Contracrónicas de fútbol (Real Madrid, España)
Racing 0 - 0 Real Madrid: Histeria Colectiva
La histeria colectiva se ha instalado en el Real Madrid, las causas las conocemos o las intuimos, y tienen mucho que ver con la actitud permanentemente reivindicativa y vengativa de Mourinho, que más parece un héroe de libro de aventuras que un entrenador de fútbol, y las consecuencias las empezamos a ver sobre el terreno de juego. El fútbol ha quedado en segundo plano y todo queda a expensas de las quejas a los árbitros, ante la actitud de los rivales y ante el alineamiento de los planetas con la luna, lo cuál frustra a los jugadores que terminan por olvidar las fases previas de la elaboración de la jugada y apuestan por la táctica de la sociedad limitada unipersonal, yo, yo mismo y mi mecanismo, o la búsqueda del pase imposible sin que el juego tenga la deglución necesaria para su correcta cocción. De esa forma se desactiva del juego a Özil, que queda condenado a corretear por el terreno de juego con más pena que gloria, y se da alas a los equipos rivales que inician el partido convencidos de su inferioridad pero lo terminan aferrados a una esperanza, la que les da el juego del Real Madrid. Un Racing de Santander apañadito, mediocre en los mimbres pero con un buen planificador en el banquillo, se limitó a juntar sus líneas y a cerrar los espacios al Madrid, vamos, lo que haría cualquier equipo más o menos coherente, y eso bastó para fulminar todo el plan de ataque del equipo blanco. Sin espacios y sin elaboración el Madrid es mediocre, Xabi Alonso filtra el pase a tres cuartos de campo rival y allí ningún jugador es capaz de dar continuada a la jugada porque se ve enmarañado en un apelotonamiento masivo tanto de rivales como de compañeros. Ello hace que surta efecto la histeria colectiva, aparezca la ansiedad y todos se olviden de elaborar, de cocinar las jugadas, y se decidan por el pase largo, también llamado pelotazo, que fulmina cualquier intención por el fútbol y decanta la jugada hacia la nada, hacia la nada más absoluta. Da la sensación de que los jugadores del Madrid están saturados del mensaje de Mourinho, tanto los ha abducido el entrenador portugués que ya dejan el fútbol para otra ocasión, para otro mejor momento, porque ahora lo importante es estar en lucha permanente, ¿contra quién?, contra todo y todos, un mensaje que está redundando en la propia ceguera futbolística de Mourinho, que se está confundiendo de mensaje. Las buenas intenciones que vimos en pretemporada y que creímos certificar ante el Barcelona y el Zaragoza se han evaporado por la efervescencia de la propia Supercopa. Todo parecía un plan para ganar a los blaugranas, y da la sensación de no había nada más allá, sólo el vacío, el vacío al que parece abocado el juego madridista. Sólo cabe destacar las buenas maneras de Varane, un chico que apunta muy buenas maneras, con la fuerza y la rapidez de Pepe, aunque sin sus problemas psicológicos, la colocación de Carvalho, pero con la juventud como divino tesoro, y buena salida de balón. Si no se pierde presa de la histeria colectiva o de la noche madrileña, aquí hay central para mucho, mucho tiempo. En definitiva, el Madrid se ha dejado el fútbol atrás en su persecución agónica del Barcelona, y ha acabado cayendo en un proceso autodestructivo que está engullendo las esperanzas de los aficionados, o al menos de aquellos con actitud crítica, en favor de la queja permanente. Si Mourinho es capaz de priorizar su faceta de entrenador de fútbol sobre la de salvador de las causas perdidas, su Madrid tiene salvación, si no ya podemos los madridistas empezar a felicitar al Barcelona por sus títulos.
