La Habitación Blanca
25 Ene 2008
Marcelo y el teatro
Casualidades de la vida y el arte: Marcelo declara que le gusta ir al teatro y resulta que su tocayo en el Hamlet de Shakespeare (uno de los caballeros de la guardia que ven al fantasma) dice en la Escena II: "Sentémonos y escuchemos a Bernardo" (puede comprobarse aquí, no me lo he sacado del caletre). Como el personaje de la obra, Marcelo escucha atentamente a Bernardo y asume un rol secundario. No juega los partidos grandes, pero no le preocupa porque sabe que es lo mejor para él. A su edad, en ciertos estadios, con su poca experiencia, el pánico escénico podría llevarle a cometer errores irreparables. Errores muy distintos de ésos que ocurren sobre las tablas, y que pueden enmendarse con un poco de ingenio: "Me gusta ir al teatro y sentarme a ver los derroteros de los actores, decía en la entrevista. Disfruto cuando se saltan el guión y empiezan a cometer errores. Se equivocan y no saben qué hacer. Eso en el cine no se ve. Paran y vuelven a grabar. Es muy interesante porque deben improvisar bajo presión. Igual que en el fútbol".
El teatro, en efecto, no es igual que el cine: se interpreta en vivo, en presencia, delante de unos espectadores que reaccionan e influyen en lo que ven. La presencia del público pone en tensión al actor (a veces lo acoquina) y al mismo tiempo lo estimula, del mismo modo que la presencia del actor vuelve agresivo al público (según algunos teóricos). Igualito que en los estadios. En El País Semanal del pasado domingo, Kid Torres, estrella de un fútbol donde el teatro está mal visto (!esos gritos del teatrero que en la tele no se oyen pero que existen, cual intentos de proyectar la voz hasta la última fila!), hablaba de Anfield en términos teatrales: "Es un campo típico inglés, por fuera parece normal, pero está muy cerrado y tiene una acústica muy buena. Eso mete una presión magnífica para jugar". Jugar, que en el idioma de Shakespeare (pero también en el ruso de Chéjov) se dice igual que interpretar: play (igrá, diría Abramovich). "El que juega, escribe Iuri Lotman, recuerda que no se halla en la realidad sino en un mundo lúdico-convencional"; el juego es el paraíso del como si, y en él no tiene trascendencia equivocarse: no pasa nada si cometes un error, es sólo un juego (aunque cometerlo te duela como si no lo fuera). Pero a diferencia de lo que sucede en el teatro, donde el espectador pasa por alto los fallos (e incluso disfruta, como Marcelo, del modo en que los intérpretes los corrigen), en el fútbol, el aficionado no suele perdonarlos y menos si, como pasó en el último derbi, van seguidos de un gol. Ese hincha que acude al entrenamiento del Atlético para increpar a Pablo no ha comprendido que el fútbol es sólo un juego, se lo toma demasiado en serio. Peligro que, por otro lado, no corre Marcelo, porque va con frecuencia al teatro.

Marcelo y Robinho celebrando un gol y haciendo
comedia al mismo tiempo
04 Ene 2008
El utópico Real Madrid
A)"Aquí los jugadores se sienten parte de una familia y los egos e individualismos han quedado erradicados porque la propia ley del vestuario lo exige". Del Madrid galáctico del Yo pasamos al Madrid utópico del Nosotros. "Lo primero que llama la atención en Utopía, escribe Trousson, es la unanimidad completa, casi mecánica, de las voluntades, alimentadas por una misma convicción y encaminadas a un mismo fin". La idea de equipo de la era Forentino era una idea hollywoodiana: más estrellas que en el cielo. En la era Calderón, es, como se ve, una idea esencialmente utópica . Y utópica nos parecía, pero en el sentido de irrealizable.

