Crónicas Raulianas
Ciudad Real campeón de la Liga ASOBAL
El partido ha sido durísimo, dado que para el barcelona ésta era la última bala que le quedaba en la recámara para no completar un año en blanco. La lección la tenían bien aprendida, sabían que la única manera de frenar a los colosos manchegos era utilizando un juego duro, en ocasiones incluso violento. En el primer ataque, el ex-jugador Xepkin atizó un puñetazo, dejando claro como se desarrollaría el resto del partido. Dado que Xepkin no fue ni tan siquiera amonestado, los jugadores catalanes siguieron dando directos, ganchos y todo tipo de suertes boxísticas, hasta que el madrileño Demetrio Lozano decidió noquear a un rival a dos metros de uno de los colegiados, al cual no le quedo más remedio que mostrarle la tarjeta roja.
Durante cuarenta minutos la táctica de los blaugranas dio buenos resultados, dado que el Ciudad Real se veía impotente para penetrar en la maraña defensiva montada por Manolo Cadenas, gracias, en buena medida, a que los árbitros no hacían nada para frenar el juego violento de Xepkin y Noddesbo.
En el minuto 5 la tragedia se mascaba entre la parroquia local. El Quijote Arena enmudecía cuando los catalanes se escapaban en el marcador de cinco goles. Zorman estaba en estado de shock, perdiendo balones de manera incomprensible. Sólo Sterbick mantenía a flote nuestra nave...
.....y entonces, no se sabe muy bien como, la avalancha manchega cayó sobre los catalanes, en tan solo tres minutos el Ciudad Real endosó un parcial 5-0, gracias a que Don Alberto Entrerrios, mi vecino, decidió dar un golpe en la mesa echándose el equipo sobre sus anchas espaldas.
La afición ansiosa de buenas noticias, enloqueció ante la reacción blanca, y tras unos minutos de igualadas, Jonas Kallman, mi otro vecino, dio la puntilla definitiva al Barça con varias acciones de gran mérito. Kallman se convertía de esta manera en la gran bestia negra de los catalanes, ya que hace una semana un gol suyo en el último segundo también decidía la Copa del Rey.
Los cinco últimos minutos sirvieron para que todo el público enfervorizado entonase el "campeones, campeones" por cuarta vez esta temporada.
Al terminar el encuentro, todo el Quijote Arena coreo el himno del Club al unísono mientras ondeaban las banderas y bufandas de los miles de mancheguitos congregados. Para todos los que sentimos como propio este Club fue un momento mágico, era nuestro particular "You´ll never walk alone". La piel se me puso de gallina.
Cuatro de cuatro, el Domingo espera el Kiel alemán para dirimir la supremacía Europea.
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