Libre Directo

La mejor opinión y análisis de la Liga BBVA, La Champions League y mucho más.

22 Mar 2012

El líder sin autocontrol

Escrito por: angulovick el 22 Mar 2012 - URL Permanente
El área técnica de El Madrigal fue el escenario de una sucesión de acontecimientos impropios. Impropios para una institución como el Real Madrid, cada vez más desprestigiada por la actitud de su técnico, e impropios para un equipo que antes del tropiezo ante el Málaga había encadenado once victorias consecutivas y gestionaba durante el partido una ventaja sobre el Barcelona que osciló durante el encuentro entre los seis y los ocho puntos.

El sainete perpetrado por José Moutinho y sus subalternos durante la práctica totalidad del partido en Villarreal, que alcanzó su clímax tras la factura de Marcos Senna del tanto del empate, generó una atmósfera de crispación tal, un grado de sobreexcitación tan sublimado al irrefrenable temperamento del preparador portugués que abocó al plantel a una huída hacia adelante desesperada. En apenas diez minutos de histeria colectiva, el Madrid perdió dos puntos, a Sergio Ramos, a Ózil, y toneladas de crédito y cordura. También a Pepe, quien es reincidente y se puede enfrentar a una dura sanción por insultar al árbitro, Paradas Romero, ya en el túnel de vestuarios.

Ayer, desde la alineación hasta las formas, Mourinho volvió a mostrar su versión más áspera, poniendo en evidencia muchas de las supuestas virtudes que tiene como líder. Si en un líder se presupone la fidelidad a un plan, ayer fracasó. Si en un líder se presupone el autocontrol para gestionar las situaciones límite, ayer fracasó. Lo hizo con estrépito en ambas categorías. En la primera, alineando un trivote que emanaba temor y refleja la falta de convicción del técnico en algunos jugadores en cuanto el equipo derrapa un poco. Mourinho fue más Mourinho que nunca con el once inicial, dando continuidad con la salida de Kaká a la progresiva desaparición de Esteban Granero del plantel. Los favorecidos, Lass, al que tuvo que sustituir, y Khedira, en nada ayudan a mejorar el juego colectivo blanco, defectuoso ayer.

Su segunda batalla perdida fue consigo mismo. Con su ego, con su falta de formas, con su nulo autocontrol. Mourinho, que ya había visto como Rui Faria encadenaba su cuarta roja de la temporada, se autoexpulsó tras el empate del Villarreal. La situación fue el principio del fin para el Madrid, que liderado por la actitud de su técnico perdió los estribos. En lugar de rearmar a su equipo para buscar el gol de la victoria en los cerca de diez minutos restantes, Mourinho se borró y envió a sus jugadores un mensaje de autodestrucción que no pudieron, o no quisieron evitar. La situación reprodujo lo acaecido en el banquillo del Santiago Bernabéu en la ida de las semifinales de la Champions League del año pasado. La expulsión de Pepe, y la sucesiva del entrenador portugués, enterraron a un Madrid que caminaba empate a cero, con treinta minutos por delante además de la vuelta en Barcelona.

Con seis puntos aun de ventaja y diez jornadas por disputarse, el mayor enemigo del Real Madrid es el propio Real Madrid. Su técnico, padrino de una crisis innecesaria y provocada internamente, debe decidir qué discurso va a acunar hasta el final del campeonato: el lenguaraz que se proclama víctima de conspiraciones, el que desprestigia y divide o el que calla, se pronuncia a través sus jugadores en el campo y encara los retos con bravura. Por la primera vía se le fue la Liga el año pasado. Por la segunda, amasa récords y casi saca de punto al Barcelona. Mourinho mueve.

12 Dic 2011

Mourinho vuelve al diván

Escrito por: angulovick el 12 Dic 2011 - URL Permanente
El Barcelona sometió al Real Madrid a su derrota más dura de los últimos tiempos. Lo fue debido a varios motivos. La trayectoria inmaculada de un conjunto blanco lanzado, el último precedente, en la Supercopa de España, donde el Madrid discutió a su máximo rival con un repertorio novedoso respecto al pasado curso y el inicio del partido, con un gol cuando todavía no había tomado el pulso el juego abonaban un terreno propicio para el golpe de mano madridista ante un Barcelona desconcertado, casi sobrepasado por la intempestividad de los acontecimientos. La realidad fue diametralmente opuesta, dejando al madridismo sumido en un mar de dudas respecto al estrechamiento de la distancia con el mejor equipo del mundo y a su entrenador debilitado, huérfano de valentía y carente de respuestas ante su verdadera reválida.

