y los sueños, sueños son
Alegrías y desgracias personales sobre el verdadero sueño: el club Atlético de Madrid
Recuerdos censurados
“Ríos de recuerdos envueltos en brillo naranja. Algunos escondidos en el tiempo,... parece como si fuese ayer” Pero entre Maniche, el árbitro y un calentón Van Nistelrooy la cosa se igualó milagrosamente pocos minutos después. La entrada de Van Nistelrooy fue fea y a destiempo pero la expulsión de Perea, los gritos de Maniche y el clamor del Calderón probablemente también ayudaron a que el colegiado decidiese que el color de la tarjeta debía ser el rojo y no otro. Poco más hasta el descanso. Un Madrid especulador y poco ambicioso había dejado vivo a un equipo roto, descabezado, desesperado y pésimamente entrenado. “Las fotografías caducadas demuestran que una vez sonreí. Tan sólo, tan inseguro, tan confuso, buscando algo más” “Lo estoy haciendo otra vez. Estoy escondiendo toda la historia que creé y encuentro en mi recuerdo que la miseria se ha eliminado. No me sentí así seguramente. Ya yo creo en mi mismo nunca más.” Las ocasiones llegaban pero los goles no. El Madrid seguía metido atrás desde el comienzo de la segunda parte y apenas daba miedo. Parecía que el gol colchonero era inminente pero los mano a mano del Kun que siempre entran hoy no entraban y los tiros de Maniche o Simao se perdían en la grada o en las manos de Casillas. En estas llegó la enésima falta de Sergio Ramos al borde del área y Simao, ese jugador internacional que estuvo toda la primera parte en el banquillo, metía el balón en la portería del Madrid con algo de ayuda desde la barrera. Justicia se escuchaba unas filas más atrás de la mía. Los atléticos mirábamos el reloj y veíamos que quedaban 6 minutos de descuento en el que podíamos por fin pulverizar las estadísticas y vencer a los merengues de una vez. El Kun estaba muerto pero todos pensábamos que seguiría la euforia y las ganas de ganar que habían demostrado el equipo hasta ese momento pero no, lo que ocurrió fue justo lo contrario. El equipo se ciño al estilo Aguirre, ese de contemporizar y esperar a que pase el tiempo, mientras que el Madrid se desperezaba y se iba a por el partido, que es lo que se supone que tienen que hacer los equipos grandes. En seis minutos hicieron tres ocasiones. En la última de ellas Heitinga, el mismo jugador que a los 50 segundos de empezar el partido no había encimado a Van Nistelrooy, decide en el último minuto de partido encimar dentro del área a Drenthe con la misma habilidad que un rinoceronte tocado la mandolina. Ni siquiera la grada se dignó a discutir el penalty. Como no podía ser de otra forma los madridistas no desaprovecharon de volver a ganar en el último minuto. Hubo un tiempo en que los partidos de máxima rivalidad en el Calderón eran tardes divertidas de emoción y alegrías. Recuerdo algunos donde las caras de los mismos socios que veías todos los domingos mostraban una sonrisa diferente, más amplia y sincera. Recuerdo como en aquellos partidos acabábamos abrazando a gente que no conocíamos o chillando a un árbitro comprado que nos robaba por enésima vez. Desgraciadamente todo eso ha muerto. Hoy las caras eran las mismas caras de los últimos partidos, endurecidas por los litros de mediocridad que han tenido que tragar y por las noches de vergüenza que nos está tocando vivir. Hoy los colchoneros salíamos con las caras desencajadas sin saber a quien echarle la culpa de tener que soportar esta situación. Alguno que otro intentamos recurrir a imágenes olvidadas en alguna esquina de nuestros recuerdos en donde estas noches eran de otra forma. Alegres o tristes pero de otra forma. No he podido rescatar aquellas imágenes. Están como censuradas en mi cerebro. Probablemente no vuelvan a aparecer hasta que uno sea consciente de que este equipo vuelve a ser digno de ellas. “las lagrimas caen secas, dolorosamente tímidas. Todo se ha ido ahora mismo. Finalmente me he dado cuenta”. Censored Memories (Garrison)
El ajedrez es un juego milenario fascinante que despierta pasiones. Tras la aparente sencillez de sus reglas se pueden presenciar batallas descarnadas, muestras de talento y reacciones geniales. Cualquiera puede jugar al ajedrez pero hacerlo bien es cuestión de horas de preparación, horas de sufrimiento, aprendizaje y por supuesto de talento natural. Saber como se mueven las fichas parece suficiente para “saber” jugar al ajedrez pero no es así. Un muchacho naturalmente dotado para este deporte al que diez minutos antes le has explicado las reglas puede dar muestras de talento frente a un maestro pero difícilmente será capaz de ganarlo, aunque potencialmente tenga la materia gris necesaria para ello. El atlético de Madrid es ese muchacho cargado de talento que sabe que salen las blancas o que el caballo se mueve en L pero depende de golpes de intuición para ganar una partida. Presentarse tan poco preparado en primera división es un insulto al fútbol y a la inteligencia.
