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1 de abril de 1998

Escrito por: lucho-gatica el 01 Abr 2008 - URL Permanente

Para algunos supondrá un motivo de vergüenza, pero para otros (espero que muchos) sigue siendo un día inolvidable. El 1 de abril de 1998, ida de las semifinales de la Copa de Europa contra el Borussia Dortmund, de la posterior séptima Copa de Europa. Una noche europea de las que quedan marcadas a fuego en la memoria del madridismo.

La portería se cayó. Dice un amigo con mucha ironía que fue la gravedad… Accidentes al margen, o sin ellos, lo cierto es que los que estuvimos allí difícilmente podemos olvidar aquel partido.

Hay que rebobinar la mente una década para comprender qué suponía aquella noche y cuánta tensión y esperanza había. Hacía 32 años que el Madrid no ganaba la Copa de Europa, 17 que no jugaba una final, más de diez que no llegaba a una semifinal y demasiados dramas recientes en la gran competición: PSV, Milán, PSG, Torino, Juve... Ahora, con tres Copas de Europa relativamente cercanas, se ve todo más fácil y los disgustos se toleran mejor, pero el estado de ansiedad que sufría entonces el madridismo era ya cercano a lo inaguantable.

Con este panorama, la excitación en el Bernabeu se desbordaba. No era una final, pero se sabía que allí iba a empezar algo para lo que no había término medio. La necesidad vital del madridismo para reivindicar su reinado en Europa nos abocaba a todos a los extremos: al triunfo o al fracaso, sin medias tintas.

Algunos se quedarán con el suceso de la portería. Otros preferimos quedarnos con el recuerdo de una noche europea inolvidable en el Bernabeu, con todo lo que eso supone. Con el día que nos permitió volver a acercarnos al trono, con ese estadio encendido por el orgullo. Porque si hay un momento en el que se concentra madridismo en estado puro, ese es una gran noche europea en el Bernabeu.

Un Madrid adolescente

Escrito por: lucho-gatica el 20 Feb 2008 - URL Permanente

Al Madrid le faltó la contundencia el día menos indicado. Jugo bien en ataque en Roma y fue sobrado de ocasiones para ganar, pero perdió. En cualquier otra situación, un resultado de 2-1 sería muy bueno para la vuelta, pero en esta ocasión deja un regusto inquietante. La eliminatoria está ahora en interrogante cuando todo tuvo que haber quedado decidido en Italia.

Desprendió el Real Madrid un aire adolescente. Se desplegó con entusiasmo de principio a fin y se tomó el encuentro en el Olímpico como si no hubiera una vuelta en el Bernabeu. Tanto que estuvo a punto de suicidarse al conceder un contragolpe de cuatro contra dos en el minuto 90.

Se encontró todo de cara con el 0-1 nada más empezar y no supo echarle el candado al partido. Sin que la Roma hiciera nada extraordinario, empató en la primera parte. Y sin que la Roma hiciera nada extraordinario en la segunda parte, se puso por delante. Con ventaja en el marcador, le planteó a los italianos un encuentro de ida y vuelta, con espacios, convencido de que podría matar. No le faltaron oportunidades, pero no lo logró.

Tal vez sea éste un análisis ventajista, ya que en todo momento gozó de oportunidades para machacar. No obstante, convendría ir más allá y darse cuenta de que al equipo le cuesta mucho controlar y cerrar los partidos.

Si por algo impactó la actuación en el Camp Nou no fue por la victoria, que también, sino por la sensación de poderío y dominio de la situación que ejerció en todo momento. Tal vez en la Liga le baste con esos partidos de ida y vuelta, porque tiene más calidad que la mayoría de los equipos, pero en Europa, a la larga, es difícil que progrese mucho. No hay más que echar un vistazo a los últimos campeones, tanto en clubes como en selección.

