y los sueños, sueños son
Alegrías y desgracias personales sobre el verdadero sueño: el club Atlético de Madrid
Tour de force
Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesita aprender” (Charles Dickens)
¡Qué pena! (o como mentir con la verdad)
El golpe
Había pasado apenas medio día desde la noche anterior y todavía no estaba repuesto de la decepcionante última jornada del periodo de fichajes de este año. Un periodo de fichajes que como los de casi todos los años había estado cargado de rumores, oscuros chivatazos de la prensa o ambiguas promesas que culminaban en ese esperpéntico final que dejaba todo como al principio… o no. Estaba todavía aturdido por los estúpidos alardes de grandeza por parte de bufones y tropas imperiales de la directiva o abrumado con las kafkianas explicaciones de los propios cerebros de la operación que incluso pocas horas después de ser vapuleados con saña en el primer partido de liga seguían sacando pecho, cuando me topé de repente con la increíble noticia de que el Club Atlético de Madrid había vendido al Everton inglés al “bueno” de Heitinga, el pseudo-lateral derecho titular de un equipo sin laterales derechos, por un montante que era tres millones de euros menor de lo que había costado un año antes. En ese momento empezaron a sonar en mi cabeza los inmortales acordes de Marvin Hamlisch mientras componía la escena final de este drama por entregas que hemos sufrido en el que los protagonistas se levantaban de un suelo de mentira, se limpiaban la sangre falsa pegada al cuerpo y se reían a mandíbula batiente felicitándose por el golpe redondo que acababan de dar. Ahí estaba el anti-Robert Redford de Enrique Cerezo limpiándose el polvo de esos pequeños insultos que apenas ensuciaron su camisa estrechando la mano y felicitando al anti-Paul Newman y gran cerebro en la sombra que es MA Gil que en ese momento salía de su garita postiza en la que había estado (y siempre está) recluido. Mientras los allí presentes, palmeros y eunucos del tándem Gil/Cerezo con trajes de raya diplomática, se abrazaban con cariño y brindaban con champagne (probablemente robado) el aficionado al Atleti salía de aquel tugurio cabizbajo y renqueante siendo incapaz de entender nada. Una vez más había sido robado con nocturnidad y alevosía pero no podía decir ni hacer nada porque todo se había perpetrado con maestría y el mundo entendía que el único culpable si acaso era el propio aficionado colchonero. Chapeau!
La temporada anterior concluía con un cuarto puesto in-extremis que daba pie al fabuloso golpe que estaba por venir y mientras por el camino se tapaba con barniz maloliente las salidas por la puerta de atrás de Seitaridis y Maniche, lateral derecho y mediocentro internacionales que se habían reído del club, que se habían llevado unos cuantos millones de esos que no hay pero que dejaban también dos huecos importantes en la plantilla titular, los objetivos de los cabecillas que dirigen el club iban por otros derroteros que poco tienen que ver con cubrir huecos o con la plantilla (¿Plantilla? ¿Qué plantilla?) Bastaba completar el largo y cálido verano con rumores sabiamente filtrados y con valoraciones dinámicas que fluctuaban según la situación de la opinión pública (que no del mercado) tapizando siempre todo con el socorrido San Benito de la crisis mundial galopante que afectaba a todos los estamentos de la vida incluido el fútbol e incluido por supuesto el Atlético de Madrid. Mientras los vecinos demostraban que las crisis son para los que tienen nómina, pagan impuestos o están bajo el amparo de la ley, los dirigentes colchoneros se plantaban en la línea de salida, renovaban todos los abonos posible con cantos de sirena, hacían caja de forma indigna aprovechándose de los abonados en el momento más crítico del año y diseñaban con fervor la tramposa trama. Sin bajarse de la burra de la crisis y de la gran plantilla que estaba en Champions los jugadores recuperados que no contaban al principio (porque no contaban) pasaron de poder dejar unos dineros que gastar, a ser los “mejores” candidatos para apuntalar el equipo y acabar siendo los grandes fichajes del verano. Estamos hablando de gente como Valera, Cléber, Reyes, Jurado,… tipos que ya fueron rechazados una vez por malos y que nadie en el marcado quiere tener. El final de la película ya lo conocen ustedes y no hace falta repetirlo. Basta matizar que culmina con la huida de un jugador titular en un equipo que juega la Champions League a un equipo que no juega en la máxima competición europea y que está en la parte baja de la tabla. Por algo será.
¿La crisis lo explica todo? Yo creo que no. Es difícil de entender la operación de la peineta si a día de hoy no deja un duro para fichajes y seguimos teniendo una deuda reconocida de 150 millones de euros. Es difícil entender también como no tenemos dinero de la televisión, cuando además no se puede ver al equipo televisado gracias a un contrato leonino que se supone que el club ya ha cobrado, igual que es difícil de entender que el equipo tenga que jugar Champions, hacer una buena campaña en cuanto a ingresos y vender los 45000 abonos para que el balance sea cero. Es también difícil creer a Cerezo cuando dice que son ellos los que se juegan su dinero cuando nos están vendiendo cada vez que tienen oportunidad eso de que si no se ingresa no se gasta que es lo mismo que decir que no piensan apostar ni un duro de su propio patrimonio. No me creo lo de la crisis justificadora de todo pero me lo creo menos comparándonos con el resto de equipos (todos ellos reforzados con más inversión y mejor criterio que nosotros).
Aún estando como estoy acostumbrado a los desmanes de esta pareja de estafadores reconozco que este nuevo remake de El Golpe me ha dejado sin palabras por lo elaborado de su argumento, la desfachatez de sus protagonistas, el miedo que me produce el resultado y la insultante connivencia de los “notarios de la realidad”. Está claro que a estas alturas de película este que escribe ya tiene pagado su abono completo (incluido el eufemístico “abono total”) y que la sensación de gilipollas es tan grande como el cabreo que vive en mis entrañas pero me temo que todo ello no pasa de ser una mera anécdota cuando cada vez es más evidente que los días con vida de este club, definitivamente y por mucho que me niegue a reconocerlo, están contados.
Una lástima que el anti-Paul Newman de MA Gil no pueda decir lo mismo que su alter-ego, aquello de “mañana volveré a ser el hombre más buscado del país” pero eso es lo que tenemos.
