Crónicas Mundanas
12 Nov 2008
El desastre
Cuentan, aunque podría tratarse de una leyenda urbana (lo será o quizá no), que en cierta ocasión se comparó el análisis bursátil de un equipo de expertos con las azarosas elecciones de un chimpancé, al que se dio a elegir entre diferentes tacos de madera o bananas (esto lo imagino yo) entre un surtido variado de piezas y plátanos. El resultado del experimento dictaminó que el porcentaje de acierto de los sesudos analistas apenas se diferenciaba de las decisiones del simio, de lo que podía deducirse que ni unos ni otros saben nada, o bien que los dos gremios, el de los monos y el los hombres, saben, en este caso, exactamente lo mismo. Si refiero esta fábula es porque a ningún científico se le ha ocurrido que un mono entrene un equipo de fútbol, o para ser más exactos, que haga las alineaciones del equipo pues eso y no otra cosa parecen hacer muchos entrenadores, que presumen de acompañarse de preparador físico, dietista, psicólogo y hasta reverendo padre. Y el ejemplo resultaría todavía más determinante si al tití se le asignara un gran equipo, donde la distinción de jugadores es casi inapreciable.
Sospecho que los entrenadores no quedarían mejor que los analistas bursátiles. Si el mérito de un técnico de primer orden no es otro que alinear y mantener la armonía del grupo, no me cabe duda de que un mono bien vestido (esto es importante) cumpliría con los requisitos, sin que se pueda descartar que de alguna de sus alineaciones se extrajera una brillante teoría sobre el achique de espacios.
Sin llegar al extremo de mezclar fauna y fútbol, se sabe que un equipo inglés de categoría inferior está gestionado por sus socios internautas, habilitados para decidir sobre ventas, contratos y alineaciones. Con ese innovador sistema al club probeta le ha ido bien y últimamente le va mal, lo que no le distingue en absoluto de los clubes que están dirigidos por presidentes unipersonales y multiególatras.
Me temo que estas reflexiones ('Los puestos vacuos', se titularía la conferencia) podría exportarse al mundo de los consejeros delegados y a ciertas lustrosas presidencias, pero no es ese mi asunto, no hoy. Yo estoy meditando sobre lo difícil que debe resultar hacer perder al Real Madrid contra el Real Unión de Irún. No pretendo desmerecer la gesta de los irundarras, que han hecho efectiva la oportunidad que el fútbol, como ningún otro deporte ni actividad (quizá con la excepción de la amatoria, ver marido de Jennifer López), concede a los que son inferiores. Pero tendremos que aceptar que reunir a once futbolistas internacionales sobre un terreno de juego y hacerlos parecer unos amables transeúntes es habilidad que se le escapa a un mono.
Nos engañan, intuyo. Deberían ganar millones los entrenadores modestos, pues son ellos los que tienen la posibilidad de hacer un equipo de autor, de elevarlo, pero aquellos técnicos que pasean en un Ferrari tendrían que conformarse con dar las gracias y lucir palmito. Tal vez sea una impresión cáustica, al estilo de SH, fruto de un momento de abatimiento. O tal vez ocurra que me acerco espontáneamente a nuestros primos los monos.
Al respecto de nuestro bar cibernético (acepto Pinchos como apellido), debo declarar que no sólo pueden entrar las muchachas, sino que además son calurosamente bienvenidas. No dejemos que nuestros corazones rotos nos conviertan en tipos huraños y solitarios. Sobre las magníficas crónicas de aeropuerto quisiera añadir el poder laxante de los aeródromos, y espero que los viajeros inquietos me entiendan sin entrar en más detalles. Comparto los elogios a Roxanna Arquette, aunque no me bajo de Marisa Tomei (es un decir) y me fascinan las listas que se empiezan a proponer, que tanto me recuerdan a las de los protagonistas de Alta Fidelidad, gran película que siento haber visto para no poder disfrutarla de nuevo por primera vez. Voto The Year the Cat como mejor canción pop y saboreo también el homenaje al Whopper, al tiempo que recuerdo un tiempo en que te los regalaban con una entrada de cine, lo que combinaba los dos placeres más asequibles de nuestra eterna adolescencia, ay. Ahora soy yo el que se va a servir una zarzaparrilla.
