Contracrónicas de fútbol (Real Madrid, España)

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Espanyol 0 - 4 Real Madrid: Goles son amores

Escrito por: ruben-sancho-martin el 03 Oct 2011 - URL Permanente

Y también buenas razones, las que puso sobre el debate teleológico (sobre las causas finales) Higuaín con tres goles como tres soles, esgrimiendo en cada uno de ellos una explicación teórico-práctica del concepto de delantero centro, golpeo sencillo al palo largo (permíteme la expresión futbolística), zapatazo a la escuadra de primera y toque sutil para superar a un portero vencido, ¿para qué quieres un delantero centro asociativo? Porque el delantero centro nace, no se hace, Higuaín lo es, Benzemá no, por lo que o acaban jugando juntos o el argentino ganará la batalla, ¿por qué? Porque jugadores asociativos hay muchos, cada vez menos, eso sí, pero haberlos haylos, pero goleadores hay pocos y ningún equipo se puede permitir el tener a Higuaín en el banquillo, ni siquiera el Madrid.

Dicho lo cuál a Benzemá habrá que reconocerle el estilo y la voluntad, de lo primero siempre tuvo y de lo segundo nada sabíamos hasta esta temporada, y la combinación es solución a casi todos los problemas existenciales del fútbol, a excepción, claro está, del gol. Pero no me perderé más en este debate apasionante, porque temporada por delante tenemos un rato y apuesto a que el debate volverá a surgir.

Porque quiero volver sobre el estilo, el estilo que el Madrid presentó en los primeros minutos, un estilo renovado, como si fuera la nueva temporada de unos grandes almacenes, el estilo que vimos en pretemporada, que nos ilusionó ante el Zaragoza, y que luego se disipó por los efluvios de la llegada del otoño, un estilo de buen fútbol, al que se llega, sorpresas de la vida, con buenos jugadores sobre el terreno de juego. Parece que Mourinho ha claudicado y, por fin, se atreve a colocar a Kaká y Özil juntos sobre el terreno de juego, que no revueltos, y con ello consigue que Cristiano Ronaldo se avergüence de su juego individualista y combine, y que Xabi Alonso encuentre compañeros, y que todo, en definitiva, tenga un sentido. ¡Qué pena que sólo durara 20 minutos!

Fue el tiempo que duró Kaká, porque Özil estuvo ayer perdido en su musaraña existencial, y el que tardó el Espanyol en comprender que la intensidad era el camino. Así con pura intensidad, en ocasiones mal entendida, los pericos fueron arrinconando al Madrid, que había gustado en los primeros 20 minutos, pero que acabó por dejarse llegar ante tanta batalla, y más tras haber marcado el primer gol.

Así, el Espanyol dominó el encuentro hasta el descanso, aproximándose a la portería de Casillas, aunque sin crear grandes ocasiones de gol, y demostrando una verdad irrefutable que todavía hay gente que se empeña en negar: Sergio Ramos es defensa central, y todo lo demás son vericuetos estratégicos para poder jugar en la Selección. Ahora, con Puyol en retirada, es el momento ideal para que el sevillano de un paso adelante como central y se asiente como uno de los mejores del mundo. En el centro, con restricciones terrenales, sin libertad de pensamiento, Ramos ofrece todas sus virtudes y esconde sus defectos, exactamente al contrario que cuando juega de lateral derecho.Un puesto de central en el que Albiol dio ayer otra clase magistral de los conceptos básicos: colocación, corte y sencillez. Espero que Mourinho haya comprendido el gran defensa que tiene entre manos, y que no se obceque con un Carvalho que anda algo perdido esta temporada.

El Espanyol izaba la intensidad, convertida en agresividad, como bandera, y así salió en la segunda mitad, hasta que Higuaín recibió un pase al hueco de Arbeloa y ni corto ni perezoso lo mandó a la escuadra, de un toque, sin zarandajas, sin adornos superfluos, un gol de bandera, de delantero centro. Un gol que calmó ligeramente los ánimos del Espanyol, que pudo haber acortado distancias si Weiss no hubiera tirado su remate fuera, y que bajó los brazos cuando Cristiano Ronaldo aprovechó un pase fantástico de Xabi Alonso para recortar a su defensa y dejar el gol en bandeja a Callejón, el famoso gol del ex. Pocchettino debió de pensar en ese momento que había mandado sus tropas a luchar contra el Madrid, pero no contra los elementos que tergiversaron la realidad existencial haciendo que Ronaldo, pudiendo rematar a gol, dejara el gol a un compañero. Ante ello no hay defensa posible.

El cuarto gol fue una anécdota, un fallo defensivo provocado por una buena presión de Higuaín que el mismo argentino resolvió con buen tino, con clase, con elegancia, con la sencillez con la que se suele marcar el cuarto gol de un partido, sin la presión del primero. Una anécdota que acabó de reivindicar a Higuaín y que dejó un castigo inmerecido en Cornellá, porque el Espanyol mereció más, mucho más.