Bye, Bye Blackbird
El Atlético de Madrid acaba de empezar la temporada y yo sigo mirando al infinito, ese infinito que termina en un misterioso pasado que a veces dudo que hubiese existido. Dicen los gitanos que ellos no quieren buenos principios y habrá que aferrarse a esa particular creencia zíngara aunque es una creencia en la que nunca he creído. Especialmente cuando este aparente principio no es más que la continuación de un descerebrado viaje al vacío. El Atlético de Madrid acaba de comenzar la temporada en un comienzo que no puede ser más desalentador. Mientras el deporte rey se desangra a cada minuto dejando un cadáver mediático, brillante y millonario, que ha transformado la pasión de muchas almas en una partida entre dos carnívoros poderosos que juegan con la cartas marcadas, mientras el entorno se ha transformado en un circo mediático que ha asesinado definitivamente el tierno feto del mítico periodismo para abrazar con fervor los parabienes del capitalismo más descarnado y mientras un vecino mafioso, ruidoso y mal educado se dedica a vender millones de paquetitos de felicidad adulterada a 90 euros por camiseta y a tanto y tanto perdedor sin más sueño al que aferrarse en la vida que el de una mentira de sabor artificial que ha sido cocinada por tipos sin escrúpulos, el Atlético de Madrid decide tirar la toalla y aceptar con resignación su modesto y patético lugar en este casposo vodevil. El modesto y patético lugar que injustamente los nuevos dioses del circo le han asignado.
Llámenme pesimista si lo desean, no les falta razón y sin duda tienen razones para ello, pero sinceramente en este caso me uno a lo que dijo aquel de que no existen los optimistas sino los pesimistas mal informados. No hay un duro dicen, ya lo sé, pero ni lo hay ni nadie nos lo prestará nunca a diferencia de otros. No lo hay porque los tipos que llevan años y años esquilmando el club cada vez tienen menos muebles que hipotecar y nadie nos presta nada porque esos mismos tipos tienen una fama podrida que se han ganado a pulso. La situación no es nueva y no veo nada que me haga pensar que va a cambiar. En el momento en el que todos los niños de la clase pegan el estirón nosotros nos ponemos enfermos y nos quedamos pequeñitos.
En más de tres décadas de forofismo atlético no recuerdo un inicio de temporada tan frío, tan falto de ilusión y tan desmotivante como este. No sólo es cuestión de echar una ojeada a la lista de “flamantes” fichajes con las que se ha presentado el equipo, básicamente un señor con la prejubiliación en la mano y algún tierno adolescente que encima no es de Moratalaz como prometían sino de algún barrio perdido en Uruguay, pero aunque pasar la vista por los nombres que conforman esa lista es algo tan triste que casi es mejor posarla a un centro de rehabilitación para ver algo más alegre, el resto de la situación es lo verdaderamente triste. Si escuchas además hablar del futuro al personaje que lleva un par de años desprestigiando el cargo de director deportivo en nuestro equipo la tristeza se transforma en angustia o en tenebrosa pesadumbre. Este insultante sujeto de acento levantino se desmarcó la semana pasada diciendo que era “casi imposible” que el equipo fichase este año un mediocentro creativo, una necesidad imperiosa del equipo no sólo de este año sino desde hace tantos años que ya no recuerdo cuando empezó. El “carismático” profesional se quedó tan tranquilo al decirlo demostrando el mismo conocimiento del espíritu atlético como respeto por los seguidores del equipo que tan bien le paga. “lo que tenemos nos vale”, dijo. Eso si, ni un átomo de vergüenza por presentamos en el inicio de pretemporada sin porteros (aunque parece haber un quinceañero en ciernes pagado en especias a precio de platino), con siete u ocho centrales (debemos tener el record guiness), ni un sólo lateral de garantías, mil cuatrocientos mediocentros defensivos (y los que están por llegar) y ni un sólo tipo de esos que dan la pelota hacía adelante, ni siquiera de entre los que vienen de la recuperada cantera. El mejor regalo que nos depara el futuro, al parecer, es mantener la plantilla del años pasado (esa que hizo una temporada de mierda, ¿recuerdan?), reforzada por tres o cuatro brindis al sol, un señor de 33 años que viene de un equipo en segunda, el caradura de Reyes riéndose hasta de su propia sombra y una cantera desprotegida, vapuleada y maltratada desde hace milenios. Eso si, siempre nos quedará la inteligencia emocional y la sonrisa de Enrique Cerezo.
El Atlético de Madrid pierde el tren de la realidad y me temo que no habrá forma de volverlo a coger. El mundo del fútbol lleva casi diez años cambiando hacia otra cosa y nos hemos quedado en la cuneta. La fraudulenta herencia del inefable veterinario no ayudó, la misteriosa bajada a segunda tampoco, la peor gestión de la historia del fútbol sin duda es una dificultad respetable al igual que lo son las corruptelas y tejemanejes de los mismos protagonistas de antes pero sea como sea el tren se va. El tren se va y me temo que lo hace para siempre. Los dueños ilícitos no van a hacer nada para remediarlo, los medios de comunicación tampoco (de hecho todo lo contrario) y la afición mayoritaria, esa que es nueva, complaciente, agradecida y coherente con la filosofía que marca el tandem MARCA-De la Morena, tampoco. Podemos seguir escribiendo epístolas a la elegía o cánticos en verso a las leyendas del pasado pero la realidad es esta: probablemente menos del 5% de los abonados del Atlético de Madrid o de los tipos que se declaran atléticos y compran los partidos en PPV entran webs o blogs independientes. La inmensa mayoría de la afición rojiblanca se reparte entre los que hace años tiraron la toalla de forma irrevocable y los que asumen la realidad como algo que tiene que ser así sin pensar en ello. Mientras nosotros nos sacamos los ojos por una tilde mal puesta el aficionado medio se toma la papilla del nuevo orden. Mientras nosotros nos desgastamos en donde colocar la línea de salida de nuestra “temible” revolución de seda MA Gil está en algún yate preocupado por cosas más “importantes” que el Atlético de Madrid, Enrique Cerezo se ríe del mundo y sus circunstancias y la mayoría de atléticos se tragan el telediario con las novedades al respecto del riñón izquierdo de Cristiano Ronaldo.
Bye, bye, Blackbird...
Fin de fiesta
Ayer terminó en el Calderón la temporada 2008-2009 para el Atlético de Madrid y lo hizo, muy a pesar de la estirpe de presuntos periodistas que tienen raptado el periodismo deportivo y que lejos de apelar a sus escaso talento son incapaces de escaparse del tópico manido, sin nervios, sin agobios, sin sorpresas y con la única épica de ver un estadio lleno hasta la bandera, gritando, animando en su equipo y celebrando el éxito menor de la cuarta plaza y el éxito mayor de uno de sus ídolos. Éxito que por cierto tendríamos hasta en la propaganda electoral de los partidos frikis si Diego Forlán vistiera otras camisetas más galácticas. Con el 3-0 frente al Almería terminaba una temporada larga, rara, complicada y en la que en ningún momento el equipo se ha sentido sereno, sólido o a gusto. Una temporada para olvidar desde mi punto de vista. Una temporada en la que se comenzó improvisando y en la que se terminó de la misma manera porque al fin y al cabo como decía Confucio basta estudiar el pasado para pronosticar el futuro.
