Contracrónicas de fútbol (Real Madrid, España)

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Espanyol 0 - 4 Real Madrid: Goles son amores

Escrito por: ruben-sancho-martin el 03 Oct 2011 - URL Permanente

Y también buenas razones, las que puso sobre el debate teleológico (sobre las causas finales) Higuaín con tres goles como tres soles, esgrimiendo en cada uno de ellos una explicación teórico-práctica del concepto de delantero centro, golpeo sencillo al palo largo (permíteme la expresión futbolística), zapatazo a la escuadra de primera y toque sutil para superar a un portero vencido, ¿para qué quieres un delantero centro asociativo? Porque el delantero centro nace, no se hace, Higuaín lo es, Benzemá no, por lo que o acaban jugando juntos o el argentino ganará la batalla, ¿por qué? Porque jugadores asociativos hay muchos, cada vez menos, eso sí, pero haberlos haylos, pero goleadores hay pocos y ningún equipo se puede permitir el tener a Higuaín en el banquillo, ni siquiera el Madrid.

Dicho lo cuál a Benzemá habrá que reconocerle el estilo y la voluntad, de lo primero siempre tuvo y de lo segundo nada sabíamos hasta esta temporada, y la combinación es solución a casi todos los problemas existenciales del fútbol, a excepción, claro está, del gol. Pero no me perderé más en este debate apasionante, porque temporada por delante tenemos un rato y apuesto a que el debate volverá a surgir.

Porque quiero volver sobre el estilo, el estilo que el Madrid presentó en los primeros minutos, un estilo renovado, como si fuera la nueva temporada de unos grandes almacenes, el estilo que vimos en pretemporada, que nos ilusionó ante el Zaragoza, y que luego se disipó por los efluvios de la llegada del otoño, un estilo de buen fútbol, al que se llega, sorpresas de la vida, con buenos jugadores sobre el terreno de juego. Parece que Mourinho ha claudicado y, por fin, se atreve a colocar a Kaká y Özil juntos sobre el terreno de juego, que no revueltos, y con ello consigue que Cristiano Ronaldo se avergüence de su juego individualista y combine, y que Xabi Alonso encuentre compañeros, y que todo, en definitiva, tenga un sentido. ¡Qué pena que sólo durara 20 minutos!

Fue el tiempo que duró Kaká, porque Özil estuvo ayer perdido en su musaraña existencial, y el que tardó el Espanyol en comprender que la intensidad era el camino. Así con pura intensidad, en ocasiones mal entendida, los pericos fueron arrinconando al Madrid, que había gustado en los primeros 20 minutos, pero que acabó por dejarse llegar ante tanta batalla, y más tras haber marcado el primer gol.

Así, el Espanyol dominó el encuentro hasta el descanso, aproximándose a la portería de Casillas, aunque sin crear grandes ocasiones de gol, y demostrando una verdad irrefutable que todavía hay gente que se empeña en negar: Sergio Ramos es defensa central, y todo lo demás son vericuetos estratégicos para poder jugar en la Selección. Ahora, con Puyol en retirada, es el momento ideal para que el sevillano de un paso adelante como central y se asiente como uno de los mejores del mundo. En el centro, con restricciones terrenales, sin libertad de pensamiento, Ramos ofrece todas sus virtudes y esconde sus defectos, exactamente al contrario que cuando juega de lateral derecho.Un puesto de central en el que Albiol dio ayer otra clase magistral de los conceptos básicos: colocación, corte y sencillez. Espero que Mourinho haya comprendido el gran defensa que tiene entre manos, y que no se obceque con un Carvalho que anda algo perdido esta temporada.

El Espanyol izaba la intensidad, convertida en agresividad, como bandera, y así salió en la segunda mitad, hasta que Higuaín recibió un pase al hueco de Arbeloa y ni corto ni perezoso lo mandó a la escuadra, de un toque, sin zarandajas, sin adornos superfluos, un gol de bandera, de delantero centro. Un gol que calmó ligeramente los ánimos del Espanyol, que pudo haber acortado distancias si Weiss no hubiera tirado su remate fuera, y que bajó los brazos cuando Cristiano Ronaldo aprovechó un pase fantástico de Xabi Alonso para recortar a su defensa y dejar el gol en bandeja a Callejón, el famoso gol del ex. Pocchettino debió de pensar en ese momento que había mandado sus tropas a luchar contra el Madrid, pero no contra los elementos que tergiversaron la realidad existencial haciendo que Ronaldo, pudiendo rematar a gol, dejara el gol a un compañero. Ante ello no hay defensa posible.

El cuarto gol fue una anécdota, un fallo defensivo provocado por una buena presión de Higuaín que el mismo argentino resolvió con buen tino, con clase, con elegancia, con la sencillez con la que se suele marcar el cuarto gol de un partido, sin la presión del primero. Una anécdota que acabó de reivindicar a Higuaín y que dejó un castigo inmerecido en Cornellá, porque el Espanyol mereció más, mucho más.

