La Habitación Blanca

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Diarrá y la moral

Escrito por: splandigo el 05 Dic 2007 - URL Permanente
Al comienzo de Las hijas de Bienfilátre de Villiers de L´isle-Adam, leemos: "Pascal nos dice que desde el punto de vista de los hechos, el Bien y el Mal son una cuestión de latitud. En efecto, determinado acto humano que es llamado crimen aquí, es una buena acción allí, y viceversa". Así, en Escocia no es un crimen contratar a Gravesen, ni lo es en Grecia fichar a Raúl Bravo, mientras que sí lo sería que el Madrid actual los recuperara para su plantilla. En su momento los dos fueron jugadores madridistas, pero entonces no había una moral definida (o sí la había, pero en el sentido económico: todo lo que generera beneficios estaba bien hecho). Ahora el Madrid no es que busque el bien, es que busca el supremo bien, la excelencia del juego, y eso implica descartar a los tuercebotas. Pero si esto es así, ¿qué pinta Diarrá en el equipo? Se trajo a Capello para ganar, y éste, para no perder, pidió al malí(recuérdese aquella célebre profecía, luego desmentida por los hechos: "Presidente, con Diarrá no perderemos más de tres partidos") ¿Por qué a uno se le echó debido al cambio de modelo o de moral, y no se trató de colocar al otro, como se hizo con Emerson? A nadie se le escapa que no resiste la comparación con los otros africanos de la Liga que juegan en el mismo puesto (Keyta, Touré); a todas luces carece de la calidad suficiente para ser medio centro del Madrid de Schuster, aunque sea defensivo. No es que sea un crimen ponerle de titular, pero tampoco es una buena acción; no es que sea verdaderamente malo, pero tampoco es verdaderamente bueno, y ése es el problema. Todos los jugadores del Madrid deben ser verdaderamente buenos.

"La moral, dice Comte-Sponville (a quien ya citábamos aquí), es la ley que me impongo a mí mismo, o que debería imponerme, independiente de la mirada del otro, y de cualquier sanción o recompensa esperadas". El Madrid se ha autoimpuesto una ley fundamental: el juego debe ser exquisito. Pero a partir de la mirada de otros: es lo que piden los aficionados. Y para cumplirla, hace o deja de hacer determinadas acciones: vende o ficha o renuncia a fichar a determinados jugadores. Tal vez el club esté pensando ahora que al fichar a Diarrá, o mejor, al no venderlo tras su decepcionante primer año, quebrantó la ley; tal vez tenga problemas de conciencia. En su reciente entrevista en El Larguero, Ramón Calderón trató de aclarar que su moral no le permite robar a los socios del Real Madrid, y que su conciencia está tranquila ¿Pero y la de la entidad? Yo diría que no, a tenor de estas declaraciones: "El representante de Diarrá cobrará 20 millones de las antiguas pesetas por cada uno de los cinco años de contrato del jugador, si es que los cumple" Esperemos que la moral deportiva del Madrid se imponga al contrato, como en su día, económicamente, la ética del futbolista se impuso a la del Madrid estableciendo como condición innegociable de su fichaje que su representante cobrara el 10%.


Diarrá y Cannavaro: ¿quién será el primero en irse?