El ambiente era fantástico, increíble, era el ambiente de las grandes noches del Calderón. El equipo sin embargo salió atenazado por los nervios que no significa temeroso ni asustado ni venido a menos. Salió atenazado por la responsabilidad de no estropear la fiesta pero la sensación duro apenas los diez minutos iniciales. A partir de entonces, sin que el Atleti se hiciese todavía con el control del partido, el aspecto fue diferente, el balón volvió al césped y a estar lejos de las áreas lo que de momento tranquilizaba al respetable. Pero mientras los colchoneros se estiraba, se desperazaban y empezaban a entrar en el partido apareció el inagotable talento del Kun Agüero para adelantar el final y para sacarse un gol de la manga que levantó como resortes a los más de 50000 espectadores que allí estábamos. El Argentino recibe el balón en el lateral derecho del área almeriense, regatea en una baldosa a un par de rivales y saca una de esas piernas prodigiosas que ponen el balón en la red y el uno en el marcador. Corría el minuto 20 y el partido había acabado.
Había acabado porque a partir de ese momento no existió más equipo en el campo que el Atleti. Se hizo dueño del balón, del ritmo, del ambiente, del juego y del espíritu. La grada también ayudo con ese incansable grito de guerra que una y otra vez provocaba el Fondo Sur y que ayer si coreaba el resto del estado. Los jugadores, a diferencia de tantas y tantas veces, ni se dejaron verse afectados por el ambiente, ni sufrieron la presión ni sintieron el relajo de verse por encima del marcador y siguieron metidos en el partido hasta el minuto final. Hasta las jugadas a balón parado volvieron a ser una realidad en el Calderón y el “bueno” (por decir algo) de Raúl García remato un buen cabezazo que suponía la tranquilidad del 2-0 con el que se llegó al descanso.
La segunda parte resultó ser una balsa de aceite. El equipo seguía manteniendo en el terreno de juego el estilo y la entrega que nos ha llevado hasta este punto en ese final de temporada glorioso y que como una alegoría se podía ver en la cara de Abel, serio y concentrado. Existió algún desajuste defensivo y alguna que otra ocasión de los andaluces pero todo terminó de finiquitarse con el enésimo zurdazo sobre humano desde su continente del uruguayo Forlán que subía el tercer gol al marcador, el número 32 a su cuenta particular (¡32 goles!) y la certeza de que el rubio charrúa sería el flamante bota de oro de esta temporada. A partir de ahí la celebración de la clasificación para la previa de la Champions, cánticos reivindicativos (“abeel, abel ,abel, abel...”), la ola dando vueltas, los himnos en el ambiente, el premio de la ovación a Forlán, ... en fin, el fin de la fiesta.
Hoy quizás no sea el momento y ya tendremos tiempo de teorizar sobre el futuro, la planificación, los descartes, el criterio de club, los desastres pasados, los errores de los que no aprendemos, la impertinente espada de Damocles de la prensa deportiva, las estupidez congénita de nuestros dirigentes incluso horas antes de jugarse toda la temporada en un partido, de fichajes, de los que tendríamos que traer, de la perenne crisis institucional, de Abel, de los enemigos de Abel y en definitiva de como debería ser el Atleti del futuro, Eso si, espero que los que tienen las riendas de este carro no adopten la misma actitud porque en esto estoy con Albert Einstein cuando decía que él no pensaba en el futuro porque este llega muy pronto y no le daba tiempo.
Gracias Forlán
En esto del fútbol hay partidos, los partidos importantes, en los que el fútbol es precisamente lo de menos. En estos partidos hay que morder, sudar, sufrir pero sobre todo ganar. Por lo civil o por lo criminal. Hoy era un partido de esos, de esos que da gusto jugar como jugador (y si no es así es mejor que te dediques a otra cosa) y que como aficionado se sienten con esa extraña pero adictiva mezcla de alegría y sufrimiento que a muchos nos hace repetir insistentemente año tras año. El Atlético de Madrid de las últimas tres temporadas, con ese entrenador de cuyo nombre no quiero acordarme, había tomado por costumbre salir a este tipo de partidos escondido, automutilado y temeroso hasta de si mismo. Esa actitud tan valiente nos había llevado a perder todos los partidos de estas características que disputábamos. Los grandes de rivalidad emotiva nos vapuleaban, cualquiera nos eliminaba en cualquier competición cuando la cosa se ponía seria y nosotros nos acostumbrábamos en nuestro asiento a esa mentalidad de plastilina que tan buenas ruedas de prensa les brindó a los periodistas. Pero las cosas cambiaron hace unos meses, sin duda para bien, y a una actitud y mentalidad renovada trajeron resultados significativos y una imagen decente que no terminaba de borrar esa incertidumbre que sin embargo parece poco a poco difuminarse en este gran final de temporada.
Porque está siendo un gran final de temporada. Puede que no lo sea en juego pero si lo es en eso que últimamente hemos reclamado hasta la extenuación a nuestro equipo: espíritu, compromiso, ambición y entrega y así, mientras un par de sinvergüenzas como Maniche o Seitaridis abandonaban un vestuario del que hace mucho tiempo deberían haber desaparecido un tipo curtido, uruguayo y excelente jugador de fútbol se echaba a la espalda no sólo al resto de sus compañeros y no sólo al equipo que le paga sino también la historia de una institución que probablemente desconoce. Estamos a falta de sacar un punto en la última jornada para clasificarnos en la eliminatoria previa de Champions, el único objetivo del que se ha hablado en este club, y eso era algo difícil de creer no hace mucho. Gracias Forlán.
Esa engañosa guerra del fútbol que se dirime entre monopolios pseudo-progresistas está consiguiendo situaciones ridículas que unas veces hace las delicias del espectador y otras como la de hoy provoca urticaria en la corteza cerebral de los mismos. Esa solemne gilipollez del multifútbol es un bochornoso engendro televisivo que sólo puede interesar a los aficionados al fútbol que no lo son de ningún equipo. Algo que por cierto no sé si existe. En un día como hoy donde todo el mundo se jugaba algo a la misma hora hacer un carrusel televisivo chungo y en diferido es una estupidez digna de los iluminados que tienen secuestrada la creatividad de la televisión patria. El problema en el cuadro de estulticia se completa además si tenemos en cuentas que esta bufonada de las pantallitas impedía que los mismos partidos se pudiesen ver en PPV de modo que la única forma de ver el partido del Atleti (y tantos otros) era recurrir a Internet. Tampoco fue fácil y tomó un tiempo, pero una televisión quatarí me dio la oportunidad.