Pero el fútbol no es una cuestión de merecimientos, sino de goles, y este Madrid renacido sobre la esencia del fútbol, con Kaká y Özil a los mandos (esperemos que sigan juntos por muchos partidos), tiene muchas virtudes y más de un defecto, pero por encima de todas las cosas tiene algo que el resto de equipos busca, el gol.

Espanyol 0 - 4 Real Madrid: Goles son amores

Escrito por: ruben-sancho-martin el 03 Oct 2011 - URL Permanente

Y también buenas razones, las que puso sobre el debate teleológico (sobre las causas finales) Higuaín con tres goles como tres soles, esgrimiendo en cada uno de ellos una explicación teórico-práctica del concepto de delantero centro, golpeo sencillo al palo largo (permíteme la expresión futbolística), zapatazo a la escuadra de primera y toque sutil para superar a un portero vencido, ¿para qué quieres un delantero centro asociativo? Porque el delantero centro nace, no se hace, Higuaín lo es, Benzemá no, por lo que o acaban jugando juntos o el argentino ganará la batalla, ¿por qué? Porque jugadores asociativos hay muchos, cada vez menos, eso sí, pero haberlos haylos, pero goleadores hay pocos y ningún equipo se puede permitir el tener a Higuaín en el banquillo, ni siquiera el Madrid.

Dicho lo cuál a Benzemá habrá que reconocerle el estilo y la voluntad, de lo primero siempre tuvo y de lo segundo nada sabíamos hasta esta temporada, y la combinación es solución a casi todos los problemas existenciales del fútbol, a excepción, claro está, del gol. Pero no me perderé más en este debate apasionante, porque temporada por delante tenemos un rato y apuesto a que el debate volverá a surgir.

Porque quiero volver sobre el estilo, el estilo que el Madrid presentó en los primeros minutos, un estilo renovado, como si fuera la nueva temporada de unos grandes almacenes, el estilo que vimos en pretemporada, que nos ilusionó ante el Zaragoza, y que luego se disipó por los efluvios de la llegada del otoño, un estilo de buen fútbol, al que se llega, sorpresas de la vida, con buenos jugadores sobre el terreno de juego. Parece que Mourinho ha claudicado y, por fin, se atreve a colocar a Kaká y Özil juntos sobre el terreno de juego, que no revueltos, y con ello consigue que Cristiano Ronaldo se avergüence de su juego individualista y combine, y que Xabi Alonso encuentre compañeros, y que todo, en definitiva, tenga un sentido. ¡Qué pena que sólo durara 20 minutos!

Fue el tiempo que duró Kaká, porque Özil estuvo ayer perdido en su musaraña existencial, y el que tardó el Espanyol en comprender que la intensidad era el camino. Así con pura intensidad, en ocasiones mal entendida, los pericos fueron arrinconando al Madrid, que había gustado en los primeros 20 minutos, pero que acabó por dejarse llegar ante tanta batalla, y más tras haber marcado el primer gol.

Así, el Espanyol dominó el encuentro hasta el descanso, aproximándose a la portería de Casillas, aunque sin crear grandes ocasiones de gol, y demostrando una verdad irrefutable que todavía hay gente que se empeña en negar: Sergio Ramos es defensa central, y todo lo demás son vericuetos estratégicos para poder jugar en la Selección. Ahora, con Puyol en retirada, es el momento ideal para que el sevillano de un paso adelante como central y se asiente como uno de los mejores del mundo. En el centro, con restricciones terrenales, sin libertad de pensamiento, Ramos ofrece todas sus virtudes y esconde sus defectos, exactamente al contrario que cuando juega de lateral derecho.Un puesto de central en el que Albiol dio ayer otra clase magistral de los conceptos básicos: colocación, corte y sencillez. Espero que Mourinho haya comprendido el gran defensa que tiene entre manos, y que no se obceque con un Carvalho que anda algo perdido esta temporada.

El Espanyol izaba la intensidad, convertida en agresividad, como bandera, y así salió en la segunda mitad, hasta que Higuaín recibió un pase al hueco de Arbeloa y ni corto ni perezoso lo mandó a la escuadra, de un toque, sin zarandajas, sin adornos superfluos, un gol de bandera, de delantero centro. Un gol que calmó ligeramente los ánimos del Espanyol, que pudo haber acortado distancias si Weiss no hubiera tirado su remate fuera, y que bajó los brazos cuando Cristiano Ronaldo aprovechó un pase fantástico de Xabi Alonso para recortar a su defensa y dejar el gol en bandeja a Callejón, el famoso gol del ex. Pocchettino debió de pensar en ese momento que había mandado sus tropas a luchar contra el Madrid, pero no contra los elementos que tergiversaron la realidad existencial haciendo que Ronaldo, pudiendo rematar a gol, dejara el gol a un compañero. Ante ello no hay defensa posible.

El cuarto gol fue una anécdota, un fallo defensivo provocado por una buena presión de Higuaín que el mismo argentino resolvió con buen tino, con clase, con elegancia, con la sencillez con la que se suele marcar el cuarto gol de un partido, sin la presión del primero. Una anécdota que acabó de reivindicar a Higuaín y que dejó un castigo inmerecido en Cornellá, porque el Espanyol mereció más, mucho más.