Pero el fútbol no es una cuestión de merecimientos, sino de goles, y este Madrid renacido sobre la esencia del fútbol, con Kaká y Özil a los mandos (esperemos que sigan juntos por muchos partidos), tiene muchas virtudes y más de un defecto, pero por encima de todas las cosas tiene algo que el resto de equipos busca, el gol.

Espanyol 0 - 4 Real Madrid: Goles son amores

Escrito por: ruben-sancho-martin el 03 Oct 2011 - URL Permanente

Y también buenas razones, las que puso sobre el debate teleológico (sobre las causas finales) Higuaín con tres goles como tres soles, esgrimiendo en cada uno de ellos una explicación teórico-práctica del concepto de delantero centro, golpeo sencillo al palo largo (permíteme la expresión futbolística), zapatazo a la escuadra de primera y toque sutil para superar a un portero vencido, ¿para qué quieres un delantero centro asociativo? Porque el delantero centro nace, no se hace, Higuaín lo es, Benzemá no, por lo que o acaban jugando juntos o el argentino ganará la batalla, ¿por qué? Porque jugadores asociativos hay muchos, cada vez menos, eso sí, pero haberlos haylos, pero goleadores hay pocos y ningún equipo se puede permitir el tener a Higuaín en el banquillo, ni siquiera el Madrid.

Dicho lo cuál a Benzemá habrá que reconocerle el estilo y la voluntad, de lo primero siempre tuvo y de lo segundo nada sabíamos hasta esta temporada, y la combinación es solución a casi todos los problemas existenciales del fútbol, a excepción, claro está, del gol. Pero no me perderé más en este debate apasionante, porque temporada por delante tenemos un rato y apuesto a que el debate volverá a surgir.

Porque quiero volver sobre el estilo, el estilo que el Madrid presentó en los primeros minutos, un estilo renovado, como si fuera la nueva temporada de unos grandes almacenes, el estilo que vimos en pretemporada, que nos ilusionó ante el Zaragoza, y que luego se disipó por los efluvios de la llegada del otoño, un estilo de buen fútbol, al que se llega, sorpresas de la vida, con buenos jugadores sobre el terreno de juego. Parece que Mourinho ha claudicado y, por fin, se atreve a colocar a Kaká y Özil juntos sobre el terreno de juego, que no revueltos, y con ello consigue que Cristiano Ronaldo se avergüence de su juego individualista y combine, y que Xabi Alonso encuentre compañeros, y que todo, en definitiva, tenga un sentido. ¡Qué pena que sólo durara 20 minutos!

Fue el tiempo que duró Kaká, porque Özil estuvo ayer perdido en su musaraña existencial, y el que tardó el Espanyol en comprender que la intensidad era el camino. Así con pura intensidad, en ocasiones mal entendida, los pericos fueron arrinconando al Madrid, que había gustado en los primeros 20 minutos, pero que acabó por dejarse llegar ante tanta batalla, y más tras haber marcado el primer gol.

Así, el Espanyol dominó el encuentro hasta el descanso, aproximándose a la portería de Casillas, aunque sin crear grandes ocasiones de gol, y demostrando una verdad irrefutable que todavía hay gente que se empeña en negar: Sergio Ramos es defensa central, y todo lo demás son vericuetos estratégicos para poder jugar en la Selección. Ahora, con Puyol en retirada, es el momento ideal para que el sevillano de un paso adelante como central y se asiente como uno de los mejores del mundo. En el centro, con restricciones terrenales, sin libertad de pensamiento, Ramos ofrece todas sus virtudes y esconde sus defectos, exactamente al contrario que cuando juega de lateral derecho.Un puesto de central en el que Albiol dio ayer otra clase magistral de los conceptos básicos: colocación, corte y sencillez. Espero que Mourinho haya comprendido el gran defensa que tiene entre manos, y que no se obceque con un Carvalho que anda algo perdido esta temporada.

El Espanyol izaba la intensidad, convertida en agresividad, como bandera, y así salió en la segunda mitad, hasta que Higuaín recibió un pase al hueco de Arbeloa y ni corto ni perezoso lo mandó a la escuadra, de un toque, sin zarandajas, sin adornos superfluos, un gol de bandera, de delantero centro. Un gol que calmó ligeramente los ánimos del Espanyol, que pudo haber acortado distancias si Weiss no hubiera tirado su remate fuera, y que bajó los brazos cuando Cristiano Ronaldo aprovechó un pase fantástico de Xabi Alonso para recortar a su defensa y dejar el gol en bandeja a Callejón, el famoso gol del ex. Pocchettino debió de pensar en ese momento que había mandado sus tropas a luchar contra el Madrid, pero no contra los elementos que tergiversaron la realidad existencial haciendo que Ronaldo, pudiendo rematar a gol, dejara el gol a un compañero. Ante ello no hay defensa posible.

El cuarto gol fue una anécdota, un fallo defensivo provocado por una buena presión de Higuaín que el mismo argentino resolvió con buen tino, con clase, con elegancia, con la sencillez con la que se suele marcar el cuarto gol de un partido, sin la presión del primero. Una anécdota que acabó de reivindicar a Higuaín y que dejó un castigo inmerecido en Cornellá, porque el Espanyol mereció más, mucho más.