21 Oct 2008
La tapadera
Aclaremos las cosas. El blog es vuestro y yo entro para enterarme. Mi foto es una tapadera, algo así como el cartel de una peluquería a la entrada de un club privado o una pizzería que esconde en el sótano una partida de póker. Aquí no se corta el pelo. Aquí no se corta nadie, más bien. Yo un día digo tal y por simple educación alguien me responde cual. Pero después prosigue la conversación, suelta el hilo y vuela sola. Entra quien quiere y dice lo que le parece, que Armstrong es un lunático o que Trueba resulta un cretino. Y se quedan bastantes, todos parecidos en algo. Más de lo que creen. Yo limpio los vasos.
Así estoy. Quien debería disertar, se entretiene con vuestras disertaciones. Meto baza cuando veo y alguna vez me siento en la obligación de moderar, más o menos como los camareros que limpian vasos. Me ha ocurrido al asistir a la fogosa discusión entre Tomás y SH sobre el capitalismo, la banca y las instalaciones deportivas. Como no conozco nada sobre estos asuntos (aunque soy usuario) mi papel se reduce a interponer mi breve anatomía aun a riesgo de salir trasquilado, vamos chicos, vamos chicos, pelearos si queréis, pero siguiendo las reglas del marqués de Queensberry o de Cyrano de Bergerac, nada de golpes bajos o descalificaciones y lo que rime puntúa el doble.
Entiendo poco de asuntos económicos, pero algo aprendo, no obstante. En una ocasión me quedé dormido viendo una película italiana en italiano y desperté convencido de haber mejorado mi vocabulario. Pues lo mismo ahora. Entiendo las denuncias de Tomás y las explicaciones de SH, y aunque desconozco de que lado está la razón sé que mi lado, el de los ciudadanos corrientes, es el más débil.
También me interesó el racismo. A este respecto me abstendré de defender las bondades de nuestra patria hacia los forasteros. Creo que desconocemos el problema (por falta de tiempo) y carecemos por tanto de la sensibilidad necesaria para tratarlo. Hablamos de cuatro energúmenos y nos sentimos aliviados por la minoría, pero lo verdaderamente grave es que quien los rodea no los reprime porque no considera sus insultos tan importantes. Y lo son. Gritar y callar es racismo.
Me gustaron las reflexiones sobre la Guerra Civil y comparto lo que apuntó Tomás: juzgarlo todo, exhumarlo todo, perdonarlo todo. Ya es hora de que afrontemos el tema desde la misma orilla y, una vez de acuerdo, nos arrepintamos todos. Por cierto, no quedó muy bien nuestro país (everything under the sun) aquellos años.
Se habló también de los deportistas robot y salió el nombre de Nadal a relucir. Es cierto que se trata de un deportista integral y es muy posible que hubiera destacado en cualquier especialidad, pero hay un componente de talento que resulta incultivable. Se puede ser deportista profesional a base de entrenamiento, pero los mejores son algo más, la perfecta combinación de ambas cosas. De nada vale el talento en solitario. Lo tenía mi amigo Manolito, el mejor futbolista que he visto jamás junto a Maradona y algún otro, quizá Julián, otro amigo. Pero sus proezas no pasaron jamás del campo de tierra, porque los ojeadores estaban ciegos y él demasiado entretenido.
Del Cádiz sólo diré que lo compraría si tuviera fortuna. Viviría allí y gestionaría un club que tiene lo invisible, lo difícil, la gente, el ánimo, la simpatía general. Es un equipo con el marketing de serie.
Tampoco tengo problemas en tratar sobre el baloncesto. Es hora de plantearse un cambio en Europa, pues ni Ligas nacionales ni Euroliga tienen el tirón que merece el deporte y sus aficionados. Hay que hacer del baloncesto el acontecimiento en el que se ha convertido el Masters de Madrid. Un acontecimiento social, un centro de relaciones, un espectáculo que, como en EEUU, incluya cena con perritos e instalaciones cómodas y atractivas. No hay quien llegue hasta Vistalegre y quien llega debe quemar el coche. Y no es plan.