Afortunadamente los tradicionales minutos de tanteo iniciales en estos partidos se prologaron hoy 45 minutos y no me perdí nada en la búsqueda por la red. El equipo salió concentrado y metido en lo que se jugaba pero encorsetado y algo entumecido. El Athletic no llegaba con peligro pero el Atleti no conseguía tampoco estar cómodo en el campo ni controlar en ningún momento el juego. Apenas un par de llegadas del Kun, la más clara un cabezazo a pase de Pernía, fueron todo el bagaje ofensivo de los madrileños y de los Bilbainos. La lucha se dirimía en el centro del campo con más músculo que cabeza y a medida que pasaban los minutos la desesperación llegaba para los nuestros lo que permitió al equipo vasco coger más el balón y hacerse con las riendas del partido aunque antes de que el agua llegase al río acabó la primera parte.
Pero el Atleti no espabiló tampoco en la segunda sino que bien al contrario salió al campo con una especie de pájara con bastantes similitudes de aquellas de antaño y que agradeció el Athletic para hacerse definitivamente con el partido. Empezó a llegar con criterio y peligro además de hacerlo de forma continuada. Fueron los mejores minutos que dejaron varias oportunidades claras de Llorente especialmente una en la que sólo delante de Leo Franco cerca del área pequeña envía el balón fuera. Merecía el gol el Athletic pero por aquello de que el fútbol es injusto para todo un remate raro de Pernía deja un balón muerto que cae en las botas de Raúl García y este colocaba el balón dentro de la portería. El gol no le sirvió al Atleti para asentarse ni al Bilbao para tirar la toalla porque el guión permaneció inalterable tras el gol y claro, tanto va el cántaro a la fuente que Etxeita decidió conectar un cabezazo y empatar el partido.
En ese momento llegó para mi la clave y lo que personalmente más me gustó. El Atleti pareció entonces entender lo que se estaba jugando y decidió cambiar de marcha e irse a por el partido. Primero a base de músculo y concentración en la presión y después con el talento de una de las mejores parejas de delanteros del mundo. Así, en una jugada trenzada sin mucha limpieza pero que deja el balón dentro del área aparece el Kun para meter la puntera e intentar llevarse el balón entre dos contrarios (y recibe penalty en mi opinión) cosa que no consigue aunque el balón sale rechazado a la frontal. Por allí pasaba Diego Forlán para sacar a relucir esa pierna izquierda prodigiosa que engancha con un zurdazo imparable. 2-1. Pero el Atleti no frenó. Siguió jugando exactamente igual y cinco minutos más tarde vuelve a perforar la portería contraria finiquitando el partido. Agüero, el más listo de la clase, llega primero a un balón bombeado dando un prodigioso pase a Forlán que se lleva el balón de cabeza como un cohete, se mete en el área y marca. Fin del partido. El árbitro se inventó un penalty que servía a Forlán para reforzar su recién estrenado pichichi y poner el cuarto en el marcador pero lo que pasó desde ese tercer gol hasta el final debería quedar en el registro de la anécdota.
El equipo lo tiene en la mano. Basta un empate frente al Almería con un Calderón lleno para estar el año que viene en la fase previa de Champions. Cerremos el curso y empecemos a soñar con criterio por cosas grandes.
¡Qué noche la de aquel día!
Hay momentos en la vida que se quedan grabados en la memoria colectiva hasta el punto que todo el mundo recuerda años después donde estaba cuando ocurrió. Todo el mundo recuerda donde estaba y como vio el famoso 12-1 a Malta o el más reciente gol de Fernando Torres en la final de la Eurocopa. Los Atléticos tenemos ya un buen nutrido puñado de gestas épicas o momentos emotivos pero la noche de hoy pasará por méritos propios a esa bonita lista y yo he tenido la gran suerte de haberlo vivido en el Vicente Calderón.
La noche se presentaba rara y complicada después de una semana enfangada por periodistas y gurús de este club, ninguno de los cuales conoce al Atlético de Madrid, insultando a la afición colchonera con sus estupideces y poniendo en tela de juicio la entrega y fidelidad de unos seguidores que nunca jamás abandonan a su equipo. Como no podía ser de otra forma la afición animó al equipo desde el primer minuto como suele ocurrir domingo tras domingo pero el equipo que estaba en el césped no correspondió ni con juego ni con entrega como desgraciadamente también suele ocurrir. El Español salió mejor plantado, con más mordiente y teniendo el balón. Como nos pasa en casi todos los partidos últimamente el rival tenía el punto de más que le hacía llegar a los rechaces primero, marcar el ritmo, poner la dinámica, etc, etc,.. Aun así el partido era feo y espeso. El Español controlaba con más criterio y agilidad en el juego frente a un atleti sin centro del campo (lo de Raúl García es directamente lamentable) demasiado largo, lento y espeso. No había aparente peligro (un par de llegadas por cada bando sin peligro) y el partido estaba clavado en ese lugar donde nunca pasa nada hasta que llegó pasada la media hora la jugada clave del partido. Perea se deshace de su par de forma trabada quedándose con el balón mientras Chica se queda en el suelo doliéndose. El árbitro no pita falta pero al quedarse el jugador españolista en el suelo para el partido, va hacia allí con las tarjetas en la mano (prometo que pensé que expulsaría al jugador del Español) y al ver la sangre decide echar del campo a Perea. Perea había golpeado con el codo a su rival de forma desconsiderada (nueva torpeza de un defensa del atleti) pero el árbitro no lo había visto. Lógicamente el Calderón se encendió ante lo que entendía una injusticia y vio aparecer de nuevo los famosos fantasmas, fantasmas que se vistieron de negro cuando minutos mas tarde el mismo colegiado (valenciano para más inri y para alimentar suspicacias) decidía señalar pena máxima por una entrada sin sentido del indultado Pernía. Sinceramente no sé si llega a tocar el balón o no pero un defensa de primera división no puede entrar con esa aparatosidad en su propia área. La enésima torpeza de Pernía provocó que Nené pusiera el 0-1 con una buena ejecución del penalty correspondiente.
El Atleti no levantó la cabeza tras el gol sino que volvió a meterse en esa dinámica decadente a la que nos tiene acostumbrados en la que todos se esconden, se preocupan de cosas parafutbolísticas y demuestra su latente falta de personalidad como equipo. En mitad de esa pájara el Español aprovecha el tradicional fallo defensivo del los colchoneros para hacer el 0-2 en un gol casi de chiste. Lo de siempre: balón parado mal defendido, rechace y el balón llega en el segundo palo a un jugador rival que está sólo (no hay fuera de juego porque viene de un jugador del Atleti). Y así, con el dominio de los catalanes, la desesperación de la grada y la incapacidad de los jugadores se llegó al descanso.
