una apuesta definitiva para el doble pivote, porque nunca está donde se le espera, aunque deja muchas dudas en defensa, por lo mismo, porque nunca está donde se le espera.

Pero si hay un jugador que se ha beneficiado de estas nuevas intenciones del Madrid, intenciones que apuestan claramente por la elaboración, por la mezcla del juego rápido con el pausado, por el dominio absoluto de los encuentros, es Özil. El alemán necesita estar en contacto permanente con el balón para no deprimirse y desaparecer del partido, por lo que ayer, con el balón en sus pies y el equipo moviéndose a su alrededor, dio toda una lección de como se debe de jugar a esto del fútbol. Paredes, controles, recortes, pases al hueco, pausa cuando todos corren, un jugador, en definitiva, de los que marcarán época, a poco que sus compañeros le sigan buscando como ayer, compañeros que brillaron, todos ellos, a gran nivel.

Benzemá demostró que es otro, por fin parece concentrado en el fútbol y claro, el talento no hace sino aflorar porque si algo le sobra al francés es eso, talento, ¿gol?, bueno en ello todavía tiene que mejorar, aunque es complejo, porque el hambre de gol no se enseña, se tiene o no se tiene, Benzemá no lo tiene, Higuaín, sí, un Higuaín que empieza, un año más, como suplente, veremos lo que tarda en conquistar la titularidad.

En cuanto a los demás, sorprende el nivel de Cristiano Ronaldo, y no lo digo en cuanto a nivel de intensidad, de ambición, de calidad, no, porque eso como el valor a los soldados se le supone al portugués, sino a nivel de compañerismo, de asociación, de juego en equipo. Habrá que estar atentos al devenir de la temporada, pero si Mourinho ha conseguido esa metamorfosis en Ronaldo habrá obtenido su logro más importante como entrenador.

Di María estuvo dinámico, aunque desacertado, Marcelo anárquico, en la acepción más positiva del término, Sergio Ramos, Pepe y Carvalho, bien, sin destacar, pero haciendo su trabajo, y Casillas de espectador de lujo.

En definitiva, un encuentro plácido para el Madrid, con un Zaragoza que pinta mal, aunque Aguirre es un especialista en equipos que pintan mal, y con un equipo madridista que jugó con gran brillantez, con momentos de muy buen fútbol y presentando su declaración de intenciones para esta temporada, con un fútbol dominador de principio a fin.

Para las estadísticas, Ronaldo marcó tres goles, Xabi Alonso, Marcelo y Kaká, uno, pero para los amantes del fútbol nos quedan las sensaciones, ¿qué sería del mundo sin las sensaciones?

Publicado en El Librepensador

Sevilla 2 - 6 Real Madrid: El otro fútbol

Escrito por: ruben-sancho-martin el 08 May 2011 - URL Permanente

Al fútbol se puede jugar de muchas maneras, y Mourinho las conoce todas, un juego sólido y combinativo, en el Oporto, un juego rápido y eficaz, en el Chelsea, y un juego pragmático, en el Inter, aunque, de momento, no ha encontrado el modelo que quiere para el Madrid, perdido, como está, en sus polémicas con el mundo.

Ayer asistimos la mezcla perfecta del Madrid, un juego rápido, sólido, eficaz, pragmático y combinativo, aprovechando el tremendo talento de los jugadores que había sobre el terreno de juego pero sin perder, por ello, la solidez defensiva. Sin las facilidades que encontró el equipo en Valencia, Xabi Alonso recuperó su pase largo, Özil su magia, Kaká su sutileza, Benzemá su confianza y Ronaldo su hambre, bueno, esa nunca la había perdido, su acierto, mejor dicho.

Es cierto que el Sevilla no es el que era y que le faltaban sus dos mejores hombres, Rakitic y Navas, pero atrás es un equipo sólido, y ayer quedó desarbolado por el juego madridista, que demostró a sus aficionados, a los exacerbados del todo vale, que también se puede ser sólido jugando bien, que también se puede ganar siendo valiente.

