La Cultura de la Pelota

Un delicioso puente entre la literatura y el fútbol. Web site del autor: www.laculturadelapelota.com

02 Jul 2012

España: ¡ópera de campeón en tres actos!

Escrito por: sag2103 el 02 Jul 2012 - URL Permanente

Primer acto. Viena, 22 de junio de 2008. Estadio Ernst Happel. El trauma de los cuartos de final asfixia “rojas” ilusiones. Escépticos, los catedráticos y la afición intuyen el peor desenlace. Italia, vigente campeón del mundo, espera agazapada. El pánico de los desafinados actores convoca al “cantado” 0-0. De repente, las exaltadas musas del fútbol sonríen. Aturdidas de tanto gladiador musculoso, sellan un amor platónico con Xavi, Iniesta, Cesc, Silva. Acto seguido, la angustiante tanda de los penaltis muta en incontrolable fiesta española. ¿Sentimental?, el esquivo destino recompensa a los valientes intérpretes del toque. La secuencia ganadora continúa; el barítono once de los “bajitos” entona un sentido 3-0 ante Rusia, coronando la actuación con una inolvidable aria a cargo del “Niño” Torres, verdugo de la temible Alemania. Meritoriamente, el tenor Xavi se lleva los aplausos del público. ¡Y el premio al mejor futbolista del torneo! El visionario libretista español se llama Luis Aragonés.

Segundo acto. Johannesburgo, 11 de julio de 2010. Estadio Soccer City. España y Holanda se citan en la gala capital de Sudáfrica. Tras un falso estreno ante Suiza, La Roja sublima el inmaculado cuadro del fútbol de autor. Rendida a Villa, eximio vocalista del gol, conquista a la exigente y multicultural audiencia de la pelota. La dramática escena del epílogo incluye una emotiva prórroga. Conmovida, la justicia divina trama un argumento épico, convocando al imaginativo duende Andrés Iniesta. En ese instante, el heroico barítono de Fuentealbilla entona un visceral grito de campeón. Y se eterniza en el corazón de la gente. El “registro” sonoro de un once de colección despierta universales aplausos. A la vez que ofrenda la primera Copa del Mundo made in España. El guionista de la obra mayor es un salmantino de perfil bajo e irrenunciables convicciones. Su nombre: ¡Vicente Del Bosque!

Tercer acto. Kiev, 1 de julio de 2012. Estadio Olímpico. Una ópera de fútbol convoca al auditorio. El clima acompaña; la música inspira. Damas y caballeros… ¡juega España! Las voces conjugan con la audacia; el balón domina la escenografía. Infinitos toques preceden al festejo goleador de David Silva. Impávida, una “renovada” Italia busca -sin éxito- el oxígeno creativo de Pirlo. El desconsuelo de la impotencia castiga a la azzurra, cuyo renunciamiento al catenaccio se celebra. Xavi, perito del pase gol, modula junto a Jordi Alba. Y la reluciente “joya” del Barça sentencia el partido. El apetito interpretativo de Torres y Mata decora el resultado final. ¡España campeón de la Euro 2012! ¿Impensadamente? la apoteosis se traslada al paraíso; Roqué gasta bromas con Puerta; Preciado y Jarque se rinden al prestidigitador Iniesta. Entre lágrimas, los campeones del firmamento se entregan a la vuelta olímpica. Al tiempo que sus sentidas y humanas gotas acarician el rostro de Casillas al levantar la Copa. ¿Muerte? ¡La muerte es una impostora… porque nunca conoció la vida! Una vez más, el libreto del “título” estuvo a cargo de Vicente Del Bosque.

Sergio González Bueno

15 Feb 2012

Marcelo "Loco" Bielsa... el rey de la cordura

Escrito por: sag2103 el 15 Feb 2012 - URL Permanente

Cuenta la leyenda que cuando Marcelo Alberto Bielsa les comunicó a sus padres la firme decisión de ser futbolista, las atronadoras voces de la objeción retumbaron en buena parte de su Rosario natal. Hijo del abogado Rafael Pedro Bielsa y de la docente Lidia Caldera, la graduación como hombre de leyes era el destino natural del joven e introvertido Marcelo. Para más inri "vocacional", el aprendiz de la pelota cargaba con la pesada cruz de ser nieto del reputado jurista argentino… ¡Rafael Bielsa! Gambeteando el guión del mandato familiar, el rebelde Marcelo cambió los libros de derecho por las inferiores de Newell’s. Entregado a la causa leprosa, el mancebo zaguero central recogió el premio mayor a su fidelidad: el 29 de febrero de 1976 -¡fecha imborrable en la memoria emotiva de Marcelo!-, Bielsa debutó en la Primera de Newell’s. La alcurnia de River Plate, Millonario rival de luces altas, sublimó el estreno del novel soñador. Fugaz, su recorrido profesional como futbolista de élite le regaló la bendición de un compañero y amigo incondicional: Jorge Valdano.

