La Habitación Blanca

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La otra mitad

Escrito por: splandigo el 10 Dic 2007 - URL Permanente
Hubo un tiempo en que los jugadores del Madrid sólo comían juntos pipas en el banquillo y poco más. Era la época de los grupúsculos y de los egos. Ahora el club les obliga a quedarse a comer en Valdebebas para controlar su alimentación, y resulta inevitable relacionar esa comida conjunta con el hambre compartida de títulos ¿Les servirá para lograr una mayor cohesión? No lo sé. Lo cierto es que sobre el campo dan una extraordinaria sensación de equipo, una imagen de piña irrompible, lo que unido a la ambición, a la entrega y al buen juego produce un auténtico placer en el aficionado (placer que se duplica si además le gusta el baloncesto, donde las antecitadas virtudes son ya moneda corriente en la sección madridista). Un placer semejante al que procura la buena comida o la buena conversación, ingredientes ambos que Platón combinó en El banquete, donde varios comensales, entre ellos Sócrates, dialogan después de comer sobre el amor ¿De qué dialogan, si es que lo hacen, los jugadores del Madrid después de comer y hacer las libaciones? ¿Hablan de fútbol? Problablemente sí, y quizá en términos que recuerden al diálogo de Platón. ¿Discutirán las parejas que se forman en el cesped (Gago-Diarra, Pepe-Cannavaro, Raúl-Van Nistelrooy) sobre distintos aspectos de sus relaciones (movimientos, posición, etc.)? Lo ignoro, pero aun así, hacen pensar en aquellos robustos seres esféricos del mito que, partidos por los dioses en dos mitades como castigo a su soberbia ( querían escalar el cielo y combatir con ellos), trataban desesperadamente de volver a juntarse (idea del amor que sobrevive en la expresión "buscar la media naranja"). Las parejas del Madrid, para tocar el cielo con el equipo, tratan de formar una sola y poderosa entidad, pretenden pensar como uno, lograr la fusión que supone la compenetración perfecta. Raúl y Van Nistelrooy, por ejemplo, están cerca de lograrlo: da la impresión de que que se complementan admirablemente, que de algún modo han nacido para jugar juntos; tal vez han encontrado el uno en el otro a su otra mitad. El caso de Pepe y Cannavaro es más dudoso, pero hay que darles tiempo. Ese tiempo que parece haberse agotado para Gago y Diarra, dos mediocampistas que no encajan. Schuster, en esa faceta de celestina que tiene su oficio de entrenador, no ha conseguido que se encienda la llama entre los dos, y por eso ha recurrido a la combinación de armarios Diarra-Baptista, a simple vista más compatibles. Por cierto, ¿no resulta curioso que cuando un solo jugador ocupaba la zona que ahora ocupan dos, es decir, cuando había en el Madrid alguien que,tan buen defensa como atacante, miraba a la vez al frente y hacia atrás; y que por su despliegue y su capacidad para proteger el balón, parecía tener cuatro brazos y cuatro piernas como los seres esféricos de Platón, éste tuviera el nombre de Redondo?


Raúl y Van Nistelrooy, en proceso de fusión

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Diarrá y la moral

Escrito por: splandigo el 05 Dic 2007 - URL Permanente
Al comienzo de Las hijas de Bienfilátre de Villiers de L´isle-Adam, leemos: "Pascal nos dice que desde el punto de vista de los hechos, el Bien y el Mal son una cuestión de latitud. En efecto, determinado acto humano que es llamado crimen aquí, es una buena acción allí, y viceversa". Así, en Escocia no es un crimen contratar a Gravesen, ni lo es en Grecia fichar a Raúl Bravo, mientras que sí lo sería que el Madrid actual los recuperara para su plantilla. En su momento los dos fueron jugadores madridistas, pero entonces no había una moral definida (o sí la había, pero en el sentido económico: todo lo que generera beneficios estaba bien hecho). Ahora el Madrid no es que busque el bien, es que busca el supremo bien, la excelencia del juego, y eso implica descartar a los tuercebotas. Pero si esto es así, ¿qué pinta Diarrá en el equipo? Se trajo a Capello para ganar, y éste, para no perder, pidió al malí(recuérdese aquella célebre profecía, luego desmentida por los hechos: "Presidente, con Diarrá no perderemos más de tres partidos") ¿Por qué a uno se le echó debido al cambio de modelo o de moral, y no se trató de colocar al otro, como se hizo con Emerson? A nadie se le escapa que no resiste la comparación con los otros africanos de la Liga que juegan en el mismo puesto (Keyta, Touré); a todas luces carece de la calidad suficiente para ser medio centro del Madrid de Schuster, aunque sea defensivo. No es que sea un crimen ponerle de titular, pero tampoco es una buena acción; no es que sea verdaderamente malo, pero tampoco es verdaderamente bueno, y ése es el problema. Todos los jugadores del Madrid deben ser verdaderamente buenos.