Pero el fútbol no es una cuestión de merecimientos, sino de goles, y este Madrid renacido sobre la esencia del fútbol, con Kaká y Özil a los mandos (esperemos que sigan juntos por muchos partidos), tiene muchas virtudes y más de un defecto, pero por encima de todas las cosas tiene algo que el resto de equipos busca, el gol.

Levante 1 - 0 Real Madrid: Contra los elementos

Escrito por: ruben-sancho-martin el 19 Sep 2011 - URL Permanente

Si algo aprendimos durante nuestras clases de historia en el colegio es que se puede luchar contra todo y todos menos contra los elementos, intangibles que no se pueden controlar y acaban dirimiendo la batalla en tu contra sin que se pueda realizar una reflexión rigurosa de lo sucedido, y eso fue, precisamente lo que le sucedió al Real Madrid en su partido contra el Levante, no perdió contra el equipo valenciano sino que lo hizo contra los elementos.

Porque si en un partido de Primera División tu delantero centro falla dos goles a puerta vacía, si resulta que uno de los equipos con mejor pegada del mundo falla otras ocasiones de diversa índole, si el árbitro, supuesto amigo permanente del equipo blanco, no de manera individualizada, sino como estamento, según la rumorología vasallesca, se traga un penalti clamoroso y acaba por expulsar a tu mediocentro por dos tarjetas amarillas, injustas las dos, y para colmo de males a la misma hora juega la mejor selección de baloncesto que ha tenido este país en su historia, distrayendo a las hadas de la liturgia deportiva, no te queda más que dejarte ir, aceptar la derrota y a otra cosa.

Y es que el Madrid no comenzó mal el partido. Sin brillantez, pero con oficio, logró llegar de manera reiterada a la puerta rival, creando ocasiones claras, metiendo el miedo en el cuerpo de sus rivales y haciendo que los aficionados blancos, dando la victoria por segura, comenzaran a celebrar los puntos de Navarro, estrella del Barcelona, paradojas del deporte. El gol era cuestión de tiempo, o eso parecía, pero después de que Benzemá fallara dos ocasiones a puerta vacía quién más quién menos comenzó a tener la mosca detrás de la oreja.

Khedira, que había dado estabilidad al centro del campo, guardando la posición, virtud más que defecto, cayó en la astucia de los jugadores del Levante que le sacaron dos tarjetas amarillas de la chistera, suficientes para dejar al Madrid en inferioridad numérica, a la cofradía del contubernio judeomasónico arbitral con una excusa que llevarse a la boca y a Mourinho sin un plan B decente.

Tras el descanso, sentó a Benzemá y dejó a Ronaldo de delantero centro, con Kaká (que ocupó el puesto de titular, nótese que no digo que jugó), Coentrao (perdido sin espacios) y Di María (batallador pero sin suerte) por detrás, y Xabi Alonso dirigiendo la orquesta. Parecía suficiente arsenal como para ganar el encuentro, pero nada más lejos de la realidad, porque en la segunda mitad el equipo blanco no creó ni una sola ocasión de gol, el Levante sí, una, un soberbio contraataque culminado por Javi Venta con un pase de la muerte que aprovechó Koné para adelantar a los granotas.

Kaká dejó su lugar a Higuaín, Marcelo a Özil, pero nada, la nada más absoluta, el Madrid ya no sabía a lo que atenerse, había sucumbido claramente a la fuerza de los elementos, incapaz de ofrecer una alternativa fiable y no quedándole otra que recordar las ocasiones falladas de la primera mitad y el claro penalti de Iborra, argumentos insuficientes para justificar una derrota ante el Levante.

Porque no podemos olvidar que el Madrid no perdió la Liga del año pasado en sus enfrentamientos directos con el Barcelona, ahí sólo perdió parte de su dignidad, sino que la regaló en partidos como el de ayer, dejándose puntos en campos en los que debió de haber ganado, a pesar de los elementos.

Barcelona 1 - 1 Real Madrid: Con las botas puestas

Escrito por: ruben-sancho-martin el 04 May 2011 - URL Permanente

El fútbol nos mostró ayer que es un deporte con más sentido común del que le suponemos, y tras el espectáculo bochornoso del pasado miércoles nos ofreció un partido de fútbol de altura, con dos equipos en pos de la victoria por caminos distintos, pero sin lugar para la especulación. El Barcelona hizo bueno el resultado de la ida y el Madrid murió, pero murió con las botas puestas.

Salieron los madridistas a buscar arriba a los blaugranas, como en el partido de Copa, pero sin el despliegue físico de entonces, con una presión-repliegue que funcionó bien la primera media hora, en la que el Barcelona no creó fútbol y el Madrid robó más de un balón peligroso cerca del área rival. Sin embargo, en los últimos quince minutos del primer tiempo pareció como si el Barcelona hubiera comprendido la fórmula mágica y empezó a superar con facilidad esta presión, creando cuatro ocasiones clarísimas de gol, que se fueron al limbo, que rodea a la portería blanca, unas, y que rodea al áurea de Casillas, otras, las cuales, las últimas, sirvieron para redimir al madridista.