No faltó el cine. Se citó a Seymour Hoffman como sucesor de Charles Laughton (me apuntaré las películas que aconsejan) y es buena la proyección, aunque a Sir Phillip todavía le falta recorrido, pero va seguro. Aprovechando el homenaje a los maravillosos secundarios quisiera proponer un brindis por el gran y fundamental Gene Hackman, que llena película y pantallas con su simple presencia. De Marisa Tomei ni hablar, sólo gozar.
A Armstrong, si os parece, le dejaremos en paz, que así lo ha decidido hasta Alberto Contador, porque una cosa es quejarse y otra rebelarse, por eso se queja cualquiera y se rebelan tan pocos.
¿Otra ronda?
06 Oct 2008
Armstrong
Tengo que confesar que he disfrutado sinceramente con esta semana de comentarios, incluido el último, que no hay como que te llamen imbécil para poner en hora tu ego. Para empezar me gustaría felicitar a Somos por su recreación de los cronistas deportivos, aunque como suele ocurrir en estos casos me siento menos identificado con el texto que me corresponde, sin duda porque Somos, amablemente, ha preferido ser contenido y evitar una parodia guasona. Es cierto, no obstante, que yo suelo evitar los signos de exclamación porque por algún motivo me dan cierto rubor, como si estuviera obligando a leer a gritos. Y no es plan.
El resto de reflexiones no tienen desperdicio y si fuéramos un club inglés del siglo XIX haríamos buenas tertulias con cigarro, pipa y coñac. Y sobre cualquier tema. En este variopinto sentido quisiera apuntarme a la Sociedad de la Vieira (y la zamburiña) en calidad de secretario general, pues mi conocimiento del asunto es oceánico, por ser hijo de gallegos restauradores y comedor insaciable del citado molusco, que mejora, por cierto, con una costra de pan rallado.
Antes de entrar en el apasionante Caso Armstrong contestaré (o intentaré hacerlo) algunas de las cuestiones que se plantean, que nobleza obliga y educación también. Desconozoco la razón por la que no se transmitió en la SER el partido del Villarreal y siento no ofrecer luz sobre el asunto, aunque comprendo que algunos aficionados se hayan molestado. Y no es diplomacia, lo aseguro: es ignorancia. Al respecto de la viabilidad de un periódico deportivo con el estilo informativo de El País, creo que sería interesante comprobar su acogida y no descarto que los gustos de los lectores, con el tiempo, provoquen el cambio. Y sobre Paul Newman también me reservo un halago (otro), aunque no me atrevo a situarlo por encima de tipos como el gran Charles Laughton. Sí fue, creo yo, el galán con más personalidad (pugna con Cary Grant), el más profundo, el que nos hubiera gustado ser, aunque de haberlo sido nos hubiera costado compaginar tanta belleza y tanta fidelidad. Por eso era único, por el solomillo. Ah, y un saludo al Perú.
Y voy con Armstrong. Para enfocar el asunto me gusta lo que cuenta Tomás sobre los comanches que regresan al campo de batalla. Y también valoro las finas comparaciones con Norma Desmond y los multimillonarios ludópatas. Todo eso vale, claro, pero hay más. Es evidente que Armstrong no ha encontrado en su vida sin deporte los desafíos que tenía como ciclista. Y lo ha intentado. Además de su trabajo como activista en la lucha contra el cáncer, se le conocen romances con varias actrices, Kate Hudson entre ellas, que responden al patrón físico y espiritual de todas sus parejas, de Kristin a Sheryl Crow, prototipo femenino que comparto plenamente. Pero no apoyo su regreso porque me gusten sus novias, aunque eso ya valdría como argumento con copas. Lo animo y lo disfruto porque Armstrong no es otra cosa que una fiel representación de las tinieblas y la proeza del ciclismo. Es verdad que es un corredor sospechoso, pero ni más ni menos que los demás. Y es cierto que se ha descubierto EPO en una muestra de su orina de 1999, aunque nadie nos ha informado del color de los otros orines. Tampoco discuto su arrogancia, condición inherente a muchos campeones. Pero todo eso no niega sus siete Tour y, antes que eso, su regreso desde al cáncer. Su lado oscuro, tristemente común en el ciclismo, no vale ni la mitad de sus hazañas, de su ejemplo.