"La moral, dice Comte-Sponville (a quien ya citábamos aquí), es la ley que me impongo a mí mismo, o que debería imponerme, independiente de la mirada del otro, y de cualquier sanción o recompensa esperadas". El Madrid se ha autoimpuesto una ley fundamental: el juego debe ser exquisito. Pero a partir de la mirada de otros: es lo que piden los aficionados. Y para cumplirla, hace o deja de hacer determinadas acciones: vende o ficha o renuncia a fichar a determinados jugadores. Tal vez el club esté pensando ahora que al fichar a Diarrá, o mejor, al no venderlo tras su decepcionante primer año, quebrantó la ley; tal vez tenga problemas de conciencia. En su reciente entrevista en El Larguero, Ramón Calderón trató de aclarar que su moral no le permite robar a los socios del Real Madrid, y que su conciencia está tranquila ¿Pero y la de la entidad? Yo diría que no, a tenor de estas declaraciones: "El representante de Diarrá cobrará 20 millones de las antiguas pesetas por cada uno de los cinco años de contrato del jugador, si es que los cumple" Esperemos que la moral deportiva del Madrid se imponga al contrato, como en su día, económicamente, la ética del futbolista se impuso a la del Madrid estableciendo como condición innegociable de su fichaje que su representante cobrara el 10%.


Diarrá y Cannavaro: ¿quién será el primero en irse?

El regreso de Solari

Escrito por: splandigo el 09 Nov 2007 - URL Permanente

Santiago Solari no dejó un mal recuerdo en la afición madridista. Era el clásico extremo habilidoso que llega con descaro hasta la línea de fondo y centra; un tipo de jugador que ahora escasea en el Madrid, y que se echa de menos. Tenía profundidad y gol, y lo que es más importante, una exquisita educación (nunca le oímos protestar por ser suplente). Pero Florentino decidió venderlo al Inter, como a Figo y a Cambiasso. Se deshizo de todo un medio del campo como quien se deshace de una parcela.

Ahora Solari ha vuelto, pero como periodista. Ha vuelto para sustituir a Enric González como cronista oficial del Calcio en El País de los lunes. Es un encargo difícil, porque las Historias del Calcio son probablemente un hito del periodismo deportivo moderno, pero resulta interesante, ya que Solari puede ofrecer una visión del campeonato italiano desde dentro. Solari está en activo, y escribe como juega: su primer artículo ("Gol de Kafka") es sensato, elegante, incisivo y directo. Critica en él el vicio contemporáneo de rearbitrar los partidos en los despachos, y encuentra para el fenómeno la expresión más adecuada: "fútbol kafkiano", por el lío administrativo que puede llegar a formarse cuando una simple jugada es sometida a juicios paralelos.

Y lo hace precisamente en la semana en que el Real Madrid anuncia su intención de recurrir la segunda tarjeta que Ramos vio en Sevilla (finalmente, ha desistido) ¿Cuándo va a dejar el Madrid de ser noticia por esto? El Madrid no puede buscar la excelencia, y andar mendigando una suspensión cautelar ( como dice Solari, "lo pitado, pasado está"). Ni su entrenador debe acusar infantilmente a los árbitros (cuando Solari estuvo en el club blanco, Vicente del Bosque no hablaba nunca de ellos- !Oh sí, aquélla fue una época con clase!) Desde el momento en que uno acepta jugar al fútbol con el sistema de arbitraje establecido (una antigualla, todo hay que decirlo), debe aceptar también las decisiones que tomen los colegiados, aunque luego parezcan o se demuestren equivocadas en los vídeos.