Desde una defensa bien armada, con dos expatriados regresando a su patria natural, donde brillan con más fulgor, como Pepe y Ramos, secundados por la efectividad silenciosa de Arbeloa (al que parece que le han dado un tratamiento con electrodos, estilo “Naranja mecánica”) y la anarquía genial e irritante de Marcelo, el equipo se construyó con la omnipresencia de Lass, tanto para recuperar como para perder, y el talento de los de arriba.

Özil, uno de los grandes damnificados de los encuentros ante el Barcelona, demostró que ni se le ha olvidado jugar a esto del fútbol, ni está fundido físicamente, lo cuál nos hace pensar en la obsesión destructiva de Mourinho ante los blaugranas o en la divina juventud del alemán, tú eliges, amigo lector, para explicar su bajo rendimiento en los clásicos, porque Özil es un jugador superlativo al que merece la pena aferrarse.

Kaká, por su parte, como contrapartida del alemán, no brilló, pero sí jugó bien, sorprendido de que los balones le volvieran a sus pies tras lanzar paredes inconexas, algo que no le sucede ni con Ronaldo, ni con Di María, dos balas individuales apostantes del doble o nada en cada jugada en la que participan, lo cuál desconecta al equipo.

Porque Cristiano Ronaldo desconecta al equipo, Di María tiene coartada, no es la estrella, pero el portugués debería de aprender a crecer con el equipo, juntos de la mano, y olvidarse de afrentas individuales contra sí mismo. Se acaba perjudicando a sí mismo y al equipo. Ayer marcó cuatro goles, él se irá satisfecho, sus amigos advenedizos le dirán que jugó bien, pero los que amamos el fútbol por encima de todas las cosas no podemos reprimirnos ante tal derroche de facultades. Si yo fuera Mourinho le prepararía a Ronaldo vídeos de Messi para que los estudiara durante el verano. Así se juega al fútbol, momentos para la combinación y momentos para la jugada individual.

En definitiva, el juego de ayer es el modelo a seguir para la próxima temporada, dada ésta ya por terminada, con el único objetivo de retrasar el alirón blaugrana lo más posible. Un modelo de juego sólido y ofensivo, con momentos de brillantez y otros de guerra de guerrillas.

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Barcelona 1 - 1 Real Madrid: Con las botas puestas

Escrito por: ruben-sancho-martin el 04 May 2011 - URL Permanente

El fútbol nos mostró ayer que es un deporte con más sentido común del que le suponemos, y tras el espectáculo bochornoso del pasado miércoles nos ofreció un partido de fútbol de altura, con dos equipos en pos de la victoria por caminos distintos, pero sin lugar para la especulación. El Barcelona hizo bueno el resultado de la ida y el Madrid murió, pero murió con las botas puestas.

Salieron los madridistas a buscar arriba a los blaugranas, como en el partido de Copa, pero sin el despliegue físico de entonces, con una presión-repliegue que funcionó bien la primera media hora, en la que el Barcelona no creó fútbol y el Madrid robó más de un balón peligroso cerca del área rival. Sin embargo, en los últimos quince minutos del primer tiempo pareció como si el Barcelona hubiera comprendido la fórmula mágica y empezó a superar con facilidad esta presión, creando cuatro ocasiones clarísimas de gol, que se fueron al limbo, que rodea a la portería blanca, unas, y que rodea al áurea de Casillas, otras, las cuales, las últimas, sirvieron para redimir al madridista.

La segunda parte se inició con un guión similar y con el error arbitral más determinante de estos cuatro clásicos. Nada más salir del vestuario Ronaldo hace un control orientado en el centro del campo que le sirve para deshacerse de Alves, encara a Piqué con un autopase, el barcelonista empuja a Ronaldo que cae rodando, con tan mala fortuna, o tan buen arte, pensó el árbitro, que arrolló a Mascherano que no pudo llegar a un balón al que no iba a llegar de ninguna manera, un balón que Higuaín, que pasaba por ahí, lo convirtió en gol, gol legal, para toda la humanidad, menos para el árbitro del encuentro.

