The old firm
Un Madrid de pelo en pecho
Cuando ya se le daba campeón por abandono del rival, surgió el Madrid. El Madrid de la primera vuelta, el de siempre, el que se fogocitó Florentino Pérez en su locura galáctica. Un Madrid de pelo en pecho, corajudo, auténtico, intenso.
Reafirmarse o...
El último doble revolcón del Barcelona ha aliviado el duelo del Madrid justo cuando más le temblaban las piernas. El juego de los blancos todavía sigue en barrena, pero han recuperado los ocho puntos de ventaja y los lesionados van regresando a la actividad, dos factores que deben reactivarlo.
Las próximas jornadas serán claves: Riazor, donde el equipo no gana desde la Quinta del Buitre, y Valencia y Sevilla en casa. Mejorar la imagen y, sobre todo, salir de esta terna con una distancia casi idéntica respecto al Barcelona supondría un espaldarazo decisivo.
De lo contrario, los nervios podrían tener consecuencias dramáticas en la recta final. Por cómo han reaccionado todos los estamentos del club, y el entorno mediático, tras los malos resultados de febrero, no está muy claro qué podría ocurrir en un desenlace apretado de la Liga.
Al entrenador se le ha visto superado por la situación y sin ofrecer la calma necesaria en una situación complicada; al club, desconfiando de éste; y a los jugadores, sin una referencia superior clara a la que aferrarse.
Entrando en pista de despegue
El Real Madrid de baloncesto entra en su primera semana decisiva de la temporada, y es posible que ya no encuentre descanso hasta junio.
Este fin de semana juega la Copa del Rey y la próxima semana arranca el Top 16 de la Euroliga. Si supera esta fase en Europa, llegaría el taquicárdico cruce de cuartos y luego, Dios quiera, la Final Four. Entretanto, más liga y, al final, los play off. Se acabó la pretemporada de la temporada. A partir de ahora, los chicos de Plaza se van a mover en el alambre de las finales.
Hace una semana, el equipo era líder holgado de la ACB y se retiraba exultante al vestuario después de haber ganado al Panthinaikos, el campeón de Europa, en un partido salvaje. Siete días después, su clasificación sigue siendo igual brillante, pero una nube negra se posado sobre él.
Lazaros Papadopoulos, el pívot fichado para imponer su baile de pies en la pintura, se ha lesionado para un mes, justo en el peor momento. Le había costado encontrar su sitio en el equipo, pero en el último mes parecía que, por fin, lo había conseguido, sobre todo en los partidos clave.
Su baja temporal se une a la definitiva de Hamilton, lo que reduce la nómina de hombres altos a tres para las próximas semanas, con la Copa y el inicio del Top 16 por medio. De un quinteto de pívots (Reyes, Papadopoulos, Hervelle, Hamilton y Sekulic), casi imparable en España y preparado para todas las batallas posibles en Europa, a sólo tres.
Una situación achacable a la desgracia y también a la temeridad del club, que no trajo a nadie en su día para sustituir a Hamilton y que tampoco confió en el canterano Aguilar para cubrir esa plaza. Sorprende esta decisión, porque la temporada pasada los dirigentes de la sección reaccionaron con rapidez y eficacia a todas las bajas que se produjeron, y fueron unas cuantas. Urge traer a alguien en esa posición.
La preocupación por estos contratiempos son, pues, lógicos, pero tampoco hay que caer en el pesimismo. La base sigue siendo la misma, que no es poca, la del doblete del año pasado. Ellos garantizan competitividad, lucha y baloncesto de verdad. Se puede ganar con ellos, por qué no, pero es inevitable pensar qué sería del equipo en esta fase decisiva con Lazaros y Hamilton (al nivel de sus primeros tres meses de la temporada anterior). El primero, al menos, volverá en un mes. Ojalá su baja no sea determinante para la Copa y los primeros partidos del Top 16.