Elaborado el duelo del retiro, Bielsa se animó a ejercer el duro oficio de entrenador. Antes, invirtió horas cátedra en formación académica y escribió la preciada enciclopedia de la suprema obsesión. Metódico, Bielsa coqueteó con la perfección y le juró amor eterno a la excelencia. Tanto que el precario futbolista mutó en un técnico brillante. Audaz, cultivó el sagrado dogma del fútbol ofensivo. Empero, el sagaz estratega siempre supo que una defensa de hierro asegura campeonatos. De público y notorio, sus antecedentes son la mejor carta de presentación: campeón argentino con Newell’s y Vélez; Oro Olímpico con la Selección en Atenas; "monarca" vitalicio en la Roja de Chile; orgullosa bandera del Athletic en Bilbao… Es que Bielsa siembra el verde césped de mesura y ejemplo. Y cosecha -¡cada domingo!- los apetecidos frutos de la soberana admiración.

El anecdotario "bielsano" es tan rico como las sentencias del personaje. A modo de resumen, rescato dos perlas de colección. Primera anécdota. Arribado al banco de Vélez, Bielsa no congeniaba con José Luis Chilavert. A tal punto que ni se dirigían la palabra. ¿Paranoico?, el entrenador intuía que el arquero conspiraba en su contra. Ni siquiera los dirigentes velezanos podían apaciguar la devastadora tormenta interna. Hasta que un vuelo a Jujuy unió sus irreconciliables caminos. Aquel día, las brutales turbulencias del avión parecían convocar a los demonios del adiós. Al borde de la desesperación, Bielsa se sentó al lado del célebre portero y soltó una frase antológica: "¿Chilavert, usted es feliz?". A partir de allí, la relación dio un vuelco rotundo. ¡Y Vélez fue campeón! Segunda anécdota. Previa de un Newell´s-Central. Ansioso, Bielsa le pregunta con insistencia a Fernando Gamboa: "¿Qué daría usted por ganar el Cásico?". A lo que el futbolista responde: "Todo, absolutamente todo. Soy capaz de trabar con la cabeza". Insatisfecho con la respuesta, Bielsa le retruca: "¡Más, hay que dar más!". Sorprendido, Gamboa lo desafía: "¿Algo más. Le parece poco jugarme la cabeza?". Sin inmutarse, Bielsa retruca: "¡Si me aseguran ganar, me dejo cortar un dedo!".

El tópico define a Marcelo Bielsa como un "loco". Sentencia enajenante al margen, el apodo trascendió fronteras. Y se universalizó en el cotidiano folclore de los feligreses del balón. Ahora bien, ¿la presunta locura no esconde la innata virtud de la sensatez? ¿Acaso Bielsa no devuelve deliciosas paredes reflexivas en cada comparecencia pública? ¿Cómo es posible que el desequilibrio amerite profundidad conceptual y plausible debate analítico? A la hora del juicio oral, alego en disidencia ante el honorable Tribunal del Fútbol. Y me pronuncio en contra de la tesis de la vesania. Anuencia mediante del mirífico jurisconsulto Rafael Bielsa, modelo el encendido discurso de la defensa y me sostengo en el argumento absolutorio: ¿Marcelo "Loco" Bielsa? No ha lugar, Su Señoría. ¡Bielsa es… el rey de la cordura! Será justicia.

13 Oct 2011

Argentina y el "idioma Messi"

Escrito por: sag2103 el 13 Oct 2011 - URL Permanente

El pletórico inventario del fútbol argentino tuvo próceres de la talla de Alfredo Di Stéfano, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Diego Maradona, Mario Kempes, y tantísimos jugadores que contribuyeron a plasmar el ideario cultural de cuidar la pelota como si fuera un tesoro. Rifar el cuero era sinonimia de traición a la causa. Y de insolente negación a las raíces. Es más, la injuria del destrato al útil era castigada por el romántico jurado del pase a un compañero con el oprobioso calificativo de “burro”. Imbuido por la virtuosa estela de los nombrados y los omitidos, el estilo marcó un sublime rumbo que excedió lo doméstico, recibiendo admirativas devoluciones del planeta redondo. Digámoslo de una vez: ¡Argentina siempre se caracterizó por jugar bien al fútbol! O, lo que es lo mismo, por hablar fluidamente el “idioma Messi”.