02 Ene 2008
Raúl y la cocinera

La tripulación del Endurance echando una
pachanga. Nada como el fútbol para olvidar
los problemas.
26 Dic 2007
Calvino y el clásico
En su artículo "Por qué leer a los clásicos" , Italo Calvino formuló 14 definiciones de clásico. Entre ellas ésta:"Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, los cuales se sacude continuamente de encima". Definición discutible desde el punto de vista literario ( los lectores excepcionales, los grandes críticos,decía Borges, enriquecen el texto, lo modifican: "Hamlet no es exactamente el Hamlet que Shakespeare concibió a principios del siglo XVII. Hamlet es el Hamlet de Coleridge, de Goethe y De Bradley"), pero perfectamente adaptable al clásico del fútbol español: "Un clásico es un partido que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, los cuales se sacude continuamente de encima". Minutos después de finalizar el Barça-Madrid ya había en la Sexta seis periodistas dispuestos a excretar discursos críticos sobre él (demasiadas prisas como para hablar con propiedad; uno dijo que el Madrid había dado "un golpe de efecto sobre la mesa" ¿Qué demonios es eso?), pero ninguna de sus palabras modificará nuestra visión de las jugadas. Sólo éstas quedarán, sobre todo la del gol, con su hermosa arquitectura aérea, y poco más. Quizá algún detalle anecdótico,como la conjunción de la Navidad con la victoria blanca, o la lesión simétrica de los baluartes Ramos y Puyol; o algún titular especialmente acertado, como éste que proponía El País en plan La Fontaine: "La bestia blanca se comió a la vaca sagrada azulgrana" ( precisamente como encabezamiento de un resumen de las impresiones suscitadas por el choque en la prensa de ambos bandos; la clase de nota que sólo un clásico origina), y que nos lleva a otra de las definiciones de Calvino: "Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente, y que te sirve para definirte a ti mismo, en relación y quizá en contraste con él". Baptista ha declarado que no olvidará nunca su actuación en el último clásico, como no la olvidará el madridismo, si, como es probable, una nueva victoria en el Camp Nou tarda varios años en llegar, cual vacuna esquiva. El clásico lo ha marcado, y le ha servido para definirse a sí mismo con la camiseta blanca de una vez por todas. O lo que es lo mismo, para despejar todas las dudas: la potencia sobrehumana, la tremenda llegada y el exquisito golpeo de la Bestia siguen ahí, y puede exhibirlos en cualquier escenario.Aunque quien verdaderamente se ha definido a sí mismo ha sido Pepe. Pensábamos que podía arrugarse y cometer algún penalti estúpido o ser expulsado, obligándonos a mirar hacia Milito (es decir, a mirar hacia atrás con ira), pero lo que hizo fue justificar su fichaje en 90 portentosos minutos.Este Barça-Madrid fue el clásico de Pepe, un clásico que a buen seguro releerá muchas veces en su memoria o en su vídeo, como cada uno hace en el fútbol (como en la literatura) con su clásico. Cuando su equipo gana, si es espectador, o cuando triunfa en él, si es que tiene la suerte de disputar uno.

La Bestia dando miedo
17 Dic 2007
El licenciado Robben
2.Lo recordaba Juanma Trueba aquí: la fragilidad Ming de Robben ya era conocida. En la caja donde venía empaquetado, los hinchas del Chelsea habían escrito: "Robben era un magnífico futbolista cuando tenía el día; el problema es que sólo tenía un día". O sea: "Muy frágil". Pero lo curioso es que el jugador no se percibe así. "Robben tiene un gran concepto de sí mismo", observaba Diego Torres en El País del sábado(cfr. El caso más delicado). "Se mira en el espejo y ve suficientes músculos. Se ve fuerte". En la misma semana en que descubrimos que Jodie Foster vivía en un armario de cristal, porque su lesbianismo era conocido a pesar de no haber hecho outing, Robben negaba tener algo que ver con las vidrieras: "A dos días de recibir a Osasuna, negó la evidencia que certifican los médicos. No es nada, dijo ayer; estoy perfectamente". Es decir, todo lo contrario que aquel loco creado por Cervantes, el licenciado Vidriera, quien creía estar hecho todo de vidrio, y "cuando alguno se llegaba a él daba terribles voces, pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen porque le quebrarían".

Juraría que se ve el césped a través de las piernas
13 Dic 2007
El Real ideal
Lo dijo hace ya tiempo Ray Loriga en un programa de libros (que no de literatura) cuando le preguntaron cuál era su palabra favorita: "Real Madrid". Aquella respuesta podía interpretarse como una boutade, una reacción humorística a una pregunta manida y cargante, pero también como una forma original de afirmar el madridismo. En vez de elegir alguno de los vocablos que suelen mencionarse en estos casos (amor, libertad, belleza, etc.), el escritor optaba por uno que además de sonar bien (siempre y cuando no lo pronuncies como Zapatero, y no seas republicano), los incluía en su batería de connotaciones: el Real Madrid es objeto de amor apasionado, se vincula con el juego estético, y verlo jugar nos libera del peso de la realidad, aunque no nos saque de ella.
Hablando de realidad, el Madrid está instalado en ella, no es un producto de ficción, pero su realidad no es la realidad prosaica del equipo que trabaja cada jornada para sobrevivir: es una realidad que aspira a la perfección que sólo tiene lo ideal. Platón habló del cielo de las Ideas, un mundo donde residen las versiones perfectas de las cosas. En él podemos encontrar la Mesa y el Caballo,por ejemplo. El Madrid trata de alcanzar la perfección del arquetipo sobre el cesped: es real pero pretende ser Real. En realidad, el Madrid es Real porque así lo quiso Alfonso XIII, pero a mí me gusta esa primera parte de su nombre por lo que involuntariamente sugiere: la continua aspiración a convertirse en un equipo que, estando en el mundo, no sea de este mundo.
El Real quiere ser ideal, y esta temporada parece ir en serio en su propósito de tocar el cielo y habitar en él. Por fin despacha los partidos en el Bernabéu por la vía rápida, por fin gana tranquilamente fuera, por fin se clasifica primero en la Champions. Y además los jugadores se desplazan hacia el arquetipo: Pepe está cerca de ser Inexpugnable, Robinho de ser Peligro, Ruud y Raul de ser el Gol. El armario Baptista es cada vez más algo parecido al Armario y así. Por si fuera poco, el club es una balsa, y no hay más alteración que la que artificialmente provocan desde fuera los enemigos de Calderón. Gente que quiere devolver al Madrid a la cruda realidad. Malandrines sin los que Don Quijote, perseguidor del ideal, no sería Don Quijote.