El rostro y el retrato

Escrito por: splandigo el 26 Nov 2007 - URL Permanente

1.- No existen leyes para describir un rostro en un relato literario. Lo normal es empezar por los ojos, o por el rasgo más destacado (por ejemplo, una de esas narices que llegan a los sitios 15 minutos antes que el resto de la cara, como decía Cyrano) , aunque el escritor es libre para elegir un punto de partida y un orden. Puede ir de arriba a abajo, de abajo a arriba, o saltar a su sabor de un detalle a otro . Las alineaciones, en cambio, empiezan siempre por el portero. O lo que es lo mismo, por los ojos, por el tipo que tiene la visión más completa de lo que pasa en el terreno de juego. Aunque podrían empezar por el rasgo más destacado, es decir, por el jugador que lidera el equipo, alrededor del cual los demás orbitan. Sería interesante investigar de cuantas maneras distintas puede darse una alineación, sin contar las que resultan de alterar el orden de los titulares. Raymond Queneau en Ejercicios de estilo relató de 99 formas diferentes un pequeño hurto en un autobús: hizo una versión torpe, otra filosófica, otra metafórica, otra amanerada, otra onírica, y así ¿Cuántas formas de dar el 11 podría encontrar el speaker del Bernabéu? Yo creo que bastantes. Una de ellas podría llamarse PROSOPOGRAFÍA (que es el nombre técnico de la descripción física) y sería más o menos así (tomando como modelo la última alineación del Madrid en Murcia): En los ojos vivaces, Iker Casillas; en la sien derecha, con la vena marcada, Sergio Ramos; en la sien izquierda, brillante, Marcelo; en las mejillas, Pepe y Cannavaro: será difícil sacarles el color; en cada perfil del tajamar de la nariz, Gago y Diarra; en las comisuras de los labios sonrientes, Guti y Robinho; agazapado en el hoyuelo de la barbilla, Raúl; y en el duro mentón, Ruud Van Nistelrooy.


Distintas versiones de Raymond Queneau en un fotomatón

2.-Pero la prosopografía no siempre aparece sola. A veces va acompañada de la etopeya o descripción moral, o se mezcla con ella, formando en ambos casos el llamado retrato. Turgueniev hizo así el retrato de Gógol en 1834: "Una serena bondad brillaba en la profunda mirada de sus ojos oscuros, rasgados como los de un chino; y en sus labios bastante gruesos pero de correcto trazo estaba siempre presente una sonrisa de benevolencia y de bienvenida, apenas perceptible pero sincera". El retrato tiene en cuenta los ojos, pero también la mirada, la boca pero también la sonrisa o la falta de ella, porque pretende adentrarse en el fondo de la persona descrita. Por eso, si quisiéramos retratar al Madrid tendríamos que atender no sólo a las piezas que pone en liza sino también a aquellas acciones que nos hablan de su interior. La velocidad de circulación del balón, la movilidad y verticalidad general, la tremenda voluntad de marcar y de ganar exhibidas por el Madrid en el primer cuarto de hora de Murcia nos hablaban de esa búsqueda de la excelencia que define su carácter. En los primeros quince minutos la vimos resplanceder en la mirada incisiva y en la sonrisa de banda a banda del equipo, pero de repente su rostro dejó de transparentarla, y poco a poco fueron apareciendo en él los síntomas del que padece el llamado virus FIFA, una suerte de escorbuto (todavía sin remedio) que sólo afecta a la tripulación de los grandes barcos de las ligas europeas.


El 11 del Madrid al que el Sevilla le pintó la cara en la Supercopa

La otra habitación blanca

Escrito por: splandigo el 21 Nov 2007 - URL Permanente

Cuando el lunes escribí que la búsqueda de la excelencia era una fórmula de amplio alcance, que no se ceñía sólo a la política deportiva, todavía no había tenido noticia del artículo de ABC sobre la cámara hipóxica de Raúl. De lo contrario, habría citado esta frase: "En su búsqueda de la excelencia, de la eterna juventud, sin rebasar los límites de la legalidad, pisó los terrenos de la física". Parece referida a un científico intrépido o a un millonario excéntrico, pero en realidad se refiere a Raúl, el incombustible capitán del Real Madrid, quien por lo visto duerme en una habitación con el oxígeno empobrecido, como si descansara a más de 2000 metros de altitud, en plan campamento base. La noticia se prestaba al juego de palabras, algo del tipo: "Para seguir en la cima, Raúl duerme en lo alto", pero Julián Ávila decidió echar mano del pomposo eslogan del club, y acompañándolo de una alusión al mito de la inmortalidad, darle un matiz aventurero.

