Contracrónicas de fútbol (Real Madrid, España)
Atlético de Madrid 0 - 1 Real Madrid: Atajo de pusilánimes
Mourinho se temía lo peor, se imaginó un arreón inicial colchonero en el que la grada tocaría arrebato ofensivo y el Madrid se vería superado por la pasión rojiblanca. Por ello se cubrió la retaguardia protegiendo a Marcelo con Arbeloa por detrás y condenó a Di María a labores de interior derecho, sin las libertades habituales, lo cuál aprovechó el argentino para descansar, un partido más, y ya van dos. Sin embargo, Mourinho se equivocó y el Atlético de Madrid saltó al terreno de juego con una enfermiza falta de pasión, con una pusilanimidad que nadie comprendió, dejando pasar los minutos y aguardando a algo, vete tú a saber el que, volátil que nunca llegó a suceder. El hecho es que tal vez por culpa de Quique, que salió con trivote, cuando debió salir a morder al Madrid, o tal vez por el complejo de inferioridad que acompaña a los atléticos cuando se enfrentan al Madrid, pero el hecho es que el Madrid nunca sufrió en el partido. Pareció un encuentro de casados contra solteros, en el que el Madrid se limitó a tocar el balón sin buscar la profundidad y el Atlético de Madrid a corretear por el campo. En ese terreno abonado de mediocampismo Khedira y Xabi Alonso se mostraron inconmensurables, tanto en el robo como en el toque. Acostumbrados como están a ver pasar el balón a velocidad vertiginosa seguro que un encuentro calmado como el de ayer les sirvió para reencontrarse con su esencia de centrocampistas, esa especie en peligro de extinción. No jugó mal el Madrid, tampoco bien, hizo lo que tocaba, lo que tuvo que hacer para ganar la eliminatoria, aguardó el ataque atlético que nunca se produjo, marcó un gol en una gran jugada colectiva, de esas que no suele, pudo haber marcado en otro par de ocasiones, y, en general, dejó poso de tremenda superioridad sobre el Atlético de Madrid. Tan intrascendente fueron los 90 minutos que nos dio para cuestiones metafísicas sobre la esencia contemplativa del 9, el animal del área. Mourinho volvió a dejar a Benzemá en el banquillo, y esta vez no le dio ni un minuto. Arriba colocó a Ronaldo y Özil, sin referencia clara, y el equipo notó cierta falta de espacios para filtrar los pases profundos, esos espacios que crea el 9, aunque a cambio sí que generó mejor fútbol de toque y de asociación. Después salió Kaká, a hacer de Özil, como cambia la vida, y el equipo siguió por los mismos derroteros mientras el francés seguía soñando con aquella novia que tuvo con quince años. En mi opinión a este equipo le hace falta un delantero centro de verdad, de los que se fajan con las defensas, de los que crean espacios, de lo cuál se beneficia Ronaldo para marcar y Özil para generar fútbol, aunque, si te digo la verdad, me temo que ese delantero centro no puede ser Benzemá, al que le falta personalidad, que no talento, para jugar en el Madrid. Ahora en semifinales llega el Sevilla, un equipo temible a doble partido, aunque antes el equipo deberá zanjar las dudas en Liga ante el Mallorca, un rival complicado dirigido por un mito barcelonista que ofreció sus estertores como futbolista al Madrid, pero ¡qué estertores! Publicado en El Librepensador Tu Hostal en Salamanca en Hostal Santel
Real Madrid 3 - 1 Atlético de Madrid: La esencia de la Copa
La Copa del Rey ha vuelto a nuestras vidas y promete con quedarse hasta que alguien decida que ya no importa, que es un torneo menor, error sideral en el que han caído cientos de entrenadores llamados de primer nivel pero que no sabían apreciar la belleza de una competición que te puede dar un título con unos pocos partidos buenos. Mourinho así lo entiende, y los madridistas y la Copa del Rey, como competición, bien que se lo agradecemos. Porque la Copa tiene una intensidad que la Liga nunca pueda ofrecer, la intensidad de la eliminación, la cercanía del precipicio, la importancia de cada gol, por ello los equipos se dejan la piel a cada minuto para encontrar ese gol mágico que de la vuelta a un resultado que parecía imposible, cada uno con sus armas, cada uno con sus posibilidades, pero todos con un mismo objetivo. Ayer el Madrid fue el Madrid de Mourinho, un equipo veloz, intenso, arrollador y sobrado de talento, un equipo que funciona como un martillo pilón, sus avalanchas de furia atemorizan y al equipo contrario no le queda otra más que esconderse tras las trincheras a esperar que pase la batalla con el menor número de heridos, un número que se minimizó gracias a la soberbia actuación de De Gea, un portero que desconcierta en ciertos momentos, capaz de grandes actuaciones y de fallos clamorosos, cosas de la edad, supongo, pero que ayer anuló tantos ataques madridistas como pudo. Y eso que todo empezó con un gol del Atlético de Madrid, iniciado en fuera de juego del Kun Agüero, un gol que no fue más que un vergel en el desierto, a partir de ese momento el partido fue del Madrid y el Atlético se vio sobrepasado. Sergio Ramos empató siete minutos más tarde a la salida de un córner, puede que en falta puede que en ofensa por su superioridad física en el salto, y