Calderón recibiendo el Quijote de Plata
07 Dic 2007
Raúl y las metáforas del tiempo
1.-El diente del tiempo.- Heinrich Heine, en uno de sus relatos, jugaba con esta imagen: "Ahora que lo pienso, el diente del tiempo es una mala metáfora, porque el tiempo es tan viejo que seguro que ya no tiene dientes". El humor surge de la idea de que el propio tiempo está sometido al tiempo. Pero el tiempo no se erosiona a sí mismo, así que si le atribuimos metafóricamente la capacidad de roer, roe siempre con la misma intensidad; sus dientes nunca se caen. Raúl lleva jugando desde los 17 años, 13 al máximo nivel, y hasta hace no mucho existía la impresión general de que por su precocidad, el diente del tiempo había acabado de roerlo como futbolista antes que a otros. Sin embargo, Raúl ha resurgido, con unas piernas que no reconoce como suyas, de tan musculadas, y el tiempo casi ha tenido que empezar de nuevo con ellas. Antes, los delanteros eran como relojes que iban atrasando hasta que se paraban; lo contaba Juan José Mateo en su artículo "Pichichis de los años setenta" : "Las viejas leyes del fútbol escondían los años de los delanteros retrasando progresivamente su posición. Los arietes pasaban de mirar a los ojos del meta contrario a escuchar los gritos del propio". Ahora, las cosas son diferentes: las esferas dentadas del reloj siguen arrancándose mutuamente la piel, "hasta el último diente de tiempo", como decía aquel poema de John Ciardi, pero funcionan mucho mejor. Raúl es un ejemplo, y parece tener cuerda para rato. O lo que es lo mismo, capacidad física suficiente para aguantar las tarascadas del tiempo por lo menos un lustro más.
26 Nov 2007
El rostro y el retrato
1.- No existen leyes para describir un rostro en un relato literario. Lo normal es empezar por los ojos, o por el rasgo más destacado (por ejemplo, una de esas narices que llegan a los sitios 15 minutos antes que el resto de la cara, como decía Cyrano) , aunque el escritor es libre para elegir un punto de partida y un orden. Puede ir de arriba a abajo, de abajo a arriba, o saltar a su sabor de un detalle a otro . Las alineaciones, en cambio, empiezan siempre por el portero. O lo que es lo mismo, por los ojos, por el tipo que tiene la visión más completa de lo que pasa en el terreno de juego. Aunque podrían empezar por el rasgo más destacado, es decir, por el jugador que lidera el equipo, alrededor del cual los demás orbitan. Sería interesante investigar de cuantas maneras distintas puede darse una alineación, sin contar las que resultan de alterar el orden de los titulares. Raymond Queneau en Ejercicios de estilo relató de 99 formas diferentes un pequeño hurto en un autobús: hizo una versión torpe, otra filosófica, otra metafórica, otra amanerada, otra onírica, y así ¿Cuántas formas de dar el 11 podría encontrar el speaker del Bernabéu? Yo creo que bastantes. Una de ellas podría llamarse PROSOPOGRAFÍA (que es el nombre técnico de la descripción física) y sería más o menos así (tomando como modelo la última alineación del Madrid en Murcia): En los ojos vivaces, Iker Casillas; en la sien derecha, con la vena marcada, Sergio Ramos; en la sien izquierda, brillante, Marcelo; en las mejillas, Pepe y Cannavaro: será difícil sacarles el color; en cada perfil del tajamar de la nariz, Gago y Diarra; en las comisuras de los labios sonrientes, Guti y Robinho; agazapado en el hoyuelo de la barbilla, Raúl; y en el duro mentón, Ruud Van Nistelrooy.

