Contracrónicas de fútbol (Real Madrid, España)
Real Madrid 2 - 0 Valencia: Dudo, luego existo
Dijo el sabio, y el Madrid se lo aplicó anoche de lleno, al menos en la primera mitad en la que salió dubitativo, repleto de incertidumbres, buscando su esencia de equipo, intentando interpretar la decisión de Mourinho de dejar a Benzemá en el banquillo. Dudas, dudas, dudas. Dudas que incentivó Emery con su excelente planteamiento táctico que dejó al Madrid sin su alimento, el espacio. Así, entre un Madrid que dudaba y un Valencia que se atrincheraba se nos pasó la primera mitad sin que ocurriera nada de mención, salvo confirmación de que los blancos nunca debieron dejar marchar ni a Mata ni a Soldado, pero esa es otra guerra. Sin embargo, todo cambió en la segunda mitad. Parece que esta vez sí, la reprimenda de Mourinho cambió, y el equipo volvió a recobrar la personalidad cuando salió Benzemá, no por sus méritos en los que luego entraremos, sino porque el Madrid se deshizo del antiestético, no por sus miembros sino por su estructura, trivote, y volvió a jugar como lo lleva haciendo toda la temporada. Benzemá, Cristiano Ronaldo y Di María se confabularon para hacer internacional a Guaita, un portero que dejó tan buenas sensaciones como dudas, y marraron tres ocasiones de mano a mano contra él, que parecieron enfurecer al público, al Madrid y confundir al árbitro que expulsó injustamente a Albelda, que se declaró inocente, aunque habrá que preguntarle inocente ¿de qué? El partido cambió de dibujo, porque la bestia del Madrid ya estaba desatada, y el Valencia se aferrará a la expulsión para justificar el cambio del partido, pero sería injusto, porque éste ya había cambiado. El Madrid ya había encontrado sus espacios y el gol era cuestión de tiempo. Un tiempo que en este equipo pertenece a Özil, cuando está por la labor (tantos años criticando a Guti, para que ahora se fiche a otro Guti), y así lo demostró en el primer gol. En un contraataque bien llevado por el centro del campo, el alemán recibió el balón en la frontal del área y allí donde a la mayoría de los jugadores les da un ataque de nervios él esperó, dejó que Benzemá cruzara en desmarque llevándose a su defensor consigo (esencia del delantero y máxima aportación del francés en ataque, amén de desperdiciar dos maravillosos pases de gol de Ronaldo) y puso la pausa hasta que llegó Cristiano al espacio, le entregó el balón y dejó que el luso hiciera el resto para adelantar a los madridistas. El segundo gol fue cuestión de inercia, con un Valencia en un quiero y no puedo, porque cuando pude tal vez no quise, aunque dejé notas de buen de equipo, una inercia que hizo que Lass robara un balón y se lo entregara a Ronaldo. Entonces, cuando todos los mortales hubieran seguido la jugada, el francés determinó que su labor ya estaba hecha y que Ronaldo culminaría la jugada, sabio él, porque el portugués inició una cabalgada que no supo entender Ricardo Costa, y el segundo gol subió al marcador. Un resultado justo, porque el Valencia se limitó a defender, y que se hubiera dado a pesar del árbitro, por mucho que ahora estaremos toda la semana hablando del “nuevo robo” en el Bernabeu. Pero un resultado que deja incertidumbres sobre las convicciones de Mourinho que no parece confiar en exceso en Benzemá, que no acaba de encontrar su lugar ni en el campo ni en el equipo. Recurrir al trivote demuestra que el partido del Nou Camp hizo daño en el staff técnico blanco, aunque yo creo que se equivocó dejando a Benzemá en el banquillo. Ahora es el momento del francés. Sólo el Barcelona parece ser capaz de hacer daño de verdad al Madrid, por lo que es el momento adecuado para darle 5 partidos seguidos a Benzemá para comprobar, de una vez por todas, si tiene la enjundia suficiente como para jugar en el equipo blanco (el talento se le supone). De él depende, si Mourinho le deja, claro. En definitiva, el Madrid dudó, pero la duda es buena si sirve para mejorar y reconstruir sobre cimientos sólidos y ayer el equipo volvió a ser sólido. Casillas no sufrió y el equipo mereció más goles. Dudo, luego existo, existo, luego sigo ahí. Publicado en El Librepensador
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La leyenda del indomable: ¡Hasta siempre, Raúl!