Levante 1 - 0 Real Madrid: Contra los elementos
Si algo aprendimos durante nuestras clases de historia en el colegio es que se puede luchar contra todo y todos menos contra los elementos, intangibles que no se pueden controlar y acaban dirimiendo la batalla en tu contra sin que se pueda realizar una reflexión rigurosa de lo sucedido, y eso fue, precisamente lo que le sucedió al Real Madrid en su partido contra el Levante, no perdió contra el equipo valenciano sino que lo hizo contra los elementos. Porque si en un partido de Primera División tu delantero centro falla dos goles a puerta vacía, si resulta que uno de los equipos con mejor pegada del mundo falla otras ocasiones de diversa índole, si el árbitro, supuesto amigo permanente del equipo blanco, no de manera individualizada, sino como estamento, según la rumorología vasallesca, se traga un penalti clamoroso y acaba por expulsar a tu mediocentro por dos tarjetas amarillas, injustas las dos, y para colmo de males a la misma hora juega la mejor selección de baloncesto que ha tenido este país en su historia, distrayendo a las hadas de la liturgia deportiva, no te queda más que dejarte ir, aceptar la derrota y a otra cosa. Y es que el Madrid no comenzó mal el partido. Sin brillantez, pero con oficio, logró llegar de manera reiterada a la puerta rival, creando ocasiones claras, metiendo el miedo en el cuerpo de sus rivales y haciendo que los aficionados blancos, dando la victoria por segura, comenzaran a celebrar los puntos de Navarro, estrella del Barcelona, paradojas del deporte. El gol era cuestión de tiempo, o eso parecía, pero después de que Benzemá fallara dos ocasiones a puerta vacía quién más quién menos comenzó a tener la mosca detrás de la oreja. Khedira, que había dado estabilidad al centro del campo, guardando la posición, virtud más que defecto, cayó en la astucia de los jugadores del Levante que le sacaron dos tarjetas amarillas de la chistera, suficientes para dejar al Madrid en inferioridad numérica, a la cofradía del contubernio judeomasónico arbitral con una excusa que llevarse a la boca y a Mourinho sin un plan B decente. Tras el descanso, sentó a Benzemá y dejó a Ronaldo de delantero centro, con Kaká (que ocupó el puesto de titular, nótese que no digo que jugó), Coentrao (perdido sin espacios) y Di María (batallador pero sin suerte) por detrás, y Xabi Alonso dirigiendo la orquesta. Parecía suficiente arsenal como para ganar el encuentro, pero nada más lejos de la realidad, porque en la segunda mitad el equipo blanco no creó ni una sola ocasión de gol, el Levante sí, una, un soberbio contraataque culminado por Javi Venta con un pase de la muerte que aprovechó Koné para adelantar a los granotas. Kaká dejó su lugar a Higuaín, Marcelo a Özil, pero nada, la nada más absoluta, el Madrid ya no sabía a lo que atenerse, había sucumbido claramente a la fuerza de los elementos, incapaz de ofrecer una alternativa fiable y no quedándole otra que recordar las ocasiones falladas de la primera mitad y el claro penalti de Iborra, argumentos insuficientes para justificar una derrota ante el Levante. Porque no podemos olvidar que el Madrid no perdió la Liga del año pasado en sus enfrentamientos directos con el Barcelona, ahí sólo perdió parte de su dignidad, sino que la regaló en partidos como el de ayer, dejándose puntos en campos en los que debió de haber ganado, a pesar de los elementos.
Real Madrid 2 - 3 Zaragoza: Resaca
Como el acudir a una boda tras una borrachera la noche anterior, Ramos y Casillasofrecieron la Copa del Rey a la afición como afligidos, dando más la sensación de obligación familiar que de convicción emocional, y ahí, en ese preciso momento, todos nos temimos lo peor, porque lo que debió ser una muestra de alegría general se convirtió en una premonición de la que se venía encima. El Zaragoza se parapetó atrás con un planteamiento defensivo encomiable, sin dejar los espacios que dejó el Valencia una semana atrás y saliendo al contraataque con peligro con tres jugadores de gran valía, Uche, excelente delantero, Lafita, todo clase, y Jorge López, ejemplo típico de superioridad del talento sobre la mentalidad (léase, Guti). Así, el Madrid, a pesar de salir con un centro del