Volver es el último reto de un hombre que se acostumbró a los enemigos de dos mil metros e incluso más altos. Y Armstrong no viene para atacar a nadie, sino para demostrarse a sí mismo, para ponerse en riesgo, para exponerse en cuerpo y vena. Que lo cacen ahora, si pueden. Sólo pido que aquellos que auguran un descalabro monumental, el batacazo de un viejo egoísta, no pongan el dopaje como excusa si Armstrong gana el Tour o se lo disputa a Contador. Que no digan entonces que el resto del pelotón está lleno de mediocres. Que acepten que este tipo odioso y enfermizamente texano, este altivo dictador, es, en el fondo y en la forma, un gran campeón, quizá el más grande que jamás han visto.
30 Sep 2008
Loas y posturas
He disfrutado leyendo vuestras opiniones/definiciones sobre los periodistas que escriben sobre deporte. A mí también me gustan Segurola, Julio César Iglesias o Relaño, del que admiro, por tenerlo cerca, su asombrosa facilidad para escribir: es rápido y preciso. Comparto vuestros elogios a Iñako, al que vigilo de cerca, Delmás o Fermín de la Calle, y os recomendaría que en busca de plumas brillantes no perdáis de vista a Luis Nieto o José Antonio Espina, entre otros. Igualmente, quisiera citar dos autores que me encantan y es fácil que os encanten a vosotros: David Gistau, en El Mundo, hace cada lunes un irónico análisis de la jornada, además de sus columnas habituales y reportajes esporádicos; Enric González, desde El País, se prodiga poco en los deportes, pero cuando lo hace es si cabe más sobresaliente que en el resto de sus artículos, que encontraréis en la sección de TV o en el suplemento dominical. Enric González ha escrito, además, varios libros deliciosos: Crónicas del calcio, Crónicas de Londres o Crónicas de Nueva York. No es fácil encontrar a alguien con una expresión más fluida y elegante. Quién pudiera.
Insisto en que me han interesado todas vuestras opiniones, incluidas las de Andrés, que me pone a caldo y no digo que le falten razones. Me intriga, eso sí, que me culpe de rajar contra mis compañeros "y contra una mujer", acusaciones que no niego, porque admito esporádicas imprecaciones tabernarias contra ciertos colegas e inciertas mujeres, de las cuales me arrepiento (de las imprecaciones) porque no hay nada que no se pueda decir con una mueca o un silencio. Bocas, yo me acuso. En incluso de vago. No se lo negaré a Somoshombres, cuyo parecido con Carmelo Gómez le otorga bastante autoridad en sus sentencias.
La irrupción de Justin ha provocado algún revuelo, pero estoy convencido de que acabará convirtiéndose en leal oposición, una vez se adapte al estilo imperante.
Al respecto de la actualidad, mal fin de semana. Murió Paul Newman ("Guapo hasta morir", tituló Maruja Torres) y, en otro nivel, se casó Scarlett Johansson, un poco de todos (nuestros sueños) desde que Woody Allen la iluminó en Match Point. Lo de Newman duele, lo digo muy en serio, y lo de Scarlett pica, lo digo algo en broma. Pero es increíble la familiaridad que acaba por tener esa gente del cine a la que has admirado y has visto envejecer, y por fin morir. Forman parte de tu vida, y algo deberíamos tener preparado para cuando caiga Woody o Gene Hackman, o Redford, o Meryl.
Pensaba haber escrito sobre Lance Armstrong. Y tenía previsto defender su regreso con sesudos argumentos. Haremos una cosa si os parece. Esta vez desarrolláis el tema vosotros y yo opino después. Es como cambiar de postura o mejor sería decir perspectiva. Escucho y así, de paso, cierro la boca.