Los que hemos vivido la época de Raúl en el Real Madrid contaremos a nuestros nietos sus correrías y sus goles, al igual que nuestros mayores nos hablan de las de Di Stéfano, con emoción y veneración, con el respeto que merece un jugador que ha marcado a toda una generación y que supo lucir las virtudes del escudo madridista como ninguno. El Real Madrid es símbolo de voluntad, voluntad férrea e indomable, una lucha permanente hasta el fin, sin excusas para la rendición, y todo a pesar del talento, a pesar de la inferioridad, a pesar de los pesares. Durante muchas épocas de su historia el Real Madrid no fue el equipo de más talento, pero sí el que consiguió más títulos, al igual que Raúl nunca fue el jugador de más talento, pero sí el que destacó por encima de todos. Gracias a su voluntad, a su encomiable capacidad de sacrificio. Él sabía que su talento no era excelso, que las maravillas que otros eran capaz de hacer, a él le estaban vetadas, y ante ello puso sobre la mesa una mentalidad ganadora que engatusó a Valdano, hace ahora más de 16 años, y que nos enamoró a todos durante todo ese tiempo. Porque cuando otros bajaban los brazos, Raúl aparecía, cuando todo estaba perdido, Raúl aparecía, cuando la derrota se lloraba, Raúl aparecía, cuando llegaban estrellas internacionales, Raúl aparecía, y aparecía, y aparecía. El siete blanco ha sido el éxito del tesón, la demostración palpable de que el esfuerzo diario, el trabajo sin mirar atrás, tiene su premio, tiene su reconocimiento. El fútbol de hoy en día nos acostumbra a jóvenes caprichosos y sobrados de capacidad, física o técnica, que acampan en la desidia, sabiéndose superiores al resto. Por ello, en todas las escuelas de fútbol deberían de ponerse vídeos de Raúl, vídeos de un jugador que siempre brilló por encima de su capacidad. Y ahora se nos marcha del Madrid. Es una gran pérdida para el fútbol español, pero sobre todo para los madridistas, que lloramos su marcha, aunque entendemos sus razones. Raúl habría jugado este año con Mourinho, porque si el portugués valora algo es la capacidad de trabajo hasta el fin, pero el capitán madridista ha preferido la titularidad en un equipo inferior, una titularidad que le puede llevar a convertirse en el máximo goleador de las competiciones europeas, sólo dos goles le restan para empatar a Müller, y ¿qué mejor que hacerlo en un equipo alemán? Es el único reto que le queda, con un Currículum envidiable tras de sí, con tres únicas manchas, la Selección, la Copa del Rey y la indiferencia de la FIFA y France Football, que siempre quisieron premiar a jugadores más mediáticos, con un halo de jugador serio y respetado, y siendo historia viva del Real Madrid, ya sólo le queda ser el mejor goleador de la historia en Europa. Han sido 16 años maravillosos en los que nos ha hecho disfrutar, vibrar, emocionarnos y maldecir a la reina de los truenos por aquel penalti que falló ante Francia en el último minuto, 16 años que no olvidaremos jamás. Gracias, Raúl, gracias y ¡hasta pronto!
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Hasta aquí podemos leer (Contracrónica del Real Madrid 5 – 1 Athletic de Bilbao)
Anoche terminó la Liga, al menos en lo que se refiere a la lucha por el campeonato, porque la última jornada quedará tan sólo para fijar la puntuación histórica del Campeón y comprobar si el Real Madrid es capaz de conseguir el récord de goles, que logró en la fantástica primera temporada de Toschack, poco más, nada más. Ayer era el día señalado, el día en el que todos los focos estaban en Sevilla, donde el Barça se jugaba la Liga. En Madrid no había más que un partido de trámite en el que, de una manera o de otra, se sabía que caería del lado madridista, por la inercia de la rutina ganadora. El Barça no falló, y la Liga se terminó. El Madrid hizo lo suyo, lo que se esperaba, jugó mal y ganó. Se benefició de un error arbitral garrafal que dejó al Athletic con diez jugadores y un gol abajo en el marcador, sufrió un gol de esos que sólo gente como Yeste puede marcar (¡ay si Yeste hubiera tenido la cabeza bien amueblada!), y remató la faena dándose un festín de goles en los últimos minutos del encuentro. Poco más, poco más se puede decir de un partido sin otra historia más que las despedidas. Se despidió Metzelder, al que le hicieron un homenaje al principio del partido, no comprendo muy bien la razón, supongo que por haber estado callado todo este tiempo en el banquillo, parece que se despidió Guti, espero que no, con un partido serio, imponente, repleto de presencia y de capacidad creativa, aunque le faltó la genialidad de otros días, y se despidió, en ausencia, Raúl, un jugador al que nunca olvidaremos. Es hora de resúmenes, de análisis de la temporada, para ir ganando tiempo en la última jornada, en la que