Futbolitis
Cuando un equipo tiene todo por ganar, y nada que perder.
Gran final, apasionante, la que vivimos el pasado miércoles en el Calderón. El combate estaba protagonizado por un equipo recientemente noqueado por el Bayern, pero que es el ojito derecho de todo el fútbol español, ya que se ha ganado un huequecito en cada uno de los corazones futboleros, y además encandila con su fútbol. Por otra parte, está un equipo que ha maltratado a tres ilustres jugadores que llevan más años cada uno que el gordito del bigote y Tintín, que naufraga sin rumbo en Liga acercándose al abismo. Con una afición rota, dolida y titubeante por la indecisión de su equipo en la máxima categoría. Pero que, por otro lado, es un equipo que no tiene nada que perder, y que sabe que ganar puede ser un alivio, y camuflar hasta cierto punto lo que ocurra al concluir la jornada 38.
Dos goles en apenas 10 minutos sentenciaron al Getafe, que caminaba errante por el Manzanares. A partir de ahí los azulones comenzaros a tocar la bola como ellos saben, pero con una adversidad muy grande, ir palmando por dos goles. El Valencia estaba atrás, esperando a salir con un contragolpe, qu sentenciase más el encuentro. Silva, Arizmendi, Mata y el Guaje serían los ejecutores. Se sobrepasaba ya el minuto 45 cuando Cosmin Contra, que últimamente parece Cafú, se adentró en el área hizo un recorte preciso y fue derribado, penalty, gran labor del asistente Fermín el del banderín. Granero no falló.
La segunda parte fue diferente, el Getafe creía en la machada, pero para ello hay que mojar, y el Getafe está acusando mucho el traspaso de Dani Güiza al Mallorca, la discreta campaña de Uche (que no es el mismo del Recreativo), y el desplome anímico de Kepa tras el fallecimiento de su inseparable Puerta. Braulio necesita espacios y el Valencia los cerraba muy bien con un Alexis que fue una apuesta de Koeman para la final. Alexis tras una larga lesión marcó ante su ex equipo. Un zurriagazo de Granero desde la frontal que desvió el travesaño, y un remate de Braulio inpecable que atajó Hildebrand, que cumplió con creces en la final, fueron las pobres armas que ofreció un Getafe muy acostumbrado a los disparos de sus medios desde fuera del área. La lesión de Villa hizo salir a un colecciona títulos, Fernando Morientes, al que solo le faltaba conseguir la Copa del Rey, el Moro no falló y anotó un gol de 9, atento al rechace del portero y lanzándose en perpendicular al balón, espectacular. Sabía que era una de sus últimas opciones de lograr un título y no falló.
El Getafe ha tropezado 2 años seguidos con la misma piedra, pero quien mete más goles en la otra portería, gana. El fútbol es así.
El Valencia resucitó para jugar con ganas, sin presión, con todo por ganar y nada que perder, y lo consiguió.