Pero el fútbol no es una cuestión de merecimientos, sino de goles, y este Madrid renacido sobre la esencia del fútbol, con Kaká y Özil a los mandos (esperemos que sigan juntos por muchos partidos), tiene muchas virtudes y más de un defecto, pero por encima de todas las cosas tiene algo que el resto de equipos busca, el gol.

Real Madrid 6 - 2 Rayo Vallecano: Resumiendo

Escrito por: ruben-sancho-martin el 25 Sep 2011 - URL Permanente

¿Para qué andar tirando de hemeroteca para analizar la situación actual del Real Madrid? Basta con que volvamos a ver el partido de ayer y en sólo 90 minutos detectaremos todos los defectos y todas las virtudes de este equipo: Mourinho tarda en leer los encuentros, el fútbol está cortocircuitado, la defensa hace aguas y con espacios al frente es un equipo temible.

Empecemos, como los buenos estudiantes y los malos amantes, por el principio. Mourinho está tan obcecado en sentirse víctima de un contubernio judeomasónico, o similar, en su contra que se muestra incapaz de leer los encuentros desde un principio. Ayer, en un encuentro en el que necesitaría toque y asociación para desactivar el entramado defensivo del Rayo Vallecano (realmente valiente, dicho sea de paso, saliendo a buscar al Madrid a su propio terreno de juego), se decantó por una alineación que ofrecía verticalidad sin toque. Di María, Cristiano Ronaldo, Kaká e Higuaín, son excelentes jugadores, pero mezclan mal, por la sencilla razón de que ninguno de los cuatro se asocia. De esa manera, cualquier balón que cruzaba el centro del campo y llegaba a la línea de tres cuartos vallecana no tenía otra alternativa que convertirse en balón perdido o en ocasión de gol, y todos sabemos que siempre se da más lo primero que lo segundo.

A la media hora, Mourinho reaccionó y corrigió su error, lo cuál es un acierto, porque rectificar es de sabios, pero también es de sabios no errar, sobre todo cuando era una decisión tan obvia. Con Özil, que salió por Lass para hacer el doble pivote, los jugadores madridistas ya tenían con quien combinar. No es que el alemán esté en su mejor forma, pero cuando se le envía un balón lo suele devolver en buenas condiciones o, al menos no lo arriesga en busca del pase mágico, vamos, entre tú y yo, lo que viene a ser el juego de centrocampista de toda la vida, esa especie en extinción y que ha encontrado una reserva natural en la cera de enfrente donde se les da libertad absoluta.

En parte por esa falta de capacidad de mezcla de jugadores que está mostrando Mourinho, el fútbol del Madrid está totalmente cortocircuitado. El ataque y la defensa se practica a la misma velocidad, excesiva en ambos casos, lo cuál provoca espacios a la espalda cuando se defiende y precipitación cuando se ataca. El balón no circula, las jugadas acaban rápido, y el juego da siempre la sensación de estar en el aire. Xabi Alonso intenta combinar, pero no encuentra compañero, Coentrao le hace aguas y Lass le agobia, sólo parece que con Khedira se siente relajado, más que nada porque no le estorba en demasía, y todavía sigue echando en falta a Granero y sintiendo nostalgia imposible por Sahin. En definitiva, un año después el Madrid de Mourinho sigue teniendo el mismo problema fundamental, no encuentra el fútbol porque no acierta con el compañero de Xabi Alonso.

Un Madrid de Mourinho al que se le suponía solidez defensiva, una solidez que este año se está disipando por los tremendos errores defensivos que se van acumulando una jornada sí y otra también. Carvalho anda perdido, Pepe esperando que su psicólogo regrese de vacaciones, Albiol estaba desaparecido en combate hasta que ayer jugó y rindió a buena altura, al igual que Varane, que parece dispuesto a no equivocarse. Eso sí, por culpa de ese afán en no equivocarse regaló el córner del segundo gol del Rayo, que luego él mismo se come cuando Michu le gana la espalda, cosas de la juventud, espero, porque sigue dando la sensación de central de altura, futbolística más que física, y mira que es mucho decir.

Menos mal que el séptimo de caballería siempre llega al rescate, es ver un metro de espacio tras las líneas enemigas y los jugadores del Madrid salen en manada, en embestidas que hacen temblar la tierra y tambalearse a los defensas rivales que asisten abrumadas a tanto despliegue físico acompañado de circulación rápida de balón. Cinco de los seis goles de ayer llegaron así, en contraataques eléctricos que dejaron sin habla a los aficionados y sin respiración a los defensas que corrían detrás. Bello espectáculo futbolístico, no hay duda, un contraataque del Real Madrid es una obra de arte en movimiento.

Ahora bien, demasiado poco bagaje para un equipo del que se debe esperar más, al que se le debe de exigir que sepa jugar otro tipo de fútbol, porque los espacios son como el Guadiana, aparecen y desaparecen a su antojo, caprichos del Dios del fútbol, y el que vive de espacios muere de su ausencia, como le sucedió al Madrid ante el Racing y el Levante, no tuvo espacios y naufragó.

