La Habitación Blanca
11 Feb 2008
La jerarquía del Madrid
El amor es complejo,sí, pero puede simplificarse por medio de categorizaciones metafóricas (el amor como viaje o como caza, por citar ejemplos de Enrique Bernárdez). Exactamente igual que la afición al fútbol. Un modo de metaforizarla es, por ejemplo, hablar de ella en términos de jerarquía religiosa: por un lado, los feligreses o seguidores de a pie, y por el otro los que defienden los colores o el clero, dentro del cual unos están más cerca de Dios que otros,y todos dependen del Santo Padre que es el Presidente. Así, en el Madrid, hay diáconos como Torres o Soldado, obispos como Robinho o Sergio Ramos y cardenales como Guti, Raúl y Casillas. A medida que subimos en la escala, la comunión con el Madrid es mayor, los goles se celebran con mayor éxtasis místico,
Y ya que hablamos de Papas: cualquiera diría que se ponen de acuerdo para mostrar su desacuerdo. Justo cuando Benedicto XVI declara que el infierno existe, Don Ramón Calderón va y suelta que no es posible que el milagro de la remontada se produzca dos veces. El Papa blanco también pontifica, pero para tranquilizar a la parroquia: "El infierno no existe", viene a decir. Pero, ¿y el cielo? El cielo, por supuesto. El problema del cielo, ya lo constató Augusto Monterroso, es que allí el cielo no se ve, y claro, uno pierde la motivación como le sucedió a los galácticos: llegó un momento en que no había nada hermoso por encima a lo que mirar. En aquella época, como sostiene Bo Kampmann Walther, la religión del Madrid se basaba en tres postulados: a)el Bernabéu es el centro del mundo; b) no hay otros dioses que los jugadores; y c) el fútbol debe der espectacular. Florentino era poco menos que Wojtyla (quien, por cierto, murió en una habitación blanca), pero la cosa terminó mal, como ya sabéis. Acabó por olvidarse que el verdadero Dios era el club y sus valores (recogidos ahora en la Biblia del Libro Blanco). Y recordar eso, hermanos míos, como bien ha comprendido la plantilla actual, es sagrado.

11 Ene 2008
Casillas y el crack ascético
Ahora que tanto se habla de la santidad de Casillas y tanto se discute sobre su ausencia de las listas de figuras, creo que es el momento de introducir un concepto en esta coyuntura, como diría el Woody Allen de Broadway Danny Rose. Ese concepto es el de la cualidad ascética del crack, y se resume muy bien en una frase que, si la memoria no me falla, se atribuye a San Francisco de Asís: "Yo necesito poco, y eso poco que necesito lo necesito muy poco". En efecto, el crack necesita muy poco para dejar su impronta: muy poco tiempo, muy poco espacio, muy pocos balones, muy pocas oportunidades. Y hasta tal punto esto es cierto, que el ascetismo de un jugador sirve como criterio para saber en qué medida es grande. Pensemos en el Robinho que vimos contra el Zaragoza (no en el de las camisinhas): necesitó poco más de diez minutos y apenas dos balones para matar el partido. Semejante austeridad muestra que se está consolidando como estrella.
El crack es ascético, por tanto, pero no siempre; cuando vuelve de una lesión y le falta ritmo de juego, necesita atiborrarse de minutos y de balones, recuperar a través del exceso la confianza en que necesita poco para resultar decisivo (¿Veremos alguna vez a Robben completar ese proceso hacia el más radical ascetismo, o se quedará a medio camino por culpa de su debilidad? ¿Podrá Saviola siquiera reiniciarlo, visto el modo en que el banquillo ha malogrado lo que parecían unas excelentes condiciones para la vida de renuncia?) Pues eso es en esencia lo que lo define. Incluso si se trata de un portero. Si un portero como Casillas salva en la mayoría de los partidos una o dos ocasiones clarísimas de gol, evitando además que cambie su signo, ese portero es un crack. Necesita muy poco para ser determinante. Ahora bien, para ser considerado a la altura de los otros cracks ese poco que necesita lo necesita mucho, y aun así nunca es suficiente. En realidad, para lograr alguna nominación (no digo ya premio), necesitaría mucho más que eso, y mucho más que hacer muchas paradas imposibles en un solo encuentro. Necesitaría, me temo, otro milagro. Uno de ésos que devuelven la vista a los ciegos.

Levantando al santo para colocarlo en la peana
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"Todo es comparable", escribió Oscar Tusquets. Y yo añado: "Con el Real Madrid".
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