Y claro, con esas premisas las consecuencias no pueden ser más que nefastas. El equipo intentaba atacar con criterio, especialmente de la mano de Ever Banega, que dada la incapacidad de los que le rodean para manejar el balón parece mejor de lo que es, pero la defensa, el sistema defensivo que Aguirrelleva puliendo tres años y cada vez es peor, era para el Real Madrid como las puertas del cielo que custodia San Pedro. Un atleti espeso se estrellaba contra un Real Madrid reservón que nos estaba mareando. Un gol anulado que a mi me pareció dudoso y otro gol anulado por fuera de juego de Raúl también al límite de lo legal hacía desesperarse a los blancos. Cada jugada a balón parado era un calvario para el atleti y cada córner una lección de como no se debe defender un córner. Ni siquiera podíamos escudarnos en el árbitro. El atleti, muy en el estilo Aguirre, lo único que hacía con regularidad era dar patadas y en esa dinámica apareció Perea que teniendo una amarilla decide muy inteligéntemente soltarle un sopapo al rival. Expulsado. Snejder seguía sangrando diez minutos después. Con un jugador menos, sin criterio, sin rumbo, sin saber que hacer y con el Madrid enfrente la perspectiva no podía ser peor.
En el descanso Javier Aguirre decidió dejar de hacer de entrenador y utilizar por una vez esa inteligencia que tan bien utiliza en las ruedas de prensa pero que tan poco le sirve para el fútbol profesional. Decidió entonces sacar a Simao, darle permiso a Banega para que pasase el balón hacia delante, prescindió de Pernía para plantar una defensa de tres y encomendarse a la virgen de Guadalupe como el mejor recurso que tiene este hombre para sentarse en un banquillo de fútbol. Entonces vimos el mejor atleti. Así sin táctica, sin orden ni concierto. En un corre-calles suicida. El Kun se echó el equipo a la espalda, Maniche yBanega se fueron para arriba y los defensas decidieron dejar en el banquillo el miedo que les atenazaba. Entonces fue cuando los locutores que transmitían el partido nombraban por fin los nombre que deberían nombrar siempre que hablan del atleti: Agüero, Simao, Forlán,Maniche... Ufjalusi se lesionó dejando su posición a un desaparecido e indolente Luis García que tampoco estaba en el partido (la primera vez que le pasaron un balón se le fue por debajo de las piernas). El cambio nos sirvió al menos para ver a Conseiçao como central donde francamente jugo casi mejor que en su privilegiada posición del centro del campo.
Budapest (Too Blind to Hear – Republic/2003)
Forza Atleti
Decía Oscar Wilde que lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas. Muchos pensarán que ser aficionado del atleti, amar lo que representa y seguir al equipo esté donde esté es una estupidez, pero creo que a estas alturas a quedado claro que no es mi caso. Soy consciente de que una gran mayoría de las personas, y lamentablemente es una tendencia cada vez más asumida y acusada, no quiere complicaciones y que su única vinculación emocional (o lo que ellos piensan que es emocional) sólo puede hacerse con aquello que no da problemas o con el éxito vacuo del poder fácil y gratuito. Al fin y al cabo es el cliché que se vende desde los medios pero aunque me parece una lástima que la masa se comporte como masa, en el fondo es una suerte para los que queremos vivir porque nos deja mucho más espacio. Se me hace muy difícil en cualquier caso explicar las razones de mi orgullo a personas que sólo entienden de números y que desprecian todo aquello que no se puede medir como el amor, la pasión, la empatía, la alegría o la felicidad. Personas en general infelices que creen vivir la felicidad ajena como propia y que esconden en un patético y dudoso poderío aparentemente galáctico sus habituales y reales miserias. Me es muy difícil explicar a esta gente que incluso en días como hoy me siento orgullo de ser del atlético de Madrid y no de otras opciones engañosamente más sencillas.