Detectados los problemas, diagnosticaremos la solución: Granero al doble pivote (hasta que llegue, si es que llega algún día, Sahin), Kaká y Özil jugando juntos, con Di María en el banquillo, y una dosis de valium tranquilizante para todo el equipo en su conjunto, desde Mourinho hasta el último de los jugadores. Eso daría un equipo con salida limpia de balón, sin perder un ápice de verticalidad, un equipo capaz de matar en el juego y al espacio, un equipo más completo y con mayores posibilidades en el medio-largo plazo.

El Librepensador

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Barcelona 3 – 2 Real Madrid: El punto de equilibrio

Escrito por: ruben-sancho-martin el 18 Ago 2011 - URL Permanente

Todavía extasiado por el fabuloso espectáculo futbolístico que nos brindaron en la noche de ayer el Barcelona y el Real Madrid, no puedo por menos que iniciar esta crónica lamentando la escasa calidad humana, que no futbolística, de Mourinho, un provocador sin clase que bien haría en tomar clases de educación por el bien, no suyo, que no le importa a nadie más que a su familia, supongo, sino del Real Madrid, institución que representa y a la que debe un respeto, por la ingente cantidad de seguidores que todavía creemos en que las formas y el respeto son valores a mantener.

Dicho lo cuál, me quito el sombrero ante el planteamiento táctico que el portugués puso en liza en la noche de ayer. Imitando lo diseñado el pasado domingo, el Madrid presionó arriba y cortocircuitó el juego blaugrana, robando en situaciones de peligro y creando las ocasiones más claras en el principio del encuentro. Igualando el centro del campo con el trabajo incansable de Özil y Di María, mejor ambos en labores de intendencia que de juego, y con Pepe saliendo a la media punta para que Messi no recibiera, el Madrid se hizo con el dominio.

Sin embargo, el Barça tiene un hecho diferenciador, no ya con el Madrid, sin con el resto de equipos de todo el mundo, un hecho diferenciador que tiene nombre y apellidos, Leo Messi, un jugador que de la nada se inventa dos regates y un pase al hueco para que Iniesta (habilitado por un Ramos que sigue en permanente decadencia futbolística) marque el primer gol del encuentro con la sencillez de los genios (la misma que practicó Özil en el partido de ida) y vuelva hacer de la injusticia virtud.

El Madrid se repuso bien de este mazazo y siguió con sus mismas armas, convencidos como parece que están, y razón llevan, de que este ese el camino, a lo que ayudó, al convencimiento digo, el inmediato gol deCristiano Ronaldo, casi sin querer, pero que volvió a quedar minado con el tanto de Messi al filo del descanso aprovechando un barullo en el área resuelto con un taconazo místico de Piqué y con la clase, tremenda clase, del argentino.

En la segunda parte salió Marcelo por Khedira, Coentrao, que había partido de lateral, pasó al mediocentro aportando más dinamismo, y el brasileño ofreció su anarquía al servicio del grupo para ofrecer más fútbol.

El partido siguió por los mismos derroteros, aunque algo menos físico, cosas de la pretemporada, el Madridseguía bien plantado, llegando con peligro y dificultando a un Barça que no se encontraba a sí mismo más allá de jugadas puntuales en las que hilvanaba varios pases vertiginosos que ponían el corazón en un puño a los aficionados madridistas.

Empató el Madrid en un córner repleto de rechaces en los que el más listo fue Benzemá, sí, sí, como te digo,Benzemá (buen partido, por cierto, del francés), y cuando todos empezábamos a buscar una excusa para faltar al trabajo al día siguiente por culpa de una prórroga intempestiva en pleno mes de agosto, Messi se inventó un nuevo gol en un remate fastuoso a pase desde la banda de Adriano, que había salido por Pedro.

En definitiva, y sin entrar en valoraciones sobre la incapacidad para digerir la derrota de los jugadores del Madrid y la victoria de los jugadores del Barcelona, lo que nos debería de quedar, o al menos a mí me queda, es el fútbol en estado puro y la igualdad suprema, porque si algo ha demostrado esta Supercopa es que ambos equipos han alcanzado el punto de equilibrio absoluto salvo por una cuestión, nimia en apariencia, pero esencial sobre el terreno de juego. El Barcelona dispone del mejor jugador del mundo, y el Madrid no.

Barcelona 3 – 1 Manchester United: Consumación

Escrito por: ruben-sancho-martin el 29 May 2011 - URL Permanente

Nuestros abuelos nos hablan del Madrid de Di Stéfano, nuestros padres del Ajax deCruyff, algunos vimos el Madrid de la Quinta y casi todos recordamos vagamente el Milan de Sacchi, pero ahora, por fin, todos juntos tenemos la gran suerte de disfrutar de un equipo de leyenda como es el Barça de Xavi Hernández, y digo Xavi, que no Messi, porque el argentino es el mejor jugador del mundo, pero el catalán es el rodamiento esencial del engranaje de este equipo.