campo creativo, al menos en los interiores, con Granero y Canales, se colapsó en su juego ofensivo, en parte por el empeño de Higuaín y Benzemá de ocupar los mismos espacios en el mismo momento, y en parte a la resaca, no física sino emocional, de la borrachera de los encuentros ante el Barcelona. Kaká, sin espacios, nos recordó todas sus limitaciones. Los minutos fueron pasando, el Madrid no llegaba arriba, y el Zaragoza tenía el cuchillo entre los dientes, hasta que un balón al espacio para Uche se convirtió en una pifia escandalosa de Casillas y en el gol de Lafita. Corría el minuto 40 y todos los madridistas pensamos que había tiempo. En la segunda mitad entraron Marcelo y Di María, por Nacho (correcto) y Canales (mejor que en Valencia), y el equipo mejoró en verticalidad, sobre todo gracias al argentino. Pero justo cuando se adivinaba el empate, Carvalho, otro de los que no se suele equivocar, como Casillas, cometió un penalti absurdo, fruto de la lentitud de discernimiento que la resaca provoca, que transformó Gabi. Ahí entró Özil por Granero (bien, pero sin reivindicarse como titular), y el alemán intentó aportar más juego ofensivo, sin claridad. Es curiosa la metamorfosis del alemán que ha ido perdiendo poesía en su juego a medida que el equipo se ha ido industrializando. Ayer era un día para la poesía, no para una nueva revolución industrial, pero Özil, como los buenos poetas, tarda más que otros en realizar la adaptación. Marcó Ramos a la salida de una falta, pero cuando tocaba zafarrancho, el Madrid defendió mal una contra bien llevada por el Zaragoza, y Lafita consiguió el tercer gol maño. Minuto 78 y todo parecía imposible, sobre todo porque faltaba el espíritu de Raúl, bebiendo cerveza en Alemania, y sobraba resaca de los excesos anteriores. El gol posterior de Benzemá sirvió para poco, porque ni los jugadores se creyeron la remontada, ni los aficionados llegaron a soñarla. En definitiva, una derrota en plena resaca que duele más por la derrota posterior del Barça, podían haber sido 5 puntos, suficientes para que los blaugranas ganaran la Liga, pero insuficientes para dormirse en los laureles. Sin embargo, todo queda igual, 8 puntos insalvables que siguen dejando la Liga en bandeja alBarcelona. Ahora llega el duelo del martes, y estoy confuso porque no adivino la estrategia que utilizará Mourinho. Si yo fuera su asistente le aconsejaría que hiciera lo mismo que con el Inter en Stamford Bridge, el mejor partido del Inter de Mourinho, pero como no lo soy me conformaré con temerme una nueva táctica defensiva hasta el minuto 60, y zafarrancho final. De esa forma, el portugués salvará su honra personal sin la goleada aunque dejará, de nuevo, el espíritu madridista a los pies de los caballos. Espero equivocarme.
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Real Madrid 0 - 1 Sporting: Adiós, Liga, adiós
Pareció como si Florentino Pérez, en su grandeza como Presidente, hubiera aleccionado a sus jugadores para que extendieran el homenaje a Ronaldo y jugaran como él hacía, con ese ritmo pesado, aletargado, capaz de dormir a una tortuga, pero se le olvidó explicarles que lo de Ronaldo sólo era la calma antes de la tempestad, antes de la embestida, porque los jugadores madridistas de ayer se quedaron en el aletargamiento y nunca aceleraron su marcha. Así consiguieron que el partido cayera en un proceso de cocción lenta en la que el Sporting fue creyendo en sus posibilidades, cerrando todos los escapes de agua, pocos, la verdad, e instaurando el estado de emergencia en los minutos finales, los cuáles fueron aprovechados por Mourinho para aferrarse a la épica, que no funcionó, y por el Sporting para marcar su gol, un gol que decide una Liga, como aquel de Tamudo, y que hace que el Madrid de Mourinho se quede ya sin su primer título. Tal vez fuera un error situar a Lass como iniciador de la jugada, cosa que no sabe hacer, perder a Granero y a Khedira, tras las líneas enemigas, bien tapados por los sportinguistas, o alinear a Di María tras el viaje maratoniano de la selección, lo que provocó que el argentino eligiera mal en todas las jugadas en las que participó, tal vez, pero la única realidad es que el Madrid dio por ganado el partido