La derrota 5-0 en el Camp Nou el año pasado tendrá ecos perpetuos en la dicotomía Mourinho/Guardiola. El miedo y el complejo serán eternos en un técnico ramplón, con más prensa que táctica, más ruido que nueces, y eso sí, más títulos que fútbol. El portugués sufre de parálisis cada vez que se enfrenta al Barcelona. Propone una presión adelantada, solamente ejecutada de verdad durante la primera parte de la final de Copa del Rey, pero la realidad es que Mourinho, a diferencia de Guardiola, no ha resuelto ninguno de los desafíos futbolísticos que le ha propuesto el entrenador del Barcelona. El sábado reiteró su empeño por desprestigiar el balón y otorgárselo al rival prescindiendo de el, abogando por un ritmo caótico y frenético que traiciona los credenciales de jugadores excelentes como Alonso, Di María, Ronaldo, Benzema u Ozil. El alemán, señalado por Mourinho, quien sospecha de este perfil de futbolista, es un genio melancólico, un jugador especial condenado frente al Barcelona a realizar la labor de un funcionario obediente más. De un Khedira de turno. El juicio fácil señala también a Ronaldo en el punto de mira. Más allá de su desacierto, el partido no lo perdió el fenomenal delantero luso, lo perdió un entrenador acomplejado, incapaz de explorar la vigencia de las virtudes de su equipo cuando el rival es el Barcelona.

Florentino Pérez, en su obsesión por vencer al eterno rival, ha entregado las llaves del club a Mourinho, que monitoriza todos los movimientos de la entidad. La salida de Valdano, señalado por el portugués desde su llegada, es el ejemplo máximo de la sumisión de Florentino y de la institución a un entrenador esclavo de su ego que ha cambiado los médicos, los cocineros, o hasta el jardinero del club. Más allá de esto, el presidente concedió plenos poderes a su entrenador, desde el verano manager, para confeccionar con plena potestad la plantilla. El Barcelona, desde su supremacía, se reforzó con Alexis Sánchez, el mejor jugador del Calcio y Cesc Fábregas Desembolsó por ambos en torno a sesenta millones de euros y los dos fueron clave el sábado. De la cantera ha sumado a Thiago y Cuenca.
Mourinho, en cambio, optó por dos jugadores lesionados, Sahin y Altintop, José Callejón Varane, que fue un capricho de Zidane, y su compatriota Fabio Coentrao, por el que club pagó treinta millones. Este es uno de los siete futbolistas del Madrid que comparten representante con Mourinho, el también portugués Jorge Mendes. Coentrao, que actuó a banda cambiada, fue el único fichaje del Madrid que jugó el clásico. El ex del Benfica es un buen lateral zurdo, un pasable lateral diestro y sólo es mediocentro a los ojos de un entrenador que tiene que justificar el desembolso realizado por un jugador que no mejora lo presente por mucha polivalencia que quiera vender Mourinho. El favoritismo hacia el clan de Mendes, incluido el caso del canterano luso de mismo nombre al que hizo debutar en Amsterdan, es un asunto que chirría en el club blanco y en la propia plantilla, cada vez más escéptica del discurso y de la capacidad de su entrenador para plegarse y ofrecer ante el Barcelona una cara más reconocible en base a los jugadores de los que dispone el Madrid.
La mejor noticia para Mourinho es que no se encontrará ni con Guardiola ni con el Barcelona en varios meses, aunque lo tendrá presente siempre en una obsesión enfermiza. Llegado ese momento, el portugués se verá ante la disyuntiva de mantenerse alineado con una idea en la que sólo el cree o dar un volantazo, armarse de un valor ausente en su carrera y plantear un choque de virtudes, no un intento de anulación en el que el único anulado termina siendo su propio equipo, asesino de sus activos por prescripción de su técnico. En el trayecto que conduce al Barcelona, el Madrid amasará victorias, firme en la convicción de que está más cerca de ganar la Liga que de vencer a su máximo rival.

