La Habitación Blanca

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El juego de las simetrías

Escrito por: splandigo el 18 Feb 2008 - URL Permanente
1. Como ya dijimos aquí más de una vez, citando a Borges, a la Historia le gustan las simetrías. La lesión de Ronaldo en el tendón rotuliano da fe de ello: fue un calco de la anterior, sólo que en la otra rodilla, con la camiseta del Milan, y con el pelo ensortijado ¿Alguien pensaba todavía que el Madrid se había equivocado al venderlo? Capello ya no está, pero el madridismo debe agradecerle que trajera a Van Nistelrooy, y forzara la salida de Ronaldo y Beckham. Si ambos hubieran seguido, a estas alturas habrían jugado menos partidos que Pepe, Metzelder y Heinze juntos. En el fondo, visto con perspectiva, Capello fue un instrumento del Destino: volvió al club para propiciar (creo que éste es un verbo más adecuado que dirigir) la conquista de una nueva Liga (como en el año 97 llegó y venció, y que se fuera al año siguiente no hizo sino reforzar la simetría), pero también para empujar a Ronaldo, sin saberlo, hacia Italia, donde debía quebrarse una vez más su carrera conforme al patrón simétrico que a la Historia le gusta seguir. De su decepcionante paso por el Madrid, quedan algunas pinceladas futbolísticas (entre ellas, un hat-trick en Old Trafford) y detalles extradeportivos, como aquel inolvidable abrazo en pleno partido a Del Bosque, que acababa de perder a su madre,

o aquel célebre cumpleaños que sirvió de título a un tema de La Costa Brava. Sergio Algora y Fran Fernández usaron su nombre para anclar la canción en el tiempo (de hecho no habla de él, sino de una chica a la que supuestamente Ronaldo despreció esa noche), pero es imposible escucharla y no pensar en Ronaldo como figura pop. Gracias a su popularidad, el Madrid ganó dinero a espuertas, pero apenas una Liga. Eto´o (cuyo nombre La Granja también introdujo en una canción) era en el momento del fichaje de Ronaldo, propiedad del club y tenía un hambre leonina, pero se prefirió el tirón del brasileño y el resto es historia. Una Historia que en el caso del camerunés sigue escribiéndose, y que a buen seguro se deleitará en las simetrías.

2.A la Historia le gustan tanto las simetrías que a veces se ceba. Así, en el Ruiz de Lopera no sólo se repitió la historia de Almería, como dijo Schuster (una historia cuya sinopsis viene a ser más o menos ésta: equipo claramente inferior logra adelantarse y le pone un cerrojo al partido imposible de abrir), sino que en apenas cinco minutos se repitió la misma jugada con el mismo fatal resultado: centro perfecto desde la banda izquierda, y remate concedido por Marcelo que acaba en gol. Para pasmo de todos, béticos incluidos, los dos balones, procedentes del mismo lugar, entraron por el mismo sitio ante la misma cara de estupefacción de Casillas (es probable que el hecho le sorprendiera más que el contrato vitalicio) Y es que no era de esperar una repetición tan rápida y exacta, digna de una moviola en manos de un buen realizador. Aunque sí nos barruntábamos que alguna desgracia iba a suceder con Marcelo y Salgado en el campo; con ellos en los laterales, la portería del Madrid es un blanco fácil, como diría Chetes. A la armoniosa simetría holandesa dispuesta por Schuster, con Drenthe y Robben acuchillando las bandas, el Betis respondió perforando por el costado más débil, el del dos, y clavando dos goles clavados, dos, que dejaron al Madrid sin aire y boquiabierto. Razón de más para repetir, ahora que llega la Roma,aquello que decíamos en un post anterior: !Cuidado con il due!