Este error arbitral descompuso al Madrid que volvió a recordar agravios del pasado, y en ese estado de ataque de nervios Iniesta, el más tranquilo en el planeta Tierra, filtró un pase mágico a Pedro que no perdonó ante Casillas. En ese momento, todos adivinábamos la sonrisa irónica de Mourinho en su habitación de hotel y la incipiente goleada barcelonista.

Sin embargo, el Madrid se recompuso y volvió a igualar el encuentro, en juego, primero, y en el resultado, después, gracias a una genialidad de Di María que, tras un recorte en el área primoroso, envió el balón al palo y el rechace del mismo a los pies de Marcelo que, en una de esas apariciones anárquicas suyas, marcó el gol del empate, un empate que hacía justicia al partido que estábamos viendo, aunque de poco servía al Madrid.

Desde ese momento y hasta el final poco pudimos ver. El Madrid lo intentó, pero la desesperación ante la imposibilidad del objetivo de marcar dos goles y el temor ante los contraataques barcelonistas que se adivinaban sirvieron para que el encuentro fuera muriendo plácidamente.

Fue un partido, en definitiva, un partido de fútbol, tan apasionante como el de Copa, y mucho mejor que el de Liga y el de ida, un partido en el que Mourinho sorprendió alineando a Kaká, que decepcionó en su gran oportunidad, e Higuaín, claramente fuera de forma, en dos decisiones que ahora podríamos criticar, pero que todos aprobamos cuando nos enteramos, porque esperábamos la verticalidad del brasileño y el gol del argentino, de lo primero nada se supo y de lo segundo nada contó, por la enajenación mental arbitral.

Las conclusiones de esta serie de clásicos son claras, y pasan por el acercamiento del Real Madrid al Barcelona, con otras armas, pero tan lícitas como las blaugranas, al menos cuando se utilizan para salir a ganar, como en la final de la Copa del Rey y como ayer, aunque criticables cuando se utilizan sólo para contemporizar, como en Liga y el partido de ida. Un acercamiento que se certificará, sin duda, en el mes de agosto, con el regreso de la temporada, el regreso de los clásicos, el regreso de la pasión a nuestras vidas, Barcelona y Madrid jugarán la Supercopa, y todo volverá a empezar.

Eso sí, los amantes del fútbol confiamos en que Mourinho repase más veces el vídeo de ayer y menos el del 5-0, para que comprenda que siendo valiente también se puede estar cerca de la victoria y, al menos, el regustillo final es más agradable cuando no se consigue. Porque, por mucho que se empeñe el portugués, los medios empleados importan tanto como el fin que se quiere conseguir.

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Final Copa del Rey: Barcelona 0 – 1 Real Madrid: Cambio de tendencia

Escrito por: ruben-sancho-martin el 21 Abr 2011 - URL Permanente

Finales hay muchas, decenas, cientos, miles, todas las que queramos, pero cuando se imagina una final se dibuja mentalmente la que vivimos ayer, repleta de pasión, intensidad, buen fútbol, talento, emoción y, sobre todo, dos equipos dejándose todo en el terreno de juego en pos de la victoria, dos estilos, sí, pero un mismo objetivo.

Porque al fútbol se puede jugar de muchas maneras, y Guardiola y Mourinho nos enseñaron ayer dos de ellas. El Barça fue fiel a su estilo de desarrollo paulatino de la jugada, mientras que el Madrid se convirtió en un depredador defensivo para encontrar una jugada rápida que le llevara al gol.

Tuvimos una primera parte para cada equipo. En la primera parte el Madrid defendió atacando, adelantó las líneas 20 metros con respecto al partido del sábado y ahogó al Barcelona en su propio barroquismo, tocaban los blaugranas, pero no para conformar la jugada sino para que el Madrid no les robara la pelota. Así, el balón fue del Barcelona pero las ocasiones, clarísimas, del Madrid, sobre todo un tiro cruzado de Cristiano Ronaldo que repelió Pinto, en una gran parada, luego tendría otra mejor, y el cabezazo maldito de Pepe, maldito por el poste que impidió que fuera gol.