antes de jugarlo y acabó por perderlo. Y lo perdió porque la embestida final no funcionó, como no lo hizo en Coruña, ni antes en otros campos, la épica no funciona ya con este equipo, le falta el corazón, volverá, no lo dudo, pero de momento este órgano vital del sentimiento madridista se encuentra marcando goles por Alemania. Como nota positiva cabe quedarse con la reaparición de Higuaín, que sin estar en forma ya tuvo una clara ocasión, que tiró al muñeco, y dio un pase de gol que nadie aprovechó, un jugador que se presenta fundamental para la recta final de la temporada, con Adebayor echando de menos sus rastas, Benzemá renqueante y Cristiano Ronaldo perdido en su afán de superación individual. Mourinho se encuentra ahora con una compleja ecuación que veremos como resuelve. Ante la tesitura de tener la Liga perdida puede caer en la tentación de dejarse ir en esta competición para centrar sus esfuerzos en la Copa y en la Champions, pero no podemos olvidar que los buenos resultados en Liga alimentan la confianza para el resto de competiciones. ¿Qué hará el portugués? Nadie lo sabe, ni siquiera él, porque a todos nos cuesta descifrar su inextricable personalidad. Sígueme en Twitter: ruben_sancho Publicado en El Librepensador
Real Sociedad 1 - 2 Real Madrid: A cara de perro
Martín Lasarte era un defensa a la antigua, de esos que saludan a los delanteros con el cuchillo entre las dientes y no dudan en marcar su territorio a pesar de los pesares. Un defensa de los que ya escasean, al menos en la élite, pero que siempre serán un recuerdo en nuestras memorias. Un defensa, en definitiva, que se ha convertido en entrenador sin cambiar un ápice de sus virtudes (tras el partido de ayer me niego a hablar de sus defectos). Unas virtudes que puso en juego la Real Sociedad desde el comienzo del partido. Salió algo aturdida ante el poderío del Real Madrid, que pareció seguir jugando el partido ante el Ajax, plácido, dominando la situación y con llegadas continuas a la portería contraria, pero el sueño duró poco, quince minutos. A partir de ese momento, la Real se dio cuenta de que los jugadores del Madrid no eran más que jugadores, como ellos mismos, cobrando más, pero jugadores sin más, así que empezó a jugar como hicieron en Segunda y como les había inculcado Lasarte. La Real mordió, pero sin pegar, trianguló, con rapidez vertiginosa, y llegó arriba con muchísimo peligro, aunque algo falta de pegada. Xabi Prieto mostró su elegancia integral, Griezmann que ya está hecho como jugador y como posible estrella, y Zurutuza ofreció su dinamismo para reinventar la posición de mediapunta. Ante ello, el Real Madrid no supo que hacer, no encontró el decodificador para tamaño galimatías. No hubo conexión entre líneas, todos los jugadores se limitaron a corretear con el balón, conduciendo por lugares repletos de minas enemigas, las piernas de los jugadores realistas, y perdiendo el balón una vez sí y otra también. Faltó la intensidad del partido del Ajax, la combinación del partido del Ajax, y la concentración del partido del Ajax, ¿será entonces que la razón del buen juego del miércoles fue el Ajax y no el Madrid? Veremos. La defensa estuvo fallona. Sergio Ramos y Marcelo fueron dos coladeros que hicieron volar la cotización de Griezmann y Xabi Prieto, que parecen ahora dos extremos imparables, al menos el brasileño aportó en ataque, ¿Ramos? Vete tú a saber donde estaba. Carvalho se tragó el gol de Tamudo, en un error de infantiles (“Nunca olvides tu espalda”, seguro que le gritaba su entrenador cuando era niño), y sólo Pepe pareció aguantar el tipo. En el centro del campo, Xabi Alonso estuvo impreciso, seguro que angustiado por el regreso a su tierra, yKhedira, aunque mejorando poco a poco, todavía le queda mucho para llegar a ser el futbolista que mostró en el Mundial. Ambos se vieron sobrepasados por el centro del campo realista (Aranburu y Rivas, tampoco te creas que eran superestrellas mundiales). Y arriba, pues más de lo mismo. Cristiano individualista hasta el desespero, Higuaín desconectado del juego porque nadie le daba un balón, Özil desaparecido porque sin balón no pinta nada y sólo Di María parecía sentirse a gusto en el correcalles en el que el partido se