Entrando en pista de despegue

Escrito por: lucho-gatica el 06 Feb 2008 - URL Permanente

El Real Madrid de baloncesto entra en su primera semana decisiva de la temporada, y es posible que ya no encuentre descanso hasta junio.

Este fin de semana juega la Copa del Rey y la próxima semana arranca el Top 16 de la Euroliga. Si supera esta fase en Europa, llegaría el taquicárdico cruce de cuartos y luego, Dios quiera, la Final Four. Entretanto, más liga y, al final, los play off. Se acabó la pretemporada de la temporada. A partir de ahora, los chicos de Plaza se van a mover en el alambre de las finales.

Hace una semana, el equipo era líder holgado de la ACB y se retiraba exultante al vestuario después de haber ganado al Panthinaikos, el campeón de Europa, en un partido salvaje. Siete días después, su clasificación sigue siendo igual brillante, pero una nube negra se posado sobre él.

Lazaros Papadopoulos, el pívot fichado para imponer su baile de pies en la pintura, se ha lesionado para un mes, justo en el peor momento. Le había costado encontrar su sitio en el equipo, pero en el último mes parecía que, por fin, lo había conseguido, sobre todo en los partidos clave.

Su baja temporal se une a la definitiva de Hamilton, lo que reduce la nómina de hombres altos a tres para las próximas semanas, con la Copa y el inicio del Top 16 por medio. De un quinteto de pívots (Reyes, Papadopoulos, Hervelle, Hamilton y Sekulic), casi imparable en España y preparado para todas las batallas posibles en Europa, a sólo tres.

Una situación achacable a la desgracia y también a la temeridad del club, que no trajo a nadie en su día para sustituir a Hamilton y que tampoco confió en el canterano Aguilar para cubrir esa plaza. Sorprende esta decisión, porque la temporada pasada los dirigentes de la sección reaccionaron con rapidez y eficacia a todas las bajas que se produjeron, y fueron unas cuantas. Urge traer a alguien en esa posición.

La preocupación por estos contratiempos son, pues, lógicos, pero tampoco hay que caer en el pesimismo. La base sigue siendo la misma, que no es poca, la del doblete del año pasado. Ellos garantizan competitividad, lucha y baloncesto de verdad. Se puede ganar con ellos, por qué no, pero es inevitable pensar qué sería del equipo en esta fase decisiva con Lazaros y Hamilton (al nivel de sus primeros tres meses de la temporada anterior). El primero, al menos, volverá en un mes. Ojalá su baja no sea determinante para la Copa y los primeros partidos del Top 16.

La Copa es el primer título en juego, y de prestigio, a diferencia de lo que pasa en fútbol. Como sus compañeros del Bernabeu, la sección lleva 15 años sin olearla, aunque no creo que nadie le pida cuentas si no la gana. Por las bajas y porque la obsesión de este año es otra: la Final Four, que se celebra en Madrid.

Es casi imposible abstraerse a esa obsesión. El Madrid es el rey de la competición, y hace 13 años que no la gana y 12 que no la disputa. Por primera vez en mucho tiempo hay equipo para soñar con llegar, y el hecho de ser anfitrión es un acicate más, pero tampoco hay que perder la perspectiva. Final Four hay siempre, y todas valen igual, se jueguen donde se jueguen. La aspiración principal del Madrid no debe ser entrar como sea en la final a cuatro de esta temporada, sino consolidar un proyecto de sección que lo sitúe entre la elite campaña tras campaña, compitiendo al máximo nivel con los grandes y siempre con opciones de hacer algo importante. Si eso se cumple, llegará a varias Final Four.

El baloncesto del Real Madrid vive una resurrección. Después de décadas, existe un presidente al que le interesa de verdad, la sección tiene unos dirigentes propios (Martín y Herreros) que se lo toman en serio, el equipo es muy bueno y transmite mucho, y la gente llena como nunca el pabellón. ¿Alguien se acuerda de un partido de play-off contra el TDK con 1.500 personas en el Palacio de los Deportes o uno contra el Barcelona de Copa de Europa a medio llenar o uno contra Estudiantes en el Saporta con asientos vacíos? Hay que aprovechar esta ola para volver al lugar que nos corresponde, pero sin querer dar dos pasos en uno.