22 Sep 2008
Bucles y potros
Sois implacables, mis queridos amigos. Y he quedado abatido por vuestros comentarios, que sí los leo en contra de lo que algunos piensan. Había pensado en excusarme por la escasa renovación del blog, aludiendo a mis obligaciones diversas y dispersas, ninguna de gran trascendencia social, pero de gran consumo neuronal, lo que dice poco de mi parte. Será, imagino, que no me organizo bien o que no sé caminar y mascar chicle. Había pensado en disculparme con mi recién estrenada paternidad, tan acaparadora de tiempo, pero imagino que muchos de vosotros y vosotras sois padres de familia numerosa, trabajadores de sol a sol y pensadores de noche a noche. Así que mejor será callarme. Llaneras es un campeonísimo y el asunto es irrefutable. Del mismo modo que los periodistas somos sospechosos de una inventiva delirante y de la patética aspiración de fama que significa acercarse a famosos que nunca reúnen tantos méritos como Llaneras. Ocurre en ocasiones, no lo voy a negar. Ni voy a polemizar, porque sería corporativista, ni a rajar porque sería traidor. Y ahora estoy pareciendo, lo sé, arrogante y vengativo, o incluso peor: ahora parezco "y tú más". Son bucles que me asaltan de tanto en cuanto, más de adolescente y más con muchachas que no me había hecho nada hasta que yo empecé a hablar.
Propongo un cambio de tema radical, no sin antes contestar a Piero. Sobre el reparto de tiempo en los espacios deportivos de televisión, no hay duda: priman los de siempre y se ocultan los otros. La razón, además de una evidente falta de cultura deportiva, es la audiencia. Los medios son negocios que quieren responder a una demanda y vender más. Tan fácil y tan poco romántico. Por eso prima el fútbol, el Madrid, la F-1... Porque las audiencias lo respaldan. Sobre el nivel de los periodistas deportivos, qué decirte. Soy juez y parte, y sería tan poco elegante criticar a compañeros como ingenuo elogiarlos a todos. Una vez más se elige lo que vende. Maldito parné.
Dicho esto, el tema. Un tema que tiene como objeto captar vuestra atención y renovar vuestro maltrecho interés en este tipo que pierde de cerca (otra vez agrio y pucheritos). Me refiero al orto de Nadal. O más concretamente al gesto con el que alivia la tensión del slip en cada saque. Un tic infantil que repetido millones de veces en transmisiones vía satélite termina por resultar insoslayable e insostenible, aunque sólo el argentino Del Potro ha sido capaz de ponerlo sobre la palestra: "A Nadal le sacaremos los calzones del orto". Eso ha dicho el muchacho, haciendo honor a su apellido de caballo con dientes de leche. Y aunque se trata de una provocación que elimina cualquier opción de Argentina en la final de la Davis, incide en una cuestión que hace rechinar el buen gusto sin necesidad, pues resulta mucho más difícil jugar al tenis como un coloso que aflojarse la tensión del slip. No estaría mal, por cierto, que en el intento de eliminar el dichoso gesto Nadal modificara la dinámica del saque, su único golpe por mejorar. Entonces, más sueltos, no quedarían rivales en el horizonte ni potros en el campo.
08 Sep 2008
Piensa mal y no acertarás
Queridos todos,
Veo que he sido profusamente corneado por mi lejano comentario sobre los deportistas que declaran como enemigos a los periodistas, y aunque pudiera decir que he sido malinterpretado, me ahorraré el esfuerzo. Acepto las susceptibilidades del personal y me resigno a ellas, al tiempo que recuerdo un reciente artículo de Javier Marías en el que lamenta que sus opiniones sobre las amas de casa (en muchos casos, y según él, mujeres que no han explotado su potencialidad) se hayan interpretado maléficamente por bastantes lectoras, que le reprochan su desprecio hacia las mujeres que han dedicado su vida al cuidado de su familia. No era eso lo que pretendía decir Marías, pero qué importa ya, no hay remedio. El escritor comenta en su artículo el permanente enfado que parecen sufrir ciertas mujeres, pero yo diría que no son las mujeres, somos nosotros, todos. En España no es posible hacer una película sobre policías corruptos porque rápidamente se quejará el sindicato de policías o sobre un panadero asesino, porque se levantarán en armas los panaderos del país, incluso los asesinos. Somos así. Nos damos por aludidos y si alguien osa decir que algo no es muy inteligente le respondemos que tonto lo será su padre, porque su madre bastante tiene con ser ama de casa. Nos picamos, inevitablemente. Y esto se detecta en las discusiones de política o de fútbol, que suelen terminar siempre con el mismo argumento: y tú más.