Ahora bien, ¿por qué absurda razón la Selección abandonó las fuentes del toque para beber en los soporíferos manantiales de la táctica? El brusco giro, ¿obedece al reiterado advenimiento de generaciones vulgares o al sistemático miedo de los entrenadores a la derrota? Sin ánimo de estigmatizar la figura del técnico, entiendo que su premeditada renuncia a los valores de antaño contribuyó a la desculturización del modelo. Contaminados por el virus del éxito a cualquier precio, la casta de los técnicos conservadores alteró el guión del estético diseño original. La confusión devino tras una secuencia de resultados esquivos. Y luego de “comprar” las revolucionarias ideas de un puñado de prestigiosos colegas que parangona al fútbol con los programas espaciales de la NASA. Aunque parezca un despropósito, la teoría de la complejidad ayuda a engrosar las cuentas bancarias de los pseudofilósofos del balón. Advertencia para los inocentes que sistemáticamente obran de buena fe: ¡los miserables y ventajeros no tienen escudo ni pertenencia! Sólo responden a sus propios intereses. Y, a pesar de la crisis, el fútbol paga muy bien.

Volviendo a la Selección, Sergio Batista elogió hasta el hartazgo la excelencia del FC Barcelona y en su brevísimo ciclo como DT siempre dispuso un mediocampo con tres número “5”. Ejercicio de memoria mediante, ¿cuándo alineó Guardiola un triple pivote defensivo? Una brutal contradicción dominó el ciclo de Batista en la Selección. Y Grondona (¡el eterno dictador que nunca pierde!) se lo hizo pagar con el cargo. Actualmente, Alejandro Sabella navega en una peligrosa medianía conceptual. Por un lado, mimó a Messi con la capitanía y la bendición del liderazgo futbolero. Por el otro, dispuso en Puerto La Cruz un equipo para que Messi sufra. Conste que no pretendo demonizar a Sabella. Pero una cosa es recibir pases de Xavi, Cesc o Iniesta. Y otra muy distinta de Zabaleta, Rojo o Sosa. Los nombres propios desnudan intenciones. Por más doloroso que sea, Argentina viajó a Venezuela con la consigna de no perder. A posteriori de noventa y pico de minutos para el bostezo (el espejismo de dos pases seguidos duró lo que un suspiro), regresó a Buenos Aires con las manos vacías. La inteligencia táctica también pierde partidos.

El reto de Sabella es decidir a qué va a jugar Argentina. Y trasmitir el mensaje a los futbolistas con simplicidad y firmeza. Si apuesta por el juego asociado y la circulación fluida, Pastore, Riquelme (con las reservas físicas del caso) y Canteros no pueden estar ausentes del once fijo. Si continúa alternando la dupla de módulos utilizadas hasta la fecha (4-4-2 o 3-5-2), desatendiendo el buen pie en el inicio de la jugada, Messi e Higuaín padecerán el mal de la orfandad asistencial. Y Argentina dependerá de la pelota quieta o una genialidad de los atacantes del Barça y del Madrid. Los conflictos de identidad golpean la puerta de las ¿firmes? convicciones albicelestes. El cabildo abierto del fútbol argentino está en permanente debate. Perentoria, la resolución no admite más dilaciones. ¿Táctica en estado puro o “idioma Messi”?