Un niño que estaba muy cerca de mi en la grada le decía a su padre que todavía podíamos remontar pero éste le quitaba la ilusión diciendo que eso era imposible. En ese momento un señor mayor que se sienta delante de ellos y que nunca dice nada se dio la vuelta y le dijo al crío que eso no era verdad, que estos jugadores quizás no fuesen capaz de remontar un partido como este pero que este equipo, el Atlético de Madrid si que era capaz de ello. De ello y de mucho más. Lo dijo con orgullo y con rabia y entonces fue cuando me acorde de porque soy seguidor de este equipo y tuve un agradable presagio...
Porque la segunda parte empezó pareciendo otro partido jugado por otros equipos. El Español no sé si por exceso de confianza (su afición había acabado la primera parte gritando olé a cada pase), exceso de conformismo o aturdido por el empuje colchonero pareció una caricatura del equipo que vimos en la primera parte. El Atleti...¿qué quieren que les diga? Pareció por una vez de esos equipos de los que te enamoras y te sientes orgulloso. Liderados por un magistral Forlán, secundados por un voluntarioso Agüero y contenidos por un cada día con más peso en este equipo Asunçao tiraron de un equipo roto anímicamente y con un jugador menos hasta convertirlo en una escuadra loca, agresiva, veloz, ambiciosa y empática. Lo del uruguayo Diego Forlán es digno de estudio y reconocimiento. Llevo toda mi vida viendo fútbol pero me parece unos de los mejores jugadores y mejores profesionales que han correteado por este césped. Él fue quien se echó el equipo a la espalda y él fue quien contagió ese espíritu al resto del equipo. Cuando antes de los primeros diez minutos decidió sacar a relucir esa prodigiosa zurda, su pierna “mala”, para sacarse un violentísimo disparo prácticamente desde la catedral de la Almudena que Kameni sólo intuyó cuando vio el balón dentro de su portería, los atléticos pensamos en parafrasear al señor Obama y dijimos: yes we can.
A partir de ahí el partido de desarrollo con uno de esos estilos de fútbol que se denominan de épico. El Atleti con diez se fue hacia arriba sin especulaciones ni estupideces de esas que hacen de este deporte algo muy aburrido y con ello la afición se entregó como una jovenzuela con su primer amor hasta conseguir esa comunión perfecta que tanto envidian en otros lares. Las ocasiones se sucedían (Heitinga, Simao,..) envueltas en el poderoso trino de una afición vejada horas antes hasta que Pernía decidió poner un balón raso en el área (algunos lo llaman centro-chut) que Agüero recogió para colocar el 2-2 en el marcador y el delirio en las gradas. Desde ese momento hasta el minuto 80 los aficionados vivimos una preciosa y divertida epifanía con un equipo, el madrileño, que finalmente se dio cuenta de que sólo tenía que buscar en su interior para encontrar el espíritu que necesitaba. Sólo necesitaban darse cuenta del escudo que llevaban pegado al pecho para que todo encajase como un puzle sideral.
Las ocasiones claras se sucedían (Ufalusi, Heitinga de cabeza, Agüero, Forlán,...) mientras los jugadores ofrecían un generoso derroche de fuerza, ganas y energía que todos sabíamos que era finito y que en algún momento se acabaría. Pero el merecido gol no llegaba y las fuerzas empezaban a flaquear lo que permitió estirarse al Español varias veces para poner el susto en las gradas. En ese momento todos los aficionados ya estábamos enamorados de este equipo y hubiésemos perdonado cualquier cosa que hubiese pasado. Incluso con una derrota hubiésemos salido orgullosos de ser el Atleti. Hoy si.
Pero por una vez el destino fue justo. Cumplido ya el minuto 90 Simao decide meter un excelente balón a Diego Forlán que incluso con calambres en las piernas (hacía varios minutos que ya no podía más) un tipo que tiene el gol grabado a fuego en el cerebro consiguió regalarnos una noche maravillosa a los atléticos marcando el 3-2 que mostraba el marcador al final del partido.
Señoras, señores, después de muchos meses, sinsabores, estupideces, mentiras, errores y disgustos... hoy hemos vuelo a ver al Atlético de Madrid. Ha sido precioso.
Spectrum-Fútbol Manager
Uno que pertenece a esa generación que vio nacer el mundo de la informática, las telecomunicaciones y los video-juegos es de esos afortunados que en un momento dado de su vida tuvo un spectrum 48k en su casa. Aquel ordenador que pertenece a la prehistoria de la era de Internet nos dio a los chicos de mi generación miles de horas de diversión a base de juegos tremendamente originales muy a pesar de los pocos recursos con los que contaban (¡ocupaban 48 ks!) y que en la mayoría de los casos provocaba muchas limitaciones. Uno de aquellos juegos, desde luego no el más popular ni el más logrado, era uno que si no recuerdo mal se llamaba “Fútbol Manager” y que fue pionero en esos video-juegos de la siguiente generación que simulaban la gestión integral de un club de fútbol. En aquel juego eras el presidente-entrenador y fichabas, vendías, alineabas, etc… sin preocuparte realmente de los partidos en si puesto que en ellos no podías hacer nada más que verlos. De hecho había una opción en la que podías no ver el partido e ir directamente al resultado y que normalmente era la que yo solía utilizar. A algo parecido es a lo que ha quedado reducida mi afición al Atlético de Madrid en esta temporada, a un aburrido juego en el que no puedo hacer nada y que lo único que me interesa es el resultado. Ojala pudiese hacer efectiva esa opción de no tener que tragarme el partido entero e ir directamente al resultado pero “desgraciadamente” mi compromiso con este blog (y este equipo) es bastante mayor que el de la mayoría de profesionales que desgraciadamente hoy por hoy se disfrazan con la camiseta de mi equipo y saltan al campo.
Si, lo sé, el Atleti ha ganado 0-2 en Sevilla, se pone a un punto de la Champions y tenemos tres partidos en casa… ¿y qué?. El equipo sigue estando muerto y si entrar en Champions es tener la excusa barata de todos los años para incidir una y otra vez en hacer las cosas con los pies, en confundir gestión con estulticia o en seguir adormeciendo a la adormecida afición con juegos de trilero, sinceramente me parecerá engordar para morir. Necesitamos ser conscientes de una puñetera vez de la verdadera dimensión de este equipo (patética y penosa), asumirla e intentar construir desde ahí, prácticamente desde cero. No vale para nada las huidas hacia delante que año tras año nos lleva a la posición de salida pero con la cara más demacrada, menos recursos y más mentiras. Me temo que hay que morir para volver a nacer.