Mis razones no hay que buscarlas lógicamente en el resultado, o la concentración de mis jugadores, en su pasión desmedida, el juego desplegado, el genio táctico de nuestro entrenador, la suerte que tenemos o lo bien que nos tratan los árbitro, el destino y Dios. De hecho no sé donde buscar las razones porque cada vez son más difíciles de encontrar pero algo debe de haber cuando a cuatro minutos del final los 50000 atléticos que quedábamos en el estadio nos ha dado por cantar espontáneamente y orgullosos atleti, atleti,…
El Calderón es un estadio precioso y lo es más cuando está lleno de colchoneros dispuestos a gritar. El ambiente es inmejorable y los equipos contrarios lo acusan como queda patente cada vez que se le pregunta a uno de ellos por este tema. Si nuestro equipo fuese capaz de utilizar algo así como arma sería sin duda un punto adicional a nuestro favor pero no parece que los señores que llevan hoy por hoy la camiseta colchonera piensen de la misma manera. Los partidos de rivalidad ancestral suelen deambular ajenos a la realidad de cada equipo en la liga. Suelen ser microcosmos particulares donde rara vez se ve buen juego y donde la concentración, especialmente en los primeros minutos de partido, suele ser fundamental. En teoría es algo que todo sabemos pero no debe ser así cuando a los 30 segundos Raúl volvía a meter un gol al equipo que le enseñó a hablar. En 30 segundos a la mierda el factor campo, la táctica y el partido. La diferencia entre ser un jugador de primer nivel o simplemente un jugador que pretende jugar en un equipo de primer nivel está en la cabeza y en la mentalidad con la que se afrontan los retos. El atlético de Madrid lleva ya demasiados años jugando derbis con una proporción muy elevada de jugadores que no están preparados para defender los colores que defienden. Son buenos jugadores (en ocasiones ni eso) pero les falta lo que precisamente diferencia a los buenos jugadores de los jugadores de elite. Orgullo y personalidad. Un jugador del atlético de Madrid debería tener el carácter suficiente para no tener miedo de nadie ni de nada. Nuestro entrenador, por cierto, también.
Los partidos del atleti en estos dos últimos años sabemos que se acaban para el atleti cuando uno de los dos equipos mete gol. Hoy también, a pesar de que prácticamente quedaban 90 minutos por jugar. ¿Qué ocurrió en ese tiempo? Durante la primera parte el Madrid se limitó a defender y el atléti a intentar jugar con más corazón que cabeza. Sabemos que el atleti de Aguirre es un equipo que no sabe jugar con el balón ni llevar la iniciativa. Es una desgracia pero es así y solo a base de corazón o pelotazos llegamos muchas veces a la puerta de un Madrid inoperante (ese, señores es el primer clasificado de la liga) para que otra vez los palos, la maldita suerte y Casillas frenaran a nuestro equipo. A un minuto del final otro fallo de concentración de Pablo hizo que la segunda llegada del Madrid a puerta pusiese el 0-2 en el marcador.
La segunda parte fue una mera anécdota que sirvió sin embargo para sacar algunas conclusiones. Primero que Reyes no debe volver a vestir nuestra camiseta nunca más. Es un insulto ver a un farsante como él en nuestro equipo. Segundo que el reglamento futbolístico es SIEMPRE diferente cuando el partido lo juega el Real Madrid. Las faltas o decisiones disciplinarias son para el Madrid de una manera y para el resto de equipos de otra. La prensa lo sabe, lo asume y lo defiende. Tercero que Motta es a Cléber Santana lo que los Soprano a Escenas de Matrimonio. Cuarto que el Madrid juega tan mal al fútbol como nosotros y quinto que en este equipo los únicos que no tenemos miedo a nadie ni a nada, los únicos que parece que tenemos orgullo somos los aficionados.
Mañana llegará la vuelta a la oficina y la bromitas de esa plaga que nos asola compuesta por esos torpes advenedizos de costra en el pelo y halitosis, que vendrán con la mochila MARCA de la séptima al hombro y su tremendamente limitado y corrompido concepto del debate. Los buenos aficionados al Real Madrid (escasean pero doy fe de que los hay) se dedicarán a hablar de fútbol y a tomarnos el pelo con inteligencia. con estos discutiremos animosamente alrededor de un café que nos tocará pagar mientras que el resto de insufribles papagayos repetirán sin ningún talento las estupideces que habrán escuchado o leído en algún panfleto casposo. Estos últimos son los que menos me preocupan porque como decía Chateaubriand el desprecio hay que usarlo con economía debido al gran número de necesitados que existe.