El brazo gitano de Capello

Escrito por: lucho-gatica el 05 Feb 2008 - URL Permanente

Hay postres fiables y contundentes que lo mismo triunfan en un comedor escolar que en un club de jubilados. Por ejemplo, un brazo gitano o unas fresas con nata. Y luego existen platos más finos y elegantes cuyo resultado es más incierto. Se puede tocar el cielo con ellos, pero también quedar por los suelos. Póngase un milhojas de chocolate con aire de frambuesas.

Con los entrenadores ocurre algo parecido. En el fútbol existen pocas certezas, y Capello es una de ellas. Capello gana, y gana siempre. En distintas épocas, en distintos países y en distintos equipos. Es un brazo gitano, no hay duda.

El italiano regresa ahora a los banquillos con la selección inglesa después de haber sido despedido del Real Madrid, y despreciado por la prensa y por casi todo el fútbol español. Lo tuvo todo en contra, pero, de nuevo, salió victorioso.

Posiblemente, su éxito del año pasado haya sido el más tortuoso de su carrera. Recibió un equipo hundido moralmente que se seguía rigiendo por un sistema de castas frente al mérito deportivo, claramente de menor calidad respecto al Barcelona, con varias de sus figuras envejecidas y desilusionadas, en un club convulso tras unas elecciones sospechosas, con gran parte de la columna vertebral fichada por él (Cannavaro y Emerson) que fracasaba estrepitosamente y unos medios de comunicación que hacían de cada rueda de prensa una caza de brujas contra Capello.

[Por razones desconocidas, el fútbol español hace de menos al italiano. La lista de títulos del Calcio debería sonrojarnos, pero no].

Con todo el juego feo que se quiera, Capello le devolvió la dignidad al equipo y eliminó todos los privilegios, algo que hoy puede parecer normal, pero que hace un año y medio fue una revolución. La mayoría criticó, y con razón, el castigo a Beckham; sin embargo, aquello, junto a la 'expulsión' del vestuario de Ronaldo (decisiones casi simultáneas), supuso una demostración definitiva de que allí sólo mandaba él, de que nada ni nadie iba a condicionar su misión. [La no inclusión en su primera lista como seleccionador inglés de Beckham huele a lo mismo].

En realidad, su misión, más que táctica, fue una misión de fe. Hizo del equipo un grupo de guerreros indomables, con el convencimiento de los iluminados, recios, orgullosos. A partir de febrero, todos entendieron que sólo se ganaba si se aprendía a sufrir, que la alegría sólo se encontraba al final del camino.

El orden táctico es otra de las señas de distinción de Capello, aunque es verdad que en esta segunda etapa en el Madrid sólo pudo poner los cimientos (sobre los que ahora está construyendo Schuster). El problema en el equipo era mucho más profundo que enseñar a juntar bien las líneas, y a eso se tuvo que dedicar.

Muchos aficionados al fútbol, colores al margen, siguen devaluando la Liga del año pasado. Dicen que la perdió el Barcelona. Sin embargo, olvidan que el Madrid hizo los mejores números fuera de casa de su historia y que, tras el partido del Camp Nou, quedaban doce encuentros de los cuales el Real Madrid sólo empató uno y perdió otro. Es decir, le retó al Barcelona a un sprint final que se llevó al agua el que más ganó, el mejor, y no el menos malo, como quieren vender algunos.

Para quien quiera verlo, la Liga del año pasado demostró a todos cuál es el camino al triunfo en una competición de largo recorrido. Un grupo unido, competitivo y con la mente dura, sumado, por supuesto, a la calidad que se le presupone a un equipo como el Madrid o como el Barcelona.

