The old firm
Entrando en pista de despegue
El Real Madrid de baloncesto entra en su primera semana decisiva de la temporada, y es posible que ya no encuentre descanso hasta junio.
Este fin de semana juega la Copa del Rey y la próxima semana arranca el Top 16 de la Euroliga. Si supera esta fase en Europa, llegaría el taquicárdico cruce de cuartos y luego, Dios quiera, la Final Four. Entretanto, más liga y, al final, los play off. Se acabó la pretemporada de la temporada. A partir de ahora, los chicos de Plaza se van a mover en el alambre de las finales.
Hace una semana, el equipo era líder holgado de la ACB y se retiraba exultante al vestuario después de haber ganado al Panthinaikos, el campeón de Europa, en un partido salvaje. Siete días después, su clasificación sigue siendo igual brillante, pero una nube negra se posado sobre él.
Lazaros Papadopoulos, el pívot fichado para imponer su baile de pies en la pintura, se ha lesionado para un mes, justo en el peor momento. Le había costado encontrar su sitio en el equipo, pero en el último mes parecía que, por fin, lo había conseguido, sobre todo en los partidos clave.
Su baja temporal se une a la definitiva de Hamilton, lo que reduce la nómina de hombres altos a tres para las próximas semanas, con la Copa y el inicio del Top 16 por medio. De un quinteto de pívots (Reyes, Papadopoulos, Hervelle, Hamilton y Sekulic), casi imparable en España y preparado para todas las batallas posibles en Europa, a sólo tres.
Una situación achacable a la desgracia y también a la temeridad del club, que no trajo a nadie en su día para sustituir a Hamilton y que tampoco confió en el canterano Aguilar para cubrir esa plaza. Sorprende esta decisión, porque la temporada pasada los dirigentes de la sección reaccionaron con rapidez y eficacia a todas las bajas que se produjeron, y fueron unas cuantas. Urge traer a alguien en esa posición.
La preocupación por estos contratiempos son, pues, lógicos, pero tampoco hay que caer en el pesimismo. La base sigue siendo la misma, que no es poca, la del doblete del año pasado. Ellos garantizan competitividad, lucha y baloncesto de verdad. Se puede ganar con ellos, por qué no, pero es inevitable pensar qué sería del equipo en esta fase decisiva con Lazaros y Hamilton (al nivel de sus primeros tres meses de la temporada anterior). El primero, al menos, volverá en un mes. Ojalá su baja no sea determinante para la Copa y los primeros partidos del Top 16.
La Copa es el primer título en juego, y de prestigio, a diferencia de lo que pasa en fútbol. Como sus compañeros del Bernabeu, la sección lleva 15 años sin olearla, aunque no creo que nadie le pida cuentas si no la gana. Por las bajas y porque la obsesión de este año es otra: la Final Four, que se celebra en Madrid.
Es casi imposible abstraerse a esa obsesión. El Madrid es el rey de la competición, y hace 13 años que no la gana y 12 que no la disputa. Por primera vez en mucho tiempo hay equipo para soñar con llegar, y el hecho de ser anfitrión es un acicate más, pero tampoco hay que perder la perspectiva. Final Four hay siempre, y todas valen igual, se jueguen donde se jueguen. La aspiración principal del Madrid no debe ser entrar como sea en la final a cuatro de esta temporada, sino consolidar un proyecto de sección que lo sitúe entre la elite campaña tras campaña, compitiendo al máximo nivel con los grandes y siempre con opciones de hacer algo importante. Si eso se cumple, llegará a varias Final Four.
El baloncesto del Real Madrid vive una resurrección. Después de décadas, existe un presidente al que le interesa de verdad, la sección tiene unos dirigentes propios (Martín y Herreros) que se lo toman en serio, el equipo es muy bueno y transmite mucho, y la gente llena como nunca el pabellón. ¿Alguien se acuerda de un partido de play-off contra el TDK con 1.500 personas en el Palacio de los Deportes o uno contra el Barcelona de Copa de Europa a medio llenar o uno contra Estudiantes en el Saporta con asientos vacíos? Hay que aprovechar esta ola para volver al lugar que nos corresponde, pero sin querer dar dos pasos en uno.
Es la Copa, claro
Hay fatalismos que no entienden de sistemas, entrenadores o rachas. Todos los clubes tienen uno. El del Madrid es la Copa del Rey. Invariablemente, cada año el Madrid se queda fuera de esta competición, y a menudo bastante temprano. El último trofeo lo levantó hace ya 15 años. Así que cualquier análisis que se haga sobre la eliminación frente al Mallorca está supeditado a una realidad objetiva: es la Copa.
Por lo demás, el partido del Bernabeu se ha visto muchas veces. Un equipo en estado de gracia que sin un juego deslumbrante exhibe una pegada enorme (Real Madrid) llega a un encuentro en el que, a diferencia de sus últimas actuaciones, empieza a fabricar ocasiones en cadena. Pero ese día, no. La pelota no entra, ni aunque se juegue hasta el amanecer. El rival aparece una vez por el área, casi al final claro, y hace pleno.
Traumas (insuperables, por el momento) y tópicos al margen, la vuelta deja algunas lecturas inquietantes para el futuro. Fuera de Van Nistelrooy, Raúl y Robinho, el Madrid no encuentra gol. Saviola e Higuain tuvieron un gran número de ocasiones, pero marraron todas. El primero porque, seguramente, no da la talla para el Madrid; y el segundo porque toda la claridad que muestra para fabricar juego se vuelve oscuridad frente al portero. Confirmaron los peores temores que había sobre ellos. Además, Soldado no cuenta (incomprensiblemente) y Robben vive lesionado.
Schuster no había demostrado gran confianza en los delanteros suplentes, y el partido contra el Mallorca lo carga de razón. El asunto es preocupante con toda la segunda vuelta y la fase decisiva de la Champions por delante. La Copa, que ya no existe para el Madrid, no añadirá una carga extra para los tres de arriba, pero aún así queda todavía demasiado como para encomendarles a ellos todo el trabajo. El entrenador debería conceder más oportunidades a los reservas, aunque no crea mucho en ellos, si quiere que sus titulares guarden algo de gasolina para la recta final. Y, quién sabe... tal vez alguno encuentre el gol en alguna esquina.
Por cierto, partido interesante el de Drenthe...
Sobre este blog
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The Old Firm es el nombre con el que conoce al viejo derby escocés entre el Rangers y el Celtic. Algo más que un partido de fútbol, una cita llena de pasión, sentimiento, liturgia y respeto a la tradición. Bajo estas premisas, y con la envidia (insana) de lo que ocurre en territorio británico, este blog analizará la actualidad madridista, tanto en fútbol como en baloncesto, sin olvidarnos de lo que ocurre más allá del club de la Castellana.
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