La Copa es el primer título en juego, y de prestigio, a diferencia de lo que pasa en fútbol. Como sus compañeros del Bernabeu, la sección lleva 15 años sin olearla, aunque no creo que nadie le pida cuentas si no la gana. Por las bajas y porque la obsesión de este año es otra: la Final Four, que se celebra en Madrid.
Es casi imposible abstraerse a esa obsesión. El Madrid es el rey de la competición, y hace 13 años que no la gana y 12 que no la disputa. Por primera vez en mucho tiempo hay equipo para soñar con llegar, y el hecho de ser anfitrión es un acicate más, pero tampoco hay que perder la perspectiva. Final Four hay siempre, y todas valen igual, se jueguen donde se jueguen. La aspiración principal del Madrid no debe ser entrar como sea en la final a cuatro de esta temporada, sino consolidar un proyecto de sección que lo sitúe entre la elite campaña tras campaña, compitiendo al máximo nivel con los grandes y siempre con opciones de hacer algo importante. Si eso se cumple, llegará a varias Final Four.
El baloncesto del Real Madrid vive una resurrección. Después de décadas, existe un presidente al que le interesa de verdad, la sección tiene unos dirigentes propios (Martín y Herreros) que se lo toman en serio, el equipo es muy bueno y transmite mucho, y la gente llena como nunca el pabellón. ¿Alguien se acuerda de un partido de play-off contra el TDK con 1.500 personas en el Palacio de los Deportes o uno contra el Barcelona de Copa de Europa a medio llenar o uno contra Estudiantes en el Saporta con asientos vacíos? Hay que aprovechar esta ola para volver al lugar que nos corresponde, pero sin querer dar dos pasos en uno.
El brazo gitano de Capello
Hay postres fiables y contundentes que lo mismo triunfan en un comedor escolar que en un club de jubilados. Por ejemplo, un brazo gitano o unas fresas con nata. Y luego existen platos más finos y elegantes cuyo resultado es más incierto. Se puede tocar el cielo con ellos, pero también quedar por los suelos. Póngase un milhojas de chocolate con aire de frambuesas.
Con los entrenadores ocurre algo parecido. En el fútbol existen pocas certezas, y Capello es una de ellas. Capello gana, y gana siempre. En distintas épocas, en distintos países y en distintos equipos. Es un brazo gitano, no hay duda.
El italiano regresa ahora a los banquillos con la selección inglesa después de haber sido despedido del Real Madrid, y despreciado por la prensa y por casi todo el fútbol español. Lo tuvo todo en contra, pero, de nuevo, salió victorioso.
Posiblemente, su éxito del año pasado haya sido el más tortuoso de su carrera. Recibió un equipo hundido moralmente que se seguía rigiendo por un sistema de castas frente al mérito deportivo, claramente de menor calidad respecto al Barcelona, con varias de sus figuras envejecidas y desilusionadas, en un club convulso tras unas elecciones sospechosas, con gran parte de la columna vertebral fichada por él (Cannavaro y Emerson) que fracasaba estrepitosamente y unos medios de comunicación que hacían de cada rueda de prensa una caza de brujas contra Capello.
[Por razones desconocidas, el fútbol español hace de menos al italiano. La lista de títulos del Calcio debería sonrojarnos, pero no].
Con todo el juego feo que se quiera, Capello le devolvió la dignidad al equipo y eliminó todos los privilegios, algo que hoy puede parecer normal, pero que hace un año y medio fue una revolución. La mayoría criticó, y con razón, el castigo a Beckham; sin embargo, aquello, junto a la 'expulsión' del vestuario de Ronaldo (decisiones casi simultáneas), supuso una demostración definitiva de que allí sólo mandaba él, de que nada ni nadie iba a condicionar su misión. [La no inclusión en su primera lista como seleccionador inglés de Beckham huele a lo mismo].
En realidad, su misión, más que táctica, fue una misión de fe. Hizo del equipo un grupo de guerreros indomables, con el convencimiento de los iluminados, recios, orgullosos. A partir de febrero, todos entendieron que sólo se ganaba si se aprendía a sufrir, que la alegría sólo se encontraba al final del camino.