no me quedará otra que felicitar al Barça, un digno campeón, y probablemente el mejor equipo, y recalcó la palabra equipo, que he visto jugar en mi vida. La temporada llega a su fin y el Madrid debe de plantearse la que viene. La cúpula directiva madridista se encuentra en un mar de dudas sobre la continuidad de Pellegrini, sus datos están ahí, su falta de reacción en partidos importantes también, ahora es cuando el Madrid debe de plantearse si quiere ser fiel a un estilo a medio-largo plazo, o si prefiere el éxito inmediato, sin importar las formas, en definitiva, si confía en el mando tranquilo de Pellegrini (por cierto, muy parecido a Del Bosque, denostado por esta misma directiva) o prefiere el feo éxito de Mourinho, cuestión de estilo, supongo. En cuanto a los jugadores, Higuaín se ha doctorado, Ronaldo ha demostrado lo que vale, Kaká ha defraudado, Benzemá ni ha aparecido, Albiol nos conquistó y luego nos ha creado dudas, Ramos se ha encauzado, Marcelo ha madurado, Granero ha dado una de cal y una de arena, Xabi Alonso se ha mostrado imponente, Lass se ha evaporado, Gago ha renacido, Arbeloa ha cumplido, y el resto, todos en su línea, con mención especial para Raúl, del que hablaré en mi última contracrónica de la temporada. La última jornada la veremos con la tranquilidad de los trámites condenados a cumplirse, felicitaremos al Barcelona y consolaremos al Madrid, que hizo todo lo que tenía que hacer para ser Campeón, pero que se topó con un equipo imponente.
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De todos los colores (Contracrónica del Mallorca 1 – 4 Real Madrid)
El Real Mallorca perdió el partido de anoche ante el Real Madrid no porque se enfrentara al equipo madridista, al que dominó en los primeros instantes del encuentro, sino porque como rival tenía al jugador más completo del mundo (nótese que no digo el mejor jugador del mundo, título en disputa con Messi, sino el más completo, título que nadie le disputa), un Cristiano Ronaldo en plena ebullición que nos está ofreciendo un final de temporada en plenitud. El portugués marcó tres goles como tres soles que dieron vida a un Madrid que decrece en juego a medida que va dando protagonismo a Kaká en sus alineaciones iniciales (no lo digo yo, lo dicen los hechos, irrefutables), tres goles de hermosa factura todos ellos y tan diferentes entre sí como el sol y la luna, como el beso con amor y el beso por compromiso, como el adiós de una amante y el adiós de una despechada, tres goles que muestran todas las virtudes de este jugador total al que todavía le siguen sobrando los gestos de cara a la galería. El primer gol fue un gol de fe, un gol de jugador de carácter. Un balón largo de Sergio Ramos (parece que sigue en la senda buena, si en ella se mantiene llegará a ser uno de los mejores jugadores del mundo, sin duda, si no acabará por la calle de la amargura, como tantos otros) que parecía claro para el defensa fue perseguido por Ronaldo, que era la única persona del mundo que pensaba que llegaría a ese balón, y esa fe le hizo llegar, ante un Nunes confiado y un Aouate dubitativo. Cristiano no se confía, Cristiano no duda, y marcó el primer gol. El segundo fue un gol de pillo, un gol de jugador de área. Otro pase de Sergio Ramos, éste excelente, seco, fuerte, directo al pecho de hierro de Ronaldo que despidió el balón un poco largo (mi pecho fofo lo hubiera acolchado mejor), con ventaja para defensas y portero, pero de nuevo, el portugués llegó antes, una milésima de segundo antes (esa milésima de la que ha vivido Raúl 15 años) para meter la puntera y marcar el segundo gol. El tercero fue un gol de jugador grande, un gol de extremo puro. Desde la posición de extremo izquierdo, se zafó de dos defensas con una facilidad insultante y chocó con el tercero que le apareció, saliendo vencedor y con la pelota franca para ser golpeada. Un balón así no podía ser desperdiciado, y Cristiano agradeció a los dioses su talento marcando el tercer gol. Así de sencillo, de todos los colores, como el arco iris, Cristiano Ronaldo decidió el partido, un partido en el que el Madrid regresó a sus errores de siempre, falló en la combinación, e incurrió en los errores nuevos, que desconocíamos esta temporada, la inseguridad defensiva, pero se supo aferrar a la fe de Ronaldo, y el Barça debería de tener cuidado, porque la fe mueve montañas, sobre todo cuando llega desde el Real Madrid. Para el final quedó el gol reivindicativo de Higuaín, un gol soberbio, de una dificultad técnica sublime y que devuelve la confianza al argentino para los tres partidos que restan. Sí, no me he vuelto loco, al Madrid le restan tres partidos, dos que debe de ganar, y otro que el Barça debe perder, con todas las miradas puestas en el encuentro de este sábado ante el Sevilla.