Es de inteligentes llevarse bien con la gente, pero no son estúpidos quienes no lo hacen. Las buenas relaciones te ayudan en el presente y en el futuro, ya seas deportista, panadero o policía, pero no son tontos los que discuten con el mundo, suelen ser jefes. Los periodistas tampoco son perversos tiranos que destrozan a quien los rechaza, no siempre, no por definición. La vida es más fácil si te quedas en la primera interpretación de los sueños: las cosas son lo que parecen. Si un tipo dice que quiere marcharse, que se vaya. Si alguien cuesta más de lo que vale, que quede en su lugar. Eso opino de Robinho y Villa. Al Madrid le valdría un anuncio de relojes: La elegancia es una actitud. Así debería ser. Aunque ahora se me quejen los elegantes.
22 Ago 2008
Juegos reunidos
He vuelto, más ligero de mente, quiero creer, y más pesado de kilos, mucho me temo. Los veranos en Galicia. Conste que quise regresar antes a este foro, pero en una ocasión me dejé las llaves dentro (la clave, la informática, la torpeza) y en otras me surgieron, a medio camino, imprevistos veraniegos entre los que se cuenta la pequeña Celia, que va virando a pelirroja. Así que he leído los comentarios como quien va de oyente, o como el espectador de una partida de mus, que los mirones, ya se sabe, son de piedra y dan tabaco. Pese al esparadrapo en la boca, me he divertido. Somos muchos, bastantes al límite de la amena locura y casi todos polemistas impenitentes, buena compañía en barra, sobremesa o penitenciaria del condado.
19 Jul 2008
Pelea en el saloon
Vaya, tardo en escribir y descubro en los comentarios algo así como una reyerta interna o lo que podríamos considerar como una pelea en mi bar cibernético. También leo lindezas sobre algunos compañeros que son todo menos lindas y por este asunto quiero empezar. Me siento en la gustosa obligación de salir en defensa de mis compañeros ante cualquier falta de consideración. Se aceptan las críticas y la razón de que no haya censura en el blog es para que cada uno exprese libremente sus ideas de la foma en que considere oportuna. Pero el insulto se considera una baratija impropia, igual que lo era mentarle las narices a Cyrano. Seamos imaginativos, por favor, y comprended que defienda lo mío aunque lo mío no sea de mi propiedad o no siempre esté entre mis preferencias. Lo mío es lo que me rodea. Y como últimamente se ha colado el imprevisible Tomás Luis de la Victoria también salgo en su defensa por si lo pudiera necesitar, que no creo. No está nada mal ser distinto. Por lo demás, un periódico (una tertulia, una pandilla) se compone de diversas voces y estilos, sin que eso sea nada malo, sino algo muy bueno.
Y vayamos al deporte. Al Tour, en concreto. Comprendo la decepción de los que escriben porque también es la mía, pero sobre esta cuestión elaboro un argumento terapéutico y particular. A ver cómo lo describo sin parecer machista, zafio o ambas cosas a la vez. Será imposible. Para mí el ciclismo es como si te sale una novia... fresca, por decirlo finamente. O como si te sale un novio picaflor, para enfocarlo desde el ángulo opuesto, y sé que no arreglo nada. Lo que intento explicar es que le amas igual. Le insultas, y hasta es posible que le arrojes algún elemento decorativo. Pero le adoras por razones extrañas y profundas, que pueden estar conectadas con complejos ocultos o directamente con la infancia, que es donde se conecta todo. Ese es mi caso. Con seis años (hablo de memoria y sin memoria) me regalaron una bicicleta a medida, un maillot naranja, un coulotte y unas zapatillas llavero. Aquello me horrorizó, naturalmente, porque me hizo sentir como un friki sin que la palabra estuviera de moda. Pero el regalo y la pasión de mi padre ejercieron un efecto demoledor sobre mi subconsciente que estalló en la adolescencia, que es cuando estalla todo. Y después de mucho renegar me enamoré del ciclismo como enamoré de Los Panchos. Así que cuando me encuentro con el Tour me entrego. Y cuando me engañan, me entrego más.