La segunda parte se inició con un guión similar y con el error arbitral más determinante de estos cuatro clásicos. Nada más salir del vestuario Ronaldo hace un control orientado en el centro del campo que le sirve para deshacerse de Alves, encara a Piqué con un autopase, el barcelonista empuja a Ronaldo que cae rodando, con tan mala fortuna, o tan buen arte, pensó el árbitro, que arrolló a Mascherano que no pudo llegar a un balón al que no iba a llegar de ninguna manera, un balón que Higuaín, que pasaba por ahí, lo convirtió en gol, gol legal, para toda la humanidad, menos para el árbitro del encuentro.

Este error arbitral descompuso al Madrid que volvió a recordar agravios del pasado, y en ese estado de ataque de nervios Iniesta, el más tranquilo en el planeta Tierra, filtró un pase mágico a Pedro que no perdonó ante Casillas. En ese momento, todos adivinábamos la sonrisa irónica de Mourinho en su habitación de hotel y la incipiente goleada barcelonista.

Sin embargo, el Madrid se recompuso y volvió a igualar el encuentro, en juego, primero, y en el resultado, después, gracias a una genialidad de Di María que, tras un recorte en el área primoroso, envió el balón al palo y el rechace del mismo a los pies de Marcelo que, en una de esas apariciones anárquicas suyas, marcó el gol del empate, un empate que hacía justicia al partido que estábamos viendo, aunque de poco servía al Madrid.

Desde ese momento y hasta el final poco pudimos ver. El Madrid lo intentó, pero la desesperación ante la imposibilidad del objetivo de marcar dos goles y el temor ante los contraataques barcelonistas que se adivinaban sirvieron para que el encuentro fuera muriendo plácidamente.

Fue un partido, en definitiva, un partido de fútbol, tan apasionante como el de Copa, y mucho mejor que el de Liga y el de ida, un partido en el que Mourinho sorprendió alineando a Kaká, que decepcionó en su gran oportunidad, e Higuaín, claramente fuera de forma, en dos decisiones que ahora podríamos criticar, pero que todos aprobamos cuando nos enteramos, porque esperábamos la verticalidad del brasileño y el gol del argentino, de lo primero nada se supo y de lo segundo nada contó, por la enajenación mental arbitral.

Las conclusiones de esta serie de clásicos son claras, y pasan por el acercamiento del Real Madrid al Barcelona, con otras armas, pero tan lícitas como las blaugranas, al menos cuando se utilizan para salir a ganar, como en la final de la Copa del Rey y como ayer, aunque criticables cuando se utilizan sólo para contemporizar, como en Liga y el partido de ida. Un acercamiento que se certificará, sin duda, en el mes de agosto, con el regreso de la temporada, el regreso de los clásicos, el regreso de la pasión a nuestras vidas, Barcelona y Madrid jugarán la Supercopa, y todo volverá a empezar.

Eso sí, los amantes del fútbol confiamos en que Mourinho repase más veces el vídeo de ayer y menos el del 5-0, para que comprenda que siendo valiente también se puede estar cerca de la victoria y, al menos, el regustillo final es más agradable cuando no se consigue. Porque, por mucho que se empeñe el portugués, los medios empleados importan tanto como el fin que se quiere conseguir.

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Tottenham 0 - 1 Real Madrid: Sin historia

Escrito por: ruben-sancho-martin el 14 Abr 2011 - URL Permanente

Entre que tres equipos hicieron bien sus deberes en los partidos de ida y que el Chelsease encuentra en un fin de ciclo, con la espesura en el centro del campo como bandera, nos hemos quedado sin partidos de vuelta de cuartos de final, asistiendo a tres espectáculos fallidos que nos han dejado a todos con ganas de más, de más fútbol, ¿de cuatro clásicos, tal vez?

Imitando al Barça el martes, y al Schalke (¡grande Raúl!) ayer mismo, el Madrid se limitó a guardar la ropa, saliendo con el equipo titular pero jugando a medio gas, todos agrupaditos y solidarios atrás, y dejando que algún contraataque, o el portero brasileño del equipo inglés, hicieran el resto.

De la primera mitad sólo nos podemos quedar con la alineación de Marcelo en el centro del campo, aunque ayer, a diferencia de otros días que ha jugado en esa posición, no brilló, como no brilló nadie en el equipo, ni en el partido, pero también nos podemos quedar con Gareth Bale, un jugador de 21 años que, a pesar de que ahora juega de extremo izquierdo, acabará siendo el mejor lateral zurdo del mundo. Sin olvidar, claro está, que Carvalho vio tarjeta amarilla, y se perderá el partido de ida de semifinales ante el Barcelona (¿era un plan urdido por Mourinho para no quedarse sin los dos centrales titulares en ningún partido?, vaya usted a saber).