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Liga a la vista (Contracrónica del Real Madrid 2 – 0 Valencia)
Cuál navegante aventurero surcando los mares en plena Edad Media, el Real Madrid ha atisbado allá a lo lejos Tierra firme en la que asentarse y sacar adelante una nueva civilización, una civilización de madridistas aferrados al clavo ardiendo que popularizóTomás Roncero y que sedimentaron entre Higuaín y Reyes. A lo lejos, a 5 jornadas de distancia, se divisa el título liguero. Ya te lo dije tras el partido de Almería y me reafirmo, el Madrid ganará la Liga, de eso no tengo dudas, de lo que sí tenía, y ahora se van disipando, era sobre la solidez del equipo. Tengo que reconocer que Pellegrini ha sabido darle un toque de sobriedad y de fortaleza táctica apoyado en la excelsa temporada de Raúl Albiol, a excepción del partido del jueves en Almería, y en la labor suprema de Xabi Alonso, otra cosa es la capacidad del equipo para crear juego, que es para lo que vino el chileno al Madrid y es en lo que ha fracasado. Ayer el Madrid dio buena cuenta de un Valencia sin pasión, con pequeñas ráfagas de calidad, pero sin un guión de juego determinado. Los madridistas jugaron sus mejores 45 minutos de la temporada en una muy buena primera mitad, competitiva, sólida y creando juego, una espejo en el que reflejarse para el resto de la temporada y para los años venideros, con o sin Pellegrini. Porque en la primera mitad nos encontramos con una novedad táctica que, no por solicitada desde todos los medios de comunicación y gran parte de la afición fue menos sorpresiva, como fue el hecho de que Cristiano Ronaldo se volcara a la banda derecha. Así, con Ronaldo por la derecha y con Marcelo, que ayer dio la de cal, o la de arena, nunca sé que es lo bueno, con un gran partido por la izquierda, el Madrid fue ancho, y todos sabemos que para ser profundo hay que ser ancho, y gracias a esa amplitud los espacios aparecieron por doquier, y gracias a esa amplitud cuando Higuaín se revolvió en la frontal del área se quedó solo delante de César y marcó el primer gol. Luego, en la segunda parte, todo se difuminó como por arte de magia. El Madrid se concienció de que iba ganando y se refugió en el contraataque fugaz y veloz en los pies de Ronaldo e Higuaín, dos jugadores condenados a no entenderse jamás porque ambos son finalizadores y ninguno creador. A la delantera madridista le hace falta escorar a Ronaldo a una banda de manera definitiva, y colocar a un jugador creativo junto a Higuaín, ¿tal vez Kaká?, veremos la temporada que viene (por cierto, que levante la mano el que le esté echando de menos, y lo peor de todo es que se saldrá en el Mundial y le ganará a España la Final, ¿te apuestas algo?). Esta segunda mitad desmereció el encuentro, desmereció la tradicional pasión de los Madrid-Valencia y nos dejó a todos como con ganas de más, como de ocasión perdida para haber disfrutado de un gran encuentro. Sólo el gol de Cristiano Ronaldo, tras excelente jugada y mejor pase de Marcelo, nos desperezó del sofá, tras la carta de presentación de Silva en el Bernabeu, con un disparo a la cruceta de la portería de Casillas. El Barça tiembla porque el Madrid le viene, y los blaugranas saben lo que eso significa, porque no comprenden como es posible que el mejor equipo de la historia blaugrana esté teniendo que disputar los títulos ligueros hasta las últimas jornadas, le sucedió el año pasado, con un Madrid en descomposición, y le está ocurriendo este, con un Madrid en construcción. Esa es la clave del Madrid, eso es por lo que muchos somos madridistas, por ese afán de superación, por ese no rendirse jamás, por ese luchar hasta las últimas consecuencias, ajenos a zarandajas y lentejuelas de postín. El madridista de verdad aprecia el valor de no rendirse jamás por encima de cualquier valor estético, táctico o técnico, a pesar de que algunos dirigentes consigan olvidar estos valores en demasiadas ocasiones. Publicado en El Librepensador Visita la web del autor: www.rubensancho.es.tl