Sergio A. González Bueno

27 Ago 2011

La tiranía de Mourinho versus la democracia de Messi

Escrito por: sag2103 el 27 Ago 2011 - URL Permanente

Estratega de la insensatez, Mourinho llamó a plebiscitar el decálogo de sus groserías en la benevolente geografía del Bernabéu. Agobiado por el enésimo título blaugrana y una delirante paranoia de infinitos favores al Barça, la afición del Madrid -mayoritariamente- avaló al prepotente míster luso en la ignominiosa misión de los malos modales. Sellada la oprobiosa “carta blanca” a la violencia, el maquiavélico mensaje no dejó lugar a dudas: a resultados esquivos, exabruptos justificados. Sin importar las secuelas de una conducta ponzoñosa y repudiable, el Madrid estimuló al Monarca Mourinho a continuar el derrotero de su infame tiranía. Enterrado el otrora señorío merengue en el cementerio de las bajezas, el sometido ¿presidente? Florentino asintió silenciosamente la voluntad despótica de su entrenador y rubricó un inverosímil comunicado oficial cuya beligerancia colisionó estrepitosamente con la cordura. Entre tanto despropósito, la feligresía disidente de Chamartín asume resignada el cruel peregrinaje de la temporal capitulación de sus ideales, consciente del perverso poder del dictador de Setúbal. El mismo que puso el dedo en el ojo a los ancestrales valores madridistas.

Derrotando por goleada al autoritario rival, emerge el democrático mandato de Lionel Messi, aclamado por el voto popular del planeta fútbol. Ungido como el indiscutido número uno en los comicios de la pelota, la Pulga firmó el convenio multilateral de los repetidos títulos en la República del Barça. Y enamoró al díscolo electorado opositor con la épica de sus babilónicos goles. Esos que no conocen fronteras ni campos minados. Los mismos que cotizan en alza y se canjean por vueltas olímpicas en las Bolsas de la Inmortalidad. Pasada la página Madrid, el gobernante Messi expuso el don de su diplomacia de cuna al recibir el galardón como mejor futbolista de la UEFA en la glamorosa Montecarlo. Veinticuatro horas más tarde, refrendó su gestión presidencialista con un gol de auténtico líder en tiempos de crisis. Y concluyó su soberano discurso de campeón con una memorable asistencia al libertario pecho de Cesc Fábregas. Toda una declaración de principios… democráticos. La Supercopa de Europa coronó a un equipo modélico, fiel representante de la cultura de la Masía. Pep Guardiola, jefe con galones del FC Barcelona, dio una lección de civismo al arengar a la exaltada parroquia culé para que cesen los ofensivos cánticos hacia el Madrid. Los votantes del fútbol tienen la última palabra. ¿Cuál sistema de representación prefieren? ¿La tiranía de Mourinho o la democracia de Messi?

Sergio A. González Bueno

29 Abr 2011

El día que Cortázar vio jugar a Messi

Escrito por: sag2103 el 29 Abr 2011 - URL Permanente

Sentado en el sillón del paraíso ofrendado a las sensibles plumas de la inmortalidad, Julio Cortázar siente un dejo de repentina nostalgia. Aficionado al boxeo, se sorprende ante el irracional cosquilleo que le provocan las artísticas hazañas de Lionel Andrés Messi. Cerebral, estima que la tormenta afectiva del fútbol será pasajera. Acto seguido, prosigue con la liturgia de la lectura, sanadora de afligidas almas tentadas por la cautivante doncella de la eternidad. Lejos de aplacarse, aquel indómito sentimiento persiste, desafiando insolente a las impasibles agujas del reloj divino. Desencajado, Cortázar sopesa estar infectado por la traicionera patología del "síndrome del campeón". ¿Cómo es posible que un diabólico festejo goleador lo desestabilice? ¿Acaso las alturas no otorgan inmunidad suficiente para combatir los maliciosos efectos de la cultura de la pelota? Recuperada la calma, Cortázar imagina el romántico escenario de su novísima narrativa, liberadora de adormecidos sentimientos encarcelados tras las oprobiosas rejas del egoísmo humano. Guiado por el ángel de la creación, fantasea con un inédito relato corto, retando imaginativamente a los desalmados "Famas" made in Siglo XXI, perversos impostores de la moralidad al servicio del nefando Club de la Intolerancia. Cínico, el impiadoso equipo de chequera generosa e hipócrita sonrisa tiene la innoble misión de sojuzgar a los Cronopios de la era 2.0. No obstante, una extraña sensación incomoda a Cortázar; aturdido por el misterio de sus crecientes palpitaciones conforme el surrealista fútbol de Messi relata la saga de los "10" magníficos sonetos del Gol, el mirífico autor de Rayuela toma una decisión capital. Resuelto, pide una cita a solas con Dios. El célico encuentro, acaecido en el benemérito Salón de las Celebridades Literarias, permite el catártico desahogo de Cortázar. Exhibidos los argumentos al Creador, el hombre de las letras ruega por una terrenal licencia, concedida previa condición sine qua non. Descendido al edén del fútbol, la ecléctica Barcelona recibe al ilustre viajero. Tras un fugaz paso por su adorada París (¡el humo de la librería Gallimard puede dar fe de ello!), Cortázar descifra in situ las razones de aquel extraño síntoma. Instalado en el palco del Barça, redescubre el heroico goce de la épica en los estéticos versos del once de Guardiola. Transcurridos cuarenta minutos del complemento, el arquitecto Xavi -genuino heredero del ADN de Gaudí- habilita geométricamente a Messi. Pícaro, el maquetista Lionel supera en carrera a un hostil centinela enemigo. A continuación, su impresionista pincel zurdo dibuja una trilogía de gambetas en el sagrado lienzo del Camp Nou. Avistado el portero, el excelso paisajista de la definición cucharea la pelota por sobre la perpleja anatomía del "1". Conmovido, Cortázar salta de su asiento entonando el unánime alarido del ¡gol… de Lionel Messi!, el retratista de la Sagrada Familia del Fútbol. Sellado el triunfo blaugrana, sólo resta cumplir el superior pedido. Cara a cara con el futbolista, un animado Cortázar suelta visceralmente su más sentida prosa poética: "¡Leo, Dios me pidió tu camiseta! ¿Me la podés firmar? ".