Los segundos cuarenta y cinco minutos sirvieron para que los cambios madridistas protegieran a los jugadores apercibidos, para que el Tottenham se relamiera las heridas de su inferioridad y de su falta de esencia británica y para que los aficionados comenzáramos a pensar en lo que se nos viene encima, mientras nos llenábamos de satisfacción por ver a nuestro mito más grande, al jugador al que todos los madridistas debemos pleitesía, porque reúne todas las cualidades de la esencia blanca, llegar a las semifinales de la Champions League acompañado de una banda, me refiero, para los apócrifos, a Raúl, por supuesto.

Ahora nos llega el maratón de clásicos, con cuatro partidos fundamentales, cuatro ruletas rusas de las que nadie sabe lo que puede salir, lo que puede suceder. Cualquier pronóstico es válido, cualquier premonición me sirve, yo, por mi parte, me aferro a derrota en Liga, victoria en la final de Copa, y sendos empates en los partidos de Champions, con pase a la final del Madrid. ¡Va una cena!

Real Madrid 2 - 0 Sevilla: ¡A la final!

Escrito por: ruben-sancho-martin el 03 Feb 2011 - URL Permanente

Tanto hace que el Madrid no se veía por estos lares que ya poco importa que se trate de una competición de rango menor, según el punto de vista de los últimos entrenadores que han pisado el banquillo de Chamartín, porque el resolver esa afrenta con la historia y el poder hacerlo contra el Barcelona le da un brillo y un glamour a esta final de Copa que nadie le intuía cuando comenzó la competición.

Y no fue sencillo, porque el Sevilla planteó un partido correoso, áspero, táctico hasta lo enfermizo, dejando el partido muerto durante 69 minutos, ya que la intención de Manzano era clara, llegar a los últimos minutos con opciones, y a fe que lo consiguió.

Aunque en ello también colaboró el Real Madrid, que con Xabi Alonso cortocircuitado por Kanouté, no era capaz de llevar el balón limpio a los tres cuartos del campo sevillista y cuando lo conseguía el cansancio físico de Di María, el mental de Cristiano Ronaldo y la dicotomía existencial de Benzemá (genio y torpe) convertían ocasiones claras en meras aproximaciones sin historia.

Ello hizo que el partido fuera lento, pausado, repleto de calma futbolística, que no de intensidad, y en esas circunstancias apareció, como lleva apareciendo las últimas semanas, un jugador diferente, todo talento, sublime en el toque y elegante en la transición, Özil que en los primeros meses corría detrás de Ronaldo y Di María, pero que ahora ha sabido aprovechar el cansancio de estos para crecer como futbolista y enseñarnos como se juega a esto del fútbol, en una metamorfosis similar a la que ha experimentado Khedira, en otro estilo, pero en las mismas circunstancias.

De la mano de Özil el Madrid trenzó las mejores jugadas y gozó de buenas ocasiones, desperdiciadas casi todas por la versión mala de Benzemá y algunas por Ronaldo, a pase de la versión buena de Benzemá, unas ocasiones que pudieron haber sentenciado la eliminatoria, pero que al fallarse despertaron la ira silenciosa del Bernabeu (sólo el silencio acusador de una esposa enfadada puede ser tan cruel).

Un silencio que se fue mitigando a medida que el Sevilla sacaba delanteros, a partir del minuto 69, como si fuera un plan preestablecido, el Madrid se encontraba con espacios a la contra, y el gol era cuestión de tiempo. Tuvo que ser en el 81, Khedira filtró un pase de calidad al espacio que Özil convirtió en una obra de arte en forma de gol.

A partir de ahí tiempo para la fiesta, el Madrid volvía a una final de Copa y podría tomarse revancha del Barcelona, el Sevilla era incapaz de crear peligro, y Adebayor enseñó con su gol a Benzemá como debe de marcar un delantero centro.

En definitiva, el 20 de abril, en plena Semana Santa, justo después del derbi liguero, tendremos una final que pocos recuerdan en Copa, un Real Madrid-Barcelona, una final soñada por todos y que dejará muy hundido al que pierda para el último tramo de la liga. ¡Una final apasionante!

Publicado en El Librepensador

Real Madrid 3 - 1 Atlético de Madrid: La esencia de la Copa

Escrito por: ruben-sancho-martin el 14 Ene 2011 - URL Permanente

La Copa del Rey ha vuelto a nuestras vidas y promete con quedarse hasta que alguien decida que ya no importa, que es un torneo menor, error sideral en el que han caído cientos de entrenadores llamados de primer nivel pero que no sabían apreciar la belleza de una competición que te puede dar un título con unos pocos partidos buenos. Mourinho así lo entiende, y los madridistas y la Copa del Rey, como competición, bien que se lo agradecemos.

Porque la Copa tiene una intensidad que la Liga nunca pueda ofrecer, la intensidad de la eliminación, la cercanía del precipicio, la importancia de cada gol, por ello los equipos se dejan la piel a cada minuto para encontrar ese gol mágico que de la vuelta a un resultado que parecía imposible, cada uno con sus armas, cada uno con sus posibilidades, pero todos con un mismo objetivo.