Tal vez la retórica sea pretenciosa, pero no deja de ser acertada. Como la decisión de Raúl, a juzgar por los resultados. Raúl no para de correr, y es capaz de hacer una ayuda defensiva en el córner de su propio campo pasado el minuto 90; baja al medio campo si hace falta, y en el área siempre llega a tiempo. Es como si se hubiera clonado, un poco a la manera del anuncio de El País que comentábamos aquí.Como si fuera su propio recambio en las rotaciones.

Living high training low es el lema de los que recurren a la altura para oxigenar mejor. En este caso, living es sleeping. En el reciente Torneo de Maestros de Shanghai pudimos ver la ya clásica pancarta a favor de Federer: "Silencio. Genio trabajando". Si no recuerdo mal, algo parecido colgaba un poeta de la puerta de su cuarto mientras dormía: "Silencio, el poeta está trabajando". Igual que aquel poeta, durante el sueño, ya estaba estableciendo conexiones o creando imágenes que luego fijaría sobre el papel, Raúl, cada vez que duerme en su habitación blindada, ya está pensando en el entrenamiento (la habitación se convierte en una habitación blanca). Es la suya una preparación rigurosa, de una exigencia mayor a la que su deporte demanda, y en ese sentido, resulta adecuado hablar de una búsqueda de la excelencia. Una excelencia que tiene que ver con la sangre, sí, pero de otra manera.

Raúl, en otras condiciones de altura

La búsqueda de la excelencia

Escrito por: splandigo el 19 Nov 2007 - URL Permanente

Los letreros de Las Vegas que ya no se usan van a parar al Neon Boneyard (o cementerio de letreros de neón). Allí, como escribe Bruce Bégout en Zerópolis, "a medida que su valor de indicación se difumina, su valor de exposición se manifiesta(...) Una vez extinguido el uso, la forma se recupera y se expone como pura apariencia". En el Madrid, ya antes del cambio de presidente, el eslogan Zidanes y Pavones quedó arrumbado en el museo de las hemerotecas, y reducido a pura forma. Mirada ahora, desde la distancia, aquella creación de Jorge Valdano se revela en toda su belleza. Los dos nombres acaban en n (al menos en la pronunciación), los dos designan a los jugadores más emblemáticos de la galaxia y de la cantera respectivamente, y los dos se convierten en sinónimos de cracks y canteranos con el sencillo añadido de la terminación "-es". La fórmula era perfecta en su diseño, pero, como ya sabemos, ni mucho menos funcionó en su aplicación. Florentino tuvo que ceder, y fichar a futbolistas que no le gustaban, y ahí empezó su desencanto. Porque Florentino soñaba con hacer del Real Madrid algo parecido a Las Vegas: un equipo basado en la adición permanente de figuras. "A diferencia del resto de las ciudades del mundo, escribe Bégout, la capital del juego no puede resumirse en una o dos figuras reconocibles. Al contrario, las multiplica profusamente como si quisiera con ello trascender definitivamente toda posibilidad de asignarle cierta identidad duradera".

Ahora el Madrid se define por la búsqueda de la excelencia, un marbete que muy bien podría servir de título a uno de esos libros de autoayuda que lee Ruud Van Nistelrooy (cfr. El hombre ilustrado). Es el cartel que, a la entrada de la casa blanca, sustituye al que había colgado el año pasado: la victoria a toda costa (lema de Capello). Un cartel que ilusiona, por cuyo estímulo tal vez han llegado a producirse esas dos manitas impecables de Villarreal y Valencia que todavía saboreamos. Y además extensible: puede aplicarse tanto a la ética de la plantilla (recuérdese el libro blanco) como al funcionamiento de las instalaciones. Cuando otro lo reemplace, quizá no deje la misma impresión estética que Zidanes y Pavones, tal vez se vea como este amasijo informe de letras
pero eso nos dará igual si se ha logrado el objetivo, esto es, si la excelencia se ha trasladado del trato a ciertos jugadores (oh, sí, excelencia, lo que usted quiera) a la práctica del juego.

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"Todo es comparable", escribió Oscar Tusquets. Y yo añado: "Con el Real Madrid".

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