Forza Atleti
Error humano
Decía Séneca que vencer sin peligro sería ganar sin gloria y a fe que lo comprobamos ayer. Cuando encauzaba el camino de los vomitorios del Vicente Calderón lo hacía con la sensación de los viejos partidos de fútbol, esos que vivía cuando era pequeño, esos que estaban plagados de goles, jugadas, fuerza, lucha, emoción, polémica, érrores,… es decir, de lo que casi todos entendemos que es un partido de fútbol. 7 goles en un Atlético de Madrid – Sevilla es algo que atenta contra la línea de flotación del fútbol moderno pero gracias a Dios los jugadores, verdaderos protagonistas de este deporte, todavía son humanos (tiempo al tiempo) y a veces se les olvida lo que minutos antes se les ha ordenado en el vestuario.
El partido comenzó con chispa y velocidad, algo que no siempre práctica nuestro equipo. Supongo que esta vez lo hicimos porque enfrente estaba un equipo bien entrenado como el Sevilla que si te dedicas a especular te mete siempre un gol más que tú. Eso lo sabía Maxi, que cada día se parece más al Maxi pre-lesión, y por eso no dio por perdido un balón que la mayoría de jugadores hubiese dado por perdido. Apareció Forlán para disparar, Maxi entrando desde fuera del campo (y por tanto en claro fuera de juego) recibe un no menos claro penalti y Maniche mete gol. Árbitros, esos personajes…
Pero el atleti de Aguirre es el atleti de Aguirre y claro, como no podía ser de otra forma, en ese momentó mandó a todos sus jugadores a proteger la frontal del área. A partir de entonces el partido fue del Sevilla y claro el Sevilla no es el Levante por mucho que el señor Aguirre se empeñe en creer que si. A lo mejor es que él mira el fútbol por encima de las rodillas de los jugadores pero si mirase al césped, donde está el balón, vería lo que es un equipo bien entrenado donde da igual conocer los nombres de los jugadores ya que siempre intentan jugar al fútbol desde la posición correcta. Como no podía ser de otra forma nos empataron. El como es una anécdota.
Vuelta a empezar. Volvimos a la actitud del principio del partido, esa que no debería perder un equipo que se dice de champions pero esa que nuestro entrenador congela cada vez que metemos un gol. Tras un excelente remate de Luis García, esa estrella mundial que juega en nuestro club (a pesar de nuestro exquisito entrenador) decidió sumar un gol a su marcador particular. Sin dibujos animados, sin gambetas ni desmarques pero un valioso gol.
Y entonces, gracias a Dios, apareció la clave del partido: el error humano. Los jugadores de nuestro equipo decidieron probablemente de motu propio que estaban hartos de acobardarse con cualquier equipo que marche por detrás en el marcador y decidieron jugar de tú a tú. Sin brillantez ni gran fútbol (porque es difícil pasar del cero al infinito en segundos) pero de tú a tú. Es un gran avance. Sutil pero significativo. Lamentablemente, porque la vida es injusta, el Sevilla se fue al descanso empatando el partido gracias a un incomprensible error de Ze Castro, el cerebro en la creación de nuestro juego designado por Aguirre y jugador que todavía no está a la altura del resto de titulares (y varios suplentes).
He dicho más arriba y mantengo que el Sevilla es un gran equipo, muy peligroso, difícil de batir y sobre todo (lo que más envidia me da) muy bien entrenado. Da gusto verles moverse por el campo, presionar arriba, salir con rapidez, desmarcarse con elegancia, triangular con coherencia… que lejos parecen de nuestro particular engrudo diseñado por el mejicano. Parece que jugamos a cosas distintas. Que envidia me da ver ganar jugando al fútbol y no teniendo que apelar siempre a la épica. Pero también digo que el Sevilla es de los equipos que últimamente más antipatía me despiertan. Sucios sin razón, leñeros sin razón, pendencieros y lo peor de todos soberbios y arrogantes (también sin razón). Supongo que son el fiel reflejo del impresentable personaje que dice ser su presidente o de su esperpéntica extensión en el campo, ese pendenciero que responde al nombre de Palop. No recuerdo un Atleti-Sevilla en el Calderón donde los sevillanos no se dedicaran a dar patadas a diestro y siniestro provocando a todo aquel que pasase por allí. Todavía me acuerdo de aquel partido que se suspendió y se reanudó hace años donde nuestra afición fue injustamente tratada. Sin perdonar el arrojo de ninguna botella, que por supuesto merece el castigo preciso, el que los jugadores del Sevilla (y en especial su excitado guardavallas) saliesen como héroes maltratados, atenta contra la inteligencia humana y la definición de justicia.