convirtió en ocasiones. Supongo que se sentía como cuando era niño y jugaba en la calle de su casa, tanto que se inventó un gol imposible, con la derecha y a la escuadra, una de esas ocurrencias del argentino que si convirtiera en norma compensaría lo que costó. En definitiva, un mal partido del Madrid que resolvió como hacen los grandes equipos, a base de pegada, de esa que le faltó ante el Ajax. Un gran gol de Di María y otro de Ronaldo, que todo el mundo dará a Pepe, en el que rebotó el balón, sirvieron para despachar a una excelente Real Sociedad. Un partido que sirvió para que volvieran a aparecer todas las dudas que parecían ya resueltas. No olvidemos, sin embargo, que el Madrid todavía está en formación, sí, ya sé que suena a lo de la temporada pasada, pero esperemos que este año sí que termine formándose. De momento, espera el Espanyol el martes. Publicado en El Librepensador
El fútbol es justo (Contracrónica del Málaga 1 – 1 Real Madrid)
El fútbol, como la vida, termina siempre por hacer justicia, bien en forma de resultados bien en forma de memoria colectiva que nunca olvida. Equipos formidables nunca ganaron un título pero siempre quedaron en nuestras mentes, en nuestro recuerdo, y eso, amigo, es más importante que cualquier otro título, y otros, otros equipos quedarán en nuestra memoria además de en los libros de historia. Y ante la historia poco podía hacer el Madrid más que creer, pero no en su propia fuerza, de la que nadie duda, sino en la debilidad de su rival, en la que nadie creía, así que el Madrid se dejó ir en Málaga, aguardando noticias desde Barcelona, y cuando comenzaron a llegar los goles barcelonistas como losas insalvabales, el Madrid no tuvo la fuerza moral necesaria para remontar un nuevo partido y regaló al Málaga su salvación. No es momento de juzgar el partido del Madrid de ayer, es momento de juzgar su temporada, analizar lo que se ha hecho bien y lo que se ha hecho mal, para poder sacar las conclusiones oportunas que permitan afrontar la próxima temporada con todas las garantías. Todo análisis se debe comenzar desde el principio, y si en la creación al principio fue el verbo, en un equipo de fútbol al principio es el entrenador. Pellegrini vino al Madrid a implantar un estilo de juego combinativo, creativo, dominador de los encuentros, que hiciera vibrar a la afición madridista, un juego que ya demostró en el Villarreal y que todos los aficionados del Madrid encuentran en su eterno rival, en el Barça, pero Pellegrini ha fracasado estrepitosamente en esta labor. El equipo no ha jugado a nada durante toda la temporada y se ha limitado a vivir del inabarcable talento de Ronaldo y de la explosión definitiva de Higuaín. Sin embargo, ¿es Mourinho la solución? Los dirigentes madridistas deberían plantearse si es la imagen del portugués la que quieren exportar al mundo. Más allá de su estilo de juego, creo que Mourinho no debería entrenar al Madrid por puro estilo personal. En cuanto a los jugadores, el Madrid ha sufrido, una temporada más, el mal endémico de esta plantilla, la ausencia absoluta de centrocampistas. No se puede vivir toda una temporada con Guti, Granero y Van der Vaart, los únicos centrocampistas del equipo, aparte de los mediocentros, y es en la parcela que tiene que trabajar la secretaría técnica. Además, de los tres fichajes estrella de principio de temporada, sólo uno ha funcionado, Ronaldo, porque los otros dos han decepcionado hasta a sus propias familias. Kaká y Benzemá mucho tendrán que mejorar para poder hacerse un hueco en este equipo, al que se le adivinan refuerzos de postín para intentar asaltar el reinado del Barça. El resto de jugadores han cumplido de acuerdo a su papel. Ha destacado la gran labor de Albiol, enturbiada con algunos errores en las últimas jornadas, la sobriedad de Arbeloa, el resurgir de Sergio Ramos, la confirmación de Xabi Alonso, la aparición de Gago, la intermitencia de Granero, el apagón absoluto de Lass, la madurez de Marcelo y la colocación de Garay. Ahora llega el Mundial y muchos meses de rumores, pero el caso es que el fútbol ha sido justo y ha entregado al Barcelona un título que se merecía, por juego, por modelo de organización y por búsqueda de la excelencia.