24 Abr 2011

La mentira sin final feliz

Escrito por: angulovick el 24 Abr 2011 - URL Permanente

“El único equipo que jugó al fútbol fue el Barcelona”. Estas palabras fueron pronunciadas por Xavi Hernández a la conclusión de la Final de Copa que su equipo, el Barcelona perdió ante el Real Madrid. La frase esconde una prepotencia en forma de dogma; una imposición futbolística en la que la verdad absoluta es el juego del Barcelona. Sólo hay una manera legítima de jugar y una vía justa para ganar, la suya.

Esta ideario ha sido comprado por la mayoría de los aficionados barcelonista, que no conciben otra manera de encarar los partidos más allá de la del Barcelona. Para empezar, este Barcelona y Guardiola no han inventado nada nuevo. Antes del equipo de Pep estuvieron Rinus Mitchel, la Holanda y el “Dream Team” de Cruyff, el Ajax de los 90 o la España de Aragonés, campeona de Europa antes de la llegada de Pep Guardiola al banquillo del Barça. Guardiola, grandísimo técnico, sólo ha añadido matices accesorios a una manera de entender el fútbol ya existente pero desconocida para la mayoría de una neo-afición culé fundamentalista, excluyente e ignorante de la Historia de este deporte.

El fútbol del Barcelona tiene muchas virtudes prácticas además de estéticas. Es un juego poético; onírico y ornamental, cuidado y cultivado durante más de veinte años en la casa, en el que el desequilibrio principal viene marcado por la presencia del mejor jugador del planeta. Una idea romántica del juego en tiempos de huelga de idealistas.

Reconocida y admirada unánimemente, la propuesta del Barcelona no debe desprestigiar ni empequeñecer las variantes de sus rivales como lo hace Xavi con sus palabras de mal perdedor. El fútbol ha demostrado que existen medios y caminos diferentes para encontrar un fin común: la victoria. La Historia ha dejado patente que hay alternativas válidas a la posesión del balón, las paredes, el juego altamente asociativo y todas las virtudes que hacen de este Barcelona un equipo irrepetible.

El Real Madrid mereció la Copa del Rey al menos tanto como su rival, con argumentos diferentes y respuestas tácticas contundentes ante cada virtud del Barcelona. No permitió a la ‘máquina ofensiva’ disparar hasta el minuto 70, y le limitó a sólo tres disparos entre los tres palos. En la primera parte dominó todas las facetas del juego. Oscureció al Barça, lo desesperó, le desposeyó de sus señas de identidad y lo llevó al límite con una presión asfixiante, una idea cuidada de fútbol de contragolpe y un deseo de ganar que ya de por sí glorifica al fútbol y le hace merecedor del título. En la segunda el instinto de supervivencia, imprescindible para ganar títulos, y las manos del mejor portero del mundo le salvaron de momentos de mucho agobio. Ronaldo, un jugador tan anárquico como superlativo resolvió en la prorroga.

La victoria del Madrid no representa un cambio de ciclo ni supone una mala noticia para el fútbol. Estas dos opciones son engañarse. Con una se engañan algunos madridistas y con la otra algunos barcelonistas. La victoria del Madrid sí que debe ser reconocida como una manera alternativa e igualmente válida de alcanzar un objetivo. Hay vida futbolística entre el tiki-taka del Barcelona y el concepto más radical de que el fin justifica los medios. El miércoles, empezando por Xavi, ni el Barça se acercó a lo primero, ni el Madrid se aferró a lo segundo.

La mentira sin final feliz

Escrito por: angulovick el 24 Abr 2011 - URL Permanente

“El único equipo que jugó al fútbol fue el Barcelona”. Estas palabras fueron pronunciadas por Xavi Hernández a la conclusión de la Final de Copa que su equipo, el Barcelona perdió ante el Real Madrid. La frase esconde una prepotencia en forma de dogma; una imposición futbolística en la que la verdad absoluta es el juego del Barcelona. Sólo hay una manera legítima de jugar y una vía justa para ganar, la suya.