La segunda parte fue un precioso toma y daca con alternativas, poco juego (sobre todo por parte de nuestro equipo), pasión, faltas, tensión, emoción… y excelentes jugadores (sobre todo en nuestro equipo). La jugada del tercer gol no por aislada deja de ser una obra de arte. El pase del Kun es irreproducible ni en el pro evolution soccer 7. El remate de Maxi no tiene nada que envidiar a aquel que hace años metió en Sevilla contra el Betis ese gran profesional que nos dejó tirados este verano y que ahora se cura de su lesión el Liverpool. El cuarto gol es otra magnífica jugada de banda con pase de la muerte y remate letal. Otro fallo de Ze Castro provocó el 4-3 en el descuento pero por una vez las artimañas de Aguirre en cuanto a parar el partido y perder tiempo (debe ser lo único que entrenamos) sirvieron para volver felices a casa.
Viva el fútbol y viva la pasión. Si, hubo fallos, errores de bulto, pasión, dureza, momentos épicos y desajustes. Sé que a los entrenadores esto no les gusta pero tampoco sé que ellos no pagan ningún abono ni se van a ver partidos a las 10 de la noche bajo un frío intenso después de haberse levantado a las 6 de la mañana. Algo así sólo se entiende a través de un concepto tan poco cerebral como la pasión y ya lo dijo Ribot, la pasión es una emoción crónica. Hay entrenadores que deberían hacerse mirar su aversión hacía esos conceptos que son el motor del deporte que les da de comer.
LA TÁCTICA DEL FUTBOLÍN
Decía Voltaire que conviene siempre esforzarse más por ser interesante que exacto porque el espectador perdona todo menos el sopor. Aguirre entiende bien esta enseñanza cuando se trata de dar titulares a sus amigos de la prensa, donde tres de cada dos cosas que dice son filigrana, pero se le olvida de forma flagrante a la hora de crear una estructura de juego y dirigir un equipo, que por cierto se supone que es para lo que le pagan (y muy bien). Puede que también sea simplemente el resultado de una manifiesta incapacidad.
Sopor creo que es una buena definición para lo que ocurrió ayer noche en el Calderón y para lo que viene ocurriendo desde hace ya más de un año cada vez que este puñado de millonarios desorientados se viste de rojiblanco y salen a “disputar” un partido de “fútbol” en cualquier campo de la geografía patria, extendida también esta temporada hacia pintorescos lugares que el 90% de los humanos son incapaces de situar en un mapa.
No recuerdo muchas veces en mi ya dilatada carrera como aficionado colchonero (de hecho no recuerdo ninguna) en la que saliese enfadado y desmoralizado tras ganar 4-0 en un partido de competición europea. Bien es verdad que aunque técnicamente sea cierto es muy difícil considerar lo de ayer como partido de competición europea. Los atléticos pre-“campaña-del-añito-en-el-infierto” recordamos con cariño esas frías noches en las que nos enfrentábamos a la Florentina, el Olimpiakos, el Celtic de Glasgow,… en la UEFA. Eso era competiciones europeas. Hoy en día la única competición europea verdadera es la Champions league. La UEFA es un torneo menor para los equipos de tercera fila que hasta bien entrada su recta final se parece más al Ciudad de Elche veraniego que a un verdadero tornero de elite. Lo de ayer tenía más que ver con las pachangas que a finales de Julio disputamos todos los años contra la segoviana que con un verdadero partido de fútbol. Me gustaría de hecho comprobar lo que podría hacer la segoviana frente a este equipo turco de nombre impronunciable.