Algo cambió, sin embargo, tras el descanso. El Madrid apareció sin resuello y el Barcelona comprendió que en el tiki-taka también cabe la conducción. Messi, Iniesta y Xavi empezaron a dar un toque más a la pelota, con lo que desactivaron la presión madridista, que ya sin el premio de la recuperación y con el partido del pasado sábado todavía agarrado a la musculatura, comenzaron a llegar tarde y a dejar espacios. Así, el Barcelona tuvo ocasiones de marcar, dos claras que salvó Casillas y una clarísima de Iniesta que salvó el portero madridista gracias a que llevaba unos guantes una talla mayor. Sin embargo, en los últimos minutos del encuentro el Madrid se repuso, y pudo haberse llevado la final con un disparo de Di María, con el tiempo cumplido, que Pinto salvó de una manera prodigiosa.

Se llegó a la prórroga, porque la final se lo merecía y porque los aficionados nos merecíamos, al menos, la honra de la prórroga ante los ataques de la afición contraria al día siguiente. Los dos equipos parecían cansados, deshechos físicamente, y ahí es donde se nota más la fuerza física, la potencia, y en ello, en ello sí, Cristiano Ronaldo es el mejor jugador del mundo. Rozó el gol en una galopada descomunal que rozó el palo de Pinto y se llenó de gloria en un cabezazo sublime cargado de liberación madridista. Fue una jugada extraña, por la construcción, por la pausa, por el gusto por el fútbol de toque que el equipo no había tenido hasta entonces. Di María combinó con Marcelo, y éste le devolvió una pared que parecía corta, pero Alves, cansado, no llegó, Di María, sí, y puso un pase magistral, de esos que sabe dar cuando no se lía con sus propios regates, un pase que podía haber firmado el mismísimo Míchel, un pase que remató Ronaldo a la red, marcando los tres tiempos, como le debe de haber enseñado Santillana, en algún entrenamiento de los veteranos. Gol, final, y cambio de tendencia.

Si aceptamos que el Dream Team se cimentó en la final de la Copa del Rey de 1990, debemos ilusionarnos con que esta final de la Copa del Rey de 2011 servirá de cambio de tendencia en el fútbol español y, por tanto, en el fútbol europeo, porque los títulos fortalecen los proyectos, y si son contra tu más directo rival valen doble, por el que ganas y por el que haces que el otro deje de ganar.

Personalizando, gerundio injusto para un espectáculo épico como el que vimos, Sergio Ramos volvió a demostrar que es uno de los mejores centrales de Europa, y un lateral derecho mediocre, Pepe estuvo inconmensurable todo el encuentro, y certificó lo que ya sabíamos, que con un buen seguimiento psicológico puede hacer carrera, Özil estuvo desasistido, fallón, perdido, desubicado, pero aún así creó todo el peligro del Madrid, de la manera que sólo lo saben hacer los grandes jugadores, y Cristiano Ronaldo dejó su marca registrada, individualista, egocéntrico, arrogante, pero sublime. En el Barça, Messi insinuó más que desarrolló, desarbolado por la presión madridista, Iniesta apareció en los momentos clave aunque falló en la definición, Xavi elegante, como siempre, Busquets genial en labores de intendencia y ¿Villa?, perdido, al igual que Pedro, dos jugadores que son claves en este equipo porque dan la profundidad que el toque del centro del campo requiere, y sin esa profundidad el tiki-taka se queda en nada, en balas de fogueo, y ahí estuvo la clave del éxito de la presión del Madrid.

Ahora llegan las semifinales de la Champions, con un panorama diferente, con el Madrid creyéndoselo y con un Barcelona con dudas, el que duda existe, no por su estilo de juego, sino por su delantera, en bajo estado de forma, y lo que es más importante, sin recambios.

Athletic 0 - 3 Real Madrid: Partido y resultado

Escrito por: ruben-sancho-martin el 10 Abr 2011 - URL Permanente

La alineación que presentó Mourinho en el día de ayer daba toda la impresión de que tiraba el partido, y los hechos nos dieron la razón, aunque nos equivocamos, una vez más, con el portugués, porque una cosa es tirar el partido y otra bien distinta, tirar el resultado.