El orden táctico es otra de las señas de distinción de Capello, aunque es verdad que en esta segunda etapa en el Madrid sólo pudo poner los cimientos (sobre los que ahora está construyendo Schuster). El problema en el equipo era mucho más profundo que enseñar a juntar bien las líneas, y a eso se tuvo que dedicar.
Muchos aficionados al fútbol, colores al margen, siguen devaluando
Para quien quiera verlo,
Les guste o no a muchos expertos, Capello ha quedado grabado en la historia del Madrid como uno de los entrenadores referencia de las últimas décadas. Su primer paso dejó huella y éste último, también. Por los títulos y por la forma de jugar. Sí, por la forma de jugar. Su estilo, por muy troglodita que parezca, engancha con lo que ha sido el club toda la vida: espíritu ganador, lucha hasta el final y victoria. La estética también es importante y deseable, pero lo primero es lo primero. La prueba del nueve está en el público del Bernabeu. ¿Qué no soportan los aficionados? La falta de esfuerzo.
El otro día decía en una entrevista Cannavaro que a Fabio Capello le gustaban los retos y que disfrutaba cuando todo y todos estaban en su contra. Su aventura con la selección inglesa es su nuevo reto. Hasta la fecha se ha centrado en los equipos de club, donde tenía todos los días a los jugadores frente a frente para "intimidarles" (así lo reconoció Beckham) e inyectarles su gen ganador. Ahora recibirá a los futbolistas cada mes, así que deberá aprovechar el tiempo. Si lo consigue y logra 'comerles la cabeza' con su mentalidad y canalizar mejor el orgullo inglés, hará de ellos algo temible de verdad. Suerte centurión.
El equilibrio ecológico
Todos los clubes tienen un equilibrio ecológico que es mejor no alterar, por el bien de los resultados. Una serie de normas no escritas que conectan con la historia y los viejos valores de la entidad. Una trinchera segura para tiempos de crisis y una primera línea vigorosa para las grandes batallas.
Si se mira el ADN del Real Madrid del último medio siglo se ve cómo los jugadores españoles han sido la referencia en casi todas las épocas. Referencia no sólo futbolística, sino moral. Gente con sentido de Estado como Di Stefano (lo tomamos como propio), Gento, Amancio, Pirri, Camacho, Santillana, Juanito, la Quinta del Buitre, Hierro... Y ahora, Raúl, Guti, Casillas, Michel Salgado e incluso Ramos.
Esto viene a cuento de lo que ocurrió la semana pasada. Con nueve puntos sobre el Barcelona y un clima de euforia en el entorno al que era casi imposible abstraerse, el núcleo duro habló mucho entre sí y con el resto de sus compañeros para que nadie se despistara.
A la vista de lo ocurrido en Almería, parece que no dio resultado, y es posible. Pero es importante que existan este tipo de jugadores y que no se rompa ese orden natural, cosa que no siempre ha ocurrido. La llegada de Florentino Pérez a la presidencia trajo un cambio de jerarquías en el vestuario. El ascendente que podían tener jugadores como Hierro, Michel Salgado, Morientes o Raúl se vio afectado por el nuevo poder de los fichajes del presidente. Sin embargo, cuando todo se torció y la galaxia entró en un agujero negro, los que tenían el mando y los favores de Florentino no tenían ni la capacidad ni los conocimientos para agarrar bien el volante y evitar que el coche se pusiera a dar vueltas campana, como tristemente ocurrió.
Este Madrid está libre de ese mal y eso, a la larga, tendrá sus beneficios.
Sobre este blog
The old firm
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The Old Firm es el nombre con el que conoce al viejo derby escocés entre el Rangers y el Celtic. Algo más que un partido de fútbol, una cita llena de pasión, sentimiento, liturgia y respeto a la tradición. Bajo estas premisas, y con la envidia (insana) de lo que ocurre en territorio británico, este blog analizará la actualidad madridista, tanto en fútbol como en baloncesto, sin olvidarnos de lo que ocurre más allá del club de la Castellana.
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