Les guste o no a muchos expertos, Capello ha quedado grabado en la historia del Madrid como uno de los entrenadores referencia de las últimas décadas. Su primer paso dejó huella y éste último, también. Por los títulos y por la forma de jugar. Sí, por la forma de jugar. Su estilo, por muy troglodita que parezca, engancha con lo que ha sido el club toda la vida: espíritu ganador, lucha hasta el final y victoria. La estética también es importante y deseable, pero lo primero es lo primero. La prueba del nueve está en el público del Bernabeu. ¿Qué no soportan los aficionados? La falta de esfuerzo.

El otro día decía en una entrevista Cannavaro que a Fabio Capello le gustaban los retos y que disfrutaba cuando todo y todos estaban en su contra. Su aventura con la selección inglesa es su nuevo reto. Hasta la fecha se ha centrado en los equipos de club, donde tenía todos los días a los jugadores frente a frente para "intimidarles" (así lo reconoció Beckham) e inyectarles su gen ganador. Ahora recibirá a los futbolistas cada mes, así que deberá aprovechar el tiempo. Si lo consigue y logra 'comerles la cabeza' con su mentalidad y canalizar mejor el orgullo inglés, hará de ellos algo temible de verdad. Suerte centurión.

Es la Copa, claro

Escrito por: lucho-gatica el 17 Ene 2008 - URL Permanente

Hay fatalismos que no entienden de sistemas, entrenadores o rachas. Todos los clubes tienen uno. El del Madrid es la Copa del Rey. Invariablemente, cada año el Madrid se queda fuera de esta competición, y a menudo bastante temprano. El último trofeo lo levantó hace ya 15 años. Así que cualquier análisis que se haga sobre la eliminación frente al Mallorca está supeditado a una realidad objetiva: es la Copa.

Por lo demás, el partido del Bernabeu se ha visto muchas veces. Un equipo en estado de gracia que sin un juego deslumbrante exhibe una pegada enorme (Real Madrid) llega a un encuentro en el que, a diferencia de sus últimas actuaciones, empieza a fabricar ocasiones en cadena. Pero ese día, no. La pelota no entra, ni aunque se juegue hasta el amanecer. El rival aparece una vez por el área, casi al final claro, y hace pleno.

Traumas (insuperables, por el momento) y tópicos al margen, la vuelta deja algunas lecturas inquietantes para el futuro. Fuera de Van Nistelrooy, Raúl y Robinho, el Madrid no encuentra gol. Saviola e Higuain tuvieron un gran número de ocasiones, pero marraron todas. El primero porque, seguramente, no da la talla para el Madrid; y el segundo porque toda la claridad que muestra para fabricar juego se vuelve oscuridad frente al portero. Confirmaron los peores temores que había sobre ellos. Además, Soldado no cuenta (incomprensiblemente) y Robben vive lesionado.

Schuster no había demostrado gran confianza en los delanteros suplentes, y el partido contra el Mallorca lo carga de razón. El asunto es preocupante con toda la segunda vuelta y la fase decisiva de la Champions por delante. La Copa, que ya no existe para el Madrid, no añadirá una carga extra para los tres de arriba, pero aún así queda todavía demasiado como para encomendarles a ellos todo el trabajo. El entrenador debería conceder más oportunidades a los reservas, aunque no crea mucho en ellos, si quiere que sus titulares guarden algo de gasolina para la recta final. Y, quién sabe... tal vez alguno encuentre el gol en alguna esquina.

Por cierto, partido interesante el de Drenthe...

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The Old Firm es el nombre con el que conoce al viejo derby escocés entre el Rangers y el Celtic. Algo más que un partido de fútbol, una cita llena de pasión, sentimiento, liturgia y respeto a la tradición. Bajo estas premisas, y con la envidia (insana) de lo que ocurre en territorio británico, este blog analizará la actualidad madridista, tanto en fútbol como en baloncesto, sin olvidarnos de lo que ocurre más allá del club de la Castellana.

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