Sergio A. González Bueno

22 Ene 2011

LOS 7 PECADOS CAPITALES DE MOURINHO

Escrito por: sag2103 el 22 Ene 2011 - URL Permanente

Atormentada por los sucesivos títulos del Barça (¡ocho sobre diez posibles!), la dirigencia del Madrid vendió su alma a un arrogante diablo portugués llamado José Mourinho. Dueño de un inmaculado currículum, “Mou” arribó a la Casa Blanca como el redentor del madridismo, desquiciado por la excelencia y las repetidas vueltas olímpicas del histórico team de Pep Guardiola. Provocador por naturaleza, el matrimonio Madrid-Mourinho generó desconfianza en el mesurado comité merengue del sentido común, sabedor tanto de la procacidad verbal como del incontrolable carácter de The Special One. No obstante, obnubilado por el imposible de echar al Barcelona de la Champions… y de la final del 22-M en Madrid, Florentino apostó buena parte de su renovado crédito político en el Salvador Mourinho. Recorrida media temporada, los presagios de un divorcio anunciado pagan pocos euros en el mercado de la Castellana. Devaluado en juego y salpicado por el inflacionario ego de su míster, el Madrid cotiza en baja en la Bolsa de los Estamentos del Fútbol Español, harto de la inconcebible insolencia oral del mediático operador bursátil del Bernabéu. Estratégico, Mourinho intenta victimizarse para menguar la estrepitosa caída de sus indecorosas “acciones”, no asumiendo los 7 pecados capitales de su gestión:

1) Mourinho no entiende de jerarquías ni de instituciones; él asume per se que es un Primer Ministro con plenos poderes. O, lo que es lo mismo: un entrenador-manager. Siguiendo esa línea de pensamiento, el Real Madrid debe rendir pleitesía hacia su figura y cumplir sus directrices a rajatabla. ¡Soberbia!; 2) Mourinho no está acostumbrado a recibir por respuesta un NO. Si él pide un “9”, el hombre gol tiene que aterrizar en Barajas ayer; si “aconseja” la renovación de un discípulo (Pepe), la demora de la Junta es interpretada como una falta de apoyo o directamente como un intento desestabilizador hacia su cargo. ¡Gula!; 3) Mourinho coquetea con la veleidosa dama del éxito, seduciendo -sin importarle el detalle de tener contrato en vigor con una disciplina de la alcurnia del Real Madrid- a los grandes clubes-pretendientes europeos con su carismática y apolínea silueta de campeón. ¡Lujuria!; 4) Mourinho asume naturalmente el papel de consentido de la película “Yo, el ombligo del mundo”. Entonces, ternado para el Óscar en el rubro Venerado Amor a la Patria, presionó a la dirigencia del Madrid para que le permita a dirigir un puñado de partidos con la Selección de Portugal. Razonablemente vetado por Florentino, los fuegos artificiales todavía retumban en las salas de Chamartín. ¡Avaricia!; 5) Mourinho carece de pública autocrítica. Desafiante, la culpa por un inesperado pinchazo inexorablemente es de la Federación, del colegiado de turno… o de su víctima predilecta: ¡Karim Benzema! Desde ya, la pizarra del coach portugués siempre es infalible. ¿Y si en lugar de confrontar y dividir “Mou” se dedica a redoblar esfuerzos para intentar destronar al poético once del Barcelona? ¡Pereza!; 6) Mourinho lanza sus venenosos dardos dialécticos apuntando a las mismas entrañas del Camp Nou. ¿Envidioso?, intenta minimizar el fútbol-arte blaugrana aludiendo a la ancestral cultura teatral de Cataluña. Desviando el eje, acusa solapadamente a Messi y compañía de impostores. La retórica de improperios, lejos de fijar residencia únicamente en Les Corts, no sabe de nombres ni de geografías: Preciado, los colegiados, Benzema, el mismo Valdano… ¡Ira!; 7) Mourinho padece un progresivo cuadro de fobia crónica al FC Barcelona. La patología aumenta conforme el equipo de Guardiola gusta, gana y golea. Si el Madrid no es campeón, da igual. Sólo importa ver de rodillas al gran Barça. ¡Envidia!