Un equipo que ha conseguido conjuntar a la mejor individualidad del mundo en el mejor equipo del mundo. Sobre Xavi se cimienta la esencia de este Barça, que no es otra que su capacidad para circular el balón sin perderlo más que en jugadas ofensivas, lo que hace que los equipos contrarios recuperen la pelota muy atrás y no tengan capacidad real para contragolpear, ayudados en esa incapacidad, por la tremenda labor de la presión defensiva de los de arriba.

Por ello, este Barça ha conseguido un equilibrio que nadie es capaz de recordar, un equipo que puede ser el máximo goleador y el menos goleado de todas las competiciones en las que participa, un equipo construido sobre la base de jugadores culturalmente educados en una misma idea, y que ha tenido la enorme fortuna de juntar una generación excelente, desde el punto de vista futbolístico. ¿Cuánto durará? Habrá que aguardar a la regeneración tras la marcha de Xavi y Puyol, las claves del funcionamiento táctico y técnico del equipo, el centrocampista, y de todo lo demás, el defensa.

Pero echemos un vistazo al partido en sí, un encuentro en el que el Manchester United empezó mordiendo, como hace dos años, pero que acabó rendido ante el toque barcelonista, como le sucede a todos los equipos del mundo.

Los ingleses, como el resto de equipos, confiaron en esperar y salir a la contra, sin darse cuenta de la tremenda complejidad que supone lanzar un contraataque a un equipo que no pierde el balón. Así, el partido, como tantos otros se convirtió en un monólogo blaugrana, pero un monólogo en positivo, con acercamientos al área rival, no como el toque insulso de los partidos contra el Madrid.

Así, que llegara el gol era cuestión de tiempo, o de que Xavi encontrara el balón en la línea de tres cuartos, aguardó el desmarque de Pedro y le asistió con sencillez, como él hace todo. El resto fue el resultado de una buena decisión de Pedro y de un error de Van der Saar, que se tiró para el lado que tenía cubierto su defensa, cosas de la edad, supongo.

Que el Manchester United empatara fue un accidente, un daño colateral, un saque de banda bien presionado, al más puro estilo inglés, resuelto con una combinación magistral entre Giggs y Rooney, al más puro barcelonista, y gol del chico malo del fútbol inglés, ahora reconvertido a uno de los mejores enganches del mundo (por cierto, el gol debió ser anulado por fuera de juego del galés).

Pero todos sabíamos, hasta Fergusson, un viejo zorro en estas lides, que los goles blaugranas eran cuestión de tiempo. El dominio seguía siendo suyo, el Manchester ni se acercaba a la portería de Valdés, salvo algún balón largo sin importancia, y la sensación de hipnotismo absoluto era la misma que hemos tenido en cada partido de este equipo.

La pena es que el gol llegara en otro error de Van der Saar, que le vamos a hacer. Messi chutó desde la frontal del área, libre de marca, y el balón entró por el centro de la portería. Parece ser que el holandés le estaba abriendo la puerta a De Gea.

A partir de ahí, llegó la fiesta barcelonista. El Manchester United, que una vez dio la vuelta a una final en el tiempo de descuento, sabía que no había nada que hacer, el Barça como los grandes seductores convence a sus rivales de la imposibilidad de su victoria, con lo que se acaban rindiendo antes de tiempo, rendición que dejó ahora a Villa solo en la frontal para que el asturiano marcara el mejor gol de la noche, un soberbio disparo a la escuadra.

El resto del encuentro fue historia. Un encuentro que sirvió para reivindicar a Pedro y Villa como elementos indispensables de este equipo, estiletes que percuten a las defensas, para demostrar a los escépticos que Messi es el mejor jugador del mundo, y de la historia, no nos engañemos, y que el Barça sufrirá, muy mucho, cuando Xavi y Puyol se retiren.

En definitiva, el Barça de Xavi consumó su pase a la leyenda, desde la esencia del buen fútbol y el respeto a los valores de una institución, liderada por la compleja y elegante personalidad de un técnico magistral, como es Guardiola, al que sólo le falta triunfar en otro equipo para llegar al Olimpo de los entrenadores.

Y no digo más, porque mis propias palabras me están produciendo urticaria en mi piel de madridista, enhorabuena al Barça, posiblemente, el mejor equipo de la historia.

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Racing 1 - 3 Real Madrid: El otro fútbol

Escrito por: ruben-sancho-martin el 07 Mar 2011 - URL Permanente

Podría empezar esta crónica en negativo, diciendo lo bien que juega el Madrid sin Cristiano Ronaldo, pero eso sería injusto y ventajista, así que la comenzaré en positivo, diciendo lo bien que jugó ayer el Real Madrid, especialmente en la primera mitad, unos 45 minutos en el que el equipo simplemente bordó el fútbol en una exhibición que no se recordaba desde hacía mucho tiempo.

El balón circuló con fluidez, uno o dos toques eran suficientes para cada jugador, Xabi Alonso no cabía en sí de gozo cuando veía que Granero jugaba a lo mismo que él, ambos combinaban e iniciaban el fútbol de una manera tan embaucadora que engatusaron a Di María, alocado habitual, pero que ayer no pudo por menos que combinar, e incitaron a Özil a que sacara la chistera mágica de su fútbol.