Ayer el Madrid fue el Madrid de Mourinho, un equipo veloz, intenso, arrollador y sobrado de talento, un equipo que funciona como un martillo pilón, sus avalanchas de furia atemorizan y al equipo contrario no le queda otra más que esconderse tras las trincheras a esperar que pase la batalla con el menor número de heridos, un número que se minimizó gracias a la soberbia actuación de De Gea, un portero que desconcierta en ciertos momentos, capaz de grandes actuaciones y de fallos clamorosos, cosas de la edad, supongo, pero que ayer anuló tantos ataques madridistas como pudo.

Y eso que todo empezó con un gol del Atlético de Madrid, iniciado en fuera de juego del Kun Agüero, un gol que no fue más que un vergel en el desierto, a partir de ese momento el partido fue del Madrid y el Atlético se vio sobrepasado. Sergio Ramos empató siete minutos más tarde a la salida de un córner, puede que en falta puede que en ofensa por su superioridad física en el salto, y las ocasiones no dejaron de llegar desde entonces.

Özil estuvo inconmesurable, uno de sus mejores encuentros como madridista, grandilocuente en la presencia, excelso en el toque y soberbio en la creación, el alemán sin pinta de alemán, ni en el fútbol ni en su presencia física, se hizo con el partido y el resto de compañeros le siguieron. Suya fue la jugada del segundo gol madridista que Cristiano Ronaldo sólo tuvo que empujar a la red, y que Agüero reclamó por una posible falta previa de Marcelo, y suyo fue el tercer gol en una jugada de mala suerte atlética.

Un tercer gol que marca la frontera entre la esperanza y la desesperanza, entre los sueños de semifinales y la realidad de la eliminación, porque el Madrid puede perder en el Calderón, todo es posible, pero no lo hará por más de dos goles, así que adiós a la Copa, adiós, otra oportunidad perdida.

Y hablando de oportunidades perdidas no podemos dejar de hablar de Benzemá que no jugó mal, pero tampoco bien, y terminó por convencer a la Junta Directiva madridista de que el equipo necesita un delantero, lo confirmó Valdano en los micrófonos de Canal + y el mercado comenzó a tambalearse, todos los nueves del mundo han comenzado a acicalarse delante del espejo a la espera de que les llame algún emisario blanco.

En definitiva, el Madrid ganó bien, con claridad, convenciendo a su afición y dejándose el alma en el intento, ante un Atlético que fue inferior y que se limitará a reclamar la injusticia arbitral basándose en cuestiones peregrinas sin peso específico, porque el arbitraje de ayer no fue ni bueno ni malo, fue del estilo de Mateu Lahoz, un estilo al que puede que en España no estemos preparados todavía.

Real Madrid 4 - 2 Villarreal: Fútbol o Victoria

Escrito por: ruben-sancho-martin el 10 Ene 2011 - URL Permanente

El Villarreal dio una clase magistral de fútbol en el Santiago Bernabeu, ante lo que el Madrid, alumno aventajado en todas las asignaturas, le replicó con otra clase, no menos magistral, de victoria, de las múltiples formas de llegar a la victoria.

Y es que la primera parte del equipo amarillo fue primorosa. Con fútbol de toque y once jugadores jugando a lo mismo, arriba y abajo, ocupando todos los espacios y haciendo que la presión del Real Madrid llegara siempre tarde (¿te recuerda a algo?, sí, al partido madridista en el Nou Camp). Un fútbol que se aprovechó de la superioridad numérica en el centro del campo, el Villarreal tenía cuatro jugadores, Bruno, Valero, Cazorla y Cani, y el Madrid sólo dos, Xabi Alonso y Lass, exactamente lo mismo que sucedió en Barcelona.

Así el Villarreal dominó la primera parte de principio a fin, tuvo ocasiones clamorosas y marcó dos goles preciosos. Sólo la tremenda fe en la victoria de los madridistas y dos acciones puntuales de talento permitieron que el resultado al descanso fuera un injusto empate a dos goles.

Sin embargo, todo cambió en la segunda mitad, y no por fruto del azar. Puede que el Villarreal acusara el partido de Copa, pero la verdadera revolución fue el cambio de sistema de Mourinho.

Cerró con tres defensas, Albiol, Carvalho y Sergio Ramos, y pobló el centro del campo con cuatro jugadores, Marcelo, Di María, Khedira (que salió por un desafortunado Lass) y Xabi Alonso. Ya eran cuatro para cuatro, y el Madrid anuló al Villarreal y empezó a venirse arriba.

Con esta especie de 3-4-2-1, Ramos, Carvallho, Albiol; Marcelo, Khedira, Xabi Alonso y Di María; Özil y Cristiano Ronaldo; Benzemá (imitando al Valencia de Emery cuando juega ante el Villarreal), el Madrid ya llegaba a la presión, ya robaba en campo contrario, ya podía salir al contraataque, y empezó a meter miedo a los jugadores castellonenses.