Esta ideario ha sido comprado por la mayoría de los aficionados barcelonista, que no conciben otra manera de encarar los partidos más allá de la del Barcelona. Para empezar, este Barcelona y Guardiola no han inventado nada nuevo. Antes del equipo de Pep estuvieron Rinus Mitchel, la Holanda y el “Dream Team” de Cruyff, el Ajax de los 90 o la España de Aragonés, campeona de Europa antes de la llegada de Pep Guardiola al banquillo del Barça. Guardiola, grandísimo técnico, sólo ha añadido matices accesorios a una manera de entender el fútbol ya existente pero desconocida para la mayoría de una neo-afición culé fundamentalista, excluyente e ignorante de la Historia de este deporte.

El fútbol del Barcelona tiene muchas virtudes prácticas además de estéticas. Es un juego poético; onírico y ornamental, cuidado y cultivado durante más de veinte años en la casa, en el que el desequilibrio principal viene marcado por la presencia del mejor jugador del planeta. Una idea romántica del juego en tiempos de huelga de idealistas.

Reconocida y admirada unánimemente, la propuesta del Barcelona no debe desprestigiar ni empequeñecer las variantes de sus rivales como lo hace Xavi con sus palabras de mal perdedor. El fútbol ha demostrado que existen medios y caminos diferentes para encontrar un fin común: la victoria. La Historia ha dejado patente que hay alternativas válidas a la posesión del balón, las paredes, el juego altamente asociativo y todas las virtudes que hacen de este Barcelona un equipo irrepetible.

El Real Madrid mereció la Copa del Rey al menos tanto como su rival, con argumentos diferentes y respuestas tácticas contundentes ante cada virtud del Barcelona. No permitió a la ‘máquina ofensiva’ disparar hasta el minuto 70, y le limitó a sólo tres disparos entre los tres palos. En la primera parte dominó todas las facetas del juego. Oscureció al Barça, lo desesperó, le desposeyó de sus señas de identidad y lo llevó al límite con una presión asfixiante, una idea cuidada de fútbol de contragolpe y un deseo de ganar que ya de por sí glorifica al fútbol y le hace merecedor del título. En la segunda el instinto de supervivencia, imprescindible para ganar títulos, y las manos del mejor portero del mundo le salvaron de momentos de mucho agobio. Ronaldo, un jugador tan anárquico como superlativo resolvió en la prorroga.

La victoria del Madrid no representa un cambio de ciclo ni supone una mala noticia para el fútbol. Estas dos opciones son engañarse. Con una se engañan algunos madridistas y con la otra algunos barcelonistas. La victoria del Madrid sí que debe ser reconocida como una manera alternativa e igualmente válida de alcanzar un objetivo. Hay vida futbolística entre el tiki-taka del Barcelona y el concepto más radical de que el fin justifica los medios. El miércoles, empezando por Xavi, ni el Barça se acercó a lo primero, ni el Madrid se aferró a lo segundo.

La mentira sin final feliz

Escrito por: angulovick el 24 Abr 2011 - URL Permanente

“El único equipo que jugó al fútbol fue el Barcelona”. Estas palabras fueron pronunciadas por Xavi Hernández a la conclusión de la Final de Copa que su equipo, el Barcelona perdió ante el Real Madrid. La frase esconde una prepotencia en forma de dogma; una imposición futbolística en la que la verdad absoluta es el juego del Barcelona. Sólo hay una manera legítima de jugar y una vía justa para ganar, la suya.

Esta ideario ha sido comprado por la mayoría de los aficionados barcelonista, que no conciben otra manera de encarar los partidos más allá de la del Barcelona. Para empezar, este Barcelona y Guardiola no han inventado nada nuevo. Antes del equipo de Pep estuvieron Rinus Mitchel, la Holanda y el “Dream Team” de Cruyff, el Ajax de los 90 o la España de Aragonés, campeona de Europa antes de la llegada de Pep Guardiola al banquillo del Barça. Guardiola, grandísimo técnico, sólo ha añadido matices accesorios a una manera de entender el fútbol ya existente pero desconocida para la mayoría de una neo-afición culé fundamentalista, excluyente e ignorante de la Historia de este deporte.