El partido de hoy, digan lo que digan mañana los periódicos, ha sido malo, soporífero, reprobable, prescindible, dañino y vergonzoso. Sólo la cruel situación del equipo bético, un árbitro condescendiente y el inmenso talento de Diego Forlán han hecho que a estas horas no estuviésemos lamentándonos por enésima vez de lo mismo. Si, vale, el equipo salió algo más concentrado y con algo más de criterio pero muy lejos de lo que debería ser un equipo de primera división luchando por los puestos de cabeza. El Atleti para variar acumuló jugadores en el centro del campo si, pero no para tener más el balón y tratar de utilizarlo para jugar al fútbol, porque es algo que no saben hacer, sino para que el contrario no lo hiciese. Tampoco hacía falta porque el contrario tiene el agua al cuello y cuando el oxígeno no llega al cerebro es difícil pensar pero ahí estaban nuestros tarugos para cerrar el camino. El centro del campo del Atleti volvió a ser una broma macabra con los mismos protagonistas de siempre a los que se sumo el bueno de Banega un tipo que no lo quieren en Valencia y donde en un equipo como este, donde no hay un solo jugador con sus mismas características, es incapaz de ganarse la titularidad. Un jugador mediocre entre jugadores mediocres. Miguel de las Cuevas le puso voluntad y ganas pero no termina de cuajar y ya van unos cuantos años. Maxi, en el nivel de sus últimas temporadas, podría jugar al otro lado de la línea de fuera de banda que el equipo ni lo notaría.
El gol de Forlán vino como consecuencia de la única jugada en la que el equipo vestido de rojiblanco practicó algo parecido a ese precioso deporte que en este país llamamos fútbol o balompié. Un espejismo en mitad de un pantano pestilente y espeso. A partir de ese momento el equipo colchonero se sumó al histerismo contagioso del Real Betis y se dedicó a hacer todo lo que no hay que hacer cuando te pones delante en el marcador: perder el balón, perder el ritmo, abrir hueco entre líneas, transmitir miedo, olvidarse de la creación y echarse atrás. En esa ensalada de despropósitos la primera parte se consumió como una vela metida en una cueva que nadie visita.
Pero es que la segunda parte fue exactamente lo mismo. Sopor, sopor, sopor y sopor. El Betís se fue arriba con más corazón que cabeza pero tampoco inquietó realmente la portería del impertérrito Leo Franco. Patádones, faltas e imprecisiones enmascaraban la agonía de un equipo histórico que se hunde y otro que está hundido. Pongan los colores correspondientes donde quieran. Con ese panorama aparece un penalti que a mi me parece claro de Ufjalusi que termina de enardecer al respetable y buscar su excusa para una propuesta ciertamente lamentable) y muy poco después llega un patadón desde atrás que deja a Luis García (posiblemente en fuera de juego) encarando en diagonal la portería sevillana pero dejando al Forlán delante del portero gracias a magistral taconazo que nos hizo recordar a ese magnífico jugador que jugó en el Atleti, Barcelona y Liverpool llamado Luis García. Poco antes del final el bueno de Forlán estuvo a punto de hacer firmar el hat-trick.
Fin del partido. Los datos están descritos arriba. La realidad también.
Se me va a hacer muy duro tragarme los partidos que faltan pero es lo que hay. Ahora los medios continuaran su campaña contra la “injusta” afición que critica “injustamente” a sus jugadores. Tiene narices. Con estas cosas siempre recuerdo una tarde que presencié un leve choque de tráfico entre un taxista y otro coche que sin hacer caso ni a semáforo ni señales y pensando que la carretera era suya le endiñó al taxista en la puerta trasera sin ningún sentido. El taxista salió indignado dirigiéndose a su agresor y diciendo: “periodista, que eres un periodista”.
Baja laboral
No estoy muy puesto en la materia pero creo que la legislación laboral de este país dice que las bajas laborales voluntarias hay que comunicarlas con quince días de antelación o al menos en mi caso siempre ha sido así. Esos quince días que van entre que has mandado un carta rubricada confirmando tu baja voluntaria y la fecha concreta en la que efectivamente dejas de ir a tu puesto de trabajo son especialmente raros, absurdos, evitables y según como se haya desarrollado tu carrera en ese sitio más o menos complicados o más o menos placenteros. El Atlético de Madrid está en esos días. Es un proyecto, roto, destrozado y muerto que espera con ansiedad y poca vergüenza a que por enésima vez sea desmantelado. Los tipos que en su día pasaron inadvertidos lo siguen haciendo mientras que los que han tenido una presencia desastrosas aparecen ahora convertidos en caricaturas de sí mismo. Da pena ver como el estadio al completo se cachondea de Mariano Pernía y en cierto modo me parece injusto descargar la ira de otras muchas cosas en hombros de un simple jugador cuyo único crimen básicamente es ser malo, pero en cierto modo es lo que hay. En cualquier caso ni Pernía ni nadie asume el club, la empresa, como suyo y todos están esperando que pasen los quince días correspondientes para dar inicio el primer día del resto de sus vidas. En una situación así poco o nada se puede esperar. Si el balón pasa cerca y no cuesta mucho echar un cable alguno lo hará pero que nadie espere grandes dispendios cuando la cabeza está ya en otro sitio.
El resultado del At. Madrid-Sporting es tan engañoso como probablemente injusto puesto que la única diferencia entre este partido y pongamos por caso el partido del Osasuna es algo más de vergüenza torera (poca) de algún que otro presunto profesional enfundado en la casaca rojiblanca, una contumaz falta de calidad (que no actitud, valentía ni ganas) por parte de la plantilla asturiana para acertar en la portería contraria y algo de suerte. Por lo demás el ya clásico partido soporífero del Calderón “adornado” esta vez por los elementos que como champiñones aparecen en tiempos de crisis y que convierte el conjunto (partido, plantilla y entorno) en un lamentable esperpento. “Hubo alguna jugada de calidad”, dirán algunos. Si, es cierto que la hubo pero generalmente a base de quijotescos empeños de los de siempre: Agüero, Forlán y Simao intentando significarse respecto del resto. Supongo que las dará mucha vergüenza compartir colores y vestuario con la banda de indolentes millonarios que tiene la desgracia de compartir linimento.
