La Habitación Blanca

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El rostro y el retrato

Escrito por: splandigo el 26 Nov 2007 - URL Permanente

1.- No existen leyes para describir un rostro en un relato literario. Lo normal es empezar por los ojos, o por el rasgo más destacado (por ejemplo, una de esas narices que llegan a los sitios 15 minutos antes que el resto de la cara, como decía Cyrano) , aunque el escritor es libre para elegir un punto de partida y un orden. Puede ir de arriba a abajo, de abajo a arriba, o saltar a su sabor de un detalle a otro . Las alineaciones, en cambio, empiezan siempre por el portero. O lo que es lo mismo, por los ojos, por el tipo que tiene la visión más completa de lo que pasa en el terreno de juego. Aunque podrían empezar por el rasgo más destacado, es decir, por el jugador que lidera el equipo, alrededor del cual los demás orbitan. Sería interesante investigar de cuantas maneras distintas puede darse una alineación, sin contar las que resultan de alterar el orden de los titulares. Raymond Queneau en Ejercicios de estilo relató de 99 formas diferentes un pequeño hurto en un autobús: hizo una versión torpe, otra filosófica, otra metafórica, otra amanerada, otra onírica, y así ¿Cuántas formas de dar el 11 podría encontrar el speaker del Bernabéu? Yo creo que bastantes. Una de ellas podría llamarse PROSOPOGRAFÍA (que es el nombre técnico de la descripción física) y sería más o menos así (tomando como modelo la última alineación del Madrid en Murcia): En los ojos vivaces, Iker Casillas; en la sien derecha, con la vena marcada, Sergio Ramos; en la sien izquierda, brillante, Marcelo; en las mejillas, Pepe y Cannavaro: será difícil sacarles el color; en cada perfil del tajamar de la nariz, Gago y Diarra; en las comisuras de los labios sonrientes, Guti y Robinho; agazapado en el hoyuelo de la barbilla, Raúl; y en el duro mentón, Ruud Van Nistelrooy.


Distintas versiones de Raymond Queneau en un fotomatón

2.-Pero la prosopografía no siempre aparece sola. A veces va acompañada de la etopeya o descripción moral, o se mezcla con ella, formando en ambos casos el llamado retrato. Turgueniev hizo así el retrato de Gógol en 1834: "Una serena bondad brillaba en la profunda mirada de sus ojos oscuros, rasgados como los de un chino; y en sus labios bastante gruesos pero de correcto trazo estaba siempre presente una sonrisa de benevolencia y de bienvenida, apenas perceptible pero sincera". El retrato tiene en cuenta los ojos, pero también la mirada, la boca pero también la sonrisa o la falta de ella, porque pretende adentrarse en el fondo de la persona descrita. Por eso, si quisiéramos retratar al Madrid tendríamos que atender no sólo a las piezas que pone en liza sino también a aquellas acciones que nos hablan de su interior. La velocidad de circulación del balón, la movilidad y verticalidad general, la tremenda voluntad de marcar y de ganar exhibidas por el Madrid en el primer cuarto de hora de Murcia nos hablaban de esa búsqueda de la excelencia que define su carácter. En los primeros quince minutos la vimos resplanceder en la mirada incisiva y en la sonrisa de banda a banda del equipo, pero de repente su rostro dejó de transparentarla, y poco a poco fueron apareciendo en él los síntomas del que padece el llamado virus FIFA, una suerte de escorbuto (todavía sin remedio) que sólo afecta a la tripulación de los grandes barcos de las ligas europeas.


El 11 del Madrid al que el Sevilla le pintó la cara en la Supercopa

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"Todo es comparable", escribió Oscar Tusquets. Y yo añado: "Con el Real Madrid".

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