La Habitación Blanca
La otra mitad

Raúl y Van Nistelrooy, en proceso de fusión
Diarrá y la moral
"La moral, dice Comte-Sponville (a quien ya citábamos aquí), es la ley que me impongo a mí mismo, o que debería imponerme, independiente de la mirada del otro, y de cualquier sanción o recompensa esperadas". El Madrid se ha autoimpuesto una ley fundamental: el juego debe ser exquisito. Pero a partir de la mirada de otros: es lo que piden los aficionados. Y para cumplirla, hace o deja de hacer determinadas acciones: vende o ficha o renuncia a fichar a determinados jugadores. Tal vez el club esté pensando ahora que al fichar a Diarrá, o mejor, al no venderlo tras su decepcionante primer año, quebrantó la ley; tal vez tenga problemas de conciencia. En su reciente entrevista en El Larguero, Ramón Calderón trató de aclarar que su moral no le permite robar a los socios del Real Madrid, y que su conciencia está tranquila ¿Pero y la de la entidad? Yo diría que no, a tenor de estas declaraciones: "El representante de Diarrá cobrará 20 millones de las antiguas pesetas por cada uno de los cinco años de contrato del jugador, si es que los cumple" Esperemos que la moral deportiva del Madrid se imponga al contrato, como en su día, económicamente, la ética del futbolista se impuso a la del Madrid estableciendo como condición innegociable de su fichaje que su representante cobrara el 10%.

Diarrá y Cannavaro: ¿quién será el primero en irse?
El regreso de Solari
Santiago Solari no dejó un mal recuerdo en la afición madridista. Era el clásico extremo habilidoso que llega con descaro hasta la línea de fondo y centra; un tipo de jugador que ahora escasea en el Madrid, y que se echa de menos. Tenía profundidad y gol, y lo que es más importante, una exquisita educación (nunca le oímos protestar por ser suplente). Pero Florentino decidió venderlo al Inter, como a Figo y a Cambiasso. Se deshizo de todo un medio del campo como quien se deshace de una parcela.
Ahora Solari ha vuelto, pero como periodista. Ha vuelto para sustituir a Enric González como cronista oficial del Calcio en El País de los lunes. Es un encargo difícil, porque las Historias del Calcio son probablemente un hito del periodismo deportivo moderno, pero resulta interesante, ya que Solari puede ofrecer una visión del campeonato italiano desde dentro. Solari está en activo, y escribe como juega: su primer artículo ("Gol de Kafka") es sensato, elegante, incisivo y directo. Critica en él el vicio contemporáneo de rearbitrar los partidos en los despachos, y encuentra para el fenómeno la expresión más adecuada: "fútbol kafkiano", por el lío administrativo que puede llegar a formarse cuando una simple jugada es sometida a juicios paralelos.
Y lo hace precisamente en la semana en que el Real Madrid anuncia su intención de recurrir la segunda tarjeta que Ramos vio en Sevilla (finalmente, ha desistido) ¿Cuándo va a dejar el Madrid de ser noticia por esto? El Madrid no puede buscar la excelencia, y andar mendigando una suspensión cautelar ( como dice Solari, "lo pitado, pasado está"). Ni su entrenador debe acusar infantilmente a los árbitros (cuando Solari estuvo en el club blanco, Vicente del Bosque no hablaba nunca de ellos- !Oh sí, aquélla fue una época con clase!) Desde el momento en que uno acepta jugar al fútbol con el sistema de arbitraje establecido (una antigualla, todo hay que decirlo), debe aceptar también las decisiones que tomen los colegiados, aunque luego parezcan o se demuestren equivocadas en los vídeos.
"Reivindiquemos la difícil tarea del árbitro, no le quitemos autoridad, escribe Solari. (Dejemos) la televisión para juzgar aquellas agresiones que el árbitro no pudo ver". Después de ver por televisión el escalofriante codazo de Diarra a Crespo, el Real Madrid debería haber cerrado el pico, y dar gracias por que no se denunciara la agresión. Además, ya se había hecho justicia sobre el campo: la amarilla dudosa de Ramos era justa si consideramos que el malí no vio la roja.Como también era justa la victoria del Sevilla, y no había más vueltas que darle.
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Bernardo y la felicidad


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"Todo es comparable", escribió Oscar Tusquets. Y yo añado: "Con el Real Madrid".
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