El público que percibió el toque de carga de caballería que había dado Mourinho empezó a presionar, y que llegara el gol era cuestión de tiempo. Tuvo que ser en un pase de Kaká (que salió por Albiol, pasando Khedira a la defensa y Özil al centro del campo), que intentó cabecear Di María, en fuera de juego, repelió Diego López para que se formara un barullo que Benzemá no supo resolver, pero en el que Cristiano Ronaldo se inventó un gol fantástico, de pura raza, pura intuición y pura genialidad. Suyos fueron los dos goles de la primera mitad, y suyo fue este tercero, todos ellos con marcado estilo de delantero centro, ¿será el luso el 9 que pide Mourinho? No, porque para brillar tiene que venir de atrás, no estar fijando a las defensas.

A partir de ahí Mourinho no tardó en cerrar la puerta, o la ventana, o lo que sea que hay que cerrar en su ideario defensivo tras victoria, sacó a Gago por Benzemá, y recompuso la defensa de cuatro retrasando a Marcelo y colocando a Khedira de lateral derecho.

En una contra llegó el cuarto gol, el más bonito del partido, en un tuya y mía entre Kaká y Ronaldo de muchos kilates, que resolvió el brasileño en su primer gol de la temporada.

Luego el Villarreal tuvo alguna oportunidad ilusoria con un par de faltas en la frontal del área, pero nada había que hacer. Ellos habían puesto el fútbol, pero el Madrid la victoria, fiel a su historia, fiel a su concepto de fútbol, el Madrid nunca está muerto, siempre está a un paso de la victoria, y ayer lo volvió a demostrar.

Bien por Mourinho, por saber leer la inferioridad numérica en el centro del campo y atreverse a cerrar con tres defensas, bien por Kaká en su regreso e incertidumbre en Benzemá, que pareció estar en el equipo equivocado, la furia desatada del Madrid no le va bien, yo creo que estaría más a gusto en el fútbol pausado y educado del Villarreal.

Otra cosa es Cristiano Ronaldo, el típico chulo de barrio al que acabas adorando cuando está en tu equipo por esa tremenda capacidad que tiene para llegar al gol. En ello es el mejor futbolista del mundo, en el resto de cuestiones futbolísticas todavía tiene mucho que mejorar.

Ahora, el derbi, en Copa, un partido que apetece, ¡y mucho!

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Publicado en el El Librepensador

Getafe 2 - 3 Real Madrid: ¡Volver a trabajar!

Escrito por: ruben-sancho-martin el 04 Ene 2011 - URL Permanente

¡Qué duro es volver a trabajar! Recuperar las rutinas tras un período de asueto supone un esfuerzo mental y físico que no siempre ofrece buenos resultados en las primeras jornadas de trabajo, y es que el cuerpo humano se acostumbra con suma facilidad a la rutina del ocio, pero tarda en comprender la del trabajo.

Lo vimos en el partido del Barça, menos fluido que otros días, y lo vimos ayer con el Real Madrid, tan denso como a principio de temporada, y, lo que sólo habíamos visto en el Nou Camp, impreciso en defensa.

El Getafe comenzó el partido disfrazado de equipo pequeño, corriendo y pegando, y el Madrid se aprovechó de ello adelantándose en el marcador como lo hacen los grandes ante los pequeños. Con un penalti dudoso y una filigrana entre Di María, gran pase, y Özil, excelente definición.

El Madrid no había merecido los goles. El balón no circulaba y todas las jugadas de ataque terminaban en tres cuartos de campo de ataque madridista, incapaz de penetrar en el área rival. Sin embargo, los dos goles en contra le sirvieron al Getafe para recuperar su esencia, se olvidó por un tiempo de correr y de pegar, le dio el balón a Parejo y se dedicó a jugar.

Así acorraló al Madrid, que se vio ganador del partido a la media hora de juego, y pudo acercarse en el marcado con un soberbio gol de Parejo, soberbio por su ejecución y por la indolencia de Lass y Arbeloa, el primero con tarjeta, el segundo vaya usted a saber. Reivindicaciones aparte, Parejo demostró que puede tener sitio en el Madrid, pero ¿qué sitio? ¿El mismo que Granero?

La segunda mitad fue una copia de la primera. El Getafe dominaba y el Madrid dormitaba, hasta que Codina despejó mal un balón, este le llegó a Özil, que aceleró la jugada, Benzemá dio el toque de gracia y Ronaldo, Cristiano, no el otro, marcó al más puro estilo delantero centro (ahora volveremos sobre ello).

Ahí pareció terminar el encuentro, y así lo entendió Mourinho, que dio entrada a Kaká, sin tiempo ni balón para demostrar su recuperación, por Benzemá, que volvió a suspender, no por actitud, que ayer sí la tuvo, sino por aptitud, que nadie se la niega, pero que nunca la demuestra.

Pero ese cambio de Kaká por Benzemá nos dice muchas cosas, más de las que un simple cambio puede insinuar. Nos dice que Mourinho sigue sin fiarse de Benzemá, y que se plantea seriamente la opción de jugar con Cristiano Ronaldo de delantero centro, con Özil, Kaká y Di María por detrás, una opción realmente atractiva y que irá tomando cuerpo, o no, en función de la recuperación del brasileño.