El sol y las estrellas (Contracrónica del Almería 1- 2 Real Madrid)
Hace unos años Juan Manuel Lillo, actual entrenador del Almería, nos regaló una joya metafórica de una precisión y una profundidad como no recordábamos por estos lares del balompié. En un genialidad verbal dijo que había jugadores que eran soles y jugadores que eran estrellas, es decir, jugadores que se alumbraban a sí mismos, los segundos, y jugadores que alumbraban a sus compañeros, los primeros. El ejemplo paradigmático de jugador estrella era Ronaldo, no Cristiano, sino el otro, un jugador excelso pero incapaz de hacer nada por un compañero más allá de materializar en gol el balón que había recibido de él. Mientras que la idiosincrasia de jugador sol viene reflejada en la figura de Michael Laudrup, sobre todo en su etapa barcelonista, un jugador que hacía mejores a todos los que tenía a su alrededor. Pues bien, me voy a permitir utilizar la metáfora de Lillo para extrapolarla al mundo de los entrenadores. Hay entrenadores estrella, que sólo se iluminan a sí mismos, ganando títulos pero no aportando nada al mundo del fútbol, leáse Fabio Capello, y luego hay entrenadores sol, que no brillan por sí mismos tanto como deberían pero que aportan al mundo del fútbol un halo de aire fresco del que todos nos beneficiamos, por ejemplo, el propio Lillo. Su carrera como entrenador ha sido más mediocre que otra cosa, siendo su mayor éxito los sendos ascensos que consiguió con la Unión Deportiva Salamanca de 2ª B a 2ª y luego a 1ª, y que le sirvió para entrar en la élite de nuestro mundo futbolístico. A partir de ese momento nada más se supo de sus éxitos, aunque siempre aportó algo, algo diferente, el gusto por el buen fútbol. Y ayer lo volvió a demostrar. Planteó un partido abierto, jugado de poder a poder contra el Real Madrid, concediendo espacios a los blancos con el objetivo de que su equipo también los aprovechara. El planteamiento no funcionó, porque Pellegrini, como adivinando que Lillo ofrecería ese juego, puso en liza toda su artillería creativa, con Xabi Alonso, Gago, Van der Vaart y Guti, sin duda el centro del campo más organizativo y combinativo que puede armar. Así, el Real Madrid se sintió a gusto en el terreno de juego, por primera vez en la temporada tenía en su poder los triunfos de la baraja, tenía espacios y jugadores capaces de verlos y de aprovecharlos. Ello provocó una continua sucesión de ocasiones madridistas que no se materializaron por el dolor psicológico de la derrota del sábado, por ello o por que los entes celestiales querían dar una oportunidad a la apuesta valiente de Lillo. En esas estábamos cuando los jugadores del Almería comprendieron el mensaje de su entrenador y lanzaron una contra eléctrica que supuso el gol de andaluz, en un error defensivo madridista clamoroso. Fallaron tantos defensas al mismo tiempo que cargar las tintas contra uno solo sería injusto. Pero el Madrid se repuso bien del golpe y siguió creando ocasiones, hasta que Cristiano Ronaldo se inventó una cabalgada estilo Messi para marcar el empate, estropeando la obra de arte con una celebración fuera de tono, nada fuera de lugar al estilo del portugués. La segunda parte fue un monólogo madridista y el gol era cuestión de tiempo, como se demostró con el buen zurdazo de Van der Vaart desde la frontal del área. Fue un continuo atacar del Madrid con esporádicas contras fallidas de los almerienses y con el público divirtiéndose. No sé si con un planteamiento diferente el resultado hubiera sido otro, pero de lo que estoy seguro es de que los aficionados de Almería se divierten con su equipo, que éste está consiguiendo resultados adecuados para el nivel de sus jugadores y que, en el fondo, ¿para qué sirve el fútbol si no es para divertirse? El Madrid, por su parte, sigue empecinado en conseguir 98 puntos, en ganar todos los partidos que les restan, y eso pone muy nervioso al Barcelona, porque ya conoce como se las gastan por el Bernabeu cuando se encabezonan en algo. El final de Liga se plantea apasionante, hagan sus apuestas, amigos. Yo me la juego, y me repito, a que el Madrid gana la Liga y el Barça la Champions. Publicado en El Librepensador