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Liga a la vista (Contracrónica del Real Madrid 2 – 0 Valencia)
Cuál navegante aventurero surcando los mares en plena Edad Media, el Real Madrid ha atisbado allá a lo lejos Tierra firme en la que asentarse y sacar adelante una nueva civilización, una civilización de madridistas aferrados al clavo ardiendo que popularizóTomás Roncero y que sedimentaron entre Higuaín y Reyes. A lo lejos, a 5 jornadas de distancia, se divisa el título liguero. Ya te lo dije tras el partido de Almería y me reafirmo, el Madrid ganará la Liga, de eso no tengo dudas, de lo que sí tenía, y ahora se van disipando, era sobre la solidez del equipo. Tengo que reconocer que Pellegrini ha sabido darle un toque de sobriedad y de fortaleza táctica apoyado en la excelsa temporada de Raúl Albiol, a excepción del partido del jueves en Almería, y en la labor suprema de Xabi Alonso, otra cosa es la capacidad del equipo para crear juego, que es para lo que vino el chileno al Madrid y es en lo que ha fracasado. Ayer el Madrid dio buena cuenta de un Valencia sin pasión, con pequeñas ráfagas de calidad, pero sin un guión de juego determinado. Los madridistas jugaron sus mejores 45 minutos de la temporada en una muy buena primera mitad, competitiva, sólida y creando juego, una espejo en el que reflejarse para el resto de la temporada y para los años venideros, con o sin Pellegrini. Porque en la primera mitad nos encontramos con una novedad táctica que, no por solicitada desde todos los medios de comunicación y gran parte de la afición fue menos sorpresiva, como fue el hecho de que Cristiano Ronaldo se volcara a la banda derecha. Así, con Ronaldo por la derecha y con Marcelo, que ayer dio la de cal, o la de arena, nunca sé que es lo bueno, con un gran partido por la izquierda, el Madrid fue ancho, y todos sabemos que para ser profundo hay que ser ancho, y gracias a esa amplitud los espacios aparecieron por doquier, y gracias a esa amplitud cuando Higuaín se revolvió en la frontal del área se quedó solo delante de César y marcó el primer gol. Luego, en la segunda parte, todo se difuminó como por arte de magia. El Madrid se concienció de que iba ganando y se refugió en el contraataque fugaz y veloz en los pies de Ronaldo e Higuaín, dos jugadores condenados a no entenderse jamás porque ambos son finalizadores y ninguno creador. A la delantera madridista le hace falta escorar a Ronaldo a una banda de manera definitiva, y colocar a un jugador creativo junto a Higuaín, ¿tal vez Kaká?, veremos la temporada que viene (por cierto, que levante la mano el que le esté echando de menos, y lo peor de todo es que se saldrá en el Mundial y le ganará a España la Final, ¿te apuestas algo?). Esta segunda mitad desmereció el encuentro, desmereció la tradicional pasión de los Madrid-Valencia y nos dejó a todos como con ganas de más, como de ocasión perdida para haber disfrutado de un gran encuentro. Sólo el gol de Cristiano Ronaldo, tras excelente jugada y mejor pase de Marcelo, nos desperezó del sofá, tras la carta de presentación de Silva en el Bernabeu, con un disparo a la cruceta de la portería de Casillas. El Barça tiembla porque el Madrid le viene, y los blaugranas saben lo que eso significa, porque no comprenden como es posible que el mejor equipo de la historia blaugrana esté teniendo que disputar los títulos ligueros hasta las últimas jornadas, le sucedió el año pasado, con un Madrid en descomposición, y le está ocurriendo este, con un Madrid en construcción. Esa es la clave del Madrid, eso es por lo que muchos somos madridistas, por ese afán de superación, por ese no rendirse jamás, por ese luchar hasta las últimas consecuencias, ajenos a zarandajas y lentejuelas de postín. El madridista de verdad aprecia el valor de no rendirse jamás por encima de cualquier valor estético, táctico o técnico, a pesar de que algunos dirigentes consigan olvidar estos valores en demasiadas ocasiones. Publicado en El Librepensador Visita la web del autor: www.rubensancho.es.tl
La cruda realidad (Contracrónica del Real Madrid 0-2 Barcelona)