las ocasiones no dejaron de llegar desde entonces. Özil estuvo inconmesurable, uno de sus mejores encuentros como madridista, grandilocuente en la presencia, excelso en el toque y soberbio en la creación, el alemán sin pinta de alemán, ni en el fútbol ni en su presencia física, se hizo con el partido y el resto de compañeros le siguieron. Suya fue la jugada del segundo gol madridista que Cristiano Ronaldo sólo tuvo que empujar a la red, y que Agüero reclamó por una posible falta previa de Marcelo, y suyo fue el tercer gol en una jugada de mala suerte atlética. Un tercer gol que marca la frontera entre la esperanza y la desesperanza, entre los sueños de semifinales y la realidad de la eliminación, porque el Madrid puede perder en el Calderón, todo es posible, pero no lo hará por más de dos goles, así que adiós a la Copa, adiós, otra oportunidad perdida. Y hablando de oportunidades perdidas no podemos dejar de hablar de Benzemá que no jugó mal, pero tampoco bien, y terminó por convencer a la Junta Directiva madridista de que el equipo necesita un delantero, lo confirmó Valdano en los micrófonos de Canal + y el mercado comenzó a tambalearse, todos los nueves del mundo han comenzado a acicalarse delante del espejo a la espera de que les llame algún emisario blanco. En definitiva, el Madrid ganó bien, con claridad, convenciendo a su afición y dejándose el alma en el intento, ante un Atlético que fue inferior y que se limitará a reclamar la injusticia arbitral basándose en cuestiones peregrinas sin peso específico, porque el arbitraje de ayer no fue ni bueno ni malo, fue del estilo de Mateu Lahoz, un estilo al que puede que en España no estemos preparados todavía.
Real Madrid 2 – 0 Atlético de Marid: Seis de uno, media docena de otro
Se llevaban 20 minutos de partido, el Real Madrid ganaba 2-0 y los blancos se habían convertido en el ejército de caballería al que nos tienen acostumbrados últimamente, un ejército que a base de cargas al grito de “todos a una” avasalla a sus rivales que no pueden más que pedir clemencia y empezar a pensar en la siguiente jornada. En esos momentos, a no ser que el partido sea ante el Milan, el Madrid fragua su goleada y hunde a sus rivales. Sin embargo, ayer sucedió algo parecido a lo que les pasó a los madridistas ante los italianos. No se sabe bien si por mérito del Atlético o demérito blanco (seis de uno, media docena de otro), el caso es que los colchoneros empezaron a igualar el encuentro. Achicaron los espacios que cinco minutos antes parecían inabarcables y comenzaron a trenzar jugadas de ataque con cierto peligro hasta clamar una posible injusticia en el marcador, una injusticia que quedó diluida tras las incontables ocasiones que marraron los madridistas al contraataque. Queda por descubrir si el bajón del juego blanco fue obra y milagro de que Mario se asentara y Quique corrigiera algunos aspectos tácticos, o gracia divina de Mourinho que dijo que hasta aquí, o de los propios jugadores que sabiéndose tan superiores y tan insustituibles decidieran ahorrar esfuerzos (peligrosa tendencia que recuerda al Madrid de Queiroz). Pero no entremos en discusiones metafísicas sobre la esencia de la táctica futbolística, porque el partido de ayer fue un encuentro hermoso, jugado con un despliegue físico y futbolístico encomiable, con jugadores dándolo todo por sus respectivas camisetas y con detalles técnicos para recordar (Özil dejó un par de regates de esos que estaremos viendo toda la semana en los telediarios). Es difícil encontrar un futbolista que no jugara bien, tal vez Ujfalusi y Mario en los atléticos, desacertado el primero y superado el segundo, pero ninguno en el Madrid. Mejor o peor, ninguno se escondió y todos ofrecieron aquello que suelen ofrecer, con mayor o menor continuidad. La defensa madridista estuvo soberbia, con mención especial para Marcelo, pero no atrás, sino adelante, y para Carvalho, que cada día que pasa deja más en evidencia a Pepe, el gran damnificado de la llegada de su compatriota, excelente central pero con mucho que aprender. Xabi Alonso y Khedira han encontrado el complemento ideal para su juego. El alemán ha comprendido que el donostiarra es mucho mejor futbolista y a él le deja la construcción mientras se dedica a labores de intendencia. Y arriba todos cumplieron, aunque ninguno destacó, Ronaldo creó peligro, pero no jugó su mejor encuentro, Higuaín participó poco aunque nos dejó el detalle del encuentro con un disparo al palo de volea a pase de Özil (si hubiera sido gol hubiera sido el mejor de toda la temporada), Di María lo intentó pero estuvo algo precipitado y el turco-alemán siguió con su racha de jugada para enmarcar-minutos sin aparecer. En definitiva, un encuentro apasionante, en el que el Madrid fue muy superior en líneas generales ya que incluso cuando el partido se igualó pudo haber goleado al contraataque, pero en el que el Atlético salió con la moral alta. Era el primer rival de importancia que el Madrid se encontraba en Liga y salió con buena nota del envite. Publicado en El Librepensador
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