La cruda realidad (Contracrónica del Real Madrid 0-2 Barcelona)
Los seres humanos vivimos en mundos imaginarios de alegría e ilusión hasta que nos llega la realidad, implacable e inexorable, y nos devuelve a nuestras vidas mediocres y demasiadas veces mezquinas. Entonces, sólo entonces, nos despertamos de nuestro sueño y caemos en la cuenta de lo que somos, y a lo que podemos aspirar, sufrimos las consecuencias del martillo pilón de la realidad, de la cruda realidad. El Real Madrid vivía en la ilusión de las estadísticas, presentando sus números ante cualquier insinuación de falta de buen juego, de ausencia de estilo futbolístico o de galaxia fallida, unos números que contentaban a unos pero que nos parecían vacíos a la mayoría, porque los números, números son, y si no son nada más que eso, nada más que números, acaban cayendo ante el peso del fútbol. Un fútbol que el Barça posee, pero el Madrid no. Llevamos toda la temporada señalándolo y nadie parecía querer entender, todos se refugiaban en las cabalgadas, más estéticas que efectivas, de Cristiano Ronaldo, en los goles, implacables ante equipos menores e inexistentes, al menos todavía, ante equipos grandes, y en la solidez defensiva del equipo, incontestable; pero ayer, ayer todo cobró sentido, la justicia cósmica castigó la osadía de los que dudaron del fútbol. El fútbol es triangulación, posesión, juego rápido pero no precipitado, apoyos constantes, calidad individual y eficiencia táctica. El Barça tiene todas esas virtudes, el Madrid sólo dos, las dos últimas y no sirve aquello de que se trata de un equipo en construcción, porque estamos en el mes de abril, han transcurrido ocho meses de competición, y nadie es capaz de encontrar alguna diferencia entre este equipo y el que comenzó la temporada, más allá de la suplencia de Raúl. El Madrid planteó el partido como un equipo pequeño, al igual que en el Camp Nou, y el Barça lo hizo más temeroso de lo habitual, al estilo Cruyff, pero el terreno de juego dictó sentencia, y en la primera jugada en la que los blaugranas recordaron su estilo Xavi y Messi se inventaron una pared imposible para inaugurar el marcador. Hasta entonces y desde entonces, del Madrid nada se supo. Apostó todas sus opciones a un robo de balón y rápido contraataque, pero eso sólo le sirvió para desconectarse del balón, impacientar a su público y dar cabida a todos los recursos gestuales de Cristiano Ronaldo, perdedor en todos sus duelos personales con Piqué, que jugó uno de sus mejores partidos como profesional. Una apuesta dañina para la imagen del equipo y esclarecedora del ideario de este Real Madrid: jugar cada día a una cosa. Pellegrini dilapidó todo su crédito, si alguno le quedaba, al no entender la grandeza de este equipo, como le ocurrió a Juande Ramos la temporada pasada. Ambos pasarán a la historia como técnicos que hicieron grandes números pero que no comprendieron que en el Madrid se pide otra cosa, se pide otro estilo, se exige grandeza. Pellegrini ha ido sobrellevando la temporada, gestionando políticamente la plantilla, pero siendo incapaz de otorgarle su sello personal, ese sello por el que fue contratado del Villarreal, ese sello que todos esperábamos, pero que no hemos visto por ningún lado. Pellegrini ha decepcionado porque se ha traicionado a sí mismo. Dicho lo cuál, voy a apostar contra quien quiera jugársela contra mí a que el Madrid ganará la Liga, al igual que el año pasado aposté a las últimas derrotas consecutivas del Madrid, y gané, este año estoy seguro de que el Barça sufrirá las consecuencias de su doble enfrentamiento contra el Inter de Milán y empatará dos encuentros, ante los cuáles el Madrid presentará 7 victorias consecutivas. El Madrid ganará la Liga, el Barça la Champions y nuestros corazones.