Me aburre cada vez más escribir del Atleti como concepto así que escribir sobre su juego se está convirtiendo en algo así como una tortura que me hace tanta ilusión como ir al estadio. Es decir, ninguna. Esta vez sentía cierta curiosidad por ver como reaccionaria una afición adormecida y tan indolente como sus jugadores que hace mucho tiempo que dejo de ser esa “mejor afición” que fue y con la que a todos se les llenaba la boca. La protesta en la puerta cero, y me duele decir esto, creo que ya no funciona. No tiene poder de convocatoria (nunca la tuvo) y ahora gracias a las fuerzas del orden ni siquiera puede tener repercusión mediática. Los “competentes policías” primero llevaron a los manifestantes hasta la parte exterior del túnel, lejos de la puerta cero, para impedir que la prensa nos vea. Después un envalentonado muchacho del cuerpo obligaba a retirar una de las pancartas porque al parecer “incitaba a la violencia”. Resulta cuando menos paradójico que un tipo con cara de pocos amigos y armas abrochadas a su cintura alegue incitación a la violencia sobre una pancarta que no tenía un solo insulto. Por lo demás y ya dentro del estadio una media entrada desangelada e inconexa manifestaba un cierto enfado que por una vez si pareció sincero. El Frente Atlético volvió a ejercer ese papel que muchos aficionados reclamaban liderando el descontento del público y si bien no comparto alguno de los cánticos que profesaron en general estoy de acuerdo con la actitud que tomaron. Especialmente con proferir cantos contra directiva y jugadores justo después de celebrar y aplaudir los goles. Creo que la afición debe tomar conciencia de que tenemos que desvincular gestión de resultados deportivos. Es decir, que la gestión en esa casa en ruinas es nefasta y lamentable entremos o no entremos en Champions.
Todavía quedan cinco partidos en los que avergonzarse de ser aficionado de este equipo. Cinco partidos en los que nadie espera el menor atisbo de reacción ni la más mínima posibilidad de salvar una temporada catastrófica en lo institucional y vergonzosa en lo deportivo. Otra. Cinco partidos para seguir lamentándonos, escuchar excusas baratas, especulaciones de futuro, insultos de nuestro dirigentes y desprecio de los medios de comunicación. Cinco partidos en los que todos los protagonistas estarán pensando en cualquier cosa menos en esos cinco partidos. Unos en como tapar las vergüenzas, otros en conseguir otro contrato exagerado y nosotros pensando en el enésimo proyecto que no creo que se diferencie mucho de los anteriores.
A todo esto, ganó el Atlético de Madrid por tres goles a uno.
Ladrones de cuerpos
A mediados y finales de los años 80, siendo yo entonces un impresionable niño con todo por descubrir, ya era socio del Atlético de Madrid. Recuerdo aquellos partidos con cariño y nostalgia pero los recuerdo también como tremendamente fríos no solo por el gélido relente que emerge desde el río hacia las gradas sino porque entonces era muy difícil ver un estadio Vicente Calderón totalmente lleno como ahora lo vemos cada domingo. Lo normal entonces era encontrarse una fría (aunque bulliciosa) media entrada “larga” que dejaba ver bastante el por entonces gris cemento que decoraba las gradas de coliseo colchonero. Durante esos años, dependiendo de la edad y del momento, veía los partidos en compañía de mi hermano, mi padre, un amigo de este con su hijo, mi tío, tres de mis primos, algunos amigos míos…, todos ellos y otros más han estado a mi lado sufriendo y disfrutando del Atlético de Madrid durante muchos años pero a día de hoy, mucho tiempo después de aquello, los únicos que seguimos siendo socios del atleti y vamos regularmente al estadio somos mi hermano y yo. El resto de la tribu, asqueados por las circunstancias, ha perdido interés por el fútbol en mayor o menor grado atravesando en algún caso una clarificadora epopeya que les ha llevado a renegar de este deporte como ex fumadores radicales. La mayoría no obstante mantiene un perfil bajo de aficionado y sigue las vicisitudes del “glorioso” alejados del vergonzoso sucedáneo que ha usurpado el nombre del club y que publicita con interesada desvergüenza la red mafiosa que también ha secuestrado el periodismo deportivo de este país. Sin embargo, paradójicamente hoy es una “alegría para los sentidos” acudir a un estadio Vicente Calderón donde el cemento está tapado por sillas de colores (generalmente muy sucias) y que ahora suele estar lleno domingo tras domingo de eufóricos atléticos enfundados en colores rojiblancos y casacas del Liverpool. No me salen las cuentas. Mientras mi familia atlética cercana decrece en un proceso degenerativo imparable la familia atlética oficial crece de forma inversa y aparentemente goza de buena salud.
En 1956 un director de cine de serie B llamado Don Siegel dirigió “La invasión de los ladrones de cuerpos” basándose en una novela de ciencia ficción publicada pocos años antes creando así una afamada película de culto que ha sufrido varias secuelas a lo largo de los años (memorable la de 1977), que ha inspirado docenas de obras posteriores basadas en un hilo argumental muy parecido y que a mí me vale para teorizar al respecto del tamaño y forma de la familia atlética y de lo que está pasando en este club centenario.
Santa Mira es en la película un pueblecito recóndito del oeste americano donde en un relativamente corto periodo de tiempo se produce un fenómeno extraño que puede pasar desapercibido para cualquier observador imparcial pero no para el protagonista de nuestra historia que vive y siente allí. Los ciudadanos del pueblo aparentemente son los mismos en aspecto, forma y recuerdos que siempre pero ahora aparecen como fríos, deshumanizados y carentes de cualquier tipo de emoción. Todos hacen lo mismo todos hablan igual, todos piensan igual y todos actúan igual. El pueblo de repente es una aparente máquina “perfecta” donde no existen problemas ni desaires funcionando como una engrasada cadena de montaje. El protagonista y su novia viven una asfixiante experiencia entre la incredulidad de lo que creen ver y la paranoia de no saber si es cierto hasta que obtienen la certeza de que un complot extraño (extra terrestre) está sustituyendo las personas del pueblo por replicas exactas en apariencia y forma pero que en el fondo son criaturas que nada tienen que ver y que actúan robóticamente obedeciendo a una empresa superior que tiene como objetivo eliminar a los terrestres y quedarse con la tierra para beneficio propio.
Desde la fraudulenta llegada de Jesús Gil al poder del Atlético de Madrid la campaña de desarraigo en el club ha sido una constante. Comenzó con la violenta expulsión de la guardia pretoriana de entonces (los Arteche, Landaburu,…), el desalojo y ninguneo de las viejas glorias de siempre que no actuaban como robots programados por el gilismo (el Atleti debe ser el único club del mundo que vive sistemáticamente de espaldas a su glorias vivas) y está culminando con la torpe y chapuzera labor de ese hijo de la familia que heredó el legado atlético (¿demasiado torpe para los negocios de verdad?) que sigue desnaturalizando definitivamente el club y entregándoselo a manos tan ajenas como negligentes y carentes de talento (Pitarch es un gran ejemplo que eclipsa todos los demás). Las razones que los Ladrones de Cuerpos dan en la película son la construcción de un mundo “más avanzado” y sin problemas originados por “sentimentalismos” que coinciden con las razones de nuestros “ladrones” particulares que sin ir más lejos hace un par de años remitían a la “profesionalización” del club para justificar su violento desmantelamiento. En ambos casos la verdadera razón parece obedecer exclusivamente a intereses personales.