Para la anécdota queda el segundo gol del Getafe, en un error de toda la defensa, propiciado, en parte, por la expulsión de Arbeloa y la falta de rigor defensivo de Sergio Ramos y de concentración de Marcelo.

Y es que Ramos debería andarse con ojo, porque Mourinho, que sabe de su tremendo potencial futbolístico, no soporta sus delirios de grandeza y está corriendo grave peligro de destierro sino logra domar a la fiera que lleva dentro.

En definitiva, un encuentro típico de vuelta al trabajo, sin brillantez, aunque efectivo, en el que Di María fue el jugador que más brilló, tanto por su juego como por su esfuerzo incansable, en el que Benzemá volvió a dejar pasar otra oportunidad, y Ramos empezó a cruzar el límite que le puede llevar al banquillo de manera definitiva.

El jueves llega el partido intrascendente ante el Levante, pero el domingo el Madrid tendrá una buena prueba de fuego ante el Villarreal, un encuentro para medir la recuperación real del equipo tras el varapalo ante el Barcelona, que todavía escuece, y mucho.

Publicado en el diario El Librepensador

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Real Zaragoza 1 - 3 Real Madrid: Trabajo Funcionarial

Escrito por: ruben-sancho-martin el 13 Dic 2010 - URL Permanente

Tras la derrota en el Nou Camp la amargura se ha apoderado del juego madridista, como si la incapacidad para conseguir algo más que ser segundo, tras el Barça, le haya robado la alegría y las ganas de agradar, en un paralelismo atroz con la amargura existencial del tópico funcionarial.

El equipo corre igual que antes, eso no se lo podemos negar, pero ya no es el rodillo con el que nos habíamos ilusionado, el equipo sigue marcando goles, irrefutable, pero los marca por la inercia de su talento, y el equipo sigue ganando, ahí están los datos, pero la derrota con el Barça sigue pesando como una losa.

Ayer, ante el Zaragoza, marcó tres goles, tres, pero ninguno por merecimiento, todos por talento, puro talento. El primero fue una obra de arte de la delantera blanca, un ejemplo de cómo llevar a cabo un contraataque.

La jugada empezó por la derecha, Cristiano Ronaldo la mejoró con un taconazo soberbio a Marcelo que subió la banda izquierda, Benzemá se llevó a los defensas y el brasileño le pasó el balón a Özil que llegaba por la banda derecha y que marcó el gol con el talento por bandera.

El segundo gol fue la mejor falta lanzada por Cristiano Ronaldo desde que está en el Madrid. Sin dudas sobre la actuación del portero, sin preguntarnos si la barrera estaba mal colocada, nada de nada, un gol a la misma escuadra, un gol para enmarcar, de esos que formaran parte del currículum del luso para siempre.

Y el tercero fue un gol clásico de este Madrid, Xabi Alonso envía un balón preciso al espacio, allí que apareceDi María y bate en vaselina al portero zaragocista. Tres goles, tres, como tres soles, a cada cuál más hermoso, pero nada más bajo el sol de Zaragoza.

El equipo jugó con una suficiencia que no se puede permitir porque todavía tiene que recuperar el crédito que perdió en tierras barcelonistas. La defensa estuvo sólida, como siempre, y sólo permitió un gol en un penalti dudoso que transformó Gabi.

En el centro del campo, Xabi Alonso estuvo algo desaparecido, más en labores de intendencia ante la pusilanimidad de su delantera, mientras que Lass acabó por ganarse el puesto, mandando a Khedira a galeras a remar, gracias a un partido soberbio, robando y tocando, en incluso llegando a la portería (¡ay, si este chico tuviera la cabeza bien amueblada!).

Los de arriba sin destacar, ninguno. Özil, intermitente, Di María, algo perdido, Cristiano Ronaldo, embarullado, y Benzemá, sin sangre. A los tres primeros poco se les puede reprochar, ya se tienen ganado el puesto y encima marcaron un gol cada uno, pero el francés, una vez más, volvió a perder otra oportunidad.

Estuvo desasistido, no lo voy a negar, pero cuando recibió balones en ventaja pareció estar pensando en su mundo en lugar de comerse el balón para recuperar un puesto de titular que era suyo cuando fue fichado, pero que, poco a poco, ha ido perdiendo en manos de Higuaín.

Una buena terapia sería, sin duda, mostrarle el vídeo de los primeros años del argentino en el Madrid, para que comprendiera lo que es el hambre, la ambición y las ganas de ganarse un puesto en el equipo.

Algunos analistas le siguen comparando con Ronaldo, pero me temo que eso es mucho comparar, y a mí cada vez se me parece más a Anelka, un jugador de un potencial sólo comparable a su indolencia.

En definitiva, el Madrid cumplió con el expediente de la victoria en campo del colista y luego disfrutó con el juego del Barcelona en el partido de Canal Plus, encuentro que pocos madridistas se atrevieron a ver para evitar comparaciones, siempre odiosas.

Publicado en El Librepensador

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Contracrónicas de fútbol (Real Madrid, España)
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