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Media ración de estadísticas (Contracrónica del Racing de Santander 0 – 2 Real Madrid)
El Real Madrid se ha convertido en una taberna de casco antiguo de cualquier ciudad de postín, en la que la especialidad de la casa no son los calamares a la romana, ni las croquetas caseras, ni los chopitos, nada de eso, las especialidad de la taberna Real Madrid son las estadísticas. Unas estadísticas que hay que tragarse con una buena cerveza de barrila, con alcohol o sin alcohol, eso ya depende de ti, porque de otra forma no hay quien se las trague. Son diáfanas, evidentes, jugosas en la digestión, pero duras al paladar, incómodas en las tragaderas, dolorosas al descender por la garganta. Ayer, ante el Racing de Santander, un equipo que iba para revelación del campeonato y se ha convertido en uno más, en otro equipo tratando de salvarse del descenso, el Real Madrid volvió a refugiarse en su especialidad, las estadísticas. Unas estadísticas que hablan de 12 partidos consecutivos vencidos, de 100 goles en todas las competiciones, y en dos jugadores que marcan las diferencias con el resto de los mortales, porque convierten en gol cualquier oportunidad que se les presenta, o casi. Pero las estadísticas de este Real Madrid están vacías, porque no hay nada detrás, son como castillos en el aire que en cualquier momento pueden derrumbarse, basta un equipo serio, un equipo ordenadito y con algo de pegada arriba, por ejemplo, Olympique de Lyon, para que ya nada tenga sentido y todo parezca un desastre. Este sábado el Real Madrid tendrá su piedra de toque, este sábado, ante el Barcelona, se medirá la verdadera valía de este equipo, el verdadero talante de Pellegrini, comprobaremos, de una vez por todas, si el chileno tiene capacidad para seguir una temporada más, y si este equipo está en construcción o en destrucción hacia delante, dos conceptos que parecen similares pero no tienen nada que ver. Del partido de ayer, para cumplir el expediente de la contracrónica, sólo cabe destacar la figura de Gago, que está mostrando una verticalidad que desconocíamos, un nuevo valor añadido a su juego que nos hace dudar de la capacidad de Lass, ¡blasfemia!. Canales, el pobre chico, aguantó media hora de partido. Apunta maneras, pero en su equipo no responden como él propone. Si los pájaros que le deben de estar rondando la cabeza no acaban de posarse en ella, va para estrella, no hay duda. Esa zurda vale mucho, pero, ojo, no nos olvidemos de otras zurdas que valían, y valen, su peso en oro, de otros zurdos de oro que no aprovecharon su oportunidad (sí, estoy pensando en el mismo que tú, en el Sr. Gutiérrez, que ayer volvió a dar muestras de su clase, ¡ay, que pena de jugador!). Publicado en El Librepensador
Avalancha (Contracrónica del Real Madrid 3 – 2 Atlético de Madrid)
Una avalancha es una “masa grande de una materia que se desprende por una vertiente, precipitándose por ella”. Si extrapolamos esta definición al partido de ayer entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, tenemos la crónica perfecta, una adecuada descripción de todo lo que sucedió durante los 90 minutos de encuentro. La masa grande de materia, es decir, el Real Madrid, se desprendió por una vertiente, o sea, la de la rabia contenida y la furia incontenible, un precipicio de un desnivel de proporciones siderales, y el Atlético de Madrid no pudo hacer nada, porque no supo aprovechar su oportunidad antes de que la avalancha se le viniera encima, porque cuando ésta se viene, ya no hay nada que hacer. Pero el Atlético de Madrid sintió pena por su rival, no quiso herir los sentimientos del hermano poderoso, del dueño de la gran ciudad, le dejó respirar y luego pagó las consecuencias. Los colchoneros se encontraron con un gol por sorpresa, por lo brillante de la ejecución y porque todo comenzara con un error de Albiol, al que no se le recuerdan errores esta temporada. Thiago inició la jugada, Agüero le dio el brillo y Reyes finalizó como lo que es, un jugador sobresaliente pero tan intermitente como cualquier genio en el que quieras pensar. No hubo nada más en la primera mitad, que se perdió entre bostezos generales, silbidos ocasionales, especialmente a Granero, y un balón que reclamaba un mejor trato, un mejor uso, pero que se limitaba a pasar de un pie a otro sin un sentido adecuado. Tuve una novia que decía que esto del fútbol era eso, 22 tipos pasándose un balón sin ningún objetivo aparente, anoche entendí a lo que se refería. Pero todo cambió en la segunda mitad, desconozco la locuacidad de Pellegrini o si los jugadores madridistas se estaban guardando para los segundos cuarenta y cinco minutos, despreciando los primeros, lo que sí sé es que algo había cambiado en el juego del