Los seres humanos vivimos en mundos imaginarios de alegría e ilusión hasta que nos llega la realidad, implacable e inexorable, y nos devuelve a nuestras vidas mediocres y demasiadas veces mezquinas. Entonces, sólo entonces, nos despertamos de nuestro sueño y caemos en la cuenta de lo que somos, y a lo que podemos aspirar, sufrimos las consecuencias del martillo pilón de la realidad, de la cruda realidad. El Real Madrid vivía en la ilusión de las estadísticas, presentando sus números ante cualquier insinuación de falta de buen juego, de ausencia de estilo futbolístico o de galaxia fallida, unos números que contentaban a unos pero que nos parecían vacíos a la mayoría, porque los números, números son, y si no son nada más que eso, nada más que números, acaban cayendo ante el peso del fútbol. Un fútbol que el Barça posee, pero el Madrid no. Llevamos toda la temporada señalándolo y nadie parecía querer entender, todos se refugiaban en las cabalgadas, más estéticas que efectivas, de Cristiano Ronaldo, en los goles, implacables ante equipos menores e inexistentes, al menos todavía, ante equipos grandes, y en la solidez defensiva del equipo, incontestable; pero ayer, ayer todo cobró sentido, la justicia cósmica castigó la osadía de los que dudaron del fútbol. El fútbol es triangulación, posesión, juego rápido pero no precipitado, apoyos constantes, calidad individual y eficiencia táctica. El Barça tiene todas esas virtudes, el Madrid sólo dos, las dos últimas y no sirve aquello de que se trata de un equipo en construcción, porque estamos en el mes de abril, han transcurrido ocho meses de competición, y nadie es capaz de encontrar alguna diferencia entre este equipo y el que comenzó la temporada, más allá de la suplencia de Raúl. El Madrid planteó el partido como un equipo pequeño, al igual que en el Camp Nou, y el Barça lo hizo más temeroso de lo habitual, al estilo Cruyff, pero el terreno de juego dictó sentencia, y en la primera jugada en la que los blaugranas recordaron su estilo Xavi y Messi se inventaron una pared imposible para inaugurar el marcador. Hasta entonces y desde entonces, del Madrid nada se supo. Apostó todas sus opciones a un robo de balón y rápido contraataque, pero eso sólo le sirvió para desconectarse del balón, impacientar a su público y dar cabida a todos los recursos gestuales de Cristiano Ronaldo, perdedor en todos sus duelos personales con Piqué, que jugó uno de sus mejores partidos como profesional. Una apuesta dañina para la imagen del equipo y esclarecedora del ideario de este Real Madrid: jugar cada día a una cosa. Pellegrini dilapidó todo su crédito, si alguno le quedaba, al no entender la grandeza de este equipo, como le ocurrió a Juande Ramos la temporada pasada. Ambos pasarán a la historia como técnicos que hicieron grandes números pero que no comprendieron que en el Madrid se pide otra cosa, se pide otro estilo, se exige grandeza. Pellegrini ha ido sobrellevando la temporada, gestionando políticamente la plantilla, pero siendo incapaz de otorgarle su sello personal, ese sello por el que fue contratado del Villarreal, ese sello que todos esperábamos, pero que no hemos visto por ningún lado. Pellegrini ha decepcionado porque se ha traicionado a sí mismo. Dicho lo cuál, voy a apostar contra quien quiera jugársela contra mí a que el Madrid ganará la Liga, al igual que el año pasado aposté a las últimas derrotas consecutivas del Madrid, y gané, este año estoy seguro de que el Barça sufrirá las consecuencias de su doble enfrentamiento contra el Inter de Milán y empatará dos encuentros, ante los cuáles el Madrid presentará 7 victorias consecutivas. El Madrid ganará la Liga, el Barça la Champions y nuestros corazones.
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Allende las fronteras nacionales (Contracrónica del Real Valladolid 1 – 4 Real Madrid)
¡Ay, Real Madrid! ¿Quién te ha visto y quién te ve? No soy muy mayor, o sí, o no, no sé, pero, en cualquier caso, todavía recuerdo, cuando era joven, más joven quiero decir, que el Real Madrid metía miedo en Europa, era un equipo temible, remontaba partidos imposibles, llegaba a finales, ganaba torneos, tampoco hay que irse muy lejos, hace 8 años, hace 10, hace 12, y si me apuras, hace 25 en la UEFA, ¡ay, benditos tiempos pretéritos! Sí, lo sé, no te enfades amigo lector, ya sé que este artículo debería de hablar de la victoria del Real Madrid en Valladolid, pero es que no se puede entender ésta si no analizamos la eliminación de la Champions del miércoles, porque todo está relacionado, todo funciona bajo la teoría de los vasos comunicantes, una teoría que nos ayuda a comprender la realidad, o al menos la realidad surrealista, valga la redundancia, y si no vale también, de la galaxia blanca. Ganar en Valladolid no es ningún mérito, ni siquiera marcar cuatro goles, es como el valor en los soldados, se presupone, aún así hay que reconocer que el equipo