Respecto a la señora Keaton, cierto es que está emparejada con Josh Brolin, lo mejor de No hay es país para viejos, según mi modesta opinión, pero creo que no me falla la memoria si aseguro que antes estuvo casada con el señor Lambert. En cualquier caso hay que agradecerla que haya entrado en la cuarentena larga sin operaciones absurdas o, al menos, sin operaciones evidentes. Ignoro quién ha dicho a las mujeres, o por qué muchas lo creen, que a los hombres les gustan los labios carnosos y neumáticos, o las formas exageradas en general. Deben tenernos por excesivamente selectivos o exigentes, lo que indica un océanico desconocimiento de la naturaleza masculina. Si no se incluyen instrucciones es por que no se requieren.
Y termino con Cristiano Ronaldo, que es como empiezan los periódicos. Creo que en este caso el dilema es el precio, no el talento, que lo tiene y mucho. Opino que pagar 80 millones por él es valorar a precio de Maradona a un jugador que no llega a ese nivel de excelencia. Y también hay algo inmoral que trasciende el precio. El Manchester, que para el Madrid debería ser un igual, apostó muy fuerte por el chico cuando sólo tenía 18 años. Esa es la guerra que debió librar el Madrid. La guerra de los ojeadores, de los descubridores, de la seducción. Suplir esa ausencia con dinero parece ahora demasiado fácil. Especialmente si tienes demasiado dinero.
08 Jul 2008
Sin título
Compruebo que el peculiar mundo de los periodistas deportivos ha dado bastante juego. Y quisiera referirme a algunos comentarios. Conste que comprendo ciertas críticas y que comparto varias. Y hasta me parece advertir, después de mucho pensarlo, donde comienza el problema. Creo que el periodismo en general y el deportivo en particular debe encajarse, al máximo, con el lector que lo espera, y en este sentido el esfuerzo del deporte quizá deba ser mayor porque el lector 'deportivo' ha cambiado (o evolucionado) más que el lector 'general'. En algún momento que no consigo precisar los periodistas nos equivocamos al pensar que el comprador de los diarios deportivos buscaba comida rápida, un pasatiempo de sencilla digestión. Tal vez coincidió con la irrupción del color en las páginas o con la omnipresencia de la televisión. El caso es que los periódicos deportivos se olvidaron de que hace 40 años se consolidaron con magníficos periodistas y generosos textos, con elegancia, concediendo tanta importancia a la noticia como al estilo. Pensamos, imagino, que la televisión nos conducía a la redundancia, y nos quedamos mudos cuando lo que deberíamos haber hecho es ofrecer lo que no entrega el televisor: un punto de vista.
Nos venció, también lo admito, un indisimulado complejo. Ocurrieron en España tantos acontecimientos políticos fundamentales (me refiero a la Transición) que el deporte nos pareció a nosotros mismos una frivolidad, casi una pasión oculta, una afición con "poco vuelo". Y ya es hora, maduros como sociedad, de que cambie esa percepción. El lector deportivo de hoy en día no renuncia a otras lecturas y otros intereses, le caben dos periódicos bajo el brazo y le entra el mundo por la ventana de internet. Y cuando quiere comida rápida se come un whopper.
Tampoco quisiera ponerme muy trascendente, así que prefiero no desvariar más sobre un asunto sobre el que sólo tengo hipótesis (como de todos, por otra parte). Me gustaría cambiar el hilo y felicitar a Tomás por sus delirantes referencias cinematográficas. Porque me encanta que se nos cuele cine en el blog, aunque sea en forma de Christopher Lambert, desconcertante actor bizco que puede presumir (y lo hará) de haberse casado con la mujer madura más atractiva de la Vía Láctea. Me refiero, claro, a Diane Lane, ejemplo de que es posible mejorar con la edad sin inyectarse baba de caracol. Y según escribo me viene a la memoria otro deplorable actor feo que matrimonió con una ninfa: Steven Seagal, él, y Kelly LeBrock, ella, protagonista de la inolvidable Mujer de Rojo, porque si seguimos por aquí ya advierto que a mí me gustan Gene Wilder y Steve Martin, y antes que ninguno Gene Hackman.