En cualquier caso para un equipo como el nuestro, que hace lustros que ha renunciado a jugar al fútbol, no hay realmente diferencia. Da igual quien sea el rival. Sistemáticamente jugamos igual de mal. Además el bueno de Aguirre, ahora que tiene una plantilla con 22 jugadores a los que se les supone un mínimo de nivel, va y abraza con fervor esa estúpida enfermedad que viene en el pack del “fútbol moderno” y que los charlatanes denominan rotaciones. ¿Rotar? ¿Por qué narices hay que rotar? Salir de titular debe ser un premio para los buenos y no hacerlo un castigo para los malos. Así ha sido toda la vida. Salir de titular debe ser un orgullo y debería estar al alcance exclusivamente de los que se lo merecen. ¿Tan cansado es jugar dos partidos de fútbol por semana? Personalmente me siento muy ofendido cuando hablan del “cansancio de los jugadores” y me puedo imaginar como se sienten otros trabajadores e incluso otros deportistas anónimos. Si están cansados deberían tener una mejor preparación que es lo que hace el resto de deportistas que SI hacen esfuerzos titánicos. Un jugador profesional de tenis entrena 5 horas diarias todo el año y no es un deporte particularmente exigente. Un futbolista no llega a las 2 y hay que restar el día de descanso o el de “baño y masaje”. Hay que ser muy imbécil para tragarse las peregrinadas de estos malos jugadores de brisca disfrazados de entrenadores.
Aun así lo que no se puede decir de Aguirre es que no sea fiel a su estilo (y pido perdón por utilizar la palabra estilo en este contexto). Siempre lo ha sido y yo nunca lo he dudado. La espesura como concepto, la imaginación como gran enemigo y el sopor como bandera. ¡Y todavía hay gente que pide paciencia! Supongo que esta gente alberga la esperanza de que aparezca Harry Potter diciendo speliarmum y haga que este señor tan inteligente aplique de una vez su inteligencia a la profesión que le da de comer. Alguien les debería contar que los reyes magos son los padres.
De todas formas nuestro entrenador puede cambiar los 11 jugadores que saltan al campo pero es como cambiar los muñecos del futbolín. Todos siguen en el mismo sitio haciendo exactamente lo mismo. Esa es la táctica del atlético: el modelo futbolín. Da igual que enfrente tengas al campeón del mundo a que sea un señor turco, feo y que se gana la vida como tornero fresador. Hay que tenerle miedo por definición, hay que ser precavido, jamás hay que arriesgar por perder el sitio y sobre todo olvídate del balón. Los medio centros en paralelo y pasando en horizontal. El delantero centro sacrificado a correr en la soledad por el bien de la humanidad desconectado del mundo y del balón. Las bandas lucen magníficas pero no reciben un balón. El segundo delantero (especialmente si es Mista) es como la Atlántida, algo que cuenta la leyenda que una vez existió aunque gracias a Dios Agüero todavía juega en nuestro equipo algunos minutos y de vez en cuando le cae un balón del cielo. Como los mediocentros están cojíditos de la mano en algún lugar en mitad del campo diciendo eso de “ven a jugar con nosotras” el balón pasa más tiempo por encima de sus cabezas que cerca de sus piernas así que cuando el balón toca el césped suele acabar en los pies de los centrales, verdadero corazón del sistema aguirre, que con cuestionable diligencia lo lanzan lo más lejos posible de un puntapié salvo que decidan por alguna razón cedérselo gentilmente a un rival para que inicie con facilidad su contraataque, cosa que ocurre alguna que otra vez. Ayer unas cuantas. También creo que están los laterales pero suelen aportar lo mismo que el banderín de corner. Ese, señores, es el atlético de Madrid del señor Aguirre. Ayer y casi siempre.
Lo que podía haber sido una bonita y divertida verbena para los atléticos (rival endeble, facilidades tácticas, vuelta a la UEFA, noche agradable, bocata…) acabo siendo otro capítulo más de esta epifanía satánica que tenemos la desgracia de sufrir. ¿Cómo puedes ganar 4-0 y salir aburrido y decepcionado? Ya lo de decía Oscar Wilde: es absurdo dividir a las personas entre buenas y malas cuando la verdadera división entre personas divertidas y aburridas. Nuestro equipo está claro donde está.
Sobre este blog
y los sueños, sueños son
ennio
Esta es la segunda versión publicada de un blog que decidí escribir sobre mi equipo, el Atlético de Madrid, el mismo día que Fernando Torres decidió ser un profesional y largarse a Liverpool. No sé porque lo hice pero desde entonces tengo una reflexión que contar en voz alta cada vez que mi equipo juega.
Los que quieran ver las entradas anteriores pueden hacerlo en http://www.enniosotanaz.blogspot.com/
Aquí será bienvenido todo aquel que quiera hablar de fútbol sin miedo a utilizar muchas palabras.
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