La primera parte del alemán fue, simplemente, soberbia. Se asoció en la creación, tiró desmarques de ruptura, aceleró el fútbol en tres cuartos y finalizó a lo grande, regalando dos goles, uno a Adebayor y otro a Benzemá. Özil es un jugador de un nivel sideral, de una juventud que abruma a los rivales y que hace que los madridistas nos frotemos las manos al pensar en los años que le vamos a poder disfrutar, aúna en un sólo jugador la elegancia de Zidane, la clarividencia de Guti y la humildad de Laudrup.

De su mano, o mejor dicho, de su pie, del izquierdo concretamente, el Madrid practicó un juego asociativo, de alternancias en corto y en largo, de verticalidad y horizontalidad, de dominio absoluto de la situación, un fútbol que no le habíamos visto todavía a este equipo de Mourinho, mucho más vertical y vertiginoso, para lo bueno y para lo malo, capaz de aplastar a los rivales con sus goles, pero incapaz de controlar los partidos.

Fue tal el brillo de la primera mitad que la segunda quedó para la estadística, para que ambos equipos fallaran sendos penaltis (Pinillos y Adebayor, respectivamente), para que Kennedy demostrara que es un jugador de muy buen nivel, y para que Benzemá certificara su recuperación con su segundo gol. En el regusto del aficionado todavía quedaba el fútbol de los primeros 45 minutos y todas las cosas que sucedieron tras el descanso quedaron en un segundo plano.

Ahora quedará por comprobar si Mourinho se atreverá con Xabi Alonso y Granero más a menudo, una pareja de menos contundencia pero mucho más fútbol que las habituales con Lass o Khedira, un fútbol que necesita el Madrid y del que se beneficiarían los jugadores de ataque, porque ¿de qué sirve robar 10 balones si luego se pierden 9?

Espanyol 0 - 1 Real Madrid: La Leyenda continúa

Escrito por: ruben-sancho-martin el 14 Feb 2011 - URL Permanente

¡Para el Barça la perra gorda del fútbol! El madridismo se queda con la leyenda, con la leyenda del espíritu, de la lucha sin cuartel hasta la última gota de sudor, alejados de divismos circunstanciales o de polémicas fatuas sobre éste o aquel tema, el partido de ayer recobró todas las virtudes que nos unen en pos de un objetivo, ganar, ganar y ganar.

Y a fe que lo consiguió, ¡y de qué manera! Jugando con diez casi todo el encuentro por la expulsión caricaturesca de Casillas, con jugadores que dieron la talla y que se multiplicaron para defender, atacar, y dominar el encuentro de cabo a rabo.

No se refugió el Madrid en su terreno de juego a verlas venir, nada de eso, olía la sangre del Barcelona y sabía que no podía dejar perder la oportunidad, Mourinho retiró a Di María para dar entrada a Adán, que mostró hechuras de buen portero, dibujó dos líneas de cuatro con Ronaldo y Özil en los costados, y Adebayor arriba, y tocó arrebato.

Marcelo, desde el lateral izquierdo, recordó al mejor Roberto Carlos, suyo fue el gol de la victoria, un gol de pillo, ayudado por la cantada de Kameni, soberbio el resto del encuentro, Cristiano Ronaldo estuvo inconmensurable, atacando y defendiendo, mostrando todo su poderío físico, Adebayor ofreció su mejor versión, incisivo y agradecido en el esfuerzo, y de los de arriba sólo Özil pareció superado por el encuentro, lo suyo es otra cosa, prefiere los conciertos de violines a las cargas de caballería, aún así estuvo generoso en el esfuerzo.

Pero la clave del partido estuvo en el centro del campo, Xabi Alonso y Khedira se comieron a Márquez (jugador a seguir) y Baena, contuvieron al equipo y le dieron salida rápida al contraataque, ¡ojo al alemán!, que ya recuerda al del Mundial.

Se equivocó, eso sí, el Espanyol de planteamiento, se empecinó en jugar balones largos, al espacio, muy peligrosos algunos, especialmente cuando los recogía Callejón, excedente de cupo del ejército madridista, aunque fantástico futbolista, pero permitió que el Madrid tomara aire con la pelota.

Y con ella llegó a disparar hasta en 20 ocasiones a puerta, gozó de las mejores oportunidades, que sólo el cansancio pudo desbaratar, y en general dio sensaciones de gran equipo, de consistencia, de haber sido capaz de ganar por más diferencia.

Fue uno de esos encuentros que unen, que fortalecen una idea y que hacen temblar a los contrarios, porque el Madrid demostró que se crece ante las adversidades, que puede ganar de muchas maneras y que está dispuesto a disputar esta liga al Barcelona.

Un partido, en definitiva, que fortalece el sentimiento madridista de aquellos que lo disfrutamos, y otras tantas veces padecemos.