Sabía Mourinho que cuando el Athletic (bueno, cualquier equipo de Caparrós, en realidad), juega contra el Madrid lo hace con plus de agresividad y de pasión que sólo se puede contrarrestar de dos formas: con la excelencia futbolística o con la misma agresividad. Como de lo primero el Madrid no anda sobrado, Mourinho optó por lo segundo, y acertó.

Fortaleció el centro del campo con un doble pivote extraño, Pepe y Lass, dejando que Granero y Kaká construyeran lo que pudieran y que Di María pusiera la profundidad, con Higuaín en proceso de recuperación. Así, el Madrid perdió el partido, porque se jugó a lo que quiso el Athletic desde el principio, pero ganó el resultado, que era lo que quería Mourinho.

Porque el partido se juega en el centro del campo, y allí sólo hubo lucha, pelea y balones perdidos, pero el resultado se juega en las áreas, y ahí el Madrid estuvo bien atrás, con muy buen partido de Garay y Albiol, con un Pepe inconmensurable defensivamente, apareciendo por todos lados, y con Lass achicándose hasta a sí mismo, bien atrás, te decía, y resolutivo arriba, con pocas, pero claras oportunidades, y dos penaltis claros sobre Di María.

Dos penaltis que transformó con clase Kaká, al que se le vio suelto con buena visión, aunque todavía lejos de lo que seguimos esperando de él los que hemos visto al mejor Kaká en Milán, y un muy buen gol de Ronaldo, que salió por Di María y aportó lo mismo que el argentino, profundidad.

En definitiva, Mourinho apostó por un equipo de profesionales que le resolvieran la papeleta. Seis jugadores que le achicaran agua atrás (Ramos, Albiol, Garay, Arbeloa, Pepe y Lass), dos que le enviaran balones en profundidad (Granero y Kaká), uno que profundizara (Di María), y otro que se recuperara físicamente (Higuaín).

Y la apuesta le salió bien. Dio minutos a los jugadores que lo necesitaban y descanso a los más utilizados durante la temporada, todos cumplieron, todos respondieron a la expectativas, y da la impresión de que el Madrid se planta en los quince días más importantes de la temporada con el equipo (salvo Canales y Pedro León, a la deriva) a pleno rendimiento.

Los nostálgicos, y llámame loco, seguimos echando de menos la victoria ante el Sporting de Gijón que podía haber dado alas al Madrid en este final de Liga y meter presión al Barcelona (¿qué hubiera sucedido tras el gol del Almería si el Barcelona hubiera sentido al Madrid a 2 puntos, y no a 5?).

En cualquier caso, llegan ahora los clásicos, tras el trámite de los partidos de vuelta de Champions League, y uno tiene la sensación de que si su matrimonio resiste a este atracón ya no habrá nada que lo rompa en el futuro.

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Atlético de Madrid 1 - 2 Real Madrid: Medio derbi

Escrito por: ruben-sancho-martin el 20 Mar 2011 - URL Permanente

Entre un quiero y no puedo del Atleti y un ni quiero ni puedo del Madrid, nos birlaron la mitad del derbi en una segunda mitad para olvidar que no nos dejó más que el amago falaz de remontada colchonera tras el gol de Agüero. Y duele más si pensamos en la tremenda primera parte en la que ambos equipos se lanzaron a tumba abierta hacia la victoria en un derbi que se insinuó como grande, pero que terminó como rutinario.

Amagó Mourhinho con el trivote, Quique se lo creyó y acabó tragándose el 4-1-4-1 del portugués, con Xabi Alonso por detrás de una línea de cuatro formada por Cristiano Ronaldo tirado a banda izquierda, Özil tirado a banda derecha, y Lass y Khedira como perros de presa por el centro, desatados, tanto en defensa como en ataque, firmando unos quince primeros minutos pletóricos, de presión arriba y salida al contraataque. El Madrid no quería el balón, lo robaba y creaba una ocasión de gol, ¿para qué más? Así llegó el gol de Benzemá con un gran pase de Khedira.