Distintas versiones de Raymond Queneau en un fotomatón

El 11 del Madrid al que el Sevilla le pintó la cara en la Supercopa
16 Nov 2007
Criatura de la rueda
En The Omega Man, Charlton Heston es un científico militar que sobrevive a una pandemia ocasionada por una guerra biológica gracias a un antídoto que él mismo ha fabricado.Pero no es el único hombre vivo; un grupo de individuos afectados por la enfermedad, de vida y apariencia vampíricas, trata de eliminarlo como último representante del Hombre Civilizado causante del exterminio de la humanidad. Lo llaman "criatura de la rueda". El nombre es perfecto para Schuster, defensor de las rotaciones* y rey de las ruedas de prensa; y también, en parte, el argumento: Schuster considera a la prensa, como Heston a sus enemigos, una secta de chalados que no saben de lo que hablan, y la prensa considera a Schuster un residuo de otra era, una era en la que las derrotas se achacaban a los arbitrajes, y se creía en negras conspiraciones capaces de determinar el ganador de la Liga.
En un mundo posapocalíptico, la realidad cambia y con ella las definiciones. "Científico es alguien que se da cuenta de que no comprende nada cuando ya no hay nada que comprender", dice Matthias, el líder de los iluminados ¿Qué puede objetar el personaje de Heston a esas justas palabras? Nada en el fondo, aunque se rebele. Sabe que es verdad. Está en la misma situación que Schuster cuando, en su última rueda de prensa, le hicieron ver lo absurdo de su razonamiento en Sevilla ¿Tiene algo que ver que el árbitro sea de Almería con el hecho de que les haya favorecido?, le preguntó un periodista. Schuster sabía que había dicho algo estúpido, pero no aprovechó la circunstancia para reconocerlo. Prefirió contestar que no había pensado en eso, y seguir, por tanto, combatiendo con la prensa en plan Hombre Omega.

Así se siente Schuster en las ruedas de prensa
14 Nov 2007
El tanto museístico
En este último año, el Madrid se ha abonado a las grandes remontadas. Ya son muchos los partidos que en el Bernabéu ha resuelto por esta vía, como quien prefiere el rodeo al atajo. O como quien ejecuta un espectáculo preparado. En su libro En otros lugares, Henri Michaux relata un encuentro imaginario con los hacs, en el país de Gran Garabaña. Entre otras particularidades, los hacs organizan una serie de espectáculos numerados. Así, el número 3 consiste en la lucha de dos parientes cercanos dentro de un pantano, y el 72 en soltar tres o cuatro panteras negras en una aglomeración de coches. El Madrid, como los hacs, parece tener esta temporada sus propia lista de espectáculos: 1) manita a domicilio (Valencia, Villarreal); 2) claudicación total a domicilio (Español, Sevilla); y 3) remontada épica en casa (Olympiakos, Mallorca)
La última frente al Mallorca tuvo el sabor de las que nos asombraron en la pasada campaña, ese juego con la tensión y lo verosímil que obliga a pensar si ciertos partidos no estarán escritos por un escriba juguetón o por un guionista de 24. Pero incorporaba un aspecto novedoso, un sello distintivo del Madrid actual: una vez más, el Madrid recibía un golazo. Varela, como antes Keita o Pedro López, colocó la pelota donde ni siquiera Casillas, con su milagrosa elasticidad, puede llegar. Los tres chutazos fueron evitables (la defensa tapó mal en los tres casos), pero sorprende tal cantidad de goles teledirigidos en contra de uno de los equipos menos goleados.
Y es que pasan cosas raras con los goles. Ahí están los goles simétricos de Messi (de los que hablábamos aquí), o los de rebote que metía Deco. Ahora, parece que el Madrid es el rival propicio para lograr un tanto museístico, como llamó José Sámano en su crónica al de Varela. Su juego no será del todo bonito, pero se ve que su sola presencia atrae la belleza del zapatazo perfecto. Un tipo de gol, por cierto, que el Madrid no suele marcar (todos los que le marcó al Mallorca fueron desde dentro del área). Sneijder podría anotarlos, con su potente tiro exterior, pero da la sensación de que se ha desanimado. A lo mejor para motivarlo, no hace falta fichar al psicólogo de Hamilton, y basta con enseñarle esa pequeña antología del golazo que el Madrid ha inspirado. Como si no se conformara con aportar a la Liga el partido incomensurable, o el partido lleno de peripecias y alternativas. También conocidos como espectáculos 1 y 3.

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"Todo es comparable", escribió Oscar Tusquets. Y yo añado: "Con el Real Madrid".
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