Una vez “saneadas” las oficinas de elementos pensantes y sensibles la labor de lavado de cerebro tiene más ramificaciones ya que el verdadero objetivo tiene que ser la afición, los erráticos humanos que habitan esta Santa Mira rojiblanca, que al fin y al cabo son los que pagan. El objetivo se consigue poco a poco “matando” a los hostiles y abrazando con ardor a los nuevos replicantes nacidos de las vainas de la publicidad engañosa que vende un sucedáneo acaramelado de la realidad, seductor y tremendamente digerible. Una elegía a la derrota, al fracaso y a la mediocridad que es disfrazada elegantemente con aparente espíritu genuino de atrezzo. En definitiva una réplica tosca pero fácil de tragar que interpreta de forma errónea pero efectiva la verdadera personalidad del Atlético de Madrid. Poco a poco el mensaje va calando y se va consiguiendo el requerido lavado de cerebro gracias al concurso inestimable de los medios de comunicación, protagonistas principales de la historia, a los que el universo Gil inteligentemente incluye dentro de la patraña como “amigos”. De esta manera se va creando una pasta homogénea y uniforme que sin perder el color original ni el caché ganado durante cien años de esfuerzo aparece ahora amable, barata, obediente, sumisa y folclórica.
Una de las escenas más escalofriantes de la primera secuela de la película es cuando a los niños de un colegio se les pide hacer un dibujo cualquiera y todos hacen exactamente el mismo. Todos reaccionan igual porque todos tienen los mismos mecanismos de razonamiento. Aquellos que como yo tengan la particularidad de convivir con aficionados colchoneros que viven al margen de este reducto de Asterix y Obelix que supone internet y páginas como esta (supongo que la inmensa mayoría) podrán observar con mucha facilidad como la afición habla siempre de lo mismo, con los mismos argumentos y como estos coinciden a su vez con lo que indisolublemente todos los medios de comunicación se encargan de transmitir como si se tratase de propaganda soviética. Una semana toca hablar de que se marcha el Kun, otra semana toca hablar de Torres, otra semana es Aguirre,.. una semana la culpa es de la defensa y otra de la afición. Todos dibujan exactamente el mismo dibujo sin fisuras en un verdadero escenario sin emoción ni crítica donde nadie se cuestiona nada que no se puede cuestionar. De esa forma todo el mundo entiende que la cuarta plaza es un “éxito”, jugar la intertoto es jugar la UEFA, fichar a dos tipos que nadie quiere y que están jugando la liga rusa son fichajes “galácticos”, aprobar en la repesca es “cumplir objetivos”, decir “de que” es gracioso y marcharse del Atlético de Madrid es “mejorar”.
Pero el mundo sigue girando. El estadio está lleno, las camisetas se venden y los protagonistas parecen ser los mismos de antes sin serlo. El nuevo animal es una copia exacta del antiguo pero sin sentimientos ni emociones donde todos juegan el papel que el ente extra terrestre tiene asignado y en ese escenario las cabezas que pagan la comida y acuden al estadio sólo pueden aplaudir, sonreír y trabajar pasivamente para la causa. Las cabezas originales no están o si están han sido sustituidas por replicas exactas que piensa y actúan como todos. Un menguante grupo de irreductibles (antiguos y nuevos, ojo) parecen apercibirse de la realidad y primero tratan de alentar a la prensa oficial para que lo denuncie pero renuncian a ello cuando toman constancia de que son parte de la trama. Incansables forman pequeños grupúsculos de resistencia a través de la red de redes pero no se consigue la difusión deseada y si la constante amenaza del ostracismo o la estigmatización por parte del sistema. En la película los dos supervivientes se escapan del pueblo e intentan alertar a los conductores de otras ciudades desde la carretera pero también son tomados por locos.
La película tiene dos finales según la revisión que veamos: uno feliz y otro triste. En la original un tercero (el ejército) acaba entrando en liza aniquilando a los extraterrestres y salvando el pueblo. En la secuela los dos supervivientes se encuentran al cabo de los años y uno de ellos se da cuenta de que el otro ha sido también abducido con lo que descubre que realmente es el único que queda. ¿Cuál será realmente el final de nuestra película particular?
Sobre este blog
y los sueños, sueños son
ennio
Esta es la segunda versión publicada de un blog que decidí escribir sobre mi equipo, el Atlético de Madrid, el mismo día que Fernando Torres decidió ser un profesional y largarse a Liverpool. No sé porque lo hice pero desde entonces tengo una reflexión que contar en voz alta cada vez que mi equipo juega.
Los que quieran ver las entradas anteriores pueden hacerlo en http://www.enniosotanaz.blogspot.com/
Aquí será bienvenido todo aquel que quiera hablar de fútbol sin miedo a utilizar muchas palabras.
Últimos comentarios
- Inutil 58 comentarios http://dotcomlb.com/ holy basil juice Click here read more Theta Healing
- El punto de burbuja 26 comentarios Austin DWI defense lawyer FLASHLIGHTS Lightbars Bags vakantiehuis dordogne
- Gafas y jersey suelto 3 comentarios Modular Design Architecture virtual credit card Dreams
- Ganar y/o ganar 4 comentarios Horefto Greece ennio stayclass Vender Casa
- Cada día parece el mismo 2 comentarios Χορευτο Πηλιου palindromo
Mis tags
Categorías
Buscar
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
Archivos
- Mayo 2013
- Abril 2013
- Marzo 2013
- Febrero 2013
- Enero 2013
- Diciembre 2012
- Noviembre 2012
- Octubre 2012
- Septiembre 2012
- Agosto 2012
- Julio 2012
- Junio 2012
- Mayo 2012
- Abril 2012
- Marzo 2012
- Febrero 2012
- Enero 2012
- Diciembre 2011
- Noviembre 2011
- Octubre 2011
- Septiembre 2011
- Agosto 2011
- Julio 2011
- Junio 2011
- Mayo 2011
- Abril 2011
- Marzo 2011
- Febrero 2011
- Enero 2011
- Diciembre 2010
- Noviembre 2010
- Octubre 2010
- Septiembre 2010
- Agosto 2010
- Julio 2010
- Junio 2010
- Mayo 2010
- Abril 2010
- Marzo 2010
- Febrero 2010
- Enero 2010
- Diciembre 2009
- Noviembre 2009
- Octubre 2009
- Septiembre 2009
- Agosto 2009
- Julio 2009
- Junio 2009
- Mayo 2009
- Abril 2009
- Marzo 2009
- Febrero 2009
- Enero 2009
- Diciembre 2008
- Noviembre 2008
- Octubre 2008
- Septiembre 2008
- Agosto 2008
- Julio 2008
- Junio 2008
- Mayo 2008
- Abril 2008
- Marzo 2008
- Febrero 2008
- Enero 2008
- Diciembre 2007
- Noviembre 2007
- Octubre 2007
- Septiembre 2007
