La Habitación Blanca
Cuando el Madrid dejó de ser Real
1.La semana pasada, La Sexta emitió un falso documental en el que se imaginaba cómo hubiera sido la historia de España si el bando republicano hubiera ganado la guerra. La verdad es que no me enteré de gran cosa, porque el montaje se aderezaba con primeros planos de Mamen Mendizábal

De su deliciosa cara...

...y de sus bastante apetecibles pies
y uno es muy sensible a su presencia. Todo lo más que recuerdo es una escena en la que Mamen celebraba un gol de Van Nistelrooy en el Camp Nou (! Encima del Madrid! ¿O eso también era ficción?) Por lo visto, una de las consecuencias del cambio era que el Madrid había dejado de ser Real !Y lo ilustraban con imágenes del segundo Madrid de Capello! !O sea, de la época en que el Madrid dejó de ser Real para ser real con la Segunda República capellista! Hoy el Madrid quiere hacer el camino inverso pero le cuesta. Sumergido en una nueva mutación, en medio de los espasmos y las convulsiones, todavía deja ver de vez en cuando las trazas de aquel infumable equipo del italiano ¿Qué era si no lo que vimos en Riazor o contra el Murcia en el Bernabéu?
2. El aficionado, madridista o no, añora al Real Madrid. Carlos Boyero, en una de sus columnas en El País, echaba de menos al Madrid de Zidane, y Clemente, también en El País, a la pregunta "¿No cree que éste es el Madrid más mediocre de los últimos años?" contestaba: "A mí el Madrid que me gustaba era el de Di Stéfano". ¿De quién es el Madrid de hoy? De nadie. Y no parece que ningún jugador de la plantilla se postule para vincular su nombre para siempre con el de la entidad. Y sin crack no hay paraíso, ya lo sabemos. La impresión que provoca el Madrid actual es la de un triste sucedáneo; es real pero parece una caricatura del modelo al que aspira. Es un poco como esas fotos en las que Lindsay Lohan trata de imitar a la Marilyn de la última sesión. Fotografiada también por Bert Stern, nos deja completamente fríos

El espectáculo

La vulgaridad
En resumen: necesitamos ya un Madrid Real o a este paso va a emocionarnos más descubrir que todavía hay niños que juegan en la calle a la pelota.
Casillas y el crack ascético
Ahora que tanto se habla de la santidad de Casillas y tanto se discute sobre su ausencia de las listas de figuras, creo que es el momento de introducir un concepto en esta coyuntura, como diría el Woody Allen de Broadway Danny Rose. Ese concepto es el de la cualidad ascética del crack, y se resume muy bien en una frase que, si la memoria no me falla, se atribuye a San Francisco de Asís: "Yo necesito poco, y eso poco que necesito lo necesito muy poco". En efecto, el crack necesita muy poco para dejar su impronta: muy poco tiempo, muy poco espacio, muy pocos balones, muy pocas oportunidades. Y hasta tal punto esto es cierto, que el ascetismo de un jugador sirve como criterio para saber en qué medida es grande. Pensemos en el Robinho que vimos contra el Zaragoza (no en el de las camisinhas): necesitó poco más de diez minutos y apenas dos balones para matar el partido. Semejante austeridad muestra que se está consolidando como estrella.
El crack es ascético, por tanto, pero no siempre; cuando vuelve de una lesión y le falta ritmo de juego, necesita atiborrarse de minutos y de balones, recuperar a través del exceso la confianza en que necesita poco para resultar decisivo (¿Veremos alguna vez a Robben completar ese proceso hacia el más radical ascetismo, o se quedará a medio camino por culpa de su debilidad? ¿Podrá Saviola siquiera reiniciarlo, visto el modo en que el banquillo ha malogrado lo que parecían unas excelentes condiciones para la vida de renuncia?) Pues eso es en esencia lo que lo define. Incluso si se trata de un portero. Si un portero como Casillas salva en la mayoría de los partidos una o dos ocasiones clarísimas de gol, evitando además que cambie su signo, ese portero es un crack. Necesita muy poco para ser determinante. Ahora bien, para ser considerado a la altura de los otros cracks ese poco que necesita lo necesita mucho, y aun así nunca es suficiente. En realidad, para lograr alguna nominación (no digo ya premio), necesitaría mucho más que eso, y mucho más que hacer muchas paradas imposibles en un solo encuentro. Necesitaría, me temo, otro milagro. Uno de ésos que devuelven la vista a los ciegos.

Levantando al santo para colocarlo en la peana
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"Todo es comparable", escribió Oscar Tusquets. Y yo añado: "Con el Real Madrid".
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