Madrid, no en fútbol, pero sí en intensidad, sí en intención. Los primeros minutos de la segunda mitad fueron una auténtica avalancha, una sensación permanente de que en aquella guerra no iba a ver prisioneros. Presión en el campo colchonero, balón circulando a gran velocidad, ocasiones que se tenían y otras que se perdían en el último momento, pero siempre la sensación de peligro en el ambiente. Hasta que llegó el gol de Xabi Alonso, otro gol de ratonero, y luego su magistral pase a Arbeola para que este marcara el segundo gol con una frialdad sublime (el pase de tiralíneas del donostiarra no se merecía un final mediocre). Ahí el Madrid, el partido, el énfasis, la avalancha, la emoción, la intensidad, el goce general, todo, absolutamente todo, se vino abajo. Higuaín se encontró un balón suelto y marcó el tercero, Xabi Alonso perdió su sobriedad habitual y regaló un penalti al Atlético de Madrid que transformó Forlán, y nada más, ni el Atlético quiso intentar ganar, ni el Madrid quiso hacer más sangre del rival vencido, a excepción de Ronaldo que se sentía desubicado con su escasa presencia en el partido e intentó marcar un gol, por lo civil o por lo criminal. Tan plácido fue el final del encuentro que el Madrid se limitó a forzar las amarillas que necesitaba para que todos sus jugadores estuvieran disponibles para el duelo con el Bacelona, Ramos retrasó el saque de una falta y Xabi Alonso (el gran protagonista del partido) se inventó una falta excesiva en el centro del campo. Acciones, ambas legales, pero de una ética futbolística algo discutible, pero ya sabemos que hecha la ley, hecha la trampa. En definitiva, el Madrid sigue ganando, sigue sin jugar a nada, pero se mantiene gracias a su espíritu y gracias a la pólvora que tiene arriba, capaz de marcar goles con una sola mirada. Cada vez está más claro que esta liga la decidirá el clásico, el Madrid-Barcelona, al igual que sucedió con la liga del año pasado. Publicado en El Librepensador Visita la Web del autor: www.rubensancho.es.tl
Crónica de la nada (Contracrónica del Getafe 2-4 Real Madrid)
Justo cuando comenzaba a analizar el juego del Real Madrid para poder realizar esta contracrónica me encontré con que el equipo madridista ya vencía por tres goles a cero, con lo que cualquier análisis carecía ya de sentido y sólo me quedaba divagar sobre la esencia del ser humano. Menos mal que algunos jugadores comenzaron a solidarizarse con nosotros, los escribientes de crónicas, y se dedicaron a dar espectáculos diversos que nos permitieran escribir sobre algo. El primero al que hay que agradecer su colaboración es a Casillas, que intentó emular al gran Paco Buyo. Disputó un balón dividido con Dani Parejo, lo perdió y se quedó tirado fingiendo una lesión que no tenía (sí le dolía algo, pero era el amor propio, no el golpe). El Getafe marcó y Casillas pretendió enfadarse porque no habían tirado el balón fuera, teatro, puro teatro, Iker sabía que había errado y el enfado era consigo mismo no con el pobre Parejo que se limitó a marcar gol. También nos ayudó Kaká, no por su presencia sino por su ausencia, una ausencia que nadie parece echar de menos, sus compañeros parecen felices con el juego combinativo de Van der Vaart, en lugar de con las individualidades del brasileño, y los espectadores se alegran de que el balón circule entre jugadores y no entre los pies de Kaká, del pie derecho al pie izquierdo, y luego al derecho otra vez, hasta que llega al pie del rival, nunca de un compañero. Y, por supuesto, nos ayudó Pedro León, desaparecido en la primera parte, pero incisivo e insistente en la segunda, recordando en muchos aspectos a su entrenador Míchel. Pedro León terminará jugando en un grande, seguro, al igual que lo hará Dani Parejo, si consigue calentar un poco la horchata que tiene por sangre. Volviendo al partido en sí, que tampoco está de más hablar un poco de ello, el Madrid volvió a aferrarse a los mismos aspectos que le están dando vidilla en este duelo memorable con el Barcelona: el talento inmenso de Ronaldo y el crecimiento imparable de Higuaín. El portugués marcó dos soberbios goles, aunque ambos con la inestimable colaboración de Ustari (un amigo madridista en la noche de ayer), mientras que el argentino demostró que la portería se le hace enorme cuando el rival es pequeño (todavía tiene que hacer lo mismo ante rivales grandes, pero seguro que lo terminará haciendo, tiene una gran ventaja a su favor, su juventud). Por lo demás, el partido fue tedioso hasta decir basta, el Madrid se relajó tras la ventaja conseguida y el Getafe nunca supo como meter mano a la defensa madridista. Un partido que parecía duro, en un principio, pero que se quedó en nada, en la nada más absoluta.
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