"Reivindiquemos la difícil tarea del árbitro, no le quitemos autoridad, escribe Solari. (Dejemos) la televisión para juzgar aquellas agresiones que el árbitro no pudo ver". Después de ver por televisión el escalofriante codazo de Diarra a Crespo, el Real Madrid debería haber cerrado el pico, y dar gracias por que no se denunciara la agresión. Además, ya se había hecho justicia sobre el campo: la amarilla dudosa de Ramos era justa si consideramos que el malí no vio la roja.Como también era justa la victoria del Sevilla, y no había más vueltas que darle.

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Bernardo y la felicidad

Escrito por: splandigo el 08 Oct 2007 - URL Permanente
Cuando era futbolista, a Schuster le españolizaron el nombre. Se referían a él como Bernardo, y en cierto modo, resultaba lógico, ya que parecía más un jugador español que uno alemán: elegante, técnico, con gran visión de juego, era la clase de mediocampista creativo que hoy buscan los equipos alemanes en el mercado extranjero (Rivery,Van der Vaart, Diego). Ahora, como técnico, Bernd sigue siendo Bernardo, es decir, piensa mucho más en atacar que en defender. Aunque a la hora de defenderse en las ruedas dentadas de prensa, no olvida su origen, y a la menor oportunidad hace humor alemán: que si no le importaría que vinieran más fichajes porque los alemanes nunca están satisfechos, que si tiene mucha suerte porque el Papa es alemán....
A Schuster le castellanizaron el nombre como antiguamente se hacía con los escritores. Edward Spranger, culturalista alemán, era Eduardo Spranger; Carl Vossler, hispanista alemán, era Carlos Vossler; y Arthur Schopenhauer, filósofo alemán, era Arturo Schopenhauer. Este último, en el Arte del buen vivir, divide la "suerte de los mortales" (independientemente de la nacionalidad del Papa) en tres condiciones: 1) lo que uno es o la personalidad "en su sentido más extenso"; 2) lo que uno tiene o "la propiedad y el haber de todas clases"; y 3)lo que se representa o la opinión de los demás sobre uno, que a su vez se divide en "honor, categoría y gloria". Según Arturo, la felicidad del hombre se funda en la primera condición, y no en las otras dos. Al hombre de talento le bastan sus propios pensamientos en soledad para divertirse, mientras que el hombre limitado, para sofocar a duras penas el tedio que le inunda, necesita distraerse con fiestas y espectáculos. Entre ellos, en nuestro tiempo, el fútbol, claro está. Pero en el fútbol, el razonamiento de Schopenhauer no puede aplicarse; Schuster, por ejemplo, es feliz por lo que tiene, por los jugadores que integran su plantilla, y su felicidad aumentaría si le trajeran algún jugador más, porque ya se sabe como son los alemanes. Aunque se trata de una felicidad aparente. Sócrates, según Arturo, exclamó ante unos cuantos objetos lujosos expuestos para su venta: "!Cuántas cosas hay que yo no necesito!". Y Schuster, a buen seguro, habrá pensado lo mismo más de una vez al ver la cantidad de caros mediapuntas de que dispone. Pero no porque se baste con menos, que también, sino por cómo el exceso de efectivos en ese puesto pone todavía más en evidencia la absurda escasez de recursos en otros. Sin sustitutos de garantías para Guti o Sneijder o Diarra, es menos probable que su categoría aumente con algún título, y, en consecuencia, que su dicha futbolística sea plena,pues ésta también se cifra en la la llamada gloria deportiva.
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"Todo es comparable", escribió Oscar Tusquets. Y yo añado: "Con el Real Madrid".

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