Un par de consideraciones más. A quien me compara con Paloma Gómez Borrero sólo le puedo decir "touché", porque existe cierto parecido vocal. A quien propone un taller de escritura le propongo yo que sustituyamos las crónicas por los párrafos, buenos párrafos experimentales de los que aprendamos todos, temática libre y la ortografía también.
Creo recordar preguntas sobre el mejor jugador del año (Gerrard, Cesc, siempre centrocampistas) y sobre Leonor Watling, antigua musa. Confieso que su noviazgo con Jorge Drexler me ha retraído, en coincidencia, intuyo, con un cambio en mis volubles inquietudes morfológicas, supongo que se me entiende, y si no es así, mejor.
01 Jul 2008
Los periodistas deportivos
Vaya por delante que había escrito un sesudo texto que ha desaparecido problemas tecnológicos que no acierto a entender. Sólo pido comprensión para lo que queda de mi imaginación exprimida. Me refería en ese profundo escrito a la profesión de periodista, en su versión de periodista deportivo, en respuesta a un interesante comentario. Decía yo, aunque más adornado, que sobre el periodista deportivo recaen ciertos prejuicios. Hay quien considera que la principal característica del periodista deportivo es que le regalan entradas para el fútbol y demás acontecimientos, hecho que marca una vida de alegría, despreocupación y eterna adolescencia que se refleja en un cerebro a medio cocer.
Según esta opinión, el periodismo deportivo sería un buen compañero de fiesta, pero sus juicios no se tomarían muy en serio, por la temática (banal) y por los autores de la cosa (generalmente trasnochadores).
No negaré que conozco a compañeros que responden al arquetipo, pero no son mayoría (absoluta, al menos) y jamás me regalan entradas. Sin embargo, hay otros muchos cuyas inquietudes generales responden a las de la gente de su edad y aquí hay gente de todas las edades y cortes de pelo. Es evidente que el deporte (la información deportiva) no tiene influencia en la economía o la política internacional, pero no debería ser menospreciado por tratarse de un entretenimiento, cuando lo son también el cine o el teatro, sin que a nadie se le ocurra subestimarlos por eso. Entiendo que el objetivo del periodista deportivo debe ser contestar al prejuicio con calidad en los temas y elegancia en las formas. Y en eso andamos.
Al hilo de otros comentarios, debo decir que estoy de acuerdo en que las crónicas de la decepción mejoran a las de la alegría, del mismo modo que el desamor resulta más productivo y desgarrador que la felicidad, que sólo alimenta michelines. Respecto a las referencias cinematográficas tengo que señalar que me quedo con La condesa descalza antes que con El paciente inglés, aunque vistos los últimos bodrios el paciente me parece un señor sano como una manzana y la señora Juliette Binoche, más.
Hay quien cita a Raúl y su reflexión es interesante. Será curioso comprobar si la consideración deportiva de Raúl no se resiente después del éxito de la Selección. España es muy particular. Sobre los “antichuchos” de Tomás tengo poco decir porque ignoro lo que son y temo preguntar por si me responden con un chascarrillo al estilo de Pepe Reina. En cualquier caso, agradezco su papel de látigo del blog. Y al respecto de Robinho, lo admito: me parece insoportablemente frívolo.
A la espera de que mi voz se transforme en la de Camarón, debo despedirme prometiendo para la siguiente ocasión fotografías, asunto en el que me ayudará Iñako Díaz-Guerra, cuyo blog es adyacente y recomendable por hippy y barbudo. En el próximo capítulo quisiera descubrir también peculiares seres que pueblan mi pequeño mundo, empezando por un gran compañero del que sólo puedo revelar, a riesgo de querella, su enigmática inicial: M. Se debe creer que mordéis…
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