El Real Madrid seguramente volverá a festejar en Cibeles. Las hegemonías futboleras no son eternas y, en algún momento, los títulos le harán un guiño a los merengues. Igualmente, durante el ¿inexplicable? período de transición, el club debería evitar actitudes lindantes con la falta de caballerosidad y la mala educación. La historia del Madrid es muy grande. Basta con mirar la estela de Santiago Bernabéu y el inimitable Don Alfredo Di Stéfano.

Sergio A. González Bueno

02 Dic 2010

BARÇA, PARADIGMA DEL FÚTBOL 2.0

Escrito por: sag2103 el 02 Dic 2010 - URL Permanente

Iker Casillas, excitado por los cantos de sirena de un invicto que disimulaba flaquezas colectivas y obligados ajustes en períodos de formación, cometió el pecado capital de catalogar al FC Barcelona como una moda. Al poco tiempo, el once de gala de Guardiola respondió al osado portero con cinco poéticos goles en las verdes tablas del teatro-coliseo del Camp Nou. Aturdido por los éxitos color blaugrana -dos años y medio de “irritante” hegemonía futbolera-, el madridismo apeló (y apela) a una sistemática procacidad verbal cuya solapada intención apunta a desestabilizar al sublime equipo catalán. El innoble cometido no mezquina euros, convenientes guiños al militante Quinto Poder capitalino ni la complicidad de rentados nombres ilustres. La saga de improperios arranca en Mr. Mourinho, continúa con el aval de los inescrupulosos apólogos de la prensa partidaria y finaliza con la altivez dialéctica del mejor discípulo de The Special One: Cristiano Ronaldo. Afortunadamente, Florentino y Valdano hacen público alarde de una plausible caballerosidad, menguando la patética imagen ofrecida por su estelar dueto mediático. Igualmente, la civilidad de los altos mandos del Bernabéu esconde las secuelas de un angustiante ataque de pánico, agravado por la extensa sequía blanca y los repetidos festejos en Canaletas.
Sacando petróleo de la crisis de identidad del club de Chamartín, irrumpió en la élite del fútbol La Sagrada Familia… del Barça. La obra cumbre de la modernidad, ideada por el exquisito urbanista Pep Guardiola y ejecutada magistralmente por los tridimensionales arquitectos Xavi, Messi e Iniesta, obnubiló al multicultural auditorio de la pelota. Agradecidos, los mendigos del tiqui-taca solazaron su desolada alma con la histórica exhibición de la orquesta culé, guardando en su memoria emotiva la inmortal fecha de la ofrenda: 29-N. El insultante resultado en el marcador (5-0) premió a un equipo modélico, defensor a ultranza de una ancestral escuela, capitaneada por los ideólogos Rinus Michels y Johan Cruyff y apuntalada por un orgullo que trasciende rivalidades políticas y escrutinios temporales: La Masía. Graduados en las “verdes” aulas de la residencia payesa, los maestros no tardaron en dejar su huella; Oriol Tort, Charles Rexach y demás pedagogos canteranos educaron en la religión del pase a un compañero a cientos de miles de soñadores, ávidos por pertenecer a la marca registrada de la excelencia: el FC Barcelona. Sin lugar a dudas, el magnífico legado del Can Barça trascendió las generaciones, explotando en la era del fútbol 2.0. Paradigmático, el innovador team de Cataluña, eficaz constructor edilicio de la estética, proyecta con inimitable ingenio la geométrica maqueta del campeón. Todo sea para homenajear al gran Antoni Gaudí.

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