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Marcelo y el teatro

Escrito por: splandigo el 25 Ene 2008 - URL Permanente

Casualidades de la vida y el arte: Marcelo declara que le gusta ir al teatro y resulta que su tocayo en el Hamlet de Shakespeare (uno de los caballeros de la guardia que ven al fantasma) dice en la Escena II: "Sentémonos y escuchemos a Bernardo" (puede comprobarse aquí, no me lo he sacado del caletre). Como el personaje de la obra, Marcelo escucha atentamente a Bernardo y asume un rol secundario. No juega los partidos grandes, pero no le preocupa porque sabe que es lo mejor para él. A su edad, en ciertos estadios, con su poca experiencia, el pánico escénico podría llevarle a cometer errores irreparables. Errores muy distintos de ésos que ocurren sobre las tablas, y que pueden enmendarse con un poco de ingenio: "Me gusta ir al teatro y sentarme a ver los derroteros de los actores, decía en la entrevista. Disfruto cuando se saltan el guión y empiezan a cometer errores. Se equivocan y no saben qué hacer. Eso en el cine no se ve. Paran y vuelven a grabar. Es muy interesante porque deben improvisar bajo presión. Igual que en el fútbol".

El teatro, en efecto, no es igual que el cine: se interpreta en vivo, en presencia, delante de unos espectadores que reaccionan e influyen en lo que ven. La presencia del público pone en tensión al actor (a veces lo acoquina) y al mismo tiempo lo estimula, del mismo modo que la presencia del actor vuelve agresivo al público (según algunos teóricos). Igualito que en los estadios. En El País Semanal del pasado domingo, Kid Torres, estrella de un fútbol donde el teatro está mal visto (!esos gritos del teatrero que en la tele no se oyen pero que existen, cual intentos de proyectar la voz hasta la última fila!), hablaba de Anfield en términos teatrales: "Es un campo típico inglés, por fuera parece normal, pero está muy cerrado y tiene una acústica muy buena. Eso mete una presión magnífica para jugar". Jugar, que en el idioma de Shakespeare (pero también en el ruso de Chéjov) se dice igual que interpretar: play (igrá, diría Abramovich). "El que juega, escribe Iuri Lotman, recuerda que no se halla en la realidad sino en un mundo lúdico-convencional"; el juego es el paraíso del como si, y en él no tiene trascendencia equivocarse: no pasa nada si cometes un error, es sólo un juego (aunque cometerlo te duela como si no lo fuera). Pero a diferencia de lo que sucede en el teatro, donde el espectador pasa por alto los fallos (e incluso disfruta, como Marcelo, del modo en que los intérpretes los corrigen), en el fútbol, el aficionado no suele perdonarlos y menos si, como pasó en el último derbi, van seguidos de un gol. Ese hincha que acude al entrenamiento del Atlético para increpar a Pablo no ha comprendido que el fútbol es sólo un juego, se lo toma demasiado en serio. Peligro que, por otro lado, no corre Marcelo, porque va con frecuencia al teatro.

El teatro, un espectáculo en el que a veces no se improvisa porque se falla, sino porque así se ha establecido. "El teatro y el fútbol son muy parecidos", dice Marcelo, porque en ambos tienes que cambiar de plan si te equivocas. Pero también porque en ocasiones el plan está apenas esbozado. Las indicaciones del entrenador, el texto a interpretar, tiende a ser bastante preciso y rígido (aunque permita ciertas licencias, esas morcillas que Mendilibar confesaba tolerar: "Si quieren probar hay que dejarles. Siempre y cuando no supongan mucho riesgo, el futbolista tiene que probar cosas nuevas"), y sin embargo hay jugadores que apenas reciben una pequeña indicación, ésos a los que se les da mayor libertad que al resto. Como en la commedia dell´arte parten de unos cannovaci o esbozos (Robinho, pégate a la banda) y a partir de ahí dan rienda suelta a su creatividad. "Es increíble, afirmaba Marcelo de su socio Robinho, siempre encuentra espacio". Espacio para la exhibición individual de sus recursos, algo más o menos semejante a lo que en la antigua commedia se llamaba lazzi.

Marcelo y Robinho celebrando un gol y haciendo
comedia al mismo tiempo

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"Todo es comparable", escribió Oscar Tusquets. Y yo añado: "Con el Real Madrid".

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