La Habitación Blanca
Diarrá y la moral
"La moral, dice Comte-Sponville (a quien ya citábamos aquí), es la ley que me impongo a mí mismo, o que debería imponerme, independiente de la mirada del otro, y de cualquier sanción o recompensa esperadas". El Madrid se ha autoimpuesto una ley fundamental: el juego debe ser exquisito. Pero a partir de la mirada de otros: es lo que piden los aficionados. Y para cumplirla, hace o deja de hacer determinadas acciones: vende o ficha o renuncia a fichar a determinados jugadores. Tal vez el club esté pensando ahora que al fichar a Diarrá, o mejor, al no venderlo tras su decepcionante primer año, quebrantó la ley; tal vez tenga problemas de conciencia. En su reciente entrevista en El Larguero, Ramón Calderón trató de aclarar que su moral no le permite robar a los socios del Real Madrid, y que su conciencia está tranquila ¿Pero y la de la entidad? Yo diría que no, a tenor de estas declaraciones: "El representante de Diarrá cobrará 20 millones de las antiguas pesetas por cada uno de los cinco años de contrato del jugador, si es que los cumple" Esperemos que la moral deportiva del Madrid se imponga al contrato, como en su día, económicamente, la ética del futbolista se impuso a la del Madrid estableciendo como condición innegociable de su fichaje que su representante cobrara el 10%.

Diarrá y Cannavaro: ¿quién será el primero en irse?
El rostro y el retrato
1.- No existen leyes para describir un rostro en un relato literario. Lo normal es empezar por los ojos, o por el rasgo más destacado (por ejemplo, una de esas narices que llegan a los sitios 15 minutos antes que el resto de la cara, como decía Cyrano) , aunque el escritor es libre para elegir un punto de partida y un orden. Puede ir de arriba a abajo, de abajo a arriba, o saltar a su sabor de un detalle a otro . Las alineaciones, en cambio, empiezan siempre por el portero. O lo que es lo mismo, por los ojos, por el tipo que tiene la visión más completa de lo que pasa en el terreno de juego. Aunque podrían empezar por el rasgo más destacado, es decir, por el jugador que lidera el equipo, alrededor del cual los demás orbitan. Sería interesante investigar de cuantas maneras distintas puede darse una alineación, sin contar las que resultan de alterar el orden de los titulares. Raymond Queneau en Ejercicios de estilo relató de 99 formas diferentes un pequeño hurto en un autobús: hizo una versión torpe, otra filosófica, otra metafórica, otra amanerada, otra onírica, y así ¿Cuántas formas de dar el 11 podría encontrar el speaker del Bernabéu? Yo creo que bastantes. Una de ellas podría llamarse PROSOPOGRAFÍA (que es el nombre técnico de la descripción física) y sería más o menos así (tomando como modelo la última alineación del Madrid en Murcia): En los ojos vivaces, Iker Casillas; en la sien derecha, con la vena marcada, Sergio Ramos; en la sien izquierda, brillante, Marcelo; en las mejillas, Pepe y Cannavaro: será difícil sacarles el color; en cada perfil del tajamar de la nariz, Gago y Diarra; en las comisuras de los labios sonrientes, Guti y Robinho; agazapado en el hoyuelo de la barbilla, Raúl; y en el duro mentón, Ruud Van Nistelrooy.

Distintas versiones de Raymond Queneau en un fotomatón

El 11 del Madrid al que el Sevilla le pintó la cara en la Supercopa
La otra habitación blanca
Cuando el lunes escribí que la búsqueda de la excelencia era una fórmula de amplio alcance, que no se ceñía sólo a la política deportiva, todavía no había tenido noticia del artículo de ABC sobre la cámara hipóxica de Raúl. De lo contrario, habría citado esta frase: "En su búsqueda de la excelencia, de la eterna juventud, sin rebasar los límites de la legalidad, pisó los terrenos de la física". Parece referida a un científico intrépido o a un millonario excéntrico, pero en realidad se refiere a Raúl, el incombustible capitán del Real Madrid, quien por lo visto duerme en una habitación con el oxígeno empobrecido, como si descansara a más de 2000 metros de altitud, en plan campamento base. La noticia se prestaba al juego de palabras, algo del tipo: "Para seguir en la cima, Raúl duerme en lo alto", pero Julián Ávila decidió echar mano del pomposo eslogan del club, y acompañándolo de una alusión al mito de la inmortalidad, darle un matiz aventurero.
Tal vez la retórica sea pretenciosa, pero no deja de ser acertada. Como la decisión de Raúl, a juzgar por los resultados. Raúl no para de correr, y es capaz de hacer una ayuda defensiva en el córner de su propio campo pasado el minuto 90; baja al medio campo si hace falta, y en el área siempre llega a tiempo. Es como si se hubiera clonado, un poco a la manera del anuncio de El País que comentábamos aquí.Como si fuera su propio recambio en las rotaciones.
Living high training low es el lema de los que recurren a la altura para oxigenar mejor. En este caso, living es sleeping. En el reciente Torneo de Maestros de Shanghai pudimos ver la ya clásica pancarta a favor de Federer: "Silencio. Genio trabajando". Si no recuerdo mal, algo parecido colgaba un poeta de la puerta de su cuarto mientras dormía: "Silencio, el poeta está trabajando". Igual que aquel poeta, durante el sueño, ya estaba estableciendo conexiones o creando imágenes que luego fijaría sobre el papel, Raúl, cada vez que duerme en su habitación blindada, ya está pensando en el entrenamiento (la habitación se convierte en una habitación blanca). Es la suya una preparación rigurosa, de una exigencia mayor a la que su deporte demanda, y en ese sentido, resulta adecuado hablar de una búsqueda de la excelencia. Una excelencia que tiene que ver con la sangre, sí, pero de otra manera.

La búsqueda de la excelencia
Los letreros de Las Vegas que ya no se usan van a parar al Neon Boneyard (o cementerio de letreros de neón). Allí, como escribe Bruce Bégout en Zerópolis, "a medida que su valor de indicación se difumina, su valor de exposición se manifiesta(...) Una vez extinguido el uso, la forma se recupera y se expone como pura apariencia". En el Madrid, ya antes del cambio de presidente, el eslogan Zidanes y Pavones quedó arrumbado en el museo de las hemerotecas, y reducido a pura forma. Mirada ahora, desde la distancia, aquella creación de Jorge Valdano se revela en toda su belleza. Los dos nombres acaban en n (al menos en la pronunciación), los dos designan a los jugadores más emblemáticos de la galaxia y de la cantera respectivamente, y los dos se convierten en sinónimos de cracks y canteranos con el sencillo añadido de la terminación "-es". La fórmula era perfecta en su diseño, pero, como ya sabemos, ni mucho menos funcionó en su aplicación. Florentino tuvo que ceder, y fichar a futbolistas que no le gustaban, y ahí empezó su desencanto. Porque Florentino soñaba con hacer del Real Madrid algo parecido a Las Vegas: un equipo basado en la adición permanente de figuras. "A diferencia del resto de las ciudades del mundo, escribe Bégout, la capital del juego no puede resumirse en una o dos figuras reconocibles. Al contrario, las multiplica profusamente como si quisiera con ello trascender definitivamente toda posibilidad de asignarle cierta identidad duradera".

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"Todo es comparable", escribió Oscar Tusquets. Y yo añado: "Con el Real Madrid".
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