El fútbol del Barcelona tiene muchas virtudes prácticas además de estéticas. Es un juego poético; onírico y ornamental, cuidado y cultivado durante más de veinte años en la casa, en el que el desequilibrio principal viene marcado por la presencia del mejor jugador del planeta. Una idea romántica del juego en tiempos de huelga de idealistas.

Reconocida y admirada unánimemente, la propuesta del Barcelona no debe desprestigiar ni empequeñecer las variantes de sus rivales como lo hace Xavi con sus palabras de mal perdedor. El fútbol ha demostrado que existen medios y caminos diferentes para encontrar un fin común: la victoria. La Historia ha dejado patente que hay alternativas válidas a la posesión del balón, las paredes, el juego altamente asociativo y todas las virtudes que hacen de este Barcelona un equipo irrepetible.

El Real Madrid mereció la Copa del Rey al menos tanto como su rival, con argumentos diferentes y respuestas tácticas contundentes ante cada virtud del Barcelona. No permitió a la ‘máquina ofensiva’ disparar hasta el minuto 70, y le limitó a sólo tres disparos entre los tres palos. En la primera parte dominó todas las facetas del juego. Oscureció al Barça, lo desesperó, le desposeyó de sus señas de identidad y lo llevó al límite con una presión asfixiante, una idea cuidada de fútbol de contragolpe y un deseo de ganar que ya de por sí glorifica al fútbol y le hace merecedor del título. En la segunda el instinto de supervivencia, imprescindible para ganar títulos, y las manos del mejor portero del mundo le salvaron de momentos de mucho agobio. Ronaldo, un jugador tan anárquico como superlativo resolvió en la prorroga.

La victoria del Madrid no representa un cambio de ciclo ni supone una mala noticia para el fútbol. Estas dos opciones son engañarse. Con una se engañan algunos madridistas y con la otra algunos barcelonistas. La victoria del Madrid sí que debe ser reconocida como una manera alternativa e igualmente válida de alcanzar un objetivo. Hay vida futbolística entre el tiki-taka del Barcelona y el concepto más radical de que el fin justifica los medios. El miércoles, empezando por Xavi, ni el Barça se acercó a lo primero, ni el Madrid se aferró a lo segundo.

15 Mar 2009

Victor Valdés, lo real y lo aparente

Escrito por: angulovick el 15 Mar 2009 - URL Permanente

Parece que el Barcelona ha superado el bache de juego y resultados que encendió las alarmas de los más escépticos y ventajistas. El toque, el exquisito trato del balón, el rigor táctico y la maquinaria ofensiva vuelven a deslumbrar a toda España y Europa.

Durante el bache, muchas fueron las voces que se alzaron en contra del portero Víctor Valdés. El canterano, que si bien es cierto no cuajó sus mejores actuaciones sufrió, una vez más, la inquina de la crítica resabiada de aficionados y periodistas.

La verdad es que la vida de Valdés no debe ser fácil. Desde su debút, en la temporada 2002-2003, su trabajo se ha observado con lupa. Siempre bajo sospecha. Una vez tras otra, Valdés ha visto sus virtudes minimizadas y sus fallos exagerados. Le han reclamado hasta el agua que bebe del grifo.

La retina y el imaginario del aficionado no pasan página, y siempre vuelve la vista a ciertas ''cantadas'' supremas de Valdés que marcaron los albores de su carrera.

Porque si lo miramos bien, la crítica de Valdés no es unánime ni uniforme. No es un concepto, sino una aplicación concreta. Las críticas sobre Valdés tienden a caer en lo puntual. En ''aquella cagada contra el Valencia''. O en ''esa otra frente al Osasuna''.

Ciertamente ese puede ser el gran estigma de Valdés. Cuando mete la pata la mete bien. Eso es innegable. No obstante, hay cosas que no deben ser obviadas. La realidad arroja la dureza mental de Valdés y su buen desempeño. El Trofeo Zamora de 2005 y la continuidad que ha concedido a la complicada posición de portero del Fútbol Club Barcelona son dignas de mención. Igualmente, su cuota de culpabilidad en la consecución de la segunda Copa de Europa del Barsa es reseñable.

Por todo esto, no entiendo este constante desprecio a Valdés. Desde la sombra y la infravaloración es sin duda una de las piezas claves del éxito del Barcelona en los últimos cuatro años.

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