dio la cara, no jugó a nada, pero dio la cara. Se zafó de la excesiva dureza de los pucelanos (qué extraño ver a un equipo dirigido por Onésimo pegando tanto, yo me lo imaginaba como once locos dedicados a regatearse a sí mismos) y se encontró con dos goles tempraneros (¿te habrás dado cuenta que no he dicho que los creó, sino que se los encontró?), un buen disparo de Cristiano Ronaldo y un oportunismo de Higuaín. Ahí se acabó el Valladolid, se acabó el partido y se acabaron las lágrimas de la Champions, ¿o no? En las últimas temporadas el Real Madrid se ha aferrado a la Liga como compensación por su fracaso europeo, y esa actitud lastimera le ha llevado a la mediocridad más absoluta. Florentino prometió rescatar a los madridistas de su condena en las cavernas, pero, ¡amigo!, el fútbol lo domina todo, hasta las previsiones económicas, y el primer proyecto de Florentino se ha venido abajo. ¿Por qué? Porque el equipo se ha instalado plácidamente en su complacencia, una complacencia que alimenta la prensa, fomenta el entrenador y respetan los directivos. Una complacencia que sólo puede llevar al fracaso, al fracaso más absoluto, como es que te elimine un equipo de cuarta fila, un equipo venido a menos y en reconstrucción, que todavía sigue sin creerse el haber eliminado al Madrid. Pero habrá que terminar con la Liga, que es lo único que le queda al madridismo, regresar al partido de Pucela, un partido que, como te he dicho antes, terminó con el segundo gol de Higuaín, y ya sólo sirvió para dejar que el argentino se mantuviera en la pugna con Messi por el pichichi, para que Raúl sumará un partido más a su currículum y para constatar que, hoy por hoy, Van der Vaart aporta mucho más al equipo que Kaká. Artículo patrocinado por Hostal Santel (tu mejor hostal en Salamanca) Artículo publicado en El Librepensador Visita la web del autor: www.rubensancho.es.tl
Hombre rico, hombre pobre (Contracrónica del Xerez 0-3 Real Madrid)
El Xerez es el hombre pobre de esta Liga BBVA, con el presupuesto más bajo de la categoría, con jugadores sin nombre o en formación, y con un terreno de juego que invita más a la horticultura que a la práctica del fútbol, el equipo azulón malvive en la Primera División teniendo la impresión de que no fue invitado a esta fiesta. Los jugadores lo intentan, no hay duda, ya pusieron en problemas al Barcelona y ayer hicieron lo propio con el Real Madrid, el hombre rico de esta historia, pero al final la lógica, esa daga maldita, no perdona, y donde los pobres ponen brega los ricos ponen gol. Porque no hubo más en el partido, brega y lucha por un lado, por el lado del pobre, y gol por el otro, por el lado del rico. El resto fue una sucesión de imprecisiones desesperantes, unas provocadas por el terreno de juego y otras por tener la mente en otro lugar, por ejemplo Lyon, las cuáles acabaron por desconectar a todo el mundo del encuentro, a los aficionados, a los jugadores y al árbitro, pésimo aunque no influyera en el resultado final. Pero los ricos tienen eso, tienen gol, de la nada, cuando parece que no existe luz al final del túnel llega un gol, y tan implacable es esta ley universal del fútbol que ese tanto puede llegar de pies del jugador menos rico de la plantilla, de un jugador que reivindica cada día la ética del trabajo bien hecho, sin aspavientos, sin titulares de prensa, sin ofender a nadie. Hablo de Arbeloa, un chico que tuvo que emigrar para que se le apreciara en la casa blanca, y que muestra cada día la elegancia del chico educado, el chico que hace su trabajo sin buscar protagonismos de patio de colegio o discoteca de baja estopa. Suyo fue el primer gol, él abrió el camino de una victoria cómoda. A partir de ahí el Xerez se descompuso, porque comprendió que seguía siendo el hombre pobre de la película, y el Madrid lo aprovechó con dos contraataques sencillos finalizados de la misma forma, pase de Kaká y remate de Cristiano Ronaldo, ante la atenta mirada de Raúl, que ya ha perdido definitivamente los galones en este equipo, ha pasado de ser la referencia a convertirse en el becario que corretea tras el balón. La leyenda de Raúl exige que se marche al final de esta temporada. Luego la nada, el abismo más absoluto, la Champions a la vuelta de la esquina, Pellegrini dando descanso a sus pesos pesados y los aficionados acicalándose para ir a cenar con su pareja, que había que celebrar que el Madrid había ganado, no, perdón, que estaban enamorados.
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