A partir de ahí el Madrid bajó algo el ritmo, el Atlético se recompuso, comprendió que lo del trivote era un milonga y empezó a encontrar espacios detrás de Özil y de Cristiano Ronaldo. Así las ocasiones colchoneras comenzaron a llegar para tropezarse una y otra vez con Casillas, espléndido toda la noche, unas ocasiones que eran contrarrestadas con golpes mortales del Madrid. El Atlético atacaba más, pero cualquier aficionado al fútbol hubiera apostado a que el Madrid marcaba antes el segundo.

Y hubiera ganado, porque en una jugada de Marcelo por banda izquierda, siguiendo un clarísimo penalti no pitado de Ufalusi a Cristiano Ronaldo, permitió a Özil rematar desde la frontal del área, un tiro flojo, al centro de la portería, y sin gran peligro, pero De Gea se la tragó, recordándonos que todavía está en formación, y el Madrid sentenció el derbi.

A partir de ahí el partido se acabó, se pudo haber reavivado, es cierto, pero Casillas lo evitó con sus paradas. En la segunda mitad el Madrid recordó que estaba cansado, física, psicológicamente, o ambas, y se olvidó de salir al contraataque, recomponiendo, ahora sí, el trivote, liberando a Cristiano Ronaldo, renqueante y más individualista que de costumbre (y mira que es mucho decir) y a Özil, que dejó algún detalle pero que no brilló.

El gol de Agüero sólo quedó para la estadística, porque lo que se antojaban unos últimos minutos de asedio colchonero se quedó en agua de borrajas, como si no quisieran ofender al amigo rico, y los aficionados comenzaron a abandonar el estadio resignándose a su suerte, contra la que nada se puede hacer.

En definitiva, el Madrid salvó una salida vital para mantenerse vivo en la lucha por la Liga (la más importante, porque las demás estarán supeditadas a la sangre del Barça que puedan oler los madridistas), consiguió que Xabi Alonso viera la quinta tarjeta amarilla (y mira que le costó), y tuvo la fortuna de cara para que Lass no fuera expulsado por doble amarilla (ocasiones tuvo el árbitro).

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Real Madrid 3 - 0 Olympique de Lyon: Alejando fantasmas

Escrito por: ruben-sancho-martin el 17 Mar 2011 - URL Permanente

Por avatares de la vida me marché de España con el Real Madrid como Campeón de Europa y regresé con un equipo perseguido por sus fantasmas, incapaz de pasar de los octavos de final de ésta, su competición, cayendo eliminado ante equipos siempre inferiores y por una mezcolanza de arrogancia, prepotencia, incapacidad futbolística y fuerzas esotéricas de cariz fantasmagórico. Pero ayer, por fin, los fantasmas quedaron atrás y el Real Madrid se clasificó para los cuartos de final de la Champions League, el lugar que nunca debió haber abandonado.

Sin embargo, los fantasmas estuvieron presentes durante todo el partido de ayer, demasiado similar al del año pasado, un encuentro en el que el Madrid nunca controló el juego, aunque sí generó la mayoría de las ocasiones, y en el que los franceses esperaron, como entonces, su oportunidad, que este año no llegó.

Cristiano Ronaldo hizo acto de presencia en el terreno de juego, aunque no debió, porque jugó controlando sus acciones y el fútbol del portugués sólo tiene sentido desde la explosión física, todo lo demás se queda en fuegos de artificio, como los que prendía Benzemá meses atrás pero que ahora se han convertido en bombas de precisión para las defensas rivales. El francés estuvo dinámico, incisivo, agresivo y repleto de talento, aunque esto último ya se le suponía, jugó para sí mismo y para sus compañeros, penalizó los errores del rival y se retiró entre una gran ovación del público.