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Real Madrid 4 - 1 Real Sociedad: Placidez

Escrito por: ruben-sancho-martin el 07 Feb 2011 - URL Permanente

Fue el de ayer un partido tan plácido que pocas conclusiones se pueden sacar de él, más allá de que Cristiano Ronaldo recuperó el gol, Kaká el juego (pero no el del Madrid, sino el del Milán) y que Özil tiene recorrido para convertirse en uno de los mejores jugadores que han vestido la camiseta blanca.

Y es que se esperaba una Real Sociedad que mordiera arriba y se atrincherara atrás, pero nada más lejos de la realidad. Con una presión visual y ataques timoratos, que errores defensivos madridistas convirtieron en claras ocasiones que resolvió bien Casillas, los donostiarras dejaron al Madrid que se reencontrara consigo mismo y con su afición.

Sí es cierto, sin embargo, que el experimento de colocar a Kaká y Özil juntos funcionó a las mil maravillas. Al eliminar a Di María del frente de ataque Cristiano Ronaldo asistía atónito a eso que jugaban el brasileño y el alemán, que algunos llaman juego combinativo, y se quiso unir a la fiesta con el resultado de un juego más fluido y dinámico del equipo, gracias al cuál, y a la inocencia defensiva de la Real, no hay que olvidarlo, cada jugada madridista terminaba en ocasión de gol o, al menos, disparo a puerta.

También ayudó a la relajación general el buen gol de Kaká a los siete minutos, uno de esos goles que parecen fáciles cuando los marca un jugador de este calibre pero que están fuera del alcance de la gran mayoría. Luego llegó el primer gol de Cristiano, de disparo seco desde la frontal, y poco después el segundo del portugués, un gol que hubiera firmado el mismísimo Santillana, en un remate de cabeza simplemente perfecto.

Con tres goles de ventaja y un rival que no mordía, el Madrid comenzó a sestear, dejando atrás la intensidad inicial y dedicándose a combinar y a acumular ocasiones de gol, siempre desde la combinación como fuente del alimento atacante, con Kaká aprovechando los espacios que le dejaba la Real, Özil dando clases magistrales de fútbol y Cristiano Ronaldo demostrando que es el mejor atleta del fútbol mundial (nótese que digo atleta, y no futbolista).

El resto del equipo rayó a buena altura, sin que nadie destacara y sin que nadie quedara por debajo de la media. ¿Adebayor? En general dejó las mismas sensaciones que Benzemá, gran calidad individual pero algo falto de rabia de delantero, de esa que le sobra a Higuaín, aunque sí que parece en mejor relación con el gol que el francés, al menos de momento, ya que suyo fue el cuarto gol. Ayudó al equipo en la combinación pero se mostró algo torpe en la finalización.

En definitiva, uno de esos encuentros que sirven para comprobar la tremenda calidad técnica de los jugadores madridistas, para rememorar los buenos tiempos pretéritos de Kaká y para hacer cálculos de los años que nos quedan por seguir viendo a Özil que sigue agrandando su juego y haciéndose con el equipo. Un encuentro sin historia, de los que el Madrid no jugaba en Liga desde la debacle en el Nou Camp.

Sevilla 0 - 1 Real Madrid: Culo de hierro

Escrito por: ruben-sancho-martin el 27 Ene 2011 - URL Permanente

Dicen los sindicalistas, los de vocación, de esos que ya quedan pocos, que en las reuniones de negociación colectiva hay que tener el culo de hierro, es decir, no moverse de la silla hasta que no se llegue a un acuerdo, y el Real Madrid anoche, sin ser sospechoso de su vocación sindicalista, no se movió del partido hasta que el árbitro pitó el final.

Fue un encuentro realmente sólido de los de Mourinho, de esos que dejan poso de buen equipo, construido desde atrás y con pólvora arriba. El Sevilla, sin fútbol en el centro del campo, se vio maniatado por el trivote que forjó el entrenador portugués, y las bandas, temibles habitualmente, quedaron en nada ante el mejor Sergio Ramos (¡qué bien juega cuando está centrado!) y Arbeloa (siempre a buen nivel).

Y es que Mourinho salió con la lección aprendida y conociendo los puntos débiles de su equipo. Reforzó el centro del campo, sabiendo que los de arriba no ayudan tanto como deberían, y cubrió a Marcelo, dejándolo en el banquillo, con Arbeloa. El resultado fue que el Madrid fue una roca atrás y un puñal adelante.

Porque a pesar de que el encuentro fue gris, de los que se juegan con la cara pintada, nunca mejor dicho, pero de pinturas de guerra, no pinturas rojiblancas, el Madrid tuvo las mejores ocasiones y las mejores llegadas, incluyendo el soberbio gol de Benzemá, un gol que nos recuerda al jugador que fue y confirma, a falta de análisis posteriores, que en lugar de sangre tiene horchata. Recogió una pared simple de Özil (de nuevo soberbio), encaró el área sevillista, con una finta de cuerpo eliminó a un rival, con un recorte a otro y ante la salida de Palop le batió con la izquierda, un gol de los que su agente puede presentar a los equipos que le quieran fichar, si es que él quiere irse, o el Madrid dejarle ir. Si juega como ayer, ¡no! Estuvo participativo, incisivo y solidario, fue un jugador de nivel, del nivel del Real Madrid, se entiende.

