La Habitación Blanca
Calvino y el clásico
En su artículo "Por qué leer a los clásicos" , Italo Calvino formuló 14 definiciones de clásico. Entre ellas ésta:"Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, los cuales se sacude continuamente de encima". Definición discutible desde el punto de vista literario ( los lectores excepcionales, los grandes críticos,decía Borges, enriquecen el texto, lo modifican: "Hamlet no es exactamente el Hamlet que Shakespeare concibió a principios del siglo XVII. Hamlet es el Hamlet de Coleridge, de Goethe y De Bradley"), pero perfectamente adaptable al clásico del fútbol español: "Un clásico es un partido que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, los cuales se sacude continuamente de encima". Minutos después de finalizar el Barça-Madrid ya había en la Sexta seis periodistas dispuestos a excretar discursos críticos sobre él (demasiadas prisas como para hablar con propiedad; uno dijo que el Madrid había dado "un golpe de efecto sobre la mesa" ¿Qué demonios es eso?), pero ninguna de sus palabras modificará nuestra visión de las jugadas. Sólo éstas quedarán, sobre todo la del gol, con su hermosa arquitectura aérea, y poco más. Quizá algún detalle anecdótico,como la conjunción de la Navidad con la victoria blanca, o la lesión simétrica de los baluartes Ramos y Puyol; o algún titular especialmente acertado, como éste que proponía El País en plan La Fontaine: "La bestia blanca se comió a la vaca sagrada azulgrana" ( precisamente como encabezamiento de un resumen de las impresiones suscitadas por el choque en la prensa de ambos bandos; la clase de nota que sólo un clásico origina), y que nos lleva a otra de las definiciones de Calvino: "Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente, y que te sirve para definirte a ti mismo, en relación y quizá en contraste con él". Baptista ha declarado que no olvidará nunca su actuación en el último clásico, como no la olvidará el madridismo, si, como es probable, una nueva victoria en el Camp Nou tarda varios años en llegar, cual vacuna esquiva. El clásico lo ha marcado, y le ha servido para definirse a sí mismo con la camiseta blanca de una vez por todas. O lo que es lo mismo, para despejar todas las dudas: la potencia sobrehumana, la tremenda llegada y el exquisito golpeo de la Bestia siguen ahí, y puede exhibirlos en cualquier escenario.Aunque quien verdaderamente se ha definido a sí mismo ha sido Pepe. Pensábamos que podía arrugarse y cometer algún penalti estúpido o ser expulsado, obligándonos a mirar hacia Milito (es decir, a mirar hacia atrás con ira), pero lo que hizo fue justificar su fichaje en 90 portentosos minutos.Este Barça-Madrid fue el clásico de Pepe, un clásico que a buen seguro releerá muchas veces en su memoria o en su vídeo, como cada uno hace en el fútbol (como en la literatura) con su clásico. Cuando su equipo gana, si es espectador, o cuando triunfa en él, si es que tiene la suerte de disputar uno.

La Bestia dando miedo
El Real Madrid y el fin del mundo
1. Michel Onfray, en su Antimanual de filosofía (en el capítulo titulado ¿Qué es lo que se evapora cuando perdéis la conciencia-solos o a dúo? ), escribía: "Lo que es real, está producido por la conciencia, dicen los filósofos idealistas: no existe realidad, gente que viene y va, flores en un jarrón, paisajes, movimientos de personas, no hay rostros ni identidades, figuras ni palabras sin la conciencia que hace advenir todo ello al ser. El fin de la conciencia es el fin del mundo, que es mi representación" La muerte, en efecto, puede ser vista como el fin del mundo: el fin del mundo de cada uno, del mundo tal y como cada uno lo conoce. A lo mejor, al morir, ingresamos en otro donde, como dice el poema, una vez sin ojos vemos, y en consecuencia podemos observar éste desde algo así como un punto de vista divino (si nos estás viendo- sin ojos- desde arriba...). Pero no lo creo. Lo más probable (tanto que es casi seguro) es que regresemos a la oscuridad de la nada que nos contenía antes de nacer, y allí no habrá un Real Madrid para nosotros. Toda esa dimensión de la realidad que tiene que ver con nuestro equipo se esfumará: jugadores que vienen y van, copas en las vitrinas, estadios, movimientos del marcador; no habrá símbolos ni referentes, figuras ni palabras del tipo: "Quiero hacer a este club aún más grande", sin la conciencia que hace advenir todo ello al ser. En definitiva, perder la conciencia para siempre será perder, entre muchas otras cosas, pero especialmente, al Real Madrid, y por eso vemos fútbol y seguimos a un equipo capaz de proporcionar tan formidables evasiones: para olvidarlo. "En sí la muerte es muda, sombría, vastamente oscura", decía Harold Brodkey mientras el SIDA lo devoraba. O sea, algo así como un domingo sin fútbol y sin Real Madrid.

Van Nistelrooy abraza a una amiga con cáncer

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"Todo es comparable", escribió Oscar Tusquets. Y yo añado: "Con el Real Madrid".
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