Pero la clave del partido debemos encontrarla en Marcelo, autor del primer gol, ¡y qué gol!, un jugador anárquico, de naturaleza extraviada, pero de un técnica individual inmejorable, que cuando se concentra, y para ello necesita partidos de máxima intensidad, saca el tremendo jugador que lleva dentro (otra cosa es cuando le da por pensar en las florecillas del bosque en partidos que él considera de menor transcendencia). El gol de ayer lo habría firmado cualquier delantero de postín, con un recorte previo en el interior del área que sólo está al alcance de genios o inconscientes, como si la genialidad conociera de consciencia.

A partir de ahí el Madrid se acomodó en el encuentro, empezó a guardar la ropa y a dejar hacer al Lyon al que intentó sorprender a la contra. El guión de la segunda mitad estaba cantado, tanto que empezó a sobrevolar por Chamartín el fantasma de las Navidades pasadas (celebradas en marzo) y el ‘rún-rún’ del público hacía pensar lo peor. Pero en una de esas, Cris, que debe de ser íntimo amigo de Benzemá, sólo así se entiende tamaño regalo, dejó al francés sólo ante el portero, en una de esas jugadas que hace meses se hubieran ido al limbo, o al cuerpo del portero, pero que ahora se cuelan entre sus piernas. Gol. 2-0. ¡CATARSIS!

La eliminatoria parecía hecha, y lo estaba, el público se quitó un peso de encima, los aficionados en casa comenzaban a cenar, Mourinho se hinchaba de arrogancia, Florentino Pérez cuadraba sus balances y Jorge Valdano se llenaba de razones con el tema del 9. Entonces, el tercer gol, otro fallo defensivo, ahora a la limón entre Cris y Lovren, Di María sólo delante del portero y gol, definición de clase, la clase que se esgrime en cualquier barriada de Buenos Aires.

El resto del partido sirvió para relamernos nuestras heridas, para dar descanso a Cristiano Ronaldo, que no debió haber jugado, ya lo había dicho, ¿verdad?, bueno, lo repito, para que Benzemá saliera ovacionado y para dejar atrás, de una vez por todas, los fantasmas de octavos de final.

¿Las dudas? Los futboleros dudamos, luego existimos, y el equipo dejó dudas, no hay duda, pero dudas efímeras que nada tienen que ver con el fútbol, dudas sobre la estabilidad mental de Pepe, sobre las razones de que Ronaldo jugara ayer, dudas acerca de la velocidad de Carvalho, dudas para los que dudan, pero los madridistas no dudamos, ahora no, dudábamos, no hay duda, pero la duda se ha convertido en certeza que no deja lugar a dudas.

Publicado en El Librepensador

Real Madrid 2 - 0 Hércules: Trámite

Escrito por: ruben-sancho-martin el 13 Mar 2011 - URL Permanente

Los trámites se pueden enquistar, y el de ayer estuvo a punto de no haber sido por el estado de gracia de Benzemá, que parece encontrarse en el punto álgido de su carrusel emocional, y de la melancolía del Hércules que hizo todo bien, pero echó de menos la mordiente arriba, esa que a Portillo se le intuía hace años pero que se le ha ido esfumando a medida que iba echando más y más gomina a sus peinados.

Así, el Hércules planteó un partido inteligente, con presión arriba, cortocircuitando a Granero y dejando aLass el peso de la salida de balón del Madrid, y con ello consiguió que el Madrid no jugara a nada, tampoco se les veía muy entusiasmados con la idea, la verdad, era como si temieran que se volviera a abrir el debate de si se juega mejor con Cristiano Ronaldo o sin él, debate inútil, porque la única realidad es que se juega mejor con Xabi Alonso que sin él, y ayer descansó, el donostiarra, digo, y el portugués, también, e incluso Özil, aunque jugara.

Porque el alemán, que luce una sonrisa que no le recordábamos en Alemania, se dejó llevar en el partido y cayó en la mediocridad general, eso sí, le bastó para abrir la lata con la jugada del primer gol, y hablando de sonrisas, parece que a Adebayor se le está agriando la suya, tan feliz que se las prometía cuando llegó se ha encontrado con un francesito que parece haber recordado sus años en Lyon.