Para la polémica, y el consuelo sevillista, quedará para siempre el gol fantasma de Luis Fabiano, que pudo haber entrado, o no, nunca lo sabremos, pero mal harían los aficionados hispalenses en culpar al árbitro, o al juez de línea, nadie en el campo lo pudo ver, ni nosotros por la televisión lo pudimos comprobar, la culpa, la verdadera responsabilidad es de la FIFA por no permitir algo similar al ojo de halcón del tenis para estas vicisitudes.

Después el Madrid pudo haber dejado la eliminatoria sentenciada, porque a medida que el partido avanzabaXabi Alonso se volvía más inconmensurable, y el dominio madridista más atroz. Di María y Marcelo salieron por Lass y Benzemá y el equipo ganó en profundidad, generando un par de ocasiones claras, una que se fue por milímetros en un disparo desde el centro del campo de Xabi Alonso y otra por la absurda solidaridad, absurda en aquél envite no en general, entre Cristiano Ronaldo y Özil.

En definitiva, el Madrid fue sólido desde el comienzo hasta el final, una roca futbolística que el Sevilla no supo descifrar, un equipo hecho y con fundamentos de Campeón que resolverá la eliminatoria en Madrid y aguardará la final ante el Barcelona.

Puestos a apostar, ¿quién se juega una cena conmigo a que este año Madrid y Barcelona juegan final de Copa, esa es fácil, final de Champions, esa es más complicado, y se juegan la Liga entre ellos, esa es obvia?

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Publicado en El Librepensador

Almería 1 - 1 Real Madrid: Jugando con fuego

Escrito por: ruben-sancho-martin el 17 Ene 2011 - URL Permanente
El que juega con fuego acaba quemándose, aforismo inexorable que golpeó en el día de ayer al Real Madrid, que venía varias semanas jugando con brasas ante equipos potentes, pero que ayer dio un paso más y empezó a jugar con<strong> la hoguera de la indolencia </strong>y con ella se quemó.
Porque durante los primeros 58 minutos de partido el Madrid decidió que jugaría andando, que ganaría por el peso de la inercia y que el tremendo talento de sus jugadores terminaría por decantar el partido a su favor, y no digo que no tuvieran razón, porque experiencias previas tienen para cargarse de argumentos, pero jugando de esa manera incrementaron el riesgo innecesariamente y ello provocó su <strong>empate final</strong>.
El planteamiento inicial era claro, <strong>Benzemá</strong> no sirve, y el cuadrado mágico de Luxemburgo, extrapolado a la plantilla de Mourinho, parecía una buena alternativa pero les faltó algo esencial en el fútbol, el dinamismo, y fundamental para este equipo, la intensidad. Con <strong>Di María</strong> desconectado, por cansancio o por aguardar momentos más importantes, y<strong> Cristiano</strong> chocando contra la bien colocada defensa almeriense, <strong>Kaká y Özil </strong>se perdieron sin un pase profundo que poder filtrar, y el equipo careció de toda profundidad. ¿Pudo haber marcado? Sin duda, pero no lo hizo.
Y sí lo hizo el Almería, en la única que tuvo, en la única vez que inquietó a <strong>Casillas</strong> durante todo el encuentro, con tanta precisión que parecía el Madrid, y lo hizo a través de Ulloa, que tiene hechuras de buen delantero.
A partir de ahí tocó arrebato, partido a 32 minutos, tras haber tirado 58 a la basura. Y ahí el Madrid volvió a ser el Madrid, <strong>Benzemá </strong>salió por Kaká, <strong>Granero</strong> por Marcelo y Carvalho por Albiol, el equipo se recompuso con tres defensas, llegó el empate en un zapatazo tremendo de Granero, a pase de Benzemá, sí, sí, Benzemá, que sigue demostrando que su única virtud es la asociativa, y tras él, la crispación.
El Madrid se perdió en choques inútiles contra la defensa andaluza, los almerienses empezaron a jugar su partido, su no partido, perdiendo tiempo de manera flagrante, de la misma forma que lo hubiera hecho Mourinho, si hubiera tenido oportunidad, así que nada que achacar, se pidió algún penalti, y <strong>Ronaldo</strong> estrelló un balón en el larguero en el tiempo de descuento, un balón que bien valía una liga, o al menos la posibilidad de luchar por ella.
La Liga se complica, es cierto, pero en realidad no está tan lejos. Basta con que el <strong>Barcelona</strong> empate un partido de los próximos 18, y que, claro está, pierda en su visita al Bernabeu, algo que en los últimos años no está tan claro. Sin embargo, la otra condición necesaria es que el Madrid lo gane todo, y visto lo visto, es algo que no parece tan claro.
En definitiva, el <strong>Madrid</strong> despreció el encuentro de ayer jugando con indolencia y pagó las consecuencias, era un partido, tal vez, para haber dado descanso a jugadores que se notan cansados como Di María o Xabi Alonso, y que estarían mejor descansando en su casa que en el terreno de juego.
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Contracrónicas de fútbol (Real Madrid, España)
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