Y es que Benzemá nos empieza a recordar a aquel jugador que nos maravillaba en el Olympique. Frío como el hielo, pusilánime como un rey bastardo, pero talentoso hasta decir basta. El primer gol fue de empujar, de los que no le gustan, pero el segundo fue una obra de arte, un disparo de killer del área, fantástico, y entre medias un control en el área, medio sombrero, ante Farinós, que guardaremos en la retina durante unos meses. Sin duda, la recuperación de Benzemá es la mejor noticia para este equipo.

El resto del equipo se limitó a cumplir con el trámite. Granero sufrió el marcaje ‘cuasi’ individual del Hércules, Lass se perdió en su propio barullo intelectual, Di María alocado, Adebayor se peleó bien con los defensas, y los defensas, los del Madrid, digo, cumplieron con su labor sin grandes sobresaltos, aunque Marcelo sufrió, como acostumbra, sus habituales pérdidas de concentración defensivas cuando juega contra equipos que él entiende como menores.

En definitiva, una victoria de trámite, aunque necesaria, a la espera del difícil encuentro del Barcelona hoy en Sevilla, que puede abrir la Liga, o cerrarla definitivamente.

Publicado en El Librepensador

Racing 1 - 3 Real Madrid: El otro fútbol

Escrito por: ruben-sancho-martin el 07 Mar 2011 - URL Permanente

Podría empezar esta crónica en negativo, diciendo lo bien que juega el Madrid sin Cristiano Ronaldo, pero eso sería injusto y ventajista, así que la comenzaré en positivo, diciendo lo bien que jugó ayer el Real Madrid, especialmente en la primera mitad, unos 45 minutos en el que el equipo simplemente bordó el fútbol en una exhibición que no se recordaba desde hacía mucho tiempo.

El balón circuló con fluidez, uno o dos toques eran suficientes para cada jugador, Xabi Alonso no cabía en sí de gozo cuando veía que Granero jugaba a lo mismo que él, ambos combinaban e iniciaban el fútbol de una manera tan embaucadora que engatusaron a Di María, alocado habitual, pero que ayer no pudo por menos que combinar, e incitaron a Özil a que sacara la chistera mágica de su fútbol.

La primera parte del alemán fue, simplemente, soberbia. Se asoció en la creación, tiró desmarques de ruptura, aceleró el fútbol en tres cuartos y finalizó a lo grande, regalando dos goles, uno a Adebayor y otro a Benzemá. Özil es un jugador de un nivel sideral, de una juventud que abruma a los rivales y que hace que los madridistas nos frotemos las manos al pensar en los años que le vamos a poder disfrutar, aúna en un sólo jugador la elegancia de Zidane, la clarividencia de Guti y la humildad de Laudrup.

De su mano, o mejor dicho, de su pie, del izquierdo concretamente, el Madrid practicó un juego asociativo, de alternancias en corto y en largo, de verticalidad y horizontalidad, de dominio absoluto de la situación, un fútbol que no le habíamos visto todavía a este equipo de Mourinho, mucho más vertical y vertiginoso, para lo bueno y para lo malo, capaz de aplastar a los rivales con sus goles, pero incapaz de controlar los partidos.

Fue tal el brillo de la primera mitad que la segunda quedó para la estadística, para que ambos equipos fallaran sendos penaltis (Pinillos y Adebayor, respectivamente), para que Kennedy demostrara que es un jugador de muy buen nivel, y para que Benzemá certificara su recuperación con su segundo gol. En el regusto del aficionado todavía quedaba el fútbol de los primeros 45 minutos y todas las cosas que sucedieron tras el descanso quedaron en un segundo plano.

Ahora quedará por comprobar si Mourinho se atreverá con Xabi Alonso y Granero más a menudo, una pareja de menos contundencia pero mucho más fútbol que las habituales con Lass o Khedira, un fútbol que necesita el Madrid y del que se beneficiarían los jugadores de ataque, porque ¿de qué sirve robar 10 balones si luego se pierden 9?